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Cumpleaños


Disfrute tanto la noche, que me es muy difícil levantarme.

Dormí como bebe lobo.

Veo la pantalla digital del reloj, 8:20 horas

¡Ya!

Hoy no trabajo, puedo darme el lujo de quedarme un poco más. Normalmente me levanto a las 6 hrs.

Tomo la biblia, leo cinco capítulos. Corresponden a Colosenses. Me propuse leerla completa por primera vez en mi vida. Estoy cerca. Hago mis respiraciones Wim Hof. Oxigenan mi cuerpo, lo hacen alcalino. Estamos a cuatro grados centígrados en el altiplano azteca ¡Me gusta! Me quito las cobijas. Estiramientos y flexiones aun en ropa interior.

Practico el ayuno intermitente desde hace casi dos meses. Sé que esta vez funcionara y me quitare de encima esos cinco kilos que no he podido eliminar. Vengo desde quince kilos arriba, así que no hay prisa.

Mi bici de montaña ha sido una bendición.

Tomo un refrescante sorbo de agua.

Elijo unas licras azul marino con dos líneas fosforescentes verdes en el muslo izquierdo. Una playera negra con vivos blancos. Mis tenis New Balance. Calcetas nuevas y un casco amarillo ajustable

Desconecto el móvil del cargador, 90% de batería. Suficiente. Busco en la pantalla la función de GPS runtastic. Lo pongo en ceros, con una nueva actividad. Mi bici Gary Fisher me aguarda afuera. Relleno el termo con agua fresca. Lo ajusto en el cuadro.

¡A volar en dos ruedas!

Resta elegir la ruta. Todos los días son buenos, pero hoy es especial. Mi ruta estándar es de unos veinte kilómetros. Unos siete de ellos en ascenso.

Hoy no.

Decido atacar las pendientes hacia el volcán Xinantecátl. Deseo subir como mínimo diez a doce kilómetros. Es un esfuerzo considerable… vale la pena.

Estoy ya en la calle rumbo al poniente. El sol calienta mi espalda. Aunque cuando entro a sombra, se siente frío. El poderoso invierno del centro de México. Curte el cuerpo y el espíritu. Cruzo la carretera federal y sigo de frente. Al kilómetro dos tomo un sorbo de agua. Es bueno hacerlo antes de tener sed. Mis manos enguantadas sujetan el manubrio. Mis piernas proporcionan la fuerza para subir. Tres kilómetros.

Voy a buen ritmo. A un costado del cerro Tetepetl, tomo una vereda que me desvía ligeramente hacia el norte. Al no ser época de lluvias, la tierra se vuelve como arena. Las llantas se entierran y pierdo tracción. No me gusta bajar de la bici. Lo evito a toda costa. Además, hay piedras, ramas, vados.

Una subida muy “técnica”

Se cierra el sendero, me lleva a un banco de arena. La bici se atasca. Tengo que bajar.

¡Diablos!

Aprovecho para dar otro trago de agua. Algunas gotas de sudor pueblan mi frente. Si sigo por el sendero la situación se repetirá. La autopista esta a solo 500 metros. No lo pienso. Saco la bici de la tierra batida. Me dirijo al asfalto. Subo a la autopista, por el acotamiento de arcilla roja. Ahora si solo me podre concentrar en el esfuerzo. Veo al frente. Todo es subida.

Algunos tramos son mas fuertes. Es el caso. Me aguardan 500 metros de esos. Limpio el sudor de mi frente. Veo mi sombra en el piso. Todo en armonía con el gélido ambiente.

Estoy "conectado"

Sin bajar el ritmo subo los 500 metros.

Llego a seis kilómetros en ascenso.

¡Un aviso en el whats!

Es mi hermano Israel. Me felicita por mi cumpleaños. Con un árbol como fondo, me tomo una foto. La envió. Por la luminosidad de la mañana no puedo verificar la calidad de la imagen. Después de esta pequeña pausa, me aguarda una pendiente mas demandante y mas larga, como de un kilómetro.

¡Vamos!

Me concentro en el ritmo de pedaleo. Es vital para completar las rutas. Mas sudor. Siento poder en mis muslos. Agradezco a Dios. Poco a poco devoro los metros. Llego a una parte que no es plana, pero como la pendiente es menor, se siente como si fuera. Respiro hondo. Veo al frente el puente que marca la ubicación de San Miguel.

Minutos después estoy ahí. Veo el odómetro; ocho kilómetros.

Quiero otros cuatro… tomo el termo y doy un trago largo. Algo de liquido resbala por mi mentón que tiene una barba de tres días.

Sigue Pueblo Nuevo. Un kilómetro y medio adelante. Conservo el ritmo, sin utilizar los cambios en mi bici. Campos de cultivo y bosque me rodean. El volcán Xinantecátl ahora queda a mi derecha. Me desvié al tomar la autopista. Era necesario. Mucho sudor en mi cara. La playera se me pega en pecho y espalda. Llego a Pueblo Nuevo. 9.5 kilómetros. El viento es frío, pero agradable. Como voy subiendo la temperatura interna sube unos cinco grados con el ejercicio.

Al frente la subida más poderosa que enfrentare hoy. Cuando la vi por primera vez hace años, pensé… es imposible.

Si la venzo, me dará un kilómetro y medio más en feroz ascenso. Se que utilizare hasta el último gramo de energía que me queda.

¿Vamos?

Me visualizo allá arriba.

No hago cambios en mi bici, subo solo con la potencia de mis piernas. Me concentro en el ritmo. A los seiscientos metros levanto la vista ¡Error! Falta mucho... Como la mitad. Me reprendo y continúo pedaleando. Me aproximo a la cima. Superare los diez kilómetros y medio.
Eso quiero.

Un pedalazo, ahora otro. Abundante sudor recorre todo mi cuerpo. Mis piernas brillan. Se ven preciosas. Mis músculos resaltan por el esfuerzo.

Llego

Se siente tan bien...

Si pensarlo, sigo de frente. Ahora es en descenso. La bici cobra velocidad. Treinta, treinta y cinco, cuarenta kilómetros por hora. Sé que adelante esta San Pedro. No muy lejos. Llegare ahí y regreso. Disfruto el viento fresco en mi cara. Una curva vertiginosa, ahora otra, la bici se inclina ligeramente. No veo el paradero, ya debería haber llegado. Sigo rápido. Veo abajo un camino que atraviesa la autopista, ya he venido antes. No lo recuerdo. Sigo de frente.

Algo no cuadra. Me detengo. Pie en tierra, trato de entender. La autopista de frente me resulta ajena. Estoy seguro nunca he estado aquí.

Decido regresar, doy vuelta. subo a la bici. Pedaleo durante 500 metros, no tengo fuerza, me doy cuenta que no podre subir el kilómetro y medio que he bajado.

Si llego a San Pedro, sé que el camino de regreso por allá es solo descenso. Así que cambio otra vez de dirección y bajo vertiginosamente.

Uno, dos, tres kilómetros. En mi odómetro veo 15 kilómetros.

Algo anda muy mal.

Hace mucho debería haber encontrado San Pedro. Mas lento sigo bajando la autopista. 16 kilometros.

Uf

Veo un letrero de aviso; Bienvenidos al municipio de Villa Guerrero.

¡Quéeeee!

San Pedro esta en el municipio de Tenango del Valle. Que es donde vivo. Hubo una falla, y muy grande. De frente solo me alejo de mi objetivo. De mi casa. Me quito el casco y me rasco la cabeza. Me cabello esta totalmente empapado, a pesar que hace rato solo voy bajando.

Mi única alternativa; dar vuelta y regresar.

Ahora son cinco kilómetros en poderoso ascenso.

¡En verdad logre un día especial!

Aun sin saber que paso, inicio el regreso. Ahora si ajustando mis cambios, recibo toda la ayuda que mi bici me puede proporcionar. Tomo el termo del cuadro y… no tengo agua. Ojalá que encuentre un rio.

Cambio mi estrategia mental.

Son cinco kilómetros, pero no son de un “jalón”. Avanzo metro a metro. Reduzco la meta a cada cien metros. Como hay señalizaciones en el piso. Los voy recorriendo poco a poco.

Me siento bien.

La distancia recorrida en descenso -unos veinte minutos- le dieron un respiro a mis piernas. Mas el ajuste en las velocidades. Casi voy cómodo. Un kilómetro. Otros 500 metros. Otros doscientos. Otros cien. Dos kilómetros ya. Me faltan dos y medio más.

Estoy contento. Al menos ahora sé que voy bien.

Es una zona arbolada profusamente. A la sombra siento frío. La mente es prodigiosa. Me inyecta poder en los muslos. Otro kilómetro. Estoy sorprendido. Hasta llegue a pensar en pedir “aventón” a una camioneta que viniera de Ixtapan.

Veo un letrero; 12

Esto es desde el comienzo de la autopista. Si son como diez y medio hasta la cima

¡Me falta poco!

Siento una inyección de adrenalina. Hago cambios en la bici. Mis piernas cansadas y todo responden con fuerza;

¡Subiré ese kilómetro y medio a todo tren!

Pero antes; ¿Y San Pedro?

Disminuyo el ritmo. En base a mi memoria y la distancia, debería verlo ya.

Voy más lento aún.

Reflexiono.

Veo un letrero… San Pedro Tlanixco.

Asombrado miro alrededor. No hay nada. Nada de lo que recuerdo. O sea, el poblado esta alejado de la autopista. Por eso no lo vi de ida. Y me seguí de frente. Puedo jurar que la autopista lo cruzaba. De hecho, una vez viniendo en auto nos detuvimos en el acotamiento y almorzamos a pie de carretera. Desde ahí se veían los carros que subían o bajaban.

De pie en medio de la nada siento un ligero escalofrió.

Subo rápido a mi bici, a toda velocidad tomo la ultima pendiente - Unos 500 metros- Llego otra vez a la cima.

Siento la tentación de voltear atrás… no lo hago

De frente todo ahora en descenso. Sin tener explicación a lo sucedido. Comienzo a bajar con el viento en mi cara.




al pie del volcán xinantecatl
toluca, mexico
07 de enero del 2020

ray…



PD:
Regresare, necesito saber…



Texto agregado el 16-01-2020, y leído por 243 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
02-02-2020 Buenisimo, entretenido tu pedaladas y esa confusión que nos deja esperando el proximo capitulo, espero que todos podamos descubrir, si en tu cumpleaños te regalaron un paseo nuevo y desconocido, me encanto.***** Abrazo Lagunita
23-01-2020 ¡A la flauta! ¿Todo eso en un día? Feliz cumpleaños y al regresar date una Buena ducha que vas a estar cubierto de sudor. ¿Que atlético!. za-lac-fay33
20-01-2020 Un gran relato de un no menos grande deportista. Te felicito por ambas cosas y una tercera, tu cumple, con algo de retraso. Un abrazo grande, Ray! Daiana
17-01-2020 Buena historia, Steve. Espero el relato de la vuelta. También necesito saber. Happy birthday al prota. Hectorfari
17-01-2020 Un texto excelente, narrado con minuciosidad que eleva su interés, además de ese toque de misterio. Feliz cumple, amigo!!! maparo55
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