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-¡Como Rey del Condado de León, en pleno uso de mis facultades, declaro la guerra al Reino de Castilla!

Frente a él se encontraba todo su Consejo de Guerra con rostros adustos y miradas perdidas. Era la primera vez que al Monarca se le ocurría semejante idea.

León era un apacible valle de una naturaleza generosa que lo hacía próspero y pujante.
Quizás las vides eran sus tesoros mas preciados y sus vinos la consagración de la vida.

De todos los reinos venían en su búsqueda, sus uvas Syrah eran las mas respetadas del condado.
Los climas moderados del extenso valle daban lugar a un vino suave, con sabores a mora, menta y pimienta negra, que completaban un blend exquisito y enigmático. Una conjunción de gustos que lo hacían únicos en la zona.

-¡Todavía no recibí la respuesta!

-¿Están todos de acuerdo?

Al unísono respondieron sus adláteres, confirmando la contienda que se avecinaba.

Las leyes eran claras, en plena declaración de guerra, cualquier acto de insubordinación terminaba en la horca, y era evidente lo poco proclive de su comandancia a desobedecer a su jefe.

-Mi Señor, ¿cómo se van a enterar nuestros enemigos que les declaramos la guerra?

Era la primera vez que se entablaba una contienda bélica y sus habitantes poco entendían de ello, menos aún los soldados y la comandancia.

-Ya lo tengo Exclamó el monarca

Francisco Serrano y Domínguez, su rey, hacía ya cuatro años que había asumido el trono en el Reino de León, sucediendo a Felipe, su padre muerto a los 87 años.
-Tenemos que inventar un conflicto o una ofensa-
Repasemos

-¿Tienen riquezas?

-¿Qué religión profesan?

-¿De qué raza son?

Era muy conocido en el Reino la poca cultura de su mandamás, su escaso contacto social y su constante malhumor.

-¿De cuantos soldados disponemos?

-Contando a los reservistas seremos uno quinientos

-¿quinientos?

Sucede a veces que la soberbia de la ignorancia les juega una buena pasada.

Resulta que en el vecino Reino de Castilla, su Monarca estaba organizando un asalto sorpresa sobre el Reino de León, con el propósito de secuestrar al Rey y pedir un rescate en vino.

-¡Quiero a todos los soldados en el frontera!- Ordenaba Francisco de León

La Fuerza era comandada por el General Artai Aristamuño, de escasa formación castrense. aunque contrarrestada por una fuerte actitud y coraje;desplegó la tropa en la frontera a razón de un efectivo cada 8 metros.

A las claras no eran los 300 de la batalla de las Termópilas, parecía una extensa hilera de desocupados esperando cobrar el subsidio.

-¡Les habla su comandante!, hoy será un día de gloria para el ejercito de León, este grupo de valientes soldados va a regar con su sangre el campo del honor.
Será el bautismo de fuego de nuestra fuerza, en defensa del Rey, sus súbditos y sus tierras.

Una arenga poco convincente, apenas alcanzada a oir por un grupo de soldados dado el extenso territorio en donde se habían desplegado las tropas.

-¿Qué dijo?

-Algo de un bautismo

Mientras tanto del otro lado de la frontera, al mando directo de su Rey, Fernando VI, montado en un brioso corcel azabache ordenaba a sus huestes con la impronta que le habían legado sus ancestros.

-¡Formación en V !- Ordenó el Monarca

- ¿corta o larga?

-¡No se puede creer, estoy rodeado de inútiles!
La idea era formar una cunea y de esa forma abrir el terreno desplazando a la improvisada defensa de las tropas de Aristamuño.

Es curioso la carrera militar de Artai Aristamuño, mas vasco que la gaita, recaló en las tierras de León a temprana edad, huyendo junto con sus padres del hambre y las enfermedades. Su padre salvó al padre del Monarca de una muerte segura y como agradecimiento convocó a toda su familia a formar parte de su séquito.
Dada las pocas habilidades para el reino, lo incorporaron al ejercito donde forjó su carrera hasta convertirse en General de Infantería del Reino de León, un título un tanto ambicioso debido a sus pocas destrezas castrenses.

-¡A la carga!- Ordenó el Rey de Castilla, alzando su sable señalando al campo enemigo.

El rugir de la caballería sorprendió a las tropas de León, por el brutal bullicio del galopar de la fieras.

Los jinetes alcanzaron velocidades impensadas, sus lanzas en dirección al frente, y un grito ensordecedor de los soldados que helaba la sangre.

La escuadra que realizó la arremetida estaba formada por unos 200 efectivos mientras a la distancia tenía su asiento la infantería que esperaba órdenes.

La historia recuerda las guerras púnicas o la guerra de los 100 años, difícilmente recuerde esta batalla que duró solo tres minutos, el tiempo que tardaron las tropas invasoras en atravesar la frontera.
Es como que la caballería paso de largo sin ningún signo de acción defensiva.
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Fue el típico asalto al amanecer que parece que no era tan típico para las tropas del Rey de León, que los sorprendió durmiendo el mejor de los sueños.

-¡Agruparse! Gritaba Aristamuño, cuando lo mas lógico hubiera sido ¡despiértense!

Tardaron unos 15 minutos en formar en grupos de 6 de frente a muy poca distancia unos de otros.

Comenzaron un trote lento siguiendo la polvareda que había dejado la caballería.

Los raídos uniformes para nada contrastaban con las vetustas armas que portaban: lanzas, espadas, hachas.

Las tropas enemigas atravesaron los viñedos y enfilaron hacia el castillo y dispusieron sus efectivos en posición de ataque.

-Donde demonios están mis soldados- Gritaba Don Francisco

Una guardia pretoriana al estilo de las escoltas romanas protegían al monarca.

-Mi Señor, están a una legua del castillo

-De cuantas escoltas dispongo

-Tres

-Estamos perdidos, llamen al Rey Fernando, quiero negociar mi rendición.

En la Sala de Situación una mesa redonda convocaba a ambos bandos representados por su máximos representantes.

Tómo la palabra de Rey de Castilla y planteó sus condiciones.

-Francisco, hoy tenemos en nuestra manos el reino de León, no queremos derramar una gota de sangre y nuestra propuesta es que nos ceda como indemnización de guerra el 25% de la producción de vino por el término de 10 años.

-Propongo pasar a un cuarto intermedio de dos horas para responderles, necesito reunirme con mis consejeros para analizar su propuesta.

Un ardid muy burdo que solo buscaba que las tropas llegaran al castillo y que libren batalla contra los invasores.

Con una reconocida instrucción militar, el Rey Fernando ya había previsto la jugada e instruyó a la infantería que siguiera los pasos de los soldados enemigos.

Las huestes que respondían al Rey Francisco muertos de sed, se arrastraban por las praderas del reino; un solo objetivo los motivaban, llegar al reino y rendirse.

Casi en las puertas del Castillo, los valientes soldados de la infantería de León, al mando del General Aristamuño, se encontraron con una barrera equina a punto de avanzar con lanzas que parecían que tocaran el cielo, El general opresor alzó su sable y al momento de ordenar la arremetida se oyó un grito desolador del rey de León

-¡Deténganse!
Fue el final de una guerra que nunca se tuvo que haber pensado.

En fin, la conclusión que se arriban no solo en ésta sino en las Termópilas, la Guerra de los 100 años o las guerras púnicas.



Texto agregado el 29-03-2020, y leído por 48 visitantes. (1 voto)


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