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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / Ocho Carlos y un Fauno para la Marquesa (parte 2)

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VIENE DE LA PRIMERA PARTE

Nadie entendía nada, pero los ocho Carlos se sacaron los zapatos, las zapatillas, y quedaron descalzos. Recordemos que los ocho Carlos eran Carlos Medina, Carlos Alocen, Carlos Fernández, Carlos Gómez, Carlos Barbero, Carlos Arrieta, Carlos San Juan y Carlos Sainz Vázquez de Castro.
Las chicas, tras ponerse los números, miraron a Toombes y una de ellas dijo:
- ¿En que consiste el juego de los pies? ¿Qué debemos hacer?
- Oled los pies de los Carlos.
Así, una por una, todas olieran los pies de los ocho Carlos, los chuparon, lamieron, besaron y olieron, con fuerza, una y otra vez, los ocho Carlos tenían pies grandes, el que calzaba menos era Carlos Sainz que porta un talle 45, los demás todo para arriba, 46, 47, 48, hasta el 49 de Carlos Alocen, el baloncestista, el olor a Queso que tenían aquellos pies era impresionante, todos olían en forma apestante, asfixiante, las chicas quedaron como rendidas a aquellos pies.
Toombes le dijo a El Fauno:
- La fase una completa. Pasemos a la fase dos. Yo me encargo de los Carlos, ellos van a entender, y voy al salón “Carlos V”, tu encárgate de las damas, aquí, en este salón, el “Juana la Loca”.
- Para ti será fácil hablar con los asesinos, pero yo, ¿Qué les digo a las damas?
- Lo que se os ocurra, Fauno, lo que se os ocurra, ya sabeis, los Quesos deben ser tirados sobre los cadáveres de estas damas, que deben ser asesinadas por estos Carlos, es por la Marquesa de Avila.
- ¡Damas y Carlos! – exclamó el Fauno - ¡Habreis disfrutado de los pies!
Paul se llevó a los ocho Carlos a ese salón y los puso al tanto de la situación, eran todos asesinos, eran todos Quesones, eran todos Carlos, y aunque extrañados por haber sido teletransportados, sabían lo que tenían que hacer, lo de siempre, asesinar mujeres y tirarles un Queso.
- Bueno, giripollas, somos ocho Carlos y ocho damas, una dama para cada asesino, ¿Y como vamos a elegir a las víctimas? – preguntó Carlos Sainz.
- Por sorteo, deberéis asesinarlas con esos puñales, los que están en la pared, uno por cada asesino, clavádselo en el corazón, luego tiradles un Queso, en la mesa hay ocho Quesos iguales, agarrad uno cada uno, aquí están los sobres con las víctimas, en realidad no están los nombres, sino los números, del 1 al 8, las damas tienen cada una un número, así se asignaran los asesinatos. El resto queda a cargo de vosotros, queridos Carlos.
Por su parte, el Fauno, se encontraba en el otro salón, con las ocho damas, ninguna entendía nada, el Fauno comenzó a hablarles, esperando que todas entendieran el castellano:
- Hermosas y preciosas damas, han sido convocadas a este lugar, para una gran fiesta sexual, espero que les guste y se diviertan.
Ninguna entendía nada, y seguían sin entender, pero como corderos obedientes, ninguna tampoco se resistió, al contrario, todas se desnudaron, y formaron un círculo con el Fauno en el centro, este empezó dio rienda suelta a sus deseos sexuales, y le dio un número a cada una, las iba llamando, y cogía con ellas, una por una, mientras tanto, las demás no se quedaban esperando, sino que también tenían relaciones lésbicas entre ellas, el Fauno se comportó como lo que era, un Fauno, fue tratando a cada chica con una sed sexual irrefrenable, sin límite, pero también con mucha suavidad y amor, las chicas disfrutaron mucho de aquello, mientras cogía con una, otra le hacía cosquillas en el pie izquierdo, otra en el pie derecho, lo acariciaban, el Fauno las cogía con mucha ternura, con demasiado gozo, con gran placer, las otras tenían placer lésbico entre sí, y así, una orgía, total y absoluta.
Los Carlos esperaban en el salón que el Fauno terminará, la cosa se iba prolongando, ya habían pasado unas tres horas, al principio los Carlos se entretenían entre sí, comiendo Queso, de todas las clases y variedades, se olían los pies, y aguardaron, pero todo se prolongó demasiado, tanto, que cuando uno bostezo, y ese fue Carlos San Juan, los demás se quedaron dormidos. Y pasaron más de tres horas, casi cuatro… el Fauno seguía en su fiesta sexual, disfrutando de aquellas bellas damas.
- ¡Ya no hay tiempo! – exclamó Paul - ¡Se nos va la Marquesa! ¡Te pasaste Fauno!
La Marquesa parecía exhalar sus últimos suspiros mientras la hora del amanecer se aproximaba.
El Fauno dio por finalizada la fiesta sexual, mientras las ocho damas estaban exhaustas, cansadas, reventadas, no daban más, Toombes despertó a los Carlos, que se pararon, se pusieron los guantes negros, y cada uno fue agarrando su puñal y un Queso.
- Debeis asesinarlas – dijo Toombes – el Fauno ya les dio placer sexual, y vaya que esto ha durado demasiado, menos mal que pudimos hacer el juego de los pies al principio.
- La única mujer a la que he visto con potencia despues de una gran cogida fue Santillan, las demás quedan hecha polvo – dijo Carlos Sainz.
- No, todas no, muchas sí, pero a algunas les queda resto – dijo Carlos San Juan.
- Quedan exhaustas pero después de haber cogido con uno de nosotros, con un Quesón, el Fauno no es Quesón – añadió Carlos Arrieta
- ¿No se llamará Carlos este Fauno? – dijo Carlos Barbero – mucha potencia sexual tiene.
- Me parece que no se llama Carlos, pero que orgía ha tenio, por España – comentó Carlos Medina.
- ¡Basta de chachara! – dijo Toombes - ¡Asesinadlas, Carlos! ¡Se nos va la Marquesa!
El Fauno se fue a un costado, Toombes, demasiado preocupado por el estado de la Marquesa y ocupado en servir a los ocho Carlos, no pudo ni siquiera masturbarse, para su fastidio. La Marquesa estaba como en estado vegetativo.
Los ocho Carlos, cada uno con el puñal en la mano derecha, y llevando el Queso en la mano izquierda, se fue acercando a la víctima que debían asesinar, marcadas todas con un número, y ¡raaaaajjjjjjjjjjjjjjj! con total frialdad cada uno clavó el puñal en el corazón de la mujer en el que debía hacerlo. Estaban todas tan exhaustas – y al mismo tiempo tan eufóricas y llenas de placer por la experiencia que habían tenido con el Fauno – que ninguna expuso resistencia alguna, recibiendo el puñal en el corazón. Cada una de las mujeres quedó con el puñal clavado y cayó muerta al piso. Cada Carlos tiró el Queso sobre el cadáver de sus víctimas.
- Queso, Queso, Queso, Queso, Queso, Queso, Queso, Queso – dijo cada Carlos, cada asesino, mientras tiraba el Queso sobre su víctima.
Toombes, desesperado, le dijo a El Fauno:
- ¡Debo apurarme! ¡Ya esta por amanecer! ¡Se nos va la Marquesa! ¡Pusiste en riesgo la misión Fauno! ¡Ya hablaremos de esto!
El Fauno lo miró, y se quedó sentado en su sillón, bebiendo un vaso de whisky, sin mover un dedo, viendo como los Carlos, los asesinos, pasaban por al lado, lanzándole miradas de pocos amigos. El Fauno, sin embargo, estaba exultante y satisfecho, sabía que los Carlos eran asesinos, pero asesinos de mujeres, a el no le tocarían un pelo.
Paul entonces se fue acercando a cada uno de los cadáveres, y con precisión quirúrgica, con guantes y barbijo, con delantal, como un cirujano, le arrancó a cada chica el corazón, y puso los corazones en una bolsa, llevándolos urgente a la Marquesa de Avila, justo cuando las primeras luces del amanecer aparecían sobre Castilla, Aragón y La Mancha.
La Marquesa recibió aquella sangre de los corazones de las ocho damas asesinadas, y no solo revivió, recuperándose, sino que volvió a rejuvenecerse, pareciendo otra vez una dama joven y jovial. Toombes le contó todo.
- Me he salvado – dijo la Marquesa – pero sé que esto deberé hacerlo más seguido, necesito sangre joven, de lo contrario, mi tiempo se acaba.
- El Fauno casi en pone en peligro la misión, Marquesa – dijo Paul, en actitud alcahuete.
- Me ha salvado – dijo la Marquesa – el Fauno no puso en peligro ninguna misión, es fiel a la causa. Llamadlo. Y también a los ocho Carlos.
Los ocho Carlos y El Fauno reverenció a la Marquesa y esta en agradecimiento, no solo le cantó sus ocho canciones favoritas (las de ella), “Ay Maricruz”, “Ay Carmela”, “Ojos Verdes”, “Limosna de Amores”, “La Niña de Embajadores”, “Carmen de España”, “Sevillanas del Espartero” y “Compuesta y sin novio”. Ocho canciones, una dedicada a cada Carlos. A El Fauno lo miró y le dijo:
- A ti te gusta el rock and roll, me gustaría cantaros alguno, pero no es lo mío.
- Os agradezco Marquesa – dijo el Fauno – veros bien me llena de regocijo y placer.
- Ustedes canten un rock and roll a El Fauno, estimados Carlos.
Los Carlos desconocían los gustos musicales del Fauno, pero creyeron que a este le gustaría alguna canción de los Stones e interpretaron “Sympathy for the Devil”, el Fauno agradeció.
- Os quiero mucho, queridos Carlos, vosotros sois mis preferidos – dijo la Marquesa – pero dejadme a solas con el Fauno.
La Marquesa y el Fauno quedaron a solas.
- Me habéis salvado, Fauno, Toombes es un servidor fiel, leal, pero tu me habéis salvado, necesitaba los corazones de las mujeres asesinadas, pero debían coger con un solo hombre, si cogían con varios, cada una con su asesino, habría muerto.
- Gracias Marquesa, lo sabía, por eso, más alla del placer y del gozo, sabía que os estaba sirviendo como correspondía.
- Dadme ahora a mí sexo y placer, Fauno.
Y eso ocurrió, el Fauno cogió con la Marquesa, y los gritos de esta fueron como una “Ay Carmela” mientras recibía gozo y placer como nunca había conocido, y eso que tenía un gran historial, como el Madrid en la Champions League.
Cuando terminaron, muy contento, el Fauno, salió de la habitación, y para su sorpresa, los Carlos aún estaban ahí.
- ¿Cómo no os habéis ido? Tenéis todos muchas ocupaciones.
Carlos Sainz iba a tomar la palabra, pero muy sonriente, salió al cruce la Marquesa de Avila.
- Yo los conozco a estos Carlitos, están celosos de ti, Fauno, porque tu te has encargado del placer sexual – dijo la Marquesa.
- Y es verdad – dijo Carlos Sainz – necesitamos una suerte de reparación histórica.
- Y la tendréis. El Fauno elaborará una lista, de mujeres españolas y europeas, ninguna argentina, ninguna sudamericana, tampoco estadounidense, y os entregará a cada uno de vosotros una víctima para asesinar, y tirarle un Queso. ¿Estais de acuerdo?
- ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! – gritaron al unísono los ocho Carlos - ¡Queeeessssssooooooooooo!
Se fueron muy contentos, Toombes los invitó a comer unas tapas con mucho Queso, mucho Queso, y los Carlos quedaron contentos.
- Como los conozco – le dijo la Marquesa al Fauno – estaban ofendidos, pero todo se arregla con Queso. A un Carlos dadle Queso, y el Carlos quedará contento.
- Son asesinos – dijo el Fauno – siempre hay que tener cuidado con esta gente, a veces se apresuran con algunas víctimas, en fin, ¿tengo que hacer esa lista? ¿Es necesario?
- Tranquilo, si no la haces tu, la hago yo, obviamente, deberán tirar algunos Quesos, es la ley del Quesón.
- Hoy lo han hecho, han tirado los Quesos, ellos las asesinaron.
- Sí, y me habéis salvado, Fauno, yo os agradezco de todo corazón.
La Marquesa le dio un beso, y colorín colorado, así acaba nuestro relato. Queso.

Texto agregado el 16-06-2020, y leído por 68 visitantes. (0 votos)


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