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Inicio / Cuenteros Locales / vejete_rockero-48 / Reptilianus morituri te salutant (Basado en hechos reales)

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El sonido provocado por los relámpagos se llama trueno. El trueno se genera cuando el rayo instantáneamente calienta el aire a su alrededor a una temperatura de 30.000 grados Celsius.
(Fuente: vix "analizando el sonido de los rayos")

Tras asesinar a su madre y hermano, Mitridates VI se posiciona como monarca de Ponto. Desde allí, unificaría su monarquía tomando Bitinia, Taúrica, y capadocia. Las tropas mitriánicas llegarían hasta el reino de Bósforo (península de crimea) logrando expandirse un millar de kilómetros, desde el sudeste europeo (Península Balcánica) hasta el norte del mar Egeo.
La batalla de Ponto se sitúa al sur del río Danubio (No al norte, al oeste, o al este, QUEDA AL SUR), actual Grecia y Turquía.
(Fuente: Guerras Mitridáticas, y National Geographic )





Antonio Claudio Cayo al igual que muchos campesinos del siglo uno, postularía formalmente al rango de centurión primi ordines; ascender en la escala jerárquica dentro del ejército, significaba para su vida no solo mejoras monetarias, además tendría la oportunidad de participar en las reparticiones de lo adquirido en las guerras germánicas, y títulos de propiedad de territorios invadidos. Por ello, concurriría animoso al combate en el campo de batalla de Ponto, al sur del río Danubio, actual Grecia y Turquía. Allí cerca de la costa, el décimo quinto ejército del imperio romano, esperaba impaciente las órdenes del general Lucio Lúculo.
Antonio Claudio Cayo alzó la mirada para consultar el cielo, temiendo que una inesperada tormenta malograra los planes de invasión; a lo lejos podía escuchar furiosos relámpagos cruzando espesas y amenazantes nubarrones.
Con las piernas y sus manos entumecidas por las bajas temperaturas invernales, el soldado cerró los ojos dejando escapar un sonoro suspiro; añoraba el húmedo aroma del césped recién segado en las tierras que poseía junto a su familia.
Sin siquiera imaginarlo, su esposa Julia de Rávena, había parido una pareja de gemelos a quienes bautizaría con los nombres de sus ancestros. Tito y Apolonia nacerían el mes de Quintilis, pero lamentablemente la hembra sería sacrificada lanzando su pequeño cuerpo desde el barranco de Catadau a la hora nona.
Para quienes no entiendan este práctico proceder, relataré que en los albores del imperio romano no existía un ejército profesional, acostumbrándose a enrolar para el servicio bélico, a campesinos y agricultores. Por esta acción, cientos de granjas quedaban solo al cuidado de esposas e hijos, quienes debían atender los cultivos. Y si carecían de esclavos que ayudasen en las agotadoras actividades granjeras, tener un varón era una bendición. Lamentablemente una niña significaba lo opuesto, pues se requería fuerza física para obtener buenas cosechas. Solía suceder que en tiempos de guerra, cualquier recién nacida terminaría en el estómago de los buitres por no considerarla apta para el rudo trabajo de labrador.
_ ¡Junge!_ Ordenó el general Lúculo a los pretorianos_ ¡Nobiscum Deus!_ Gritó alzando su espada al unísono con los luminosos y rugientes rayos que se retorcían en las panzas de aquellos estratocúmulos que se encontraban a un tiro de piedra del campo de batalla.
Quinientos legionarios avanzaron formando "la cuña", táctica de guerra consistente en una pirámide humana apuntada hacia el enemigo y encabezada por un hombre. Cuando esta formación alcanzaba el objetivo, se abría como un abanico obligando a los adversarios a retroceder.
De súbito, media docena de inesperados truenos hicieron temblar el ambiente, paralizando de terror a los combatientes quienes vieron como un cegador haz de luz se precipitaba desde los cielos hasta tocar tierra. Por esta luminosa estela bajó una gran carroza de color plata con forma de jarra de vino.
Antonio Claudio Cayo a pesar del pánico no deshizo la formación y fue testigo de como del cuerpo de aquel extraño carromato salían incandescentes centellas que transformaron la arena en vidrio.
¡Alejaos comandante del carruaje de los dioses!_ Clamó Plutarco el historiador, descendiendo rápido como el viento por los cerros adyacentes, desde donde había tomado posición para dejar constancia escrita del combate.
No fue necesaria la advertencia; la cabalgadura de Lúculo relinchaba nerviosa negándose a mover su alzada envergadura.
_ ¡Están aquí para ayudarnos!_ Clamó Plutarco riendo_ ¡Agradecemos tu beneplácito tal como lo hizo Arjuna en la batalla de Kurukshetra. ¡Escribiré inmortalizando tu llegada a los campos de Ponto!_ Las palabras del escribano se perdieron por la rápida elevación del carruaje hacia las esponjosas nubes.
El año 74 las fuerzas armadas del rey de Ponto, Mitridates IV fueron destruidas, y Roma finalmente invadió toda Asia menor.


Escrito original de Plutarco
Año 74
Guerras Mitridáticas.

"El cielo se encendió a lo lejos, y un cuerpo enorme en forma de llama cayó entre los dos ejércitos. Tenía la forma de una jarra de vino y el color de plata fundida".



Texto agregado el 06-02-2020, y leído por 84 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
11-02-2020 Vasta lección de historia con mezcla de leyenda. Interesante. Daiana
07-02-2020 Estos hechos historicos contados por ti, ganan en interés y detalles por la pasión que se observa en el relato. Es un trabajo excelente, Jorge. Un abrazo desde Mexicalpan de las garnachas. maparo55
07-02-2020 En mi ignorancia creí en la primera lectura que se trataba de una invención tuya. Releo y entiendo, gracias elclubdelapaginaazul
07-02-2020 buen ritmo, un gran tema, un relato muy interesante, me gusta cafeina
07-02-2020 Un texto bélico que supongo que creó controversia, a juzgar por los comentarios. Muy interesante, ilustrativo y por supuesto, esa jarra de vino convertida en carruaje crea la atmósfera subrrealista. Un gran abrazo. guidos
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