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Miró a la camarera como seduciéndola, con ojos de viejo libidinoso. Eso provocó la iracundia de Amanda que lo miraba atónita.
_Que se van a servir, dijo la camarera, servicial con una sonrisa de diecisiete años.
-Una pizza con rúcula y una cerveza, por favor.
Luis no podía acatar su edad, porque su físico no lo delataba.
Era alto, con garbo, pero padecía de innumerables enfermedades, que no asumía de ninguna manera.
El se creía superior, en intelecto y en sabiduría, su ego estaba acostumbrado a mujeres menores, que no lo contrariasen cada dos palabras. Pero Amanda tenía criterio propio, y una atracción innata con sus ojos verdes, solo que no se vanagloriaba a cada minuto de ello.
Venían de una relación anterior. Dolidos. Resentidos, y volver a encontrarse supuso saldar viejas heridas.
La casa de Luis estaba en un lugar desolado. Pero, constaba de aire acondicionado, de un lago atrás hecho artificialmente, cuando elevaron la casa para construirla. En el lago nadaba el carau proveniente del Amazonas según Google, y los patos que venían a bañarse, lo que daba un marco agradable al paraje.
Su anterior relación con una tal Viviana, había culminado en una perimetral para evitar el acercamiento de Luis a menos de cuatrocientos metros. El la acosaba, porque no podía comprender el por qué de su abandono tan repentino.
La relación no había sido fácil.
El proyecto de vida sucumbió.
Viajar con ella por La Patagonia Argentina, y conocer lugares inexplorados, navegar en el bote inflable semirrígido con el motor de 20 HP, constituyó su leitmotiv, hasta que se acabó.
Mientras que a Amanda todo el día le hablaba de Viviana, de cómo ella lo humillaba “hay que limpiar esta casa mugrienta”,” las telarañas suben hasta el techo” “la perra esa, que tenés me tiene harta, la querés a ella más que cualquier ser humano”, porque ella no te contesta y no contraria en los más mínimo”.
-Vos ganas más que yo, le dijo Amanda a Luis.
-Sí, pero tengo muchos gastos, y vos comes como una termita.
Amanda asumió que debería llevar comida a la casa de Luis, mientras a la perra él le cocinaba los manjares más suculentos, y gastaba en ella un dineral.
No duro mucho la relación de ambos.
Amanda se cansó y se fue a su casa.
A Luis lo atienden en el Instituto Open Door, de puertas abiertas, porque no pudo resistir el abandono de sus dos últimas mujeres, pero sale de vez en cuando a seducir a mas jovencitas.

Texto agregado el 29-02-2020, y leído por 54 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
29-02-2020 Un texto interesante. Pienso que él estaba enfermo de hace mucho. Lo que hacía enervaba a cualquiera. Un final que deja angustiada y preocupada de su adicción de conquistador***** Un abrazo Victoria 6236013
 
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