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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / Los Asesinos de Candelaria y Micaela Tinelli

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Según me han contado, cuando ya terminaba el último verano del hemisferio sur, antes de que comenzarán los acontecimientos que están afectando al mundo entero y que son de dominio público, ocurrió lo que voy a contaros a continuación.

Micaela Tinelli acababa de regresar de la ciudad de Punta del Este, y tras bajar de su avión privado, mientras caminaba en el aeródromo, vio a una mujer exactamente igual a la Princesa Leia. Le llamó la atención, aunque sus conocimientos sobre cine eran casi nulos, reconoció en esa mujer un gran parecio a ese personaje tan popular y querido de Star Wars. Micaela miró a Leia, y esta le devolvió la mirada.







- ¡El fin se acerca! ¡Disfrutad de estos días porque el día del juicio se acerca! ¡Divertíos porque pronto no habrá lugar para fiestas ni alegrías! – dijo Leia gritando con una tonada andaluza.

- ¡Vieja loca! ¡Una gallega loca! – exclamó Micaela y siguió su camino.

Micaela se estaba subiendo, y le dijo al chofer del auto, Charles Barkley, un hombre de color:

- Esa vieja loca, con voz de española, decía que el fin se acerca.

- Casandra también advirtió el fin de Troya y le trataron como loca – dijo Charles – hágalo caso Madame Tinelli y siga de joda, What a wonderful world!.

Todo aquello pico hondo en “Madame Tinelli” porque a las pocas horas de estar en Buenos Aires, ya estaba aburrida, y deseaba una mega fiesta con sexo y drogas al por mayor, una suerte de orgía al estilo de las antiguas bacanales de la antigua Roma, como en los tiempos paganos, y tras ver unas fotos en google, hasta se imaginó una gran fiesta con sátiros y faunos que sirvieran para tener sexo desenfrenado, desesperadamente, llamó a su hermana, y le propuso una mega fiesta.







Su hermana, Candelaria, aceptó de buena gana, y juntas resolvieron que la fiesta fuera semi privada, para evitar difusiones mediáticas que estuvieran de más, e invitarían a cinco amigas cada una. Las amigas de Micaela invitadas se llamaban Brenda, Chechu, Julieta, Zaira y Gimena; las amigas de Candelaria eran Wanda, Vicky, Cinthia, Pía y Natalia. Cualquier similitud con otros personajes, pura coincidencia.

Dinero sobraba y no tuvieron problemas en contratar drogas y bebidas al por mayor, eso sí resolvieron que ninguna iría con su esposo, novio o pareja, por el contrario, Barkley, que estaba al tanto de todo, les ofreció el servicio de la “Paul Toombes Agency” para proveer de chicos sexuales y strippers.

Barkley se encargó de hacer de chofer y de llevar, en varios viajes por supuesto, a Micaela, a Candelaria, y las invitadas a la fiesta, para la cual alquilaron una vieja casona ubicada en la estancia “Los Carlos”, un lugar muy retirado, ubicado unos 170 kms de Buenos Aires, cerca de la desembocadura de los ríos Salado y Samborombón.

- Los Carlos – murmuró Micaela – Carlos, que nombre tan pedorro.

- Nombre de viejo violador – le contestó su hermana.

Barkley las miró a ambas y contestó:

- What a wonderful world!

Charles Barkley admiraba mucho a Louis Armstrong, por el solo hecho de ser negro.







Así ocurrió que cuando las doce chicas, Micaela, Candelaria y las diez invitadas estaban dentro de la casona, se dieron cuenta, que no tenían sirvientes para que les sirvieran y empezar la festichola.

- ¡Esta todo preparado, niñas! – les dijo Barkley.

Y en ese ingresaron a la casa una docena de faunos, sí faunos y sátiros, que aunque se parecen no es lo mismo (1), como el Dios Pan de la mitología, con bandejas llenas de placeres para “las niñas”, no solo comida y bebida, también porros, lo que ocurrió entonces fue una diversión total, al estilo de las orgías de los tiempos de Calígula o Nerón, en medio de alcohol y drogas al por mayor, los faunos no solo servían a las niñas, sino que también comenzaron a coger con ellas, sexo de gran nivel, toqueteos, chupadas de pijas, tetas, conchas, culos, penetraciones por adelante, por atrás, menage a trois, todo lo que podamos imaginar, todo a una escala mayúscula, algo sublime y espectacular.

Vale una aclaración, lo que no hubo de ninguna manera fue fetichismo de pies de ninguna clase ni especie, no es una característica de los sátiros ni de los faunos, eso es patrimonio exclusivo de los Quesones.







Tras semejante fiesta sexual, “las niñas” (que de niñas no tienen nada por cierto), quedaron exhaustas, convertidas en auténticas piltrafas humanas, ya no daban más, los sátiros y faunos se retiraron tras misteriosamente como habían llegado, y desaparecieron. Ya era la medianoche y se cortó la luz. Tuvieron que salir afuera donde había un fogón que daba luz para no estar a oscuras, y al mismo tratar de tomar algo de aire, ante el cansancio en el que estaban. Cansadas pero eufóricas y divertidas: nunca la habían pasado tan bien. Se reunieron alrededor del fogón, que estaba cerca de una piscina.

De repente, comenzó a escucharse el ruido de un helicóptero, y efectivamente, un helicóptero se acerco al lugar, tan cerca, que las chicas se asustaron un poco, pero del helicóptero… ¡Llovieron Quesos! Dos docenas de grandes Quesos, esos Quesos de grandes agujeros, Emmenthal y Gruyere, los Quesos estaban cortados por la mitad, de tal manera que se veían los agujeros, suculentos y voluminosos agujeros.

- ¡Llueven Quesos! ¡Qué locas que estamos! – gritó Micaela.







- ¡Pero que bien que la pasamos con los faunos, cuanta elegancia y sutileza que tuvieron con el sexo! – dijo Candelaria.

- A mí me tocó con unos sátiros, que son más violentos, y a veces desagradables, igual la pase muy bien – replicó Micaela.

- ¿Cómo se explica esto de los Quesos? ¡Qué locura! – dijo Micaela.

- No tiene explicación, ¡Volvió la luz! ¡Vamos a la casa!

Y regresaron entonces a la casa, para su sorpresa, había allí dos hombres muy altos, muy altos, de dos metros cada uno (y algo más también), y dotados de enormes, gigantescos y olorosos pies, debían calzar un cincuenta y dos cada uno, tenían pinta de basquetbolistas.

- ¡Son los strippers! – dijo Micaela.

- Somos basquetbolistas, yo soy Carlos Delfino, de la Generación Dorada, el es Carlos Matías Sandes, de la Liga Nacional – dijo Carlos Delfino, uno de los dos basquetbolistas, al presentarse.

- Che Carlos – dijo algo molesto Sandes – te jactas de ser de la generación dorada y me tratas como un gil de la Liga Nacional, ¿Qué te pasa, Lancha?

- Ja, ja, ja, no te enojes, para un Carlos nada mejor que otro Carlos.

- Y para un Quesón nada mejor que otro Quesón.







Los dos basquetbolistas no estaban preparados para ser strippers, pero dada la situación improvisaron un show a su manera, que consistía en acercas sus pies a las chicas, y estas los chupaban, lamían, besaban y olían, una y otra vez, la fiesta de los pies, fue intensa, las chicas fueron sometidas a los pies de los dos basquetbolistas. Como por arte de magia, los Quesos que estaban afuera, aparecieron todos adentro, y en medio de aquella fiesta de los pies Quesones, muy olorosos por cierto, los dos basquetbolistas fueron tirando los Quesos a las chicas.

- ¡Esto de los pies fue sublime! – dijo Micaela – jamás imaginé que iba a disfrutar tanto del olor a Queso.

- Sus Quesos apestan – señaló Candelaria – pero queremos sexo, los faunos nos dejaron hecha bolsa, pero no importa, queremos más.

- Perfecto – dijo Carlos Delfino – pero hagamos dos grupos, uno para mi amigo Carlos Matías Sandes y otro para mí.

- Yo quiero a Sandes – dijo Candelaria – y las amigas que yo convoqué (Wanda, Vicky, Cinthia, Pía y Natalia) que queden en ese grupo, las demás con el otro, con Delfino.

A Carlos Delfino mucha gracia no le hizo aquel comentario de Candelaria pero dijo:

- Si están todas de acuerdo hagamoslo así.

La aprobación fue total, Delfino le dijo a Sandes en el oído:

- Quesoneala bien, Carlos, parece que lo quería hacer con vos.

- Ja, ja, ja – río Sandes – no te enojes Carlos, yo tengo seis minas y vos otras seis.







Entonces la fiesta sexual continuó sin restricciones de ningún tipo, cada Quesón se reunió con su grupo, y tuvieron sexo de alto nivel, eran seis para cada uno, se dice que mientras uno cogía a una con el pene, a otras dos las cogía con los pies, mientras que las tres que quedaban afuera se divertían entre ellas con relaciones lésbicas de todo tipo, al menos por un rato, hasta que regresaron los faunos, que otra vez participaron de todo aquello, y se sumaron a coger con las chicas que esperaban su turno para coger con los Quesones.

La luz del amanecer iba apareciendo lentamente en el horizonte, las chicas quedaron exhaustas una vez más, estaban cansadas, piltrafas, casi muertas, los Quesones en cambio seguían con una potencia sexual de envergadura, aunque para mantenerla debieron comer mucho Queso, en efecto, cada uno se comió como el equivalente a tres hormas gigantescas de Queso Emmenthal o Gruyere (2).







Los Faunos ya no estaban, con la finalización de la noche aparecieron los Monzones, una docena de hombres exactamente iguales a Carlos Monzón versión 1974, cuando el boxeador (y asesino) filmó “La Mary” con Susana Giménez.

Vestidos como basquetbolistas, los dos Carlos se retiraron del salón, y cada uno fue a un cuarto diferente, dijeron:

- La diversión no terminó, niñas, ahora las esperamos en un cuarto, yo iré al cuarto de la izquierda, Carlos Delfino al de la derecha, las llamaremos de a una, vayan pasando, estimadas niñas – les aclaró Carlos Matías Sandes.

Y así ocurrió, Carlos Delfino entró al cuarto de la derecha, se cambió los guantes negros, estiró las manos, y agarró una katana; en el cuarto de la izquierda, Carlos Matías Sandes se cambió los guantes negros y agarró un machete, tanto uno como el otro, tenían una docena de Quesos a su disposición, en cada cuarto. Cada Quesón salió a la puerta del cuarto y como un médico llaman a los pacientes a su consultorio, llamaron a las chicas.

- Wanda – dijo Carlos Matías Sandes.

- Brenda – dijo Carlos Delfino.

Wanda acudió al llamado de Sandes, Brenda al de Delfino, cada Quesón repitió el ritual. Una dupla de Monzones acompañó a cada chica al cuarto correspondiente.

- Ponete aca – decían, y las chicas obedecían, otra vez las sometían brevemente al juego de los pies, las chicas olían aquellos gigantescos y olorosos pies, el olor era una suerte de anestesia que las preparaba para afrontar lo que se venía.









Cumplido el ritual de los pies, entonces Sandes blandía el machete y Delfino, la katana, las colocaban sobre el cuello de las mujeres, que sentían el frío del arma blanca, y como fríos y certeros asesinos que cumplen su trabajo, al estilo de verdugos medievales, ¡raaaaaaajjjjjjjjjjjjj! les cortaban la cabeza.

- Queso – dijo Carlos Matías Sandes mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de la decapitada Wanda.

- Queso – dijo Carlos Delfino mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de la decapitada Brenda.

En cada cuarto, los Monzones tomaban el cadáver de la chica asesinada, en una cesta chica metían la cabeza y en otra cesta, muy grande, el cadáver decapitado, todo detrás de una cortina, para que la próxima chica en ser llamada no viera la suerte que corrió la anterior.

Y así los Quesones fueron llamando una por una, repitiendo el ritual en forma exacta, Vicky, Cinthia, Pía y Natalia por el lado de Sandes; Chechu, Julieta, Zaira y Gimena por el lado de Delfino, cada Quesón se tomaba más o menos el mismo tiempo en cometer el asesinato, de modo tal, que salían al mismo tiempo a llamar a la siguiente.







- Queso, Queso, Queso, Queso – habían dicho Carlos Delfino y Carlos Matías Sandes mientras tiraba los Quesos sobre los decapitados cadáveres de cada una de sus víctimas.

Candelaria y Micaela estaban impacientes, quedaron últimas en los turnos.

- La puta madre – dijo Candelaria – nos dejaron para la última. Cuando entremos ya todas disfrutaron del sexo con estos Carlos.

- Y habíamos dicho que Carlos era un nombre pedorro, mira lo que son estos tipos. Y esos Monzones deben ser algo espectacular.

- Los Faunos fueron excelentes, nos dieron sexo a lo grande, con suavidad y estilo, diez puntos, pero tengo la sensación que no se llamaban Carlos.

- No, no jugaron a los pies, pero como cogieron, que placer nos dieron.







Por fin, Carlos Delfino y Carlos Matías Sandes salieron a llamar a sus últimas víctimas.

- Candelaria Tinelli – dijo Carlos Matías Sandes.

- Micaela Tinelli – dijo Carlos Delfino.

Noten que era a las únicas a las que las llamaron por nombre y apellido, a las otras solo por el nombre. Los Monzones condujeron a cada una a la habitación correspondiente.

Candelaria entró a la de Carlos Matías Sandes, no vio a sus amigas, y los Monzones ya habían limpiado la sangre.

- ¿Y las chicas?

- Primero sométete a mis Quesos, estimada Candelaria – le dijo Carlos Matías Sandes.

- Lo haré con gusto – dijo Candelaria.

Y eso fue lo que hizo, someterse a los pies de Sandes, tras olerlos con intensidad, volvió a preguntar.

- ¿Y las chicas?

- Aca las tenes.

- ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooo! – gritó de terror Candelaria, al ver sobre una mesa, con un gran Queso, las cinco cabezas decapitadas de sus amigas.

- Ahora llegó tu turno – dijo Carlos Matías Sandes mientras levantaba el machete.

¡Raaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! Y le cortó la cabeza, tras rozar el cuello con el arma, el golpe fue seco y contundente.

- Queso – dijo Carlos Matías Sandes.







En la otra habitación el panorama fue similar, a Micaela le llamó la atención no ver a sus amigas, y los Monzones ya habían limpiado la sangre.

- ¿Y las chicas?

- Primero sométete a mis Quesos, estimada Micaela – le dijo Carlos Delfino.

- Me encantará hacerlo – dijo Micaela.

Y eso fue lo que hizo, someterse a los pies de Delfino, tras olerlos con intensidad, volvió a preguntar.

- ¿Y las chicas?

- Aca las tenes.

- ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooo! – gritó de terror Micaela, al ver sobre una mesa, con un gran Queso, las cinco cabezas decapitadas de sus amigas.

- Ahora llegó tu turno – dijo Carlos Delfino mientras levantaba la katana.

¡Raaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj! Y le cortó la cabeza, tras rozar el cuello con el arma, el golpe fue seco y contundente.

- Queso – dijo Carlos Delfino.

En ambas habitaciones, los Monzones limpiaron la escena del crimen con gran rapidez, guardaron una muestra de la sangre de la chica asesinada, metieron todas las cabezas en la cesta más chica, y los cuerpos decapitados en la otra.

Carlos Delfino y Carlos Matías Sandes dieron por terminada la tarea, muy contentos, aunque algo cansados. Antes de ir a dormir algo, para retornar después a sus hogares, Barkley les sirvió un desayuno “Quesón”, un café con leche con tostadas de Queso, untadas con Queso.

- Qué manera de asesinar minas – dijo Carlos Matías Sandes – no paramos nunca, siempre tiramos Quesos.

- Yo ya estoy por alcanzar a Carlos Bossio en cantidad de mujeres asesinadas, más de mil doscientas, y el empezó a asesinar seis años antes que yo, es más tengo que revisar bien los números, creo que con esta media docena de hoy ya lo superé – dijo Delfino.

- Pero vos empezaste a los diecisiete, el ya tenía veinte creo.

- Diecisiete años, ocho meses y veinticinco días, el 24 de mayo de 2000, ese día asesiné por primera vez, y ya no pude dejar de asesinar. Era un miércoles, degollé a una profesora, el domingo asesiné por segunda vez, degollé a la presidenta del centro de estudiantes, y ya no pude parar. Vos empezaste a asesinar tarde, como te negabas a unirte al club.







- Viví equivocado mucho tiempo, pero bueno, ya está, creo que el error esta reparado, quizás tenga que cometer varios asesinatos múltiples para poder alcanzarlos a ustedes, yo creo que estoy en unas quinientas víctimas, más o menos, en ocho años, es un buen número.

- Bueno, pero te fifas a Dumitrescu, eso es algo muy bueno.

- Cuando ya la conocí en las calles de Madrid era una anciana de trescientos años, ahora es una mujer esplendorosa. Y lo será por mucho tiempo, con toda la sangre que le enviamos hoy, decapitamos a estas chicas, como ella nos pidió.

- Que la usen para un buen fin, que no se la regalen a la reptiliana. Qué bueno que ayudó Charles Barkley.

- Se nota que le tiene mucha lealtad a la causa para que aca haya sido un simple colaborador, un colaborador de segundo orden, en Estados Unidos es un gran Quesón.

- Lo sé, yo jugué mucho en la NBA, se lo gran Quesón que es, y es otros basquetbolistas, Karl Malone, Carlos Boozer, Charlie Villanueva y el puertorriqueño Carlos Arroyo, allá podes asesinar cuatro, cinco minas por semana, no pasa nada.

- Y ahora hay otro Quesón muy interesante, Karl Anthony Towns, mide 2,13 metros, debe calzar como sesenta.

- Me han hablado de el, no lo conozco personalmente.

- Tengo entendido que cuando pase lo que va a pasar ahora, Dumitrescu quiere organizar una gran fiesta con todos los Quesones del Basquet a nivel mundial.

- Esperemos, necesitamos un evento así – señaló Carlos Delfino.







Mientras tanto, los Monzones seleccionaron bien el material y enviaron todo a Londres, a Dumitrescu, eran tres cajas, una pequeña con las muestras de sangre de las doce asesinadas, otras más grande, con las cabezas de la docena de chicas asesinadas, y otra muy grande, con los cadáveres decapitados, todo clasificado, limpio y ordenado como correspondía. Cargaron todo en un modesto yate que salió de una zona cercana de San Clemente del Tuyú y lo embarcaron en el “King Charles”, con la supervisión de Míster Barkley.

Así finaliza nuestra historia, Charles Barkley tras supervisar el envío, se convirtió en un simple chofer, y condujo a Carlos Delfino al aeropuerto, que tomó uno de los últimos aviones que salió a Italia antes del problema actual, y luego de dejar a Carlos Matías Sandes en su departamento de Caballito, el mismo Barkley regresó al aeropuerto para tomar un avión a los Estados Unidos, ya contaremos algunos asesinatos de este gran Quesón yanqui, por ahora finaliza este cuento, diciendo como siempre la misma palabra: Queso.

Texto agregado el 20-04-2020, y leído por 19 visitantes. (0 votos)


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