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Inicio / Cuenteros Locales / nelsonmore / LOS ZAPATOS VIEJOS (capítulo seis novela)

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Tan pronto llegué a mi casa me preparé un café, me lo tomé rápido, pues soy muy adicto a esta bebida, tanto así que me tomo hasta cuatro pocillos diarios y uno más en la noche. Después prendí el televisor, pero al rato lo apagué pues no estaban presentando algo digno de verse. La programación en Colombia es muy pobre en contenido educativo. Me recosté en la cama y puse a volar la imaginación y en esta oportunidad sí que volé bien lejos, tanto que cuando volví a la realidad sentí mucha tristeza porque todo lo que sucedía era opuesto a lo que había imaginado. Uno soñando con un país donde reinara la igualdad, pero desigualdad era lo que había por donde una mirase. Uno soñando con un gobierno humano demasiado humano y lo que había era un gobierno asesino y tirano. Uno soñando con un buen presidente que reivindicara a los más pobres y lo que había era un pelele que no sabía ni dónde estaba parado y si sabía se hacia el pendejo, que no pasaba de ser un títere de los poderosos que hacían lo que les daba la gana con la aprobación de este mequetrefe, a quienes los ciudadanos eligieron sin pensar que más adelante bien caro les iba a salir ese voto. Yo no soy muy dado a escudriñar la historia, a analizarla y a plantear soluciones porque creo que en este país nada va a cambiar. Por ahí escuché que este mequetrefe a quien todos llamaban presidente, había hecho carreteras que llegaran a sus fincas con la maquinaria y el dinero del estado. No digo su nombre porque lo más seguro es que me vomite apenas lo haya pronunciado. Dicen que siguió desempeñándose como presidente, a pesar del alzhéimer que padecía, es decir, el país en manos de un desmemoriado, un tonto con poca masa encefálica que jamás debió haber gobernado este país donde la ficción se queda corta en la mayoría de veces que es confrontada con la realidad, pues la supera lejos. Yo no suelo leer libros de historia, tampoco novelas históricas. Lo mío es la novela negra y urbana, me siento bien en ese tipo de novela, ya que me permite exorcizar mis fantasmas. Lo único que yo recuerdo es que en el mandato de esta sabandija se cometieron infinidad de crímenes de lesa humanidad, pues se asesinaron a líderes importantes, líderes que pudieron haber cambiado el rumbo de la historia y las costumbres políticas, en aras de una mejor patria, donde se respete al ciudadano y se le de oportunidades, tal como reza en la constitución. Menos mal que a mi ningún gobierno me representa, tampoco ningún himno ni bandera. Los poetas no tienen Dios ni patria, o al menos la mía era el patio de mi casa. Yo tan solo era un loco que deambula por las peligrosas calles de un país de mierda, donde el bandido es elevado a la categoría de héroe y el verdadero héroe es mirado con desprecio y muchas veces amenazado y condenado a guardar silencio, so pena de amanecer con la boca lleva de tierra. Este vegete pasó sin pena ni gloria por la casa de Nariño, al igual que todos los presidentes que cada cuatro años asumen la presidencia y sumen más en la pobreza un país rico por donde se le mire. Lo más terrible de toda esta situación es la indiferencia de los colombianos que parecen anestesiados porque pese a todos los desmanes de los gobernantes ni siquiera se inmutan.

En ese vuelo imaginario me había visualizado como un escritor famoso que iba de país en país cumpliendo a las invitaciones que me hacían los directivos de prestigiosas universidades para que diera conferencias a los nuevos valores que ya empezaban a insinuarse en el difícil mundo de las letras, donde se apuesta todo y a veces no se consigue nada y si se llega a conseguir algo, se consigue cincuenta años después de la muerte. Por ahí he escuchado a los teóricos del éxito quiénes dicen que para lograrlo primero hay que visualizarse así sea de lejos en aquello que se desea. Si deseo conseguir un auto, debo hacer de cuenta que estoy dentro del auto, así esté fuera y sin ninguna posibilidad de conseguirlo. Oler a nuevo, así ande en un pichirilo que huele muy feo.

La verdad que yo no creo en esas pendejadas. Yo creo mejor en el riesgo, como aquel que quiere escribir un libro sobre el infierno, lo primero que debe hacer es viajar al infierno y luego tener la fortaleza para regresar, pues si va a perecer en el intento, mejor no hacerlo. En ese vuelo aspiraba a estar en el auditorio principal de la Sorbona, o la complutense de Madrid, o la de Oxford en Londres. En fin, si otros lo han conseguido por qué yo no he de lograrlo.

Iban a ser las once de la noche y hacía un calor tremendo, creo que estábamos cerca de los cuarenta grados, yo sentía que el sudor corría por mi rostro y lo dejaba correr hasta que iba a detenerse en mi pecho. Antes que el sueño me venciera, me desvestí y me puse la pijama, al rato me dormí. Mi descanso no fue tranquilo como lo había sido las otras noches. Soñé que compraba unos zapatos muy costosos de material en un almacén de Cosmocentro y fue tanta la gana de estrenármelos que después de medírmelos no me volví a descalzar. Metí los viejos en la caja de los nuevos y los deposité en el recipiente de lo que no sirve. Enseguida cancelé el valor de los zapatos, me dieron la factura y me dijeron que tenían dos meses de garantía. Salí del almacén y empecé a caminar hacía mi casa. Lo curioso era que entre más caminaba, el camino más se alargaba. Por mucho que caminara mi destino se hacía más lejano. Me daba la impresión que mi casa se desplazaba también cuando yo avanzaba. Me acordé cuando era niño las preguntas que le hacía a mi padre cuando viajábamos en bus hacía el pueblo donde yo había nacido y también él. Íbamos a ver una pequeña finca que mi madre había comprado, finca en la que se sembraba maíz y frijol, cuando llegaba la época de cosecha se vendía el producto y se dejaba una parte para la casa, como quiera que eran productos no perecederos y nos garantizaba tener alimento para paliar el hambre que era mucha. Mi padre ganaba muy poco dinero y apenas alcanzaba a duras penas para pagar el arrendo y otras necesidades más radicales y ahí se acababa la plática. Yo le preguntaba a mi padre por qué las casas se desplazaban, al igual que los árboles cuando viajábamos. Mi padre me decía:

-Mijo, los árboles y las casas no se desplazan, aunque parece ser que así fuera, quien se desplaza es el bus que va dejando todo atrás los lugares y todo lo que se encuentra en el camino.
Mi padre daba por hecho que yo había entendido, pero no, yo quedaba en las mismas. Pero volvamos al sueño, lo más trágico no era que no pudiera llegar a mi casa, sino que mis pies empezaron a sangrar, de tanto caminar me habían salido unas ampollas en las plantas que se reventaron y al seguir caminado me produjeron heridas. Eso me pasó por haberme estrenado esos zapatos, la piel quedó en carne viva, el ardor y dolor era intenso, al punto que tuve que quitarme los zapatos y dejarlos abandonados en un potrero, cerca del cadáver de un gato muerto, gato que arrojaron sus dueños. Si supieran la magia que tienen los gatos jamás lo hubieran hecho, lo habrían enterrado como si fuera un ser humano, lo más probable es que ese gato se les esté apareciendo en sueños y los haga asustar.

Seguí caminado descalzo, así me sentía mejor. De tanto caminar llegué al caño ubicado en la avenida de los Cerros. El agua del caño a diferencia se veía cristalina, al verla tan pura, me bajé de inmediato y empecé andar aprovechando que el caño no tenía mucha profundidad, a duras penas me legaba a las rodillas el agua. De repente mis pies sanaron y mi casa hasta hace unos momentos lejana era como si se acercara donde yo estaba. Fue entonces cuando me desperté bañado en sudor y muy asustado.

Bañarme de la manera como tenía que bañarme se fue convirtiendo en un ritual diario, pues me bautizaba con el agua de ese tanque que primero recogía con un platón de aluminio para luego echármela sobre mi cabeza y me rebautizaba todos los días como si fuera juan el bautista bautizándose así mismo. Todos los días repetía:

-Yo me bautizo con el nombre de Juan José y así seguiré llamándome hasta que san Juan agache el dedo y todo parecía indicar que no lo agacharía nunca.
Luego me reía como si fuera un loco que creía que había bajado el espíritu santo que había bajado a iluminarme en esa época de tanta oscuridad y tan solo veía una paloma cagándose desde el techo en mi cara. Después de limpiarme la mierda de la paloma, me secaba, me vestía y de nuevo me iba a la cocina a preparar café. Luego me sentaba a escribir, ese día escribí tres poemas a la llave, pues andaba buscando la llave del amor y la había encontrado hacía poco. Las llaves abren puertas que nos llevan a develar grandes misterios que se han ocultado a lo largo de los siglos.

TRES POEMAS A LA LLAVE

UNO

Inútil tarea
Para la que te han creado:
Abrir y cerrar las puertas de la noche,
Entrar por el agujero del tiempo.
Así tengas los dientes desgastados
Todos quieren abrir la puerta contigo
Para ver a la Reina desnudarse
Frente al espejo,
Pero la reina
Se ha vestido de negro
Y ha dado vuelta al espejo.

DOS

La llave
Conoce el camino
Sabe por dónde entrar
Y por dónde salir.
El día que la llave
Se pierda en el recorrido
Sus dientes
No tendrán memoria
Y los amantes
Se quedarán sin la llave
Que habría corazones.
Y quien regresa de la noche
A la noche tendrá que regresar.

TRES

Si tienes la llave del amor
Ojalá nunca se te pierda
Alguien la puede encontrar
Y entrar a corazón ajeno
Y al cuerpo de tu amada.
Recuerda que es una llave maestra
Que no solo abre puertas y ventanas
Sino también la noche.
La llave te brinda seguridad
Nadie podrá robar tu casa
Ni tampoco el alma de tu mujer.
Cuida tu llave
Más que tu propia vida.

Después de escribir esos tres poemas me fui almorzar al restaurante de siempre. La dueña ya me saludaba con mucha confianza, esa vez me dijo:

Con clientes como usted el restaurante nunca pasaría dificultades económicas, pues una sabe que viene así llueva, truene o relampaguee.

La quedé mirando y me reí, juro que antes no había reparado en ella, tal vez porque la veía siempre con delantal y gorro, pero esa vez estaba de vestido y suelto el cabello. Era una mujer bonita, un tanto entrada en años, pero con el suficiente material para despertarle deseos a cualquiera. Y como no iba a despertar deseo si era de cintura muy delgada, caderona y bustona. Si alguien quiere más que le piquen caña.
Después de un rato breve- le dije:

Cuando uno se siente bien atendido viene las veces que sea, en la buena atención radica el éxito de un negocio y por ahora me siento bien atendido y me gusta la comida que es lo más importante. A lo cual ella añadió:

-Aquí nos esmeramos en atender a nuestros clientes, máxime cuando son educados y guapos como usted.

Me sonroje que me dijera que era guapo delante de algunos clientes, pero si ella lo decía había que creerle y quién no es guapo a los veintiún años.
Muchas gracias- le dije.

La dueña del restaurante se llamaba Andrea y desde ese día empezamos a tratarnos con suma confianza, así como se tratan las personas en Cali.

Cada que llegaba al restaurante le decía:
-Buenas tardes mi Reina

-Buenas tardes papi- me respondía.

De regreso a casa me dio por comparar el periódico, solo por la gana de comprarlo porque con ese calor tan tenaz que estaba haciendo seguro que no iba a leerlo, pero lo leí porque al ojearlo vi una crónica que me interesó. Era relacionada con la trata de blancas, pues muchas mujeres son engañadas con jugosas ofertas de trabajo y como muchas de ellas no miden consecuencias terminan haciendo de su vida un infierno, ya que las sacan del país con muchos engaños y van a parar a Europa o al Japón donde viven en condiciones infrahumanas vendiendo su cuerpo y sin recibir ni un peso. Digo lo anterior porque una amiga fue víctima de estas bandas delincuenciales, gracias a Dios logró escaparse y dar aviso a las autoridades que logró rescatar a más de cincuenta latinas que habían sido engañadas y sometidas en el viejo mundo a cualquier clase de vejámenes. Al subir por la cuesta que me llevaba a mi casa, me encontré cien mil pesos en una bolsa plástica, en ese momento yo era el único transeúnte pues todo el mundo se queda en la casa para protegerse del sol que a esa hora cae inclemente sobre la ciudad y por ende sobre los que andamos en la calle. Como no vi a nadie cerca para averiguar de quién era ese dinero, lo dejé para mí, no podía ponerme a gritar como un loco preguntando a quién se le cayeron cien mil pesos porque el más vivo iba a decir que de él sin ser dueño de nada. Y bien que me vino esa platica porque mi economía estaba a punto de colapsar.

Eran como las dos de la tarde, al llegar me tiré sobre la cama. Abrí la ventana para que entrara un poco de brisa que me refrescara porque estaba que me incendiaba. Prendí el televisor solo por prenderlo. Yo no prestaba atención a las noticias. Pero esta vez tuve que escuchar un avance de última hora para informar que el gobierno de aquel entonces estaba siendo seriamente cuestionado por no aprobar el tratado de extradición de narcos al país del tío Sam. Lo primero que deberían hacer los gringos es controlar el consumo, pero nada, solo les duele que les saquen los dólares, pues la perica les gusta más que el arroz con leche y Pablo escobar y el cartel de Cali les estaba mandando toda la que quisieran. Apagué el televisor y me sorprendí que a locombia le llamaran el país del sagrado corazón de Jesús, que corazón ni que mierda, deberían llamarlo el paraíso de la perica porque más de medio país estaba sembrado de coca y las autoridades seguían como si nada, como si todas esas plantaciones fueran de papa, plátano, arroz o yuca.

Al rato empecé a leer un cuento intitulado “LOS PERROS DE TÍNDALO”, de Frank Belknap. Un cuento que me hizo parar los pelos de punta por todo lo que ahí se narra por todo lo que ahí se narra. El relato comienza de la siguiente manera: un hombre del cual en el relato no dice el nombre, pero yo deduje que se llamaba Frank igual que el autor, decide visitar a un amigo suyo al apartamento. El amigo se llama chambels, un hombre avanzado en años y demasiado desaliñado y quien se considera un ermitaño porque vive encerrado en su casa. Es un hombre con muchos conocimientos como quiera que se licenció en varias ciencias, sobre todo como la bilogía y la física a partes iguales. Era un hombre que necesitaba sentir el contacto del papel, no le gustaba la tecnología. Cuando Frank visitó a Chambels vio muy preocupado a su amigo y más desaliñado que de costumbre. Vio que en su mesa y por toda la casa había hojas, libros abiertos sobre ciencia, la teoría del tiempo, la teoría de la relatividad de Einstein y por otro lado antiguos tratados de alquimia y esoterismo, magia negra y brujería. Tenía esos dos mundos a partes iguales. El mundo de la ciencia empírica y el mundo de lo esotérico. Chambels le dijo a su amigo Frank que la ciencia es buena pero siempre y cuando no sea dogmática porque al serlo la mata y la desvía del verdadero camino y le dijo también que estaba preparando algo sobre un tema que le obsesionó durante muchos años. El tema del tiempo y cómo acceder a la cuarta dimensión temporal porque estaba convencido que podía poseer la clave para entrar y fundirse con él. También le dijo que el tiempo funciona de la siguiente forma: las teorías humanas del tiempo como la teoría de la relatividad hacen percibir el tiempo e interpretarlo de una forma precisa: pasado, presente y futuro. Pero según la ciencia fusionada con las filosofías orientales alquimias esotéricas y demás el pasado y el futuro estarían en el presente fusionados, solapados y que nosotros seríamos un residuo de la verdadera forma de vida que estaría antes del tiempo. Esto le comentó Chambels a Frank que de inmediato no dudó en concluir que estaba muy loco y mañana mismo llamaría a un médico porque su amigo está diciendo cosas que no son normales. Chambels prosigue en el relato y le dice que ha desarrollado una serie de símbolos geométricos que ha dibujado en unas hojas de papel y que estos símbolos sumados a una droga oriental llamada liao que tomó Lao Tse y le ayudaron a descubrir el Tao y que el camino del tao fusionado con esta droga y los símbolos se podía acceder al tiempo y poder ver que había antes de la creación y que necesitaba la ayuda de Frank para que cuando entre en ese alterado de consciencia le ayudara a notar todo lo que el iría relatando en ese viaje místico. Frank seguía pensando que su amigo ahora si estaba loco de remate pero lo ayudaría para que el mismo se cerciorara que estaba loco y también quería escuchar lo que relataría para más tarde hacerle saber al médico para que pudiera hacer un diagnóstico más preciso del padecimiento de su amigo. En el cuento hay frases que se deben leer con sumo cuidado y más que cuidado hay que tratar de interpretarlas si es posible con seis sentidos. Frases como “quiero arrancar de mis ojos la falsa ilusión del tiempo que nos han impuesto”. Otra frase como la clave está en Einstein y Jhon Dee, quien fue un místico que nos dejó aquellas claves enoquianas que recibía mediante un espejo de obsidiana que hoy existe en el britisch museum como una reliquia.

Chambels saca de una cajita la droga liao que le permitirá a través de ese estado de consciencia alterado viajar en el tiempo.
La droga en sí misma no hace nada si no se incorporan los símbolos geométricos y la matemática escrita de un papel para ayudarse como guía y llave para entrar a través del tiempo. La droga no haría nada y eso lo sabía Chambels pues lo había estudiado durante años. Toma la droga y al principio no pasa nada, Frank está listo para escribir todo lo que le vaya contando, de repente ve que la habitación empieza a desvanecerse, a diluirse las formas y solo observa el vacío de la oscuridad. Aparte de eso solo observa la cara de su amigo Frank listo a escribir aquello que va a dictar. Chambels empieza a viajar en ese vacío, a caer y sentir como que cae y a partir de ahí ve el pasado de la historia humana. Observa la primera civilización y dice en el relato que primero fue la Atlántida y así mismo observa como perece. Ve también la guerra entre Lemuria, otro continente perdido acaba desapareciendo.

Cuando Chambels toma la droga ante mi veo los millones de vidas que me han precedido en este planeta. Veo hombres de todas las épocas, de todas las razas, de todos los colores que luchan, danzan, matan, cantan se calientan en torno a la hoguera primitiva, en desiertos grises intentan elevarse en el aire a bordo de monoplanos. Cruzan los mares en barcas de truncos y enormes buques de vapor. Pintan bisontes y elefantes en las paredes de cavernas lúgubres y cubren lienzos enormes con formas y colores del futuro. Veo los emigrantes de la Atlantida y Lemuria, veo a las razas ancestrales, a los enanos negros que invaden Asía y a los hombres de neandertal, de cabeza inclinada y piernas torcidas que se extienden por Europa. Todo lo percibo simultáneamente, todo lo percibo a la vez y desde todos los ángulos posibles, formo parte de las billones de vidas que me han precedido en todos los seres humanos y todos los seres humanos existen en mí del pasado, el presente y el futuro. En un instante veo a la vez toda la humanidad, toda la historia del hombre: el pasado y el presente. Mediante un pequeño esfuerzo soy capaz de contemplar pasados cada vez más lejanos.

Ahora me remonto al mismo origen de la existencia a través de curvas y ángulos extraños, a mí alrededor se multiplican los ángulos y las curvas. Hay grandes sectores de tiempo que los percibo a través de curvas. Existe un tiempo curvo y uno angular. Los moradores del tiempo curvo no pueden penetrar en el tiempo angular, todo es muy extraño.
Sigo retrocediendo cada vez más de la tierra, ya desapareciendo el hombre veo reptiles gigantes agazapados bajo enormes palmeras y nadando en pútridas aguas negras, ya han desaparecido los reptiles y no hay animales terrestres, pero veo perfectamente bajo las aguas formas sombrías que se mueven lentamente entre las algas. Las formas que veo son cada vez más simples. Ahora los únicos seres vivos son células. A mi alrededor hay cada vez más ángulos, ángulos ajenos a la geometría humana. Tengo un miedo horrible, en la creación existen vacíos en los que nunca ha penetrado el hombre, seguí sin perderle la vista. En ese instante Chambels se adentró al principio del todo antes de ese bing bang o gran explosión, antes de la existencia y en esos abismos oscuros percibió el aliento de algo, de una forma sin forma. Él lo describe así, como algo creado con la antítesis de la vida porque según sus cálculos todo lo que había estudiado el ser humano, lo orgánico y todo lo vivo de nuestra existencia surge de la curvatura del espacio y tiempo y de los ángulos, también surge otro tipo de vida que está fuera de la existencia. Esto fue lo que vio el señor Chambels, al ver todo esto cayó en el suelo, su amigo Frank que estaba anotando todo empezó a oler un olor nauseabundo que se coló por toda la habitación.

Chambels empezó a soltar espuma por la boca y se retorcía, solo se veía a él mismo como una masa pútrida sin forma, una masa humana en el centro de la habitación. El solo murmuraba me han visto, me van a coger, tengo que salir de aquí. Al cabo de unas horas Chambels se tranquilizó. Entró en sí mismo y Frank le dijo te ha afectado demasiado esta droga, a lo cual contestó Chambels que no había sido la droga había sido aquello que había atraído del umbral. Frank le dijo que mañana traería un médico porque se había vuelto loco y delirando dejó a Chambels quien tuvo que pasar solo la noche en su casa. A la mañana siguiente Frank recibió una llamada, Chambels le dijo que comparara escayola y en efecto la compró y se la llevo a su amigo quien la utilizó para tapar todos los ángulos de las paredes. Enseguida sacó todos los muebles de la casa y esto lo hizo porque todas las formas que estaban antes del tiempo lo habían alterado de consciencia y podían llegar a través de los ángulos porque era la única forma que tenían para atravesar nuestro mundo. Los ángulos tenían la geometría perfecta donde confluye el espacio tiempo y por ahí él creía que podían pasar.

Son muy pocos los lectores que se adentran en este tipo de cuentos porque cada página conducen a lo macabro o a otra dimensión que de entrar es muy difícil salir o si se sale es muy loco. Por ratos quería abandonar la lectura de ese cuento, pero al instante sentía que algo me atraía y me dejaba llevar por todas las páginas con mucha curiosidad y también miedo y sea como fuere estaba decidido a terminarlo así los monstruos de los que habla el autor salgan del papel y me agarren para llevarme a ese mudo macabro al infierno o a la locura misma pues ese es un privilegio que está destinado a seres muy contados en el universo. A este mundo vine a asumir riesgos y no estaba dispuesto a irme de él tal cual vine, es decir vacío de todo conocimiento y toda experiencia, así tuviese que arriesgar mi vida y mi salud mental. No iba a pasarme toda la vida leyendo novelas de Corín Tellado y todas esas porquerías que a través de los medios en lugar de aportarnos algo digno, terminan embruteciéndonos.

Me dieron ganas de fumar y salí a comprar cigarrillos. Tan pronto los compré regresé a la casa. Encendí un cigarrillo y no me lo fumé sino solo hasta la mitad, pues el tabaco me mareo. Prendí la grabadora y empecé a escuchar música, introduje el casete en la casetera y empezó a sonar el ave María d Haydn y luego música apocalíptica. En ese momento me acordé de una película que había visto llamada Apocalypse Now, una película estadounidense dirigida y producida por Francis Ford Coppola en 1979. El guion está basado en El corazón de las tinieblas una novela corta de Joseph Conrad, ambientada en el África del siglo XIX, aunque trasladando la acción a la guerra de Vietnam. También estuvo influenciada por la película Werner Herzog Aguirre, La cólera de Dios, 1972. Esta película me causó una fuerte impresión por lo descarnada. Pero eso es lo que había en el mundo y me pareció que Coppola logró plasmar en el film la trágica realidad pues no se podía evadir los acontecimientos que marcaron a la humanidad por el apresuramiento y la ambición del imperio.

A las cinco de la tarde salí a llamar a Perla y me llevé una agradable sorpresa, pues apenas abrí la puerta la vi venir hacia mí. Ella me había dicho que cuando menos lo esperase me iba a sorprender y la verdad que lo consiguió. No salí a su encuentro pues ya venía muy cerca. Apenas llegó la abrace fuerte, unas viejas de al lado empezaron a murmurar. Alcance a escuchar que dijeron “este si no vino a perder el tiempo”. En lugar de enojarme me reí pues en los barrios populares es normal el chisme y que la gente murmure. Por qué me iba a enojar si estaba abrazando a una mujer bella. La invité a seguir y ella siguió de inmediato. La hice sentar en mi cama pues no tenía muebles, salvo una pequeña mesa metálica en la que solía escribir de vez en cuando, pues yo solía escribir en mi cama. Colocaba un cojín sobre la pared ahí apoyaba mi espalda, luego cruzaba mis piernas y apoyaba el cuaderno en mi pierna y así escribía, me sentía más cómodo que en un escritorio. A veces la comodidad en lugar de ser una ventaja se convierte en una desventaja cuando hay mucho dinero y no se tiene nada en los sesos ni en el alma. Yo si tenía mucho que decir así anduviese con los bolsillos vacíos.

En la casa de mi padre tenía un buen escritorio, buenos muebles, una silla muy confortable, buena luz, pero no tenía lo fundamental, es decir ganas de escribir. Así tuviera mil inconvenientes ahora me sentía vivo y no iba andar reparando en pequeñeces. En casa de mi padre se quedó mi biblioteca, así que si quería leer no me quedaba más remedio que ir a una biblioteca pública o comprar libros. Como soy un hombre singular los compraría sin importarme que mañana no pudiese tomarme un café o comprarme un pantalón. Leer y escribir son actividades tan necesarias como comer y beber y no me iba andar con vainas porque el espíritu también necesita alimento. Perla me miraba en silencio hasta que lo romí con la pregunta siguiente:

-Han llamado a preguntar por las asesorías pedagógicas?

Perla sonrío y luego me dijo:

-Sí, hoy en la mañana llamaron dos personas y están muy interesadas en hablar contigo

-Que bueno-le dije

Perla volvió a sonreír y me dijo:

-Cómo te parece que le di cita a una de esas personas que llamaron para el día de hoy. Así que si ya estás listo vámonos para la universidad Libre.

Agarré una carpeta de plástico, un lapicero y un block de papel periódico y nos fuimos a cumplir esa cita. Nos fuimos agarrados de la mano riendo y cantando pues a Perla le gustaba cantar y yo trataba de hacer el coro, aunque reconozco que soy muy malo cantando. A los diez minutos llegamos y fuimos directo al lugar donde habíamos puesto el aviso, ahí esperamos tan solo unos instantes porque pronto llegó una chica muy hermosa. Perla habló con ella y le dijo que yo era quien daba las asesorías y que mi trabajo era garantizado. En eso tenía toda la razón Perla pues fui un excelente estudiante porque no iba a la universidad a vegetar o solo por un diploma, es más, ese papelucho no me interesaba para nada, pero me lo gané con muchos méritos y si no hubiera sido de esa manera no estaría contando este cuento. Fuimos a la biblioteca aprovechando que estaba casi vacía. Allí hablamos con tranquilidad. La chica se llamaba Claudia Martínez y estudiaba contaduría pública, durante el día trabajaba en una empresa que comercializaba equipos médicos.

Como las clases estaban por empezar, entramos al punto en cuestión: el trabajo que desempeñaba le quitaba casi todo el tiempo y el asunto es que debía realizar una actividad en una materia que se llama espíritu empresarial. Claudia tenía que leerse dos libros: uno de esos libros era El secreto de los zapatos viejos y el otro El caballero de la armadura oxidada. Después de leídos tenía que realizar dos ensayos. Íbamos a seguir hablando pero sonó un timbre indicando el ingreso a clase. Nos despedimos y quedamos en llamarla mañana a las doce y media para ponernos de acuerdo sobre las condiciones del trabajo y sobre la forma de pago y el precio.

Salimos de la universidad y nos fuimos para el parque de Tequendama. Durante el camino hablamos del precio que cobraría y que fuera algo justo porque eso me condicionaba, no podía hacer nada más que ese trabajo. A mi ese tipo de libros no me llaman la atención, pero había que leerlos para luego hacer los ensayos. Mañana, Claudia llevaría los dos libros y la mitad del dinero, pues la otra mitad la entregaría el día que le entreguemos el trabajo digitado y bien argumentado para que convenciera al profesor Pepito Pérez. Además le daría unas explicaciones por si le tocaba exponer ante sus compañeros. Yo nunca leo por obligación sino por necesidad vital y muchas veces había rechazado esa oferta cuando estudiaba en Pasto porque no me parecía que uno debía prestar el cerebro. Acá necesitaba dinero y no podía desaprovechar esa oportunidad así tuviera que aplazar por un tiempo la lectura de H P Lovecraft.
Estando en el parque le tomé las manos a Perla quien no opuso ninguna resistencia, la atraje hacia mí y la besé en los labios. Ese primer beso me supo a cielo, a mango maduro, a miel de abeja, a mana que caía del cielo en nuestras bocas. Ella correspondió a ese beso con mucho amor y pasión. Después de ese beso nos quedamos mirando en silencio para qué palabras cuando hablan las miradas y nos dijimos todo aquello que habíamos callado desde el primer día que nos conocimos. Nos volvimos a besar, en esa oportunidad ella llevó la iniciativa y sentí toda su esencia de mujer enamorada, el olor de su pelo y saboree el néctar de su boca y me deje llevar al mismo cielo después de tanto desierto, pues ella calmó mi sed de amor y besos.

El tiempo había pasado sin que nos diéramos cuenta. Cuando volvimos a la realidad iban a ser las nueve de la noche y regresamos por el camino de siempre. Al llegar a la nave nos despedimos con un beso largo y apasionado. Al día siguiente yo iría a su casa, a recibir la llamada de Claudia Martínez. Apenas llegué a mi casa no me quedó más remedio que preparar la cena porque el amor muchas veces no hace dar ni hambre. Después de cenar me tiré sobre la cama y me deje llevar otra vez por la imaginación y era tan fuerte el amor por perla que sentía su perfume en mis manos, en mi ropa y el sabor de su piel en mi boca. Yo era un valioso diamante para es perla tan hermosa. Ella fue el imán que me atrajo a la distancia y yo me dejé atraer hasta fundirme en su cuerpo, hasta ser carne de su carne, aliento de su aliento, alma de su alma. Sentí que la amaba con locura, así como se debe amar a una mujer. Yo la amaba sin límites y estoy seguro que era la primer mujer me hizo decir tantas cosas hermosas. Antes no decía sino palabras planas. Desde ese entonces supe que el amor es poesía. Y que las mujeres antes de ella no le llegaron ni a los talones. Perla era como una sirena que me atrajo con su canto y desato en mí un oleaje de pasión en el cual éramos dos olas que se agigantaban en un mar infinito.

Tan pronto me dormí empecé a soñar, iba viajando en un Concord hacia la ciudad luz y que perla me había acompañado al terminal aéreo y ahí nos besábamos con mucha pasión y luego ella se desvanecía como si fuera de humo. El avión despegó y yo me sentí como si fuera un pájaro de acero surcando los cielos. De repente se desataba una tormenta y yo sentía mucho miedo, una azafata llegó a tranquilizarme y la tormenta pasó y llegaba al aeropuerto de Paris donde estaban aguadándome dos directivos de la Sorbona: un hombre y una mujer muy bien vestidos. Luego me llevaron en su auto a un hotel muy lujoso y antes de despedirse de mí me pidieron que les firmara uno de mis libros. Yo sacaba de uno de los bolsillos de la chaqueta una pluma de oro y firmaba ese libro como si fuera un escritor de Best Seller. La alcoba era muy lujosa y con grandes ventanales que me permitían ver la majestuosidad de la ciudad luz desde el piso treinta. Me acosté pronto por todo el cansancio que traía. Al instante me sumí en un sueño profundo y soñé con Perla en mi lecho y la sentí calientica al desnudarla, pese a que en Paris estábamos en invierno. Después de los besos vinieron las caricias más profundas, yo calmaba mi sed de pasión en sus pechos, bebí de esas fuentes cristalinas mucho amor, al punto que mi cuerpo estaba ardiendo de deseo. Luego la poseí como nunca había poseído a mujer alguna. Los dos gritábamos de placer y jubilo. De un momento a otro perla volvía a desvanecerse como el humo y solo entonces me desperté. Las sabanas y yo estábamos mojados y no era para menos por tanta pasión y deseo.
A veces llegamos en los sueños donde no podemos llegar con nuestros pasos. No estaba en la ciudad luz ni en una alcoba bien lujosa con Yacusi y como me hubiese gustado despertarme con la pluma de oro en mi mano como testimonio de que estuve en parís. Pero no, estaba en una humilde habitación de una casa que aún estaba en obra negra donde no había grandes ventanales sino una pequeña ventana de madera por donde podía ver algunos retazos de ese hermoso cielo caleño. Mi alma había abandonado mi cuerpo en ese sueño y llegó donde voy a llegar después de muchos años, de eso estoy seguro. La realidad era muy diferente y yo no me iba a deprimir teniendo tanta vida y salud. Todo llega en el momento que debe que llegar. Eran como las ocho de la mañana y procedí a bañarme como de costumbre. Pero esta vez el asunto fue diferente pues había una rata muerta en el piso, una rata de las más asquerosas que había visto hasta ese momento. La recogí pronto con un recogedor y la metí en una bolsa negra y salí pronto a echarla en el contenedor de basura que había en la nave. Luego compré tres tarros de límpido y apenas llegué los eché en estado puro sobre el piso del baño. Corrí hacia la puerta de la calle para que no me hiciera daño el límpido. En ese momento estaba solo en la casa pues todos habían salido a trabajar. Después de diez minutos me puse un barbijo y volví al baño a echar toda el agua que pudiera para desinfectar el piso. Todo quedó oliendo a límpido, al punto que tuve que abrir la puerta de la calle y quedarme un buen tiempo en la puerta.

Después encendí unas velitas aromáticas para que la casa oliera rico y solo entonces procedí a bañarme.
Luego preparé café y freí un par de huevos y desayuné con mucho apetito. Después me recosté en la cama y volví a quedarme dormido pues el calor me hacía dar mucho sueño. Dormí como hasta las once y media. Al despertar me volví a bañar y luego de vestirme salí hacia el restaurante de Andrea quien no se encontraba en ese momento pues me atendió otra chica medio aindiada que precia ser del Cauca, eso lo deduje por el hablado y no estaba equivocado pues luego le pregunté qué de dónde era y me dijo que de Popayán. Andrea no se encontraba porque había ido a una cita médica y no demoraría en llegar me dijo la indiecita. Y en efecto llegó cuando yo iba como a diez metros del restaurante. Nos aludamos y me preguntó cómo había estado el almuerzo a lo cual yo respondí que muy delicioso. Tan pronto pude me despedí de ella que trataba como de retenerme, Ya se estaba tomando más confianza conmigo y yo con ella. Al punto que nos despedimos de beso en la mejilla.
No tarde sino cinco minutos en llegar a la casa de Perla quien me hizo seguir a la sala. Apenas acababa de sentarme cuando sonó el teléfono. Perla contestó y era Claudia quien estaba del otro lado de la línea. Perla me pasó el teléfono de inmediato para que hablara con Claudia. Yo le expliqué rápido las condiciones en las que yo le haría el trabajo y cuánto le cobraría. Ella estuvo de acuerdo en todo, antes de las seis de la tarde teníamos que ir a la universidad a recoger los libros y la mitad del dinero. Me quedé toda la tarde en casa de Perla, su madre estaba ese día en casa pues era el día de descanso que la empresa le tenía programado. Me advirtió que no vaya hacer sufrir a su hija ya que Perla le había contado que ya éramos novios. La tranquilice diciéndole que yo era todo un caballero y muy fiel y detallista en el amor, que perdiera cuidado porque la hija era una preciosura de mujer y que se necesitaba estar loco para hacerle daño. Y al decir eso no estaba exagerando pues ella hacía vibrar mis fibras más íntimas con solo mirarla, ella era de esas mujeres que esparcen aromas por donde andan pues el perfume emanaba de su alma.

Antes de las seis fuimos a la universidad a recoger el dinero y los libros. Cuando llegamos Claudia ya estaba esperándonos. Sonrío al vernos llegar agarrados de la mano. Lugo nos dijo:

-Los felicito, hacen buena pareja no solo porque son de la misma estatura sino porque se ve que se quieren, se les ve en los ojos todo ese amor que se profesan.

Esta vez quien respondió fue Perla

-Más de lo que tú crees- le dijo

Recogimos el dinero y nos regresamos de inmediato ya que Claudia tenía que realizar el primer parcial de inglés y se fue a estudiar a la universidad hasta las seis y media que era la hora en que habían programado ese examen. Perla quería ir a quedarse esa noche conmigo en mi casa, pero yo le dije que no pues mi hermano iría a dormir esa noche a casa. No había ido las otras noches y justo se le ocurrió decirme por la mañana que iría a dormir esta noche y de paso quería hablar de unos temas conmigo porque consideraba importante que hablaramos. Me despedí de Perla en la nave y la seguí con la mirada hasta que se fue haciendo menos visible en el camino y desapareció por completo al emprender la pequeña cuesta que la llevaría a su casa. Siloe es un barrio que al estar construido sobre una loma todos los habitantes tiene que ascender todos los días por pequeñas cuestas unos y otros unas pendientes muy prolongadas, sobre todo aquellos que viven en la parte más alta de esta comuna.

Eran como las nueve de la noche y yo estaba leyendo, mi hermano había ido a saludar a su compadre que vivía como a diez casas de la mía. De repente alguien tocó a la puerta y cuál no sería mi sorpresa porque era nadie más ni nadie menos que perla y sin pérdida de tiempo me dijo que habían llamado del diario la Primicia para informarme que debía sacar el pasado judicial lo más pronto posible, que de ser posible lo hiciera mañana mismo. Yo le agradecí y la acompañé hasta su casa, a pesar que no estaba muy lejos de donde yo vivía, siempre existe un riesgo que una mujer joven y hermosa ande sola a esas horas de la noche. Ese dinero me vino como una bendición porque tenía que pagar por la expedición de ese documento, menos mal que fotografías para pasado judicial tenía y eso era una ventaja cuando se tiene poco dinero. Debía levantarme muy temprano, antes de las cuatro de la madrugada y salir primero a la quinta con treinta y nueve a agarrar el transporte que me llevaría por los lados de la Flora, allá estaban ubicadas las oficinas donde expiden ese documento.

Texto agregado el 04-05-2020, y leído por 35 visitantes. (0 votos)


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