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Neus Bermejo es uno de los rostros más buscados del mundo de la moda. Vive a caballo entre Nueva York y su Barcelona natal, y como modelo, sabe que mantenerse en forma y cuidarse es un pilar fundamental para su profesión. Cuando ocurrió lo que vamos a contaros a continuación, no estaba ni en Nueva York ni en Barcelona, sino en algún lugar de España, equidistante de Madrid y Barcelona, quizás en la Comunidad Autonóma de Aragón, aunque también pudiera ser en la Comunidad Valenciana.
Precisamente, Neus viajaba en auto de la capital catalana a la capital española, aquel día había huelga de RENFE y de Iberia, imposible trasladarse en tren o en avión. El que conducía el auto era un anciano, aparentemente mudo, pues no emitía palabra alguna, pero no sordo, dado que escuchaba todas las indicaciones que le daban.
- ¿Podría parar señor Nicolae? – dijo la modelo – es temprano y llegaremos en buena hora a Madrid, paremos un poco en este pueblo.




El anciano obedeció. Neus bajó del auto y se dirigió a una suerte de kiosko en medio del pueblo, no había nadie en la calle, parecía un lugar deshabitado, al fondo, en una colina, se divisaba un castillo medieval con un aspecto bastante siniestro y tenebroso. Neus golpeó el kiosko, nadie contestó.
- No os molesteis, no vive nadie aquí, es un pueblo fantasma, son todos decorados, solo lo usan para filmaciones de cine o televisión – le dijo una voz masculina a Neus.
La modelo se dio vuelta y ante ella estaba el modelo Carlos Fernández, de veintitrés años, una de las bellezas del modelaje español y europeo. Neus lo reconoció.
- ¡Tu eres Carlos Fernández!
- Yo soy, y tú eres Neus Bermejo.
- ¿No sabeis donde puedo ir al baño, y beber un poco agua?
- El Castillo, el único lugar.
- ¿Ese lugar tan misterioso?
- No pasa nada, es propiedad de la Marquesa de Avila, vamos ahí.




Neus le indicó al chofer que iría al castillo, el anciano sonrió y le hizo un guiño a Carlos Fernández. Los dos modelos comenzaron a avanzar al misterioso castillo.
- Eres un poco parecido a Carlos Sainz, el que corre autos – le dijo Neus a Carlos.
- Todos los Carlos nos parecemos un poco entre nosotros, ja, ja, y todos olemos a Queso.
Neus no dijo nada, pero aprobó aquella afirmación de Carlos, pues el joven realmente olía a Queso. Llegaron al castillo y para sorpresa de Neus, el anciano Nicolae abrió la puerta.
- ¿Usted aquí? ¡Sí recién estaba allí?
El anciano sonrió, y convidó con vasos de agua a los dos modelos, les ofreció también un trozo de Queso, Carlos aceptó gustoso, Neus la rechazó, no deseaba consumir nada que podría ser un peligro para su esbelta figura.
- Observo que os gusta mucho el Queso, Carlos.
- Me encanta, hay días que no como otra cosa. Este puede ser uno de esos días.
- Que lugar tan extraño, de afuera parecía horrible, pero ahora adentro es un lugar muy acogedor, y que bien ordenado y prolijo que esta todo, hay unos cuadros y esculturas dignas del Louvre o del Prado.




- La Marquesa de Avila siempre coleccionó copias de esos museos, tiene un gran sentido artístico.
- ¿La conoces, Carlos?
- Es mi gran protectora. Una especie de madrina para mí. Si no fuera por ella, no sería el modelo que soy. No solo para mí, también para otro modelo, Carlos como yo, Carlos Barbero Cheli, creo que ha estado con el ayer en Portugal.
- Debo reconocer algo Carlos, espero no te ofendas, pero tengo un deseo sexual muy intenso, diría que deseo tener una buena relación contigo.
- Y hagamoslo entonces, ¿Para qué esperar?
En ese mismo momento, la modelo se tiró en una suerte de sofá y Carlos se puso encima de ella, puso sus pies encima del rostro de la modelo, que empezó a chuparlos, besarlos, lamerlos y olerlos, con intensidad. Neus disfrutó mucho de aquel momento.
- No solo coméis mucho Queso, también oleis como un Queso.
- Es que soy un Carlos, niña, soy un Quesón.



Del fetichismo de los pies pasaron a una cogida muy espectacular, con toda la gracia y el salero español, como un pasodoble andaluz, una jota aragonesa o una falla valenciana, el anciano Nicolae espió todo detrás de una cortina y se masturbó viendo aquel sexo. Al terminar, Neus quedó exhausta pero muy contenta.
- ¡Qué tarde se ha hecho! ¡Ahora sí llegaremos tarde a Madrid! ¡Voy a perder el vuelo a Nueva York!
Carlos se vistió prolijamente, de negro, con guantes incluídos, y le daba la espalda a Neus, al darse vuelta tenía en sus manos un gran cuchillo, largo y filoso, una daga muy puntiaguda.
- ¿Para que os preocupais, Neus? ¡Si serás asesinada en breve y yo seré tu asesino!
- ¡Noooooooooooooooooo! – gritó la modelo, pero ya era tarde, Carlos se avalanzó sobre ella y la apuñaló en forma salvaje, habrán sido unas 47 puñaladas, más o menos.
- Queso – dijo Carlos Fernández tirando el Queso sobre el cadáver de su víctima.
Al ver el asesinato, Nicolae se volvió a masturbar, los asesinatos le generaban más deseo sexual que ver una relación. Carlos Fernández, el asesino, estaba satisfecho por el crimen. Nicolae salió de la cortina y aplaudió, automáticamente bajaron del nivel superior del castillo, cuatro mujeres iguales a María Laura Santillan (totalmente desconocida en España a pesar de haber sido asesinada por Carlos Sainz), agarraron el cadáver de la modelo y se lo llevaron.
- Gracias Nicolae – dijo Carlos – esta vez me habéis conseguido una modelo de cierto renombre, no las chicas ignotas y desconocidas de los meses anteriores, aunque en definitiva siempre son cuarenta y pico de puñaladas, y un Queso.



Nicolae, que no hablaba, agarró una pizarra, y con una tiza, bien en una usanza muy antigua, escribió: “Solo soy un fiel servidor de la Marquesa de Avila, no me es fácil conseguiros víctimas, debo conseguirte a ti, que las apuñalas, y al otro consentido de la Marquesa, Carlos Barbero Cheli, que las estrangula, para ya sabeis si es vuestra protectora, vuestros deseos son ordenes para mí”.
Carlos se iba del castillo, pero Nicolae le entregó un papel, el modelo, el asesino, lo leyó, era un mensaje de la Marquesa. “Estoy organizando una gran reunión con todos los Carlos Españoles, con los Quesones Asesinos de la Península, de nuestra España, españoles todos, vascos y catalanes incluídos, no es fácil reuniros, vosotros estais muy comprometido, en toda Europa, pero cuando pueda, os prometo una gran fiesta con mucho sexo, mucho Queso, no faltaran las chicas atractivas, y allí cada uno tirareis un Queso, en forma ritual, yo seré la anfitriona, pero no tiene fecha aún, cuesta reuniros a todos vosotros”.


Carlos sonrió y le dijo a Nicolae, antes de irse: “La quiero mucho a la Marquesa, con mi amigo Quesón, y tocayo, Carlos Barbero Cheli, competimos por su amor, por ahora vamos empatando”.
Y así finaliza esta narración, donde hemos conocido a otro Quesón español, Carlos Fernández (@carlitosfernandezz en Instagram, podréis buscarlo), gran protegido de la Marquesa de Avila.

Texto agregado el 09-05-2020, y leído por 29 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
10-05-2020 Muy bueno. Espontáneo, descriptivo, buen final, en fin, mejor que los anteriores y con un humor bien mezclado. Se lee con delicia. PATO-GUACALAS
10-05-2020 Otra historia del mismo argumento que el anterior. Aunque ya un poco aburrido, está mejor escrito que el anterior. El mal formato de diálogos persiste en el autor. Saludos. Enrique_Orellana
 
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