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Espacios

Todos tenemos una buena colección de espacios míticos en nuestra vida. Muchos de esos " mis lugares" están en mi pueblo o aledaños. Son sitios alojados en mi corazón, en mi retina y en mi memoria sentimental.
Empezaré por El Parador, un lugar con historia, donde nací hace ya varias décadas.
Fueron varios los paradores en el lugar y en ellos se alojaban arrieros, viajantes, veraneantes...en una época de escasas comunicaciones . Mi abuela paterna regentó durante años este transitado lugar.Aquí pernoctó y comió mucha gente, entre los cuales destacaría a los queseros de Badajoz, con el sr.Pepe a la cabeza, que formaron parte de nuestra familia durante años.
El huerto de mi casa, con higuera y un gallinero, donde a mi padre se le reservaba el privilegio de coger los huevos del nidal, al volver del campo. Y los huertos de tío José, donde bajaba con mi primo en primavera a coger florecillas silvestres y mariposas.
La Charca, donde lavaban la ropa mi madre y mis tías, al lado de la casa de mi abuela paterna.
Al Parador de tía Juana, posterior hotel, íbamos andando con la abuela P., que me mostró las rosas de pitiminí que estaban en el camino.
El patio del colegio fue espacio de juego muy vivido en los años escolares y en los albores de la adolescencia. Hacíamos muñecos de nieve en los duros inviernos de antes, jugábamos al escondite, a los huesos, a las canicas y a las chapas, a la comba y a la goma...durante los recreos y por las tardes. Ya se sabe. Los niños son insaciables y no se cansan de jugar.
Aún recuerdo las acacias y los rosales , a los que esquilmábamos para la Primera Comunión y el Corpus, y el embriagador olor de los chiringuitos de aquel entorno.
En la Iglesia asistimos a muchas misas,procesiones, catequesis, ensayos con el sacristán y con María , que dirigían los coros religiosos, y ,por mayo, a las Flores.
Las gélidas aguas del río hacían las delicias en verano. Allí nos pasábamos horas en remojo, con una resistencia al agua fría digna de exaltación. Muchas horas pasé en el río, con mis primos, cogiendo renacuajos y saltando piedras, cuando iba a visitar a mi abuela materna, que a veces nos llevaba de caminata hacia los depósitos del agua , monte arriba. Quedaba yo admirada de la pericia de mi primo J. haciendo salir a los grillos de su agujero con una pajita.
En la puerta se pegaba la hebra en los corrillos, mientras se remendaba y se zurcía.
El regato del Cancho me trae a la memoria la imagen de mi madre , mi abuela paterna y mis tías lavando tripas los días de matanza, con las manos amoratadas y los dedos " engurdíos" del agua clara y helada.
En la Plaza fuimos dirigidas ,de chicas, al calabozo una amiga del colegio y yo por desacatar la prohibición de jugar en la plaza con motivo del paso por el pueblo de la Sección femenina. ¡ Qué susto pasamos! Menos mal que solo quedó en amago el encarcelamiento.
En la fuente del puente cimero se cayó R. en pleno invierno durante un recreo, cuando íbamos a clase con nuestra primera marstra, que le quitó la humedad al calor de la estufa.
El barrio de General Mola , las escaleras del cuartel, el coqueto huerto de tía F.,la fuente de la cartera, hoy desaparecida, donde íbamos a llenar el barril y los cubos, el patio acotado de mis amigas A. y R.,que daba a la Gargantilla ... están ligados a mis más dulces recuerdos infantiles.
Cerca de casa, por las fincas, había un estanque para riego con mucha pamplina en su superficie, un lugar mágico donde hacíamos excursiones con la merienda, de niñas. Una de esas escapadas quedó abortada por salirnos al paso algún bicho. ¿ Recuerdas, amiga?
Me asalta igualmente el recuerdo de las meriendas campestres ,en familia ,,en torno a la tortilla de patata y la ensalada de tomate; las mañanas con mi padre en Siete Robles, donde me llevaba de pequeña tras la previa advertencia de que no quería quejas si me aburría, allí entre los canchos, cerca de la Garganta.
Y , ya de adolescentes, nos sentábamos al anochecer en los leños a fumarnos furtivamente nuestros primeros cigarrillos de Fortuna mentolado.

Un charco de aguas cristalinas hizo las delicias de muchas tardes veraniegas. Allí nos chapuzamos de jóvenes heroicamente, tras las caminatas, garganta a través.
El bar ( en cuya terraza se dispuso una de las primeras televisiones de entonces), La Cafetería y la discoteca fueron nuestros locales más frecuentados en la adolescencia. Bailamos, nos enamoramos, conversamos, jugamos a cartas a destajo, como si no hubiera mañana, bebiéndonos los instantes con la avidez de la juventud.
La Plaza N. desbordaba vida y encanto los días de feria, llena de puestos de bares , animales, gente vestida con traje regional...
La fuente B. , menos frecuentada por mí, forma parte también de los espacios fetiche de mi pueblo.
Como el chalet de un señor venido de fuers, cuya ostentación llamaba la atención en aquellos años austeros; luego, vino la decadencia y el abandono.
Espacios,sitios, lugares evocadores de familiares, amigos , compañeros, vecinos, de historias, colores, olores, de vida y de muerte, de penas y alegrías, de belleza,... de historia del corazón.

Texto agregado el 02-02-2020, y leído por 34 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
03-02-2020 —Cuando leo tus memorias a pesar de las distancias, modismos y costumbres diferentes, pienso que soy yo escribiendo las mías, aunque posiblemente de muchos años anteriores a los tuyos. A esos lugares, a esa situaciones y a esos recuerdos grabados e imborrables, es lo que yo llamo Patria. —Un gran abrazo para ti. vicenterreramarquez
 
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