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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / Una tarde sexual y sangrienta del Asesino y la Asesina

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Carlos Matías Sandes fue a entrenar a Boca como lo hacía habitualmente, la afición estaba muy contenta con su desempeño en la Liga Nacional de Basquet, y todos los días se lo hacia llegar a través de las redes sociales, donde el basquetbolista casi no realizaba publicaciones.
Recordemos que este basquetbolista tiene una doble personalidad al estilo Batman / Bruce Wayne o Superman / Clark Kent, en el mundo del básquet, todos lo conocen por su segundo nombre, es Matías Sandes, y en el mundo del crimen, donde es un destacado asesino serial de mujeres, un Quesón, es Carlos Sandes, prefiere ser conocido por su primer nombre.
Le llamó la atención que su amigo Martin Leiva no estuviera en aquel entrenamiento de básquet, que por otra parte era muy importante, de cara al próximo partido.
- ¿Y Martín? – preguntó Matías (ya dijimos que en ese contexto todos lo conocían por su segundo nombre).
- No sé, desapareció – dijo el entrenador del equipo – lo ví entrar al club, y después lo ví hablando con una rubia, ahí afuera, ya no lo ví más.




- ¿Con una rubia? – pensó Matías, intrigado, casi convirtiéndose en Carlos - ¡Qué raro!
Pero en ese contexto seguía siendo Matías y entrenó casi normalmente, casi, porque la intriga que tenía ante la ausencia de Martín Leiva le creaba cierta intranquilidad. Vale aclarar que sus gigantescos y olorosos pies siempre estaban muy sudados y olían apestosamente a Queso, pero sus compañeros ya estaban acostumbrados, eso sí, le decían “el Queso” aunque el prefería que lo llamaran “el Quesón”, eso ya era algo que venía desde la época en que jugaba en Sionista de Paraná, la temporada 2011/12.
El entrenamiento terminó y Sandes agarro sus celulares, siempre loa apagaba cuando entrenaba, los prendio, tenía dos: uno para su familia, sin mensajes, otro para su amante, en uno era Matías, en el otro Carlos, y esperaba tener un mensaje de la bella rumana Lady Dumitrescu, que se encontraba en Londres, a pesar de la distancia siempre le mandaba videíllos, obvio que para su amante, era Carlos, ella jamás lo llamaba por su segundo nombre.
- Hola Carlos – leyó un mensaje, al pasar, rápido, y pensó que era de su amante, por eso se apuró en fijarse, y se le cayó al celular al piso.
- ¿Qué pasa Mati? – le dijeron sus compañeros, que sospechaban de que Carlos Matías tenía una relación sentimental “clandestina”.
- Nada, nada – dijo Sandes – y guardó el celular, se vistió rápidamente, y salió para afuera, quería ver bien el celular y se puso los auriculares, que nadie escuchará nada.
Pero el mensaje no era de su amante, era de un remitente desconocido, aparecía un número de teléfono, y en el ícono de WhatsApp se veía la foto de una rubia, al lado del número, una leyenda @carla_quesona_rubia.
- “¿Carla Quesona Rubia?” – se preguntó Carlos (porque en esta faceta ya había dejado de ser Matías, era Carlos) - ¿Quién es? ¿Por qué tiene este celular que solo lo uso cuando estoy en mi fase de Quesón?




Lo cierto es que Carlos tenía varios mensajes de la tal “Carla”, todos videos, se sentó a verlos, necesitaba verlos con tranquilidad.
- Hola Carlos, ¿O preferís que te llame Matías? ¡No! ¡Te voy a llamar Carlos como lo hace esa maldita rumana que ahora esta en Londres chupándole las medias a esa asquerosa reptiliana! – decía Carla en el primer mensaje, mientras se veía con una pose muy sexy, a Carlos no le gustó que hablaran así de su amante.
En el segundo video, Carla realizaba un streap tease ante Carlos, se iba desnudando de a poco, y tras quedarse totalmente desnuda, Carla hacía gestos sensuales y obscenos mostrando sus pies, sus tetas, su concha y su culo.
- ¿Te gustó Carlos? – decía al final del video – Puedo ser tuya y te puedo dar mucho más que esa rumana de mierda.
A Carlos le daba mucho fastidio que hablara de esa manera de Dumitrescu, pero al mismo tiempo estaba como un toro salvaje: el deseo de coger a Carla era muy grande, no daba más.
Carlos entonces abrió el tercer video que le mandó Carla…




- Puedo ser tuya, seré tuya, porque mira Carlos, mira a quien tengo acá – decía Carla, mientras la filmación del celular mostraba un cuarto oscuro, y en ese cuarto oscuro, atados, en una silla, sin poder moverse, los basquetbolistas ¡Martín Leiva y Gabriel Deck!, amigos íntimos de Sandes, uno compañero actual en Boca, el otro, ex compañero en San Lorenzo.
- Mira Carlos, mira, aca están tus amigotes, el Tincho Leiva y el Gaby Deck, y mira lo que voy a hacer con ellos – Carla agarró un enorme machete y se lo mostró a Carlos – un machete, un machete como el que usas vos para asesinar a tus víctimas, a esas mujeres inocentes como Wanda Nara, Vicky Xipolitakis, Laurita Fernández, Gisella Van Lacke, Alina Moine, Romina Malaspina, Ivana Nadal, Cinthia Fernández, Verónica Lozano, Jujuy Jiménez, Tini Stoessel, Mery Del Cerro, Eva De Dominici, Adabel Guerrero, Claudia Fernández, Esmeralda Mitre, Pamela Sosa, Nancy Pazos, Analía Maiorana, Sabrina Rojas, Alejandra Martínez, Pía Slapka, Luli Fernández, Mora Godoy, Virginia Gallardo, Carolina Pratt, Natalia Oreiro, Alessandra Rampolla y Luisana Lopilato, las asesinastes a todas, a todas les tiraste un Queso, las hicistes pedacitos con machetes como este, a muchas les cortaste la cabeza, pero mira, yo voy a hacer lo mismo con tus amigos.
- ¡Noooooooooooooooooooooo! – exclamó de terror Carlos Matías Sandes.




En la filmación Carla estaba con el machete y se puso encima de Martín Leiva, tanto Leiva como Deck tenían aspecto de haber sido torturados y golpeados por la rubia, estaban ensangrentados, sin fuerza, Carla rozó el machete sobre todo el cuerpo de Leiva y despues hizo lo mismo con Deck, después puso el machete sobre el cuello de Leiva y amagó con degollarlo, lo rozó totalmente pero sin llegar a herirlo, lo mismo hizo con Deck, Sandes veía todo esto horrorizado.
- Tranquilo Carlos, tranquilo, los podría haber asesinado si quería, ya ves que los tengo reducidos, les cortó el cuello y ¡aaaaaaajjjjjjjjjjjjjj! ¡Quuuuuueeessssoooooo!
Y en ese momento Carla le tiró un Queso a Martín Leiva y otro Queso a Gabriel Deck, así terminaba el tercer video. Desesperado, Carlos empezó a ver el cuarto video.
Carla ahora estaba tan sensual y erótica como en el segundo video, pero tenía el machete llenó de sangre…
- ¡Nooooo! – gritó desesperado Carlos Matías Sandes - ¡Los asesinó!
- Ja, ja, ja, ja – reía en forma Carla – tranquilo Carlos, aún viven, esto no es sangre humana, la extraje de un animal estimado Carlos, ja, ja, de un cerdo, de un cerdo como vos, ja, ja, ¿Viste lo que es sufrir? Vos asesinastes a muchas mujeres, ahora te llegó el turno, te espero aca, en este lugar, si queres que Leiva y Deck vivan, tu vida a cambio de la de ellos, ja, ja, ja – reía Carla.
Terminaba así el cuarto video, pero había un quinto, Carlos lo vió, ya en un estado totalmente alterado y nervioso, fuera de así. En el quinto video, Carla estaba con el machete ensangrentado en mano, Leiva y Deck atrás, con signos de haber sido torturados, más un Queso en medio de los dos basquetbolistas.
- Mira Carlitos – le decía Carla, encima a  Carlos no le gustaba que le dijeran “Carlitos”, le parecía que le tomaban el pelo cuando lo llamaban de esa manera – son las cuatro de la tarde, seguro vas a ver los videos cuando termine ese entrenamiento de mierda, si a las seis no estas acá, tus amigos perderán la cabeza.




Y Carla levanto el machete y lo descargó sobre el cuello de Gabriel Deck, pero apenas rozó al amigo de Carlos Matías Sandes, y el machete, en cambio partió el Queso que estaba al lado.
- ¡Quuuuuueeessssoooooo! – gritó la asesina – te espero Carlos, me vas a encontrar en la Avenida Charlotte Corday n° 702, piso 27°, en Puerto Madero, ja, ja, ahí todas las calles tienen nombre de mujer, y esta recuerda a una asesina.
Al terminar de ver los videos, Sandes, desesperado, comenzó a llamar a Dumitrescu, pero la rumana no contestaba en Londres, y en su estado de WhatsApp figuraba lo siguiente: “Junto a su majestad, Queen Elizabeth”.
- ¡La pucha que lo tiró! – dijo Carlos, y se desesperó aún más al no poder conectarse con su amante - ¡Me voy a apurar si no, esta loca va a asesinar a Tincho y a Tortu!
(A Gabriel Deck lo conocen como “Tortuga” en el mundo del básquet).
Por suerte, Carlos Matías Sandes estaba en La Boca o sea que se encontraba cerca de Puerto Madero, se subió a su Minivan y se dirigió con velocidad a la residencia de la asesina, ese departamento donde cometió buena parte de sus asesinatos. Siempre en su vehículo llevaba los guantes, los machetes y los Quesos. Al llegar, se bajó de la Minivan y se puso los guantes negros, iba a agarrar el machete cuando se vio rodeado de dos hombres, dos gemelos, iguales a Pablo Giménez (también conocido como Pablo Sinema), el productor de Guido Kaczka, de quien se decía que había sido asesinado por la Quesona Rubia.
- Desarmado – dijo Pablo I – la ama Carla te espera desarmado, Carlos Matías.
- Esta vez te tocó perder – le dijo Pablo II – llegó la hora de tu ejecución, pagarás por tus crímenes, Carlos Matías Sandes.




Aunque mucho más bajos que Carlos (que mide 2,02 y calza 52), los dos Pablos rodearon al basquetbolista, y le pusieron unas cadenas, así encadenado, prisionero, Carlos Matías Sandes fue llevado ante Carla, la Quesona Rubia, la asesina serial de hombres.
- Aca esta el prisionero – dijo Pablo I, al entrar, Carlos quedó ante Carla, sentada en una silla, atrás con signos de haber sido torturados, los dos amigos de Sandes, Leiva y Deck.
- Bienvenido Carlos Matías Sandes – dijo la asesina – soy Carla Lucía Romanini, asesina serial de hombres, conocida como la Quesona Rubia, ellos son dos clones, hechos con gotas de sangre de Pablo Giménez, una de mis víctimas, ja, ja, mira Carlos, mira ese mural, ahí están todas mis víctimas, y ahí esta esperando tu foto, porque serás mi próxima víctima.
Carla agarró el machete y le rozó todo el cuerpo a Carlos Matías Sandes.
- Agachate Quesón – le dijo Carla.
El basquetbolista obedeció, recordemos que estaba encadenado, y se agachó.
- Te aclaro que soy Carla Lucía Romanini, y además de ser conocida como la Quesona Rubia, también me conocen como la asesina de los Matías, la Quesona de los Matías, muchas de mis víctimas se llamaban Matías, como Matías Alemanno, Matías Sotelo, Matías Moroni, Matías Nani, Matías Paz, Matías Moroni, Matías Camisani, Matías Alé, Matías Fioritti, Matías Bortolín, Matías Sánchez, Matías Lescano, Matías Orlando, Matías Szulansky, Matías Orta y Matías Osadzuck, y ahora te tocó a vos, porque aunque te llames Carlos Matías Sandes, se que te gusta que te digan simplemente “Matías Sandes” en el mundo del básquet.
- ¡Maldita asesina! – dijo Carlos Matías Sandes – los rugbiers merecían la muerte, no tengo dudas, seguro que Camisani y Alé también, pero Fioritti, Bortolín y Lescano no, eran basquetbolistas como yo, eran inocentes, y también asesinastes a Marcos Delía, era un buen muchacho.




- Claro, porque seguro que las mujeres que vos asesinastes también lo merecían, a Marcos Delía lo asesiné en este mismo departamento, ja, ja, ¿Verdad Carlos Matías Sandes? Porque eras un Carlos renegado, conozco tu historia, hasta que una asesina intentó matarte, era la Matacarlos, la asesina de los Carlos, vos la asesinaste en defensa propia, y a partir de ahí te convertiste en Quesón, ja, ja, vengo a terminar lo que esa asesina no pudo finalizar, ja, ja, ja – reía Carla, siempre con el machete, en la mano (1).
- Esta bien – dijo Sandes – quizás merezco el castigo, soy un asesino, es verdad, asesiné a mujeres inocentes, unas pocas, y a otras que se lo merecían, sin duda, pero si yo soy culpable, ¿Qué culpa tienen Martín Leiva y Gabriel Deck? Dejalos en libertad.
- Ja, ja, ja – dijo Carla, con el machete en mano, y otra vez se acercó a los dos basquetbolistas, le pusó el machete sobre el cuello a Leiva…
- Ya asesiné a un Martín, un nadador que se llamaba Martín Naidich, le dí cientos de cuchillazos, ahora te toca a vos, Leiva, y vos Deck, serás mi primera víctima que se llame Gabriel. Y en cuanto a vos, Carlos, ya asesiné a un Carlos, un viejo de mierda, don Carlos Quesada.
- Era un Carlos – dijo Carlos – pero sí, es cierto, era un viejo de mierda, nunca quiso ser Quesón, y hasta delató alguno de los nuestros, pero no importa, la verdad que en ese asesinato no te equivocastes, Carla, hicistes bien en asesinarlo.
- Sí, yo también creo que Wanda Nara, Vicky Xipolitakis, la Moine, la Cynthia, Lozano, Oreiro y Lopilato se lo merecían – dijo Carla.
- ¡Deja libre a mis amigos, son inocentes! – gritó de nuevo Carlos Matías Sandes.
- Morirás Carlos Matías – dijo Carla Romanini.
Los Pablos forzaron las cadenas y Carlos Matías Sandes quedó tendido en el piso, acostado, Carla puso sus pies encima, que olían a perfume francés, y entonces se tiró encima del basquetbolista, le hizo otro streap tease delante de el, que a Sandes lo excitó mucho.
- Pablos – dijo Carla – liberen un poco al prisionero, quiero oler sus pies.




Los Pablos hicieron eso, y liberaron algo a Carlos Matías, que entonces puso sus pies encima del rostro de Carla, esta empezó a olerlos, besarlos, lamerlos, chuparlos, una y otra vez.
- ¡Esto sí que es un Queso! ¡Y qué Queso! – exclamó Carla, en un extasis total ante los pies de Carlos Matías Sandes, y mientras lo hacía gritaba: “¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso! ¡Queso!  ¡Queso! ¡Queso!” sin parar.
Después le chupó la pija, y el le chupó las tetas, los Pablos mientras tanto se hacían la paja y disfrutaban todo, Leiva y Deck en cambio, aún estaban hecho dos piltrafas despues de las torturas sexuales a los que los sometió Carla. Carlos Matías Sandes la cogió por el culo a Carla, que disfrutó como nunca, fue algo sensacional, y despues la penetró por la vagina.
- Fue sensacional – dijo Carla – con razón tus víctimas morían contentas, no lo puedo creer, es algo súblime, magnífico, fabuloso.
- Me gusta que te haya gustado – dijo Carlos Matías Sandes.
- De todas formas estas condenado por tus crímenes y serás asesinado, Pablos, atenlo.
Los Pablos lo volvieron a encadenar, y Carla agarró el machete y se fue acercando a Sandes, le puso el machete sobre el cuello, lo iba a decapitar.
- ¿Alguna última voluntad, Carlos?
- Libera a Martín Leiva y a Gabriel Deck, por favor.
- Haganlo Pablos, háganlo – le dijo Carla a los dos Pablos, los dos Pablos entonces fueron y liberaron a Leiva y a Deck, que de todas formas estaban hechos una piltrafa tras las torturas sexuales a los que fueron sometidos – ténganlos encadenados, y déjenlo en las puertas, quiero que contemplen como voy a asesinar a Carlos Matías Sandes, como le voy a arrancar la cabeza, y lo pondré sobre una bandeja, como un Queso.




Leiva y Deck quedaron en la puerta, obligados a ver la ejecución, Carla se disponía a asesinar a Carlos Matías Sandes.
- Esto sintieron ellas querido Carlos, esto sintió Wanda Nara, la Xipolitakis, y todas las demás, la Oreiro, la Lopilato, ¿Viste el temor que genera el ser asesinado? Ahora te tocó a vos, Carlos Matías.
La asesina blandió el machete y se disponía a decapitar al basquetbolista.
Pero… ¡Sonó el celular! Era la música de “God save the Queen”, Pablo I agarró el celular y le dijo a Carla…
- ¡Es el celular de Sandes! ¡Es Lady Dumitrescu!
- ¡Esa hija de puta! – exclamó Carla Romanini – filmen la ejecución de Carlos Matías Sandes, así se la mandó a esa bruja.
Carla ahora sí iba a decapitar a Sandes, que parecía no tener escapatoria, pero el celular sonaba y sonaba, y eso desconcentró a la asesina, Pablo II, para colmo, agarró el celular y contestó:
- ¡Lady! ¿Qué desea? – dijo Pablo II – acá Pablo Sinema the second.
- ¡Noooooo! ¡Traidores! ¡Ustedes Pablos son unos traidores! – Carla dejó a Sandes y machete en mano, se acercó a los dos Pablos, y ¡raaaaaaajjjjjjjjjjjjj! le arrancó la cabeza a Pablo I, ¡raaaaaaajjjjjjjjjjjjj! le arrancó la cabeza a Pablo II.
- ¡Queso! ¡Queso! – gritó Carla mientras tiraba los Quesos sobre los cadáveres de los dos Pablos - ¡Encima no eran humanos, sino dos clones de mierda!




Carla, con el machete ensangretado, agarró el celular, vale aclarar que en todo momento nunca dejó de sonar el “God saves the Queen”. Carla atendió a Lady Dumitrescu, y le dijo:
- Maldita rumana, hermana de ese viejo de mierda que fue mi sirviente, y que hacía el mudo, desapareció el maldito, pero mira como asesinó a tu amante, rumana repugnante.
Carla levantó el machete y gritó: “¡Quuuuuueeessssoooooo!”, descargó el golpe sobre el cuello de Carlos Matías Sandes…
¡Pero el machete, ensangrentado con la sangre de los dos Pablos, no provocó herida alguna en el cuello de Carlos Matías Sandes! Al contrario, el machete parecía haberse convertido en un juguete, uno de utilería como el que usaba Jasón en “Friday the 13h”.
- ¡No puede ser! – dijo Carla.
- ¡La sangre de los clones inutilizó el machete! – dijo Carlos Matías Sandes – lo usaste al cortarle la cabeza a esos Pablos y ya no sirven.
- No tenes escapatoria, Carlos Matías Sandes – dijo Carla Romanini.
La asesina descargó un segundo golpe, pero ahora el machete rebotó y quedó en el piso. En medio de la confusión, Carlos Matías Sandes gritó:
- ¡Quuuuuueeessssoooooo! – y se movió, los dos Pablos lo habían dejado semi liberado de las cadenas.






- ¡Ahí tenés otro machete, Carlos! – dijo Gabriel Deck y le tiró un machete a su amigo - ¡Sobre la foto de Matías Fioritti!
- ¡No, no, no! – gritó desesperada Carla Romanini - ¡No me asesinés!
- Esto no es machete querida, esto es utilería de cine, los clones murieron porque eran cuerpos frágiles, descartables, en cambio esto sí es un machete – y Carlos agarró el machete que estaba expuesto en la pared.
- Con ese machete asesiné a Matías Fioritti – dijo Carla – por eso lo tenía ahí en exposición, ¡Piedad, piedad, piedad, Carlos!
- Con esta machete asesinastes a Matías Fioritti, y con este mismo machete, será asesinada la asesina de Matías Fioritti, justicia plena!
- ¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooo! – gritó Carla Romanini.
- ¡Quuuuuueeessssoooooo! – gritó Carlos Matías Sandes, y levantó el machete, y ¡zas! la partió en dos, el tajo fue brutal, la sangre se repartió por todos lados, una herida vertical, a continuación, Carlos le efectuó otras varias heridas horizontales, los machetazos fueron tremendos, la podría haber cortado en pedacitos si quería, levantó el machete y le cortó la cabeza, la cabeza de la asesina salió rodando, y quedó ahí, sobre el mural de las fotos de sus víctimas.




- Queso – dijo Carlos Matías Sandes y tiró el Queso sobre lo que quedaba de Carla Romanini, apenas irreconocible – Y pensar que ese Queso era para mí, ja, ja, otra vez se repite la historia.
Martín Leiva no lo podía creer, despues de estar en silencio largos minutos, finalmente dijo:
- ¿Entonces las cosas que se dicen sobre vos, Matías, son ciertas?
- Soy Carlos Matías Sandes, Basquetbolista, Quesón y Asesino, yo asesiné a esas minas, a Wanda, Xipolitakis, Laurita, Aliné, Oreiro, Lopilato y las demás.
- Yo ya lo sabía – dijo Gabriel Deck.
- Mira al Tortu, siempre tan calladito – dijo Leiva.
- Vamos, este lugar esta maldita, muchos han muerto aca – dijo Carlos Matías Sandes – vamos, algo me dice que esto quizás no sea definitivo, quizás esta asesina volverá.
- Le cortaste la cabeza – dijo Gabriel Deck – no vuelve más.
- Hay equipos que parecen que nunca van a volver de la B y después vuelven – dijo Carlos Matías Sandes.
- Pero esto es un asesinato, le arrancaste la cabeza, no puede volver, eso es fútbol.
- Un asesinato, pero un asesinato Quesón, quizás la verdadera asesina aún vive, y esta era un clón loco, desatado, un experimento fallido salido de la Charlotte Corday. Cuidense, Carla Romanini es una asesina muy peligrosa.




- Todo esto es cosa de locos – dijo Martin Leiva – Quesos, asesinatos, asesinas, asesinos, clones, y vos metido en esto, Matías. Entonces es verdad que tenes una amante rumana, una vampira…
- Es amiga de la Reina de Inglaterra, Tincho, tene respeto por la Lady – le dijo Gabriel Deck, me dijo que Carla la bloqueó en el Twitter.
-      Pero Carlos, Matías, Carlos Matías, en fin, dice que esta era una trucha, la verdadera Carla sigue viva, que esta era un clón loco, ¡Qué locura todo esto!
-        Vamos chicos, vamos - les dijo Carlos Matías a Martín y a Gabriel.
Y se fueron, aunque era verdad, Carla tenía bloqueada a Dumitrescu en su Twitter.






Los tres basquetbolistas abandonaron la escena del crimen, el sol se ocultaba de aquel día, un día muy sangriento por cierto. Sandes durmió muy profundamente, y al dia siguiente, no sabía si todo aquello era realidad o solo un sueño, y rápidamente se olvido del tema, lo que sí era cierto que un videíllo de Dumitrescu enviado desde Londres, aguardaba en su celular, y eso le hizo afrontar el día con alegría. Y ahora sí, concluye nuestra historia.

Texto agregado el 20-04-2020, y leído por 36 visitantes. (0 votos)


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