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Alberto se compró un motor de 50 hp fuera de borda, un bote inflable semirrígido para navegar por el lago Lácar.
Todo para recordar los momentos vividos junto a Eva años atrás. En ese entonces el bote era una embarcación chica y el motor fuera de borda de 10 hp.
El lago Lácar ofrecía resistencia , venían olas gigantescas que los hacían zozobrar, pero los mantenían a flote durante aquellos cálidos eneros.
Y volvieron todos los veranos desde el 1 de enero hasta el 31 inclusive cuando se festejaba el cumpleaños de Armando, residente y dueño del Quila Quina, lugar paradisíaco de San Martín de Los Andes a 800 metros sobre el nivel del mar. El paisaje era demoledor para la vista. La precordillera daba un marco majestuoso al lago Lácar. Pequeñas embarcaciones navegaban sobre el cristalino lago, donde los residentes mapuches se tiraban del muelle a la hora de la llegada de las embarcaciones que traían a los turistas. El propósito de los niños era acaparar sus miradas y quizás algún dinero por aquellas acrobacias destinadas a deleitar a sus generosos bolsillos. Los gorros con viseras quedaban expuestos en el borde con sus nombres mapuches.
Durante aquellos años entre Alberto y Eva hubo algunos desajustes y conflictos, pero nada parecía opacar el esplendor de los dos.
Ella, bajita, con un busto generoso que ofrecía con descaro detrás de su escote.
Esos shorts que dejaban ver unas piernas torneadas a fuerza de gimnasia modeladora. Tenía escasos 40 años. Su sonrisa lo iluminaba todo, pero dentro de ella había solo un fin, conseguir que Alberto la llevara de viaje a los lugares más exóticos.
Navegar por el lado Lácar en la pequeña embarcación, y alejarse de las miradas curiosas para consumar su más ardiente lascivia al cuerpo de Alberto que a la sazón ya tenía 55 años.
Lo dejaba extenuado hasta el día siguiente para recomenzar con el ritual amatorio para perpetuar en él el deseo y así poder viajar.

Ocurrió años después, Eva dejó a Alberto por motivos todavía hoy desconocidos.
Quizás celos, reyertas, inquinas, problemas económicos.
Han pasado ya cinco años.
Alberto navega en enero en el lago Lácar, solo, desahuciado, festejando el cumpleaños de su eterno amigo Armando, con bote más grande y un motor nuevo, pero ya sin Eva a su lado.

Texto agregado el 30-01-2020, y leído por 35 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
31-01-2020 Tu cuento me hace recordar esos paisajes tan magnifico, que ni siquiera han podido opacar el tan humano final. Felicitaciones Marty ***** sensaciones
30-01-2020 Un cuento hermoso;pero muy triste... Me gustó como una se desliza por tus letras***** Un abrazo Victoria 6236013
 
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