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Los días que precedieron al paseo estuvieron llenos de expectativas. Los organizadores hacían las listas de la distribución de las habitaciones. Rosanna y Elena pidieron compartir el cuarto. Las parejas con niños fueron acomodadas en el primer piso, a los hombres y mujeres solos en el segundo y tercer piso.
Rosana estaba excitadísima, para ella todo era nuevo y le costaba asimilar tanta emoción. Las relaciones con Juan Carlos se mantenían todavía en el plano platónico y aunque no deseaba precipitar las cosas sabía que la ocasión podía hacerla cambiar de actitud. Muchas veces había detenido las efusiones del joven y él la respetaba .Elena no comprendía a Rosana, pensaba que ya habían pasado todos la edad de los amorío adolescentes pero al mismo tiempo admiraba su seriedad.
Tres grandes ómnibus recogieron a los participantes y después de dos horas de ruta se encontraron en una ciudad de la costa, rodeada de colinas donde surgía el lujoso hotel.
Pronto todos ocuparon sus habitaciones y deshicieron las valijas y después de un breve descanso bajaron para el almuerzo, en un bullicioso comedor.
Las dos parejas proyectaban alegremente las actividades en las que querían participar por la tarde. Se llevaban muy bien, hablaban de todo, reían mucho y evitaban hablar de la fiesta final porque todos querían mantener en secreto el propio dizfraz .

Por las noches, después de la cena las parejas se disperdían en románticas caminatas . JuanCarlos y Rosana habían descubierto una glorieta en el fondo del jardín alejada del bullicio y de las miradas indiscretas donde los besos y las caricias se convirtieron en apasionados momentos de amor.
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Dos meses más tarde
Elena supo lo sucedido en la glorieta sólo dos meses más tarde cuando Rosanna que se había aislado y no había vuelto al trabajo desde entonces volvió a comunicarse con ella.
Quedó impresionada del cambio de su amiga; pálida y delgada parecía la sombra de sí misma.
La abrazó sin poder evitar las lágrimas
-¿Qué pasó Rosana, qué tienes?
Rosana la condujo a su habitación
-Te contaré todo.
-Lo que quieras,.
Se sentaron frente a frente y Rosana habló sin frenos durante una hora.
Ahora estoy bien, pero al volver del paseo me sentía muy mal y no quería hablar con nadie, discúlpame, te contaré lo que sucedió.
-“La noche de la fiesta, ya sabes, estábamos todos muy alegres y en parte se a que los que no estábamos acostumbrados a beber el alcohol nos desinhibía. Ahora, hasta pienso que Juan Carlos agregó a mi bebida alguna droga.
Como sabes Juan Carlos debía dejar la fiesta esa misma noche y tomar el avión por la madrugada.
Yo que hasta entonces no le había permitido superar la barrera del recato a causa del alcoho esa vez l no me opuse . Si te digo la verdad él era muy limitado en sus efusiones, no fue virtud mia que no tentara llegar a una relación completa, pero en el paseo tomaba mucho. A cada baile aumentaba nuestro deseo y no podía reprimir mi entusiasmo. A eso de media noche cuando la fiesta estaba en su apogeo Juan Carlos me propuso ir nuevamente a la glorieta para poder despedirnos allí, lejos del bullicio. Nos separamos yo iría a la glorieta y él traería algo para beber.
Llegué sin tropiezos a nuestro escondite a pesar de la oscuridad. No esperé mucho. Juan Carlos trajo dos copas y una botella de vino y sin más me tomó en sus brazos acariciándome apasionadamente. Respondí con el mismo ardor y accedí nuevamente a sus deseos. Era una despedida, Juan Carlos estaría ausente al menos tres meses, había bebido más de la cuenta y sobretodo esa noche me atraía mucho más , me encontré entre los brazos de un amante ardiente y delicado. Los besos de Juan Carlos me eran nuevos, dulces e intensos. Nos amamos apasionadamente. En mi borrachera reía sin frenos. Juan Carlos se incorporó y arregló sus ropas en la penumbra, Encendió un cigarrillo. En el destello de la llama, noté que una rara sonrisa de satisfacción iluminaba su rostro. Sin la careta noté algo raro en sus facciones pero me sentía tan feliz y estaba tan mareada que no le di importancia hasta que le escuché decir:
-Para que sepas que a Gustavo Fuentes nadie lo rechaza.
Se fue y me dejó perpleja. Dormí allí paralizada de estupor hasta la madrugada.
Me desperté sintiendo mucho frío. Era casi el alba. Al no encontrarme en el cuarto habrás pensado con toda seguridad que estaba con Juan Carlos esperando que lo fueran a buscar para ir al aeropuerto.
Volví a la habitación y me desplomé en la cama hasta cuando nos avisaron que debíamos preparar las maletas para viajar después del desayuno. Tenía un terrible dolor de cabeza, no recuerdo qué te dije. Sé que no bajé al comedor”
La pausa impuesta por la emoción del relato no fue interrumpida por ningún comentario de Elena. Ella sabía que la amiga había regresado del paseo enferma y que no había vuelto al trabajo desde entonces. A la luz de lo revelado por Rosana ató cabos y comprendió lo sucedido. Ella había permanecido en la fiesta, no había bebido mucho y notó la ausencia de Rosana y de Juan Carlos. Le pareció natural que se hubieran aislado para despedirse.
Algo más tarde volvió a ver a Juan Carlos y después llegó Gustavo para unirse a la fiesta. Vestía también un disfraz de cazador. Los dos se abrazaban y reían a carcajadas

Texto agregado el 13-01-2020, y leído por 26 visitantes. (1 voto)


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