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Inicio / Cuenteros Locales / freddy50 / El loro grande de Lorazo.

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Lorazo:
Contra la verdad interior del mejor preferir así de solitario me marcho musitando verdades ejercidas con muleta. Aves de tejado me miran absortas como desentendidas de mi ser o no ser espiritual; aunque donde la tierra es pastel de sangre y dengue quedaron mis árboles estáticos como esperanzados de mi regreso. Y aun por cristo decretada la libertad individual como la ley de hierro sigo en sometido trocando las tensiones en esquirla de un conjunto, solo a mi padecer abandonado cual abocado vino en vacías libaciones entre tinieblas nocturnas; y el ya mismo me lastima con más lástima, por culpa de la parca asignación de una timba ausente, humillado como un crupier disfrazado de nadie, más no por penalización de los humanos sino del cielo innato conmigo al pie de una abandonada ruleta. Con la barranca del viento favorable, aunque con honda tristeza que me frena, por fin me rajo a favor de un destino nuevo por delante, como para desparramar sobre los designos de una epopeya virgen. Recuerdo de aquel día del tercerizado coto, que de justiciero nada, llover hasta en las jaulas de los monos; y siendo mi ayer superpuesto con el hoy bendito, de radiante jolgorio y de asueto calmo, veo falta de coincidencia total en chingadas las curvas de las ámbas radiografías; pero embuelto en espinas de melancolía, que en el aire se dispersan cual pétalos punteagudos, disponiendo de alas con vitalidad por gracia de mi orgullo argentino, dejo de buscarme en perdones de mi mismo y aunque más no sea vuelo en círculo como orbitando envuelto de distintas ánimas que se neutralizan por la competencia; estando en vida antes del juicio final vaya a saberse la verdad de un merecido castigo, de justicia tardía hecha sobre un bordado de macanas pendulantes, imposible, pues después de todo si no hubiera seres queribles quizás el cielo quedara despoblado de angelitos; cabriéndole al Luismi el tilde de renegado por motivo de querer estarse desnudo imbuido de rabieta. Y así de fundido, usado y desentonando, evito ser un Jonás y dudo, siendo que fuí, por elección halagueña, elegido en funsión de parlante y monitor del paraíso; entonces volando como paloma confundida mejor trastoco la duda en vigilar por encima, observar desde lo alto con ojo crítico, desairado de dualidad pues, con el alma taponada de escosor, caramba, esta por fin previa de los anales con vista a los siete mares; por la hora magnífica, gala de a pasos de avestruz tan vívida cual un meteorito al instante de tropezar malhabenido con sus parientes porfiados. Aunque falto de ganas de engrupir con lamento mi alma experimentada, por mufa o por desagradecimiento, algo crispado el caracter tengo, entonces pues bien vale un instante de arrepentimiento de estar alerta con la liga del ayer mejor quedando al complacido observando desde el aire pachorriento, de esta previa de los anales digna para hacer fotografía en la memoria remañida, de las tantas mesas redondas cromadas y muebles de lujo, aun sin acomodar como se quisiera, mesas ratonas noguchi, mesas altas de barra y para todos los gustos; más banquetas y taburetes; con esa tanta paisanada lujareña esperando esperanzada con carpas en el bosque, y más cola esparcida en la ruta, cual si se aproximase el día siete del propio capo San Cayetano. Más por los olores aun fluyendo preliminares por entre los burletes de la vecina, a tan solamente tapa levantada de a por momentos, hoy haciendo parálisis de lo sagrado, todos vagan aplazados de una perturbación peremne, con los cuerpos muy distraídos por esos efluvios tan fatales como recién nacidos, como saliendo del mega freezer cual enjambre de bacterias con propulsión de orgullo; aunque además tengo la vista allanada de una panorámica furtiva, como de baile fantasmal de narices respingadas, que hasta los ademanes más toscos asumen forma de perros de presa, con todos delegando el maquinando sobre el jurado gourmet internacional, desde temprano presente; tan nerviosos como orondas guirnaldas trenzadas al viento de la gastronomía, genios de las artes culinarias metidos en la piel de Jehová el socialista, aun antes de haber desgustado nada, así como reinas cascabeles paseando por el ideario de sabores que intuyen de aquel mega asado; por siempre hoy siendo solamente tratados cual embutidos de pavo de los mil demonios, excelsos trozos codiciados como momias de Kefrén, embueltos en pliego de selofanes con allí dentro soltando imposible tufo, trozos de vacas de por sí sentenciadas al garrote vil del matadero, y tantos otros animales intrépidos y curiosos que flotaron alunísonos en el hervidero; más al toque de cocinados sin piedad del plutonio, luego como en máquinas industriales todos triturados bajo las garras de las muelas batientes del soberano pueblo, más a la postre amazados en las barrigas felices, panzas llenas de éxtasis de restos del espeluznante pucherazo de la CGT, guisazo camino por los chinchulines a ser excremento de examinar; con también, para que negarlo, gente asqueada e indeferente de lo tan épico, como queriendo degustar aunque más no sea un pebete de salame y queso; con además incluídos al hipotético festín algunos conocidos del entramado como desconfiados de probar quizás restos de la tigresa, o bosta de los cuadrúpedos por siempre adherida al fondo de la super cacerola. Con desde el cielo de los vivos, de donde mamamos oxígeno cual cascada de existencia, también aprecio de los bichos en la reserva, fluctuando huraño en las chatas mentes de los animales, el deseo tácito de en algún momento chapar aunque más no sea un lamer del plato, o directamente degustar de la bandeja de los jurados; bichos desencajados, acerados e incisivos, porfiados de si mismos en probar de aquel banquete conservado por gracia de la tecnología de los tiempos del hielo seco; y aun así lo que sobrara de aquella carbonada quedando regido por comentarios emergidos de la voz del soberano, catapultado en la historia de varias generaciones, o hasta quizás el propio apocalipsis del fin de los manjares. Con todo, todavía aquí duelen tantos animales muertos como en Oceanía, que en el minuto de silencio hasta la contra tapa del periódico se hace al mirar relativo dejando de ser chistoso; con éstos y tantos cadáveres de los incendios forestales aun ardiendo de no servir ni para aditivo del futuro petróleo, que hasta los lobos de mar de las piedras deben haber muerto esterilizados de pálido susto. Más yo desde lo alto, sorprendido veo la laguna llenarse de a poco cual regida por la tendencia de un corazón de masapán, sensible con el pueblo vitoreando el tamaño acotencimiento como tallado en el marfil de las futuras generaciones. Si al nuestro Ignacio le fastidiaba el nivel del piso fuera de plano, con la barranca treinta centímetros apuntando hacia lo hondo de su rancho, desde ya se puede ir aflojando y reír de nuevo, contento de haberle trastocado Dios, por milagro a lo justo de su antojo pretender, quedando el suelo cual pista de patinaje sobre hielo. Por cada lancha y su estela como arado marcando, como corolario va entrando del canal revuelto agua de a sorbos; si es que en tentador impulso se la desea beber; increíble suceso de resquicio sagrado cayendo acrobático y esparciéndose como lava selecta, por gracia de los beneficios de un salario de olitas del Luján recorriendo previamente el caño hundido entre raíces del bosque; al son de otro estruendoso milagro de propulsión mediante, haciéndose doblemente increíble el como va entrando en fila el líquido semi contaminado al pozo sediento, pero ahora cristalino y limpio como agua de deshielo; más que sorprendido estoy chamigo viento, y debatido en redimir mi no ser adalid complaciente del adagio celeste de esta pureza de encantador suceso de aguita fresca entrando lo más campante de a puchitos purificada y lerda; entonces la napa absorviendo hasta un cierto punto recién ahora comienza a copar el crater del repunte compañero, y en efecto dejando llenarse con las pocas ondas de la marejada machacando por cada nave que salpica; pero lo cierto es que el repunte de la marea juega cual signo precoz de acabado irremediable, pasando contenta como un niño en tobogán de parque de diversiones, bajando y subiendo al son de ese gran caño de granito compacto, cual buche sediento de una fuente de los tres deseos; más son las lanchas que pasan las que hacen entrar el agua definitiva y corrediza, a lánguido ensopado lento como de una cuchara, celibato de a poco entrando al gigante pozo, aun carente de musgos; por el momento únicos factores que no alcanzarían para llamarse como un milagro ecumenico; pero a ver ¿Y el errado aplanado del pifiado acabado en la excavación casera, por culpa de las topadoras contraindicando la suave palada del usual titánico; por gracia del propio lunes nivelada en cuestión de un suspiro? Al estar mi mente galardonada de pensamientos exclusivos, cual si luego de acertar la lotería en problemas me metiera por curioso, ahora deduzco que el comunismo y el liberalismo son dos gotas de agua de Jesús, en cuanto desean un mundo perfilado en sojuzgar la naturaleza; que es precisamente lo que más nos está afectando; y parecidas son también estas filosofía en la acción de depredar a fondo, y algo más, los contados recursos del planeta, con recién allí quedarse ensimismados como el perro luego de obtener el hueso de la pata; que para desgracia de los socialistas de Jehová, a la vez de ser ideales siempre modernos son al mismo tiempo científicos, como boxeadores con la guardia levantada haciendo tope al hígado y en medio de lo estelar noche en el rostro. En sus comienzos habrá sido el liberalismo una idea de avanzada y revolucionaria cual un especie de poncinismo de hoy día; entonces el liberalismo en contraposición al feudalismo representaba algo muy de punta pretendiendo cambiar las estructura de las sociedades. Ah pero no entiendo porque pienso esto si en nuestro reino animal impera la total anarquía, en el sentido de falta de un estado beligerante. Más como tercera opción importante, los humanos tienen al mencionado socialismo, allí las utópicas ideas idealistas amparadas por personas del seno obrero, batallando entre los más grandes acertijos de los pensadores de la oligarquía, pero en cambio los socialistas de Jehová, de mejor pretender un destino austero y de distribución equitativa sin tanta vitamina potente, de ir apresurando al debenir en consumir la ración divina con eso de andarse depredando la desgastada naturaleza, de por si superpoblada de seres atrevidos y hambrientos. Aunque finalmente las paradojas de la política hacen que hoy deban encontrase emparejados en la semejanza éstos dos quienes pretenden sociedades de avanzada, que aunque con premisas de esperanzado resultado, así vibrando en desiveles diferentes de la vital energía, pero perfectamente comparables desde el punto de vista de despilfarradores de la sana ecología: Los ateos de Marx y Engel deseosos de abolir las clases sociales en contraposición de los archi defensores de la libertad de los mercados como factor principal de optimizar la calidad de vida; cualquiera sea el precio final de dicho bienestar. Pero sin embargo, apartados de ciencia y política, aquí todos tenemos la mente metida sobre el orden del tiempo traducido en vorágine de ansiedad religiosa, con este evento extraordinario seguramente cual estancia quieta adonde poder sentirse como en un oasis del espíritu santo; con yo volando postergado a las ganas de esa pincelada del shiva eterno, y así lograr, por esa lengua regidora del poder sagrado, servir en tan solo transmitir las palabras que salen del cielo airadamente entre la resonancia de mi capacidad. Y al costadito de la triple contienda, el dios de todos, sin importarle tanto en que si creémos en él o en nadie, sino más bien preocupado como un padre en que nos portemos bien al son de aceptar sus órdenes como en un ejército de soldados; pero quizás olvidando, del ser humano, ser precisamente pecadores por naturaleza, ergo haciéndose imposible el porfiado deseo de guiar nuestras voluntades hacia un desobadero de buena conducta. Ahora que lo pienso quizás Marte haya sido un planeta habitado que explotó por motivo de falta de obediencia debida en cumplir la receta del Sinatra, entonces los vapores de aquellos mares convertivos en nube inmensa se mudaron aquí, para nosotros continuar el designio de ser una nueva posibilidad auténtica de vida; con quizás ahora el ente supremo por medio de signos, poner todas sus fichas en ésta nuestra noche celestial estrellada de glamour. Más; mas y mas del más, amazado en la masmorra, que más perdón le pido a los mases del aire tan lindo, por esta nueva alcahuetería apartada de la preocupación romántica del amor transgredido: Justamente porque dios conoce los destinos de cada ser no desea que nadie sobrepase la estría de su prerogativa, más por ello, en la previa de la coronación tan esperada, debo hacer citación al paraíso de tener incluído en el balance, forzadamente, por motivo de exceder por sus dones delictivos con creces el límite de lo permitido, al tal Fulgencio Centurión, muchacho malo y exacerbado de sobrepasar las fronteras por los canales de lo prohíbido, bien pudiendo asesinar con los deseos con que se mata una mosca, falso cura desde el arranque no más, vestido de oscuro cual su alma, traspasando las alturas del zenit confianzudo del diablo con sus iniquidades permanentes, de pésima conducta indeseable de codearse con transgredir el nivel de lo permitido los trescientos sesenta y cinco días del año; que no sirve ni para abono del infierno, pero que sorprendentemente, por milagro de lo fantástico de meterse en la latita de los nuevos tiempos, ayer fuera asesinado a escopetazos, pero de muerto, al hacerse presente el señor Poncini, en santiamén resucitado, vuelto a la vida como un muñequito con cuerda por el poder de la saliva salida de un grito de espanto; y entonces de morfología de bicarbonato de sodio que deseaba votar con documento apócrifo, pasó de lleno a cadaver colador de fideos con los agujeros de los balazos todo el tiempo en el pecho, que por más que cambie zotana por camiseta, las yagas vuelven a emerger al punto de ir trapasándole la ropa nuevamente, como en los muertos vivos, emanando la sangre hasta detenerse al solo teñido de la prenda, en resquicios de estaño perfectamente en derredor del conjunto de orificios fatales. Y así de tamizado con una felicidad escabrosa y gris de todo sobarle el lomo, más esos rugires que hasta ayer lo divertían tanto, hoy lo tenemos puesto en amanzadora de ambiciones de ubicarlo dentro de lo establecido como potable; con aparte, como si ninguna bala lo hubiera perforado, deseando ser otro comensal normal, de formidable bondad, en orillar la laguna enmesada de tulipas con velas con los hornos pizzeros allí al costado amparando los platos de sitio, junto con cazuelas de porcelana esperando por alguno ser distribuídas, y en medio de todo eso él solito, perforado y encorvado, como un loco por las tablas ensayando de verdad, goloso de recitar para cuando diga en el discurso, como tratando quizás de pedir perdón por todas sus faltas dentro del área chica; y jurando, entre olores fulminantes que emerjen increíbles de los restos del mega asado, por el momento un arrepentimiento esta vez creíble, a las gentes de las carpas apostados en el bosque desde semana tras semanas venideras. Donde además, en este panorama de preliminares, son otra usina sangrando la grasa de los rulemanes, en malversación de roles, el Ignacio con su mucama cabeza de kiwi, a cara descubierta; muchacha para nada huidiza, amándose sin viáticos de reclamar, a meta lambetazo por las mejillas; y casi por completo allí adonde el sol no entra a menos que se esté en un campo nudista. Vaya, vaya, ésta oportunidad de pensar como los profesores, de ser éste mi pensamiento nuevo por pensamiento prestado de un ángel correspondido, lorito ángelito sabelotodo, mi cielo; aunque en verdad, para lástima del silencio, solo se trataría de un síndrome momentáneo con palaciego caracter de esfumarse evanecente; lorito insigne hoy por fortuna ausente de mi ser ofuscado y demacrado, de a nadie importa el revertido alfajor sobrenatural titilando por gracia de lo exponencial. Y este fiel amigo del pago de licencia inexplicable pero previcible, que dejose olvidada en la recámara de mis pensamientos la virtud del idioma al servicio del esclarecimiento, en este instante dubitante acompañando las aspas de mis alas en frenesí de colibrí, al rememorando de Mabel en el boliche con sus sandeces de ursus americanus, con la cáscara pegada del ser al traje, con encima yo poseído por el cielo de Lorito, galantemente recetando como un boticario el hacer reír haciendo picardías para samarrear al cuerpo poseído, más por fin lograr hacer ceder aquella maldita atadura tan particular de cuajo y pellejo. Entonces, como consecuencia de todo, ahora navego en círculo parloteando para adentro solo con las añoranzas, y mi alegría de licor de guinda pujando por salir solamente de imaginar a mis amigos como linces con alas desplegadas en la pista del arribo, como queriendo saber ellos de mi destino largamente transitado, deseosos de conocer al dedillo los designios de la pausa que me han forzado tener; y entonces aquí, solazo en comparación con la luna que se insinúa, las tantas inquietudes mestizas se me cruzan con los anhelos pujantes, ansias calladas y explotando de querer expresar mis pensamientos al balcón de la lengua en parapente, con la sola intentona de hablar como para los afueras al viciando el aire de etériles jadeos; para ello surcando el aire voy como atrapado en una rotonda, de entre nubes de agua clara, con aleteo aturdido por viento pesado de aceite de olivo, siempre como repitiendo en solitario monosílabos con el cuatro de copas atragantado en el cogote, aunque de exclusiva referencia hacia las tremendas ganas de emprender el regreso, más cuanto antes, al sitio natal de donde, respetada la libertad, nunca debería habérseme trasladado, pues si existe alguno pretendido en querer matar de nostalgia mi almita misionera, flotando ella por virtud de mis blondas alas de aspaviento permanente, aquí me tiene pues flotando en el aire y agonizando de tristeza tecnicolor. Más otra aflicción predominante en mi, es sustentar con los soportes inflamados de la duda, la enorme fusión de raps con los conocidos rezos cristianos, justo a esta altura del entramado donde todo parece un intercambio de favores, escuchándose salmos de nuevas estrofas como movida precoz de los pañales; al corear del viento con un: Ignacio nuestro que estás en los cielos santificado sea tu nombre, en estribillo de una canción de Shakira; y de agregar nuevas ocurrencias como oratoria de las tribunas es moneda corriente, coloide de la metrópoli con letras de cancha de futbol en hacer revolución cultural movida de una fe temprana; entonces tierno, lloroso, y algo perturbado por verme de reboter inmiscuído, observo además, como mesánico entre lianas de rayos expulsados del sol, la sutil culpa generalizada, como una forma de melancolía instalada hasta en la postal del paisaje, de hacer fundición del siempre vapuleado Jesús el libera, con nuestro maratonista sensacional pero aun en veremos, aunque más no sea hasta entrada la noche; prórroga, quizás nefasta, de un áutentico mesías perfectamente comparable con comer acauciles de hoja por hoja aplanados por una dentadura postiza. De igual modo cual un sargento en cuarentena, patrullo desde el firmamento los preeliminares de un día sellado como apremiante para la historia, con destino de vajilla completa adosada con receta de plato principal entrada y postre, con centros de mesas y floreros allí lustrados de primera mano, y sillones chester por adonde aguarda oronda la propia señora dueña de la estancia, también trapeada la cuerina blanca por la sirvienta infiel entre banquetas y puffs esparcidos como esfinges por el perímetro de la estancia. Y así andando intachables por los cielos de la tierra: parlante mental, planeando acrobático como avión en los desfile, más bicicleta pinchada y sin cadena, ausente pero presente con la reminicencia de sílabas perfectamente claras, que como el pucará vamos rodeando la tímida laguna del pozo abismal en vías de llenarse lento por gracia de un milagro en increyendo, extendido sobre el asueto del tiempo electoral, a por el momento a poco menos de poquito llenarse, como para apenas hidratarse los sedientos talones; que aunque volando en círculo cual forzada la vieja usanza de ser libre y sin tacha, mirando atónito voy entre el armado de carpas de ambiente y pista de baile con piso de parquet de madera; camastros y pedestales; que movilizado flotando en zozobra de vocales como el Cervantes, si apenas logro triturar cual un buey el pasto y la barba de aquellos desafíos de mi corazón envuelto en babero de lágrimas. Más aun, pese de la remembranza, feliz estoy por partida doble, doble por más bien el alivio de no existir aún en nosotros la peste del coronavirus: Que dicho sea a vuelo de pájaro, he tenido una visión funesta, de en los arrozales a los infectados venirles cual castigo del sol tan picante, salido de la buena conducta de los grados habituales, en una alarmante proporción de un grano podrido con el mal, por cada mil granos tambaleando como la arena en los médanos del aberno, como queriendo los pequenines, y quizás a coro de Pink Floyd demás cereales y legumbres, de castigar a los humanos de hasta haciendo desbarrancar la moral de niños y adultos, por castigo subversivo de depredar la sagrada naturaleza; y por el otro lado que cual un adepto al peronismo también es de festejar la dupla de los Fernandez pronto gobernar; presidir con prestancia este maravilloso país, endeudado si, pero aun desenvuelto sobre nuestro territorio querido, de abundar las posibilidades casi tanto como en el paraíso desplegado sobre la estepa del basto cielo. Entonces sin estrecheses de mantras aliviadores, desde el aire uso la palabra castellana para de prestado pensar a destajo como jamás lo hiciera, mis inquietudes de cavilar mi vuelta al pago, con discurrir sobre tantas otras cosas milagrosas que aun me siguen tocando las puertas del alma; son tres días de quórum filosófico, más no de reporte mental, cual partido el cráneo por guía telefónica, de donde no falta ninguna neurona al servicio de traer al conciente deseos en debatirme con esta cuestión de desafiar el cautiverio, no obstante de estarme en una reserva gentil, a quien mejor quizás debería agradecerle tanto cariño invertido, y así tomarme el palo de inmediato, como decimos hoy día al expresando de escapar del destierro en Babilonia; más yo ahora como las aves de Noé que regresaban al arca por falta de apoyo para el descanso, volando como un dron regido a medias por un ángel pequeñito, que huyera acobardado del eco de chasquidos de beso negros, en pujante relación extramatrimonial, dejando abandonado en mí, el poder de la gramática en funsión de trazar una estrategía inteligente como para hacer el aguante, de aquel voyeurismo sibarita del pasado al lujo de escuchar como aficionado resoplido entre bambalinas y suspiros de nunca acabar, en una bahía de agonía negativa pero irreversible; que aunque permanecí terrenal también estuve salpìcado de estremecimiento, estaqueado en el silencio pero presente, mudo y estoico del tanto mirar la noche de la fanfárrea sin subrayar nada. Y para estos otros querubines, que vislumbro en el relampajeando de bajo del engalanado día, de ángeles en imagen que ofrece la mañana generosa, en visión profética como de enanos de colmillos afilados deseosos de saber mi novela rosa mental; que primicia gastada es adivinarme el no estar para nada enojado con Mabel la de todos, pues por el hecho de verla con otros amores al margen del matrimonio eso es cosa de pichones para nosotros los elegidos. Y aparte de negarme siempre, al porfiado pedido de la circe señora, en raspar mi lengua, con cepillo de dientes, toda vez que pico maníes y girasoles como para ir despulpando el aceite extraordinario; confundiéndose lo mío con la resaca infecta de ellos, producto de aspirar tanta cajetilla de Malboro, de la posterior secreción emergiendo de los pulmones mientras sueñan con un mundo perfecto; pero no, eso nunca; lo mío no, nada que ver, a lo sumo será, esporádico mezcla de papilla de colesterol bueno con el remanente de los incendios intencionales por la pereza de desmalezar con guadaña; estos humanos se la pasan comiendo sebo asado de animales muertos a trompadas, más luego temen del desvío de esa mantequilla fina en la lengua aparecida, plagada de virtudes positivas ¡Y peor aun, lo recomiendan por la televisión cual una práctica milenaria; que después de tanto cepillo raspando y raspando, la lengua les queda compacta y marrón como un revenque de cuero mojado con agua de estanque de molino! Pues los cuernos en nada empañan el afecto adquirido por el roce interpuesto, eso significa poco para un misionero trepador de ombúes y comerciante de semillas a cambio de brincos y píares; se trata de un muestreo claro de la cruda realidad que deben enfrentar las mujeres luchadoras como la nuestra respetada Mabel; si hasta yo mismo, contradictorio, por momentos tenía deseos de arrancarle el corpiño cuando Lorito manejaba mi voluntad espiando; espaciados de espanto, ámbos por separado como acercados tanto hacia su lánguida intimidad hoy tan cuestionada y dejada de pasar por alto; donde mis oídos propios conectados con los pensamientos del cielo, además estuvieron lascivos, y entonces, aunque no decodifico como un telégrafo, lograba escuchar los tantos entredichos permaneciendo forzado de mente en blanco, vacío de virtud como el penacho del gallo, con también mis ojos ciegos de tanto mirar aquel apartado de la mano de los santos; santos vivos luego de la muerte, de gobernar también la moral del cielo, con el abrigo de la vara de juzgar como los humanos ejemplares; más no podía hacer nada pues solo era una hebra de té que flotaba en la taza hirviendo. En la vida todo es positivo en el sentido de brindar muchas posibilidades, pues tanto la humanidad necesita como las diferentes especies requieren, y todos demandamos: Servicios, semillas y mercaderías, más los otros tantos caprichos que completan la existencia, imposibles de enumerar; o como pide la señora sillones pierre paulin, y encima mesas, nada menos que ratonas, como para un mitín al aire libre, ensaladeras de vidrio cuando se irán a comer ravioles; hieladras con pinzas, fraperas y baldes de acero para el champagne de los más pudientes; en fin tantas cosas se requieren en la sociedad, que se hace tan vital el ofrecer, no pudiendo entenderse para nada aquellos seres desconectados de la creación haciendo todo del revés, por ende, por más hábiles que parezcan, no sirviendo para nada, en el sentido de ser útiles para lo que guste mandar a propios y ajenos. Personalmente tampoco estoy resentido con el Ignacio por el hecho de refigerar el alma comiendo tantos animales a solo salero y de un solo bocado, quedando los restos como para disfraces de un carnaval eterno, pues yo solo veo a los hombres siendo ésto lo único que desean hacer, comer y comer, y en vez de pisar sencillo, tener relaciones carnales a trochemoche. Entonces ahora, usando este pensamiento prestado, mejor prefiero en el virreynato filosófico endosado, primero observar para luego emitir opinión, y si se me permite ser didáctico como indicado una salida del hermético laberinto. Salvo por tener los impulsos musculares tonificados por ofuscación, en despilfarrar oportunidades en regresar al pago, el dia está perfumado de pachuli y diafano de estremecido brillante, con la acuarela del viento trazada de lineas vaporosas como salidas de un diamante; día transparente como plástico psicodélico caído sobre el rancho de Mabel la lisonjeada. Y en la previa general, cual codornices ante huevos de lagarto, allí se van apoximando al estrado de honor el intendente recién reelecto con unos jerarcas de los Ginnes, todos de sport, de punta en blanco, como ensayando y mascullando sueños, esperanzados de como decir en la hora del rodeo de la palabra; que junto con los manteles con guardas paraguayas son para mis adentros lo más digno de detacar, manteles puestos a modo histérico de guía de palpitar la espléndida velada, como todos aquí entrometidos en la desgarrada latencia de algo sublime. Palco momentáneamente desprovisto de soubenires pero un gigante de ensalsar al valiente transpirador de la febril camiseta, con copa y corona y medallas de oro; y allí mismo vienen viniendo a mis ojos en la bendita media vuelta, de un décimo regresar por las ansias del entusiasmo, medio Luján de abrazar al gordo de idolatrante reverenciado, que ningún problema al parecer de perder las lágrimas demuestran, en palmeando la espalda con extremada sinceridad. Más sin saber si soy Lorito o Lorazo, me llaman al bajar en regresando, pero yo, quebrantado de ganas de rajar, volando como el perro que se rasca la cola, ni bola paso por las dudas, a la ansiosa muchedumbre preliminar instalados como para siempre; aunque quizás se me considere un ave hostil, irradiando menosprecio, nunca dejaré de querer este día de asueto tan particular y alegre, imposible de fingir tristeza justificada aunque sea esta de volar hacia el norte como águila engreída camino hacia el brazo protuberante de la selva de mi natal Misiones. Y adentrado mi cerebro en el localismo y en la latencia, juzgo las luces ansiosas estando encendidas, desde el viernes por la mañana hasta este propio lunes entrado el mediodía, gasto innecesario; lucesillas cual girnaldas mal olvidadas a la vera del presupuesto a por reindexarse. Desafiando al verano algunos adolecentes ya se bañan como si el aguita no mojase, más otros hacen la morisqueta de pescar, con una bolsa de cebolla desenterrada de aquella oportunidad del mega pucherazo, cual si fuera una rede de nylon lo más acondicionada; no hay nada que hacer, la juventud es una belleza que cotiza aparte de ser lindo, pero hoy nada se compara con la expresión de los milagros en lograr derrapar los discursos. El repunte de una incipiente marea ha subido al punto de acariciar el caño de entrada al sistema de cisterna, allí por la catedral enclavado a los pies del enraizado peristilo, sistema de tuberías rudimentario pero perfectamente inventado por el magnetizado Ignacio, objeto de todos los festejos de la comarca; hombre bruto, bachiller del pueblo, en llamar a la marea presentarse, justo el día donde todos los alpistes se comen en su nombre. Ya desde hace muchos días hubo gente de bien, peregrinando y acampando en el bosque, pero ayer entre rezos y campanadas de la misa de gallo, al sonar de la reponsabilidad, desde temprano están todos metidos en la alegría al son del mismo entusiasmo primero; solamente por esto no se hace dificil imaginar el asunto de la coronación como el evento del siglo. Ahora dicen sentidos canditados a profetas científicos, que estos humanos fiesteros salieron paridos de un mono, pero entonces me pregunto por que ningún hombre santo parió un simio completo después; o tal vez una mujer lo pariera pues entonces pasó que todos callaron y nadie lo dejo trascender; habrá sido hace tanto tiempo. De todos modos es injusto adjudicar castigos al cielo cuando la humanidad hace tantas macanas: piloteando a fondo examinando los celulares, quemando bosques como si encendieran una bengala; pero Dios supera a todos y sin elucubrar castiga compasivo, entretenido entre elegidos querubines en la torre de lanzamiento, que solo con los propios avatares del cada día así la vida se le hace dinámica, sin necesidad de mutar acomplejado de si mismo, o solicitar perdón a todos aquellos necios que esperan milagros y por vendados los ojos no los pueden apreciar ni aunque le toque el timbre del portero eléctrico; aunque por estas teorías de apuro, a lo mejor al supremo vayan a quitárseles las lagañas con un solo viento de negativo trillado, como pidiendo, entre las nubes de rocío de su llanto, perdón por haber creado todo y más de lo que suponemos. Caramba, empiezo a sentir que el cielo de Ricky Martin se me acerca y que estoy poseído por una musiquita.


Texto agregado el 17-03-2020, y leído por 24 visitantes. (0 votos)


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