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Con solo verle la cara deduje quien era. Buscó todos los medios habidos para no atenderme. Y eso que desde hacía veinte años había depositado mi confianza en ellos, por ser uno de los mejores bancos, aunque ningún banco es bueno. Pero debía tener mi dinero en uno de ellos pues a muchos que lo tenían debajo del colchón, ya los habían atracado. Las victimas no se explicaban cómo es que los ladrones llegaban a sus casas armados hasta los dientes y en lujosas camionetas a robarse el dinero. Pero lo que no sabían era que los mismos familiares se encargaban de contactar a los delincuentes para luego repartirse la plata. Ese día se vencía un titulo valor y yo no quería renovarlo por nada del mundo. La idea era que pasaran esos veinte millones a mi cuenta y mañana vendría por ellos para que me den un cheque de gerencia que luego consignaría en la cuenta de otro banco.

El Director administrativo estaba dispuesto a no atenderme, pues cuando quedaba libre llamaba por teléfono a otros clientes. Estaba muy claro que para él yo no existía. Esperé mucho tiempo para que me atendiera y nada. Llegó la hora de cerrar y me dijo con tono despectivo.

-Vuelva mañana, ya vamos a cerrar y como comprenderá es la hora de almorzar y no voy a retrasar el almuerzo por usted.

Lo quedé mirando con ira, me dieron ganas de meterle dos trompadas, pero me contuve. Salí del banco mentando madres al que se me atravesara.

Me fui para la casa y no pude almorzar bien por la furia que tenía. Tan solo pude tomarme una sopa de torrejas y un poco de jugo. Salí de mi casa para el trabajo. Un imbécil que no podía conducir bien golpeó mi carro por detrás. El resultado la farola izquierda vuelta pedazos. Al rato llegaron los agentes de transito y mientras se arreglaba ese asunto perdí casi media hora, menos mal que ese boludo reconoció la culpa y me dio el dinero para comparar otra. Al llegar a mi trabajo vi que la sala de urgencias del HUV estaba a full. Nunca antes había visto tantos pacientes al tiempo. Me puse la blusa blanca y empecé atender a los más graves. Hasta ahí todo iba bien, pero una señora irrumpió en mi consultorio muy desesperada para decirme que su esposo estaba grave y que era urgente que lo atendiera.

Salí a ver cómo se encontraba el enfermo y no lo vi tan mal, pues había otros pacientes que estaban heridos, otros infartados y otros alcoholizados. Di prioridad a los más graves y después de atenderlos me relajé un buen rato y luego me fui a la cafetería a tomarme un café con pan aliñado. Al regresar la señora me exigió que atendiera a su esposo, pero llamé a otros pacientes que estaban menos graves y ahí se fue toda la tarde y terminaba mi turno. Así que me quité la blusa blanca y antes de salir de urgencias fui a ver al esposo de la señora, pero ya no podía hacer nada por él. El empleado del banco estaba sin signos vitales, había muerto de un coma diabético y yo feliz de la vida. Tan solo me dije: unas por otras.

Autor: Pedro Moreno Mora
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Texto agregado el 21-05-2020, y leído por 42 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
22-05-2020 ¿"Con tan solo"? ...qué risa. Con tan solo ver ese incio ya se sabe que el resto no sirve. Tiene decenas de explicaciones que no tienen nada qué ver con la trama (que además es tibia). Eres malo malo escribiendo. eRRe
 
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