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En el pueblo de “El Encanto”, existía una montaña sagrada. Se decía que ahí los aborígenes veneraban a sus dioses. Era una montaña que asemejaba la silueta del rostro de un indio. Desde ahí se divisaban las huertas, la arboleda y las frondosas ceibas, los balcones de las casas, el parque del pueblo, el monumento en forma de peine, y el cementerio. Era muy agradable disfrutar allí no sólo del paisaje sino de la brisa. La cuestión es que por más raro que pareciera, únicamente podían subir los hombres.

Una vez, Sara andaba en la búsqueda de su cabra, la había perdido por estar distraída jugando, la buscó por un buen rato hasta que la encontró en la montaña sagrada.

Esa noche, una gran niebla cubrió todo el pueblo, algo muy inusual. Hubo quienes sospecharon que alguna mujer había ido a la montaña. Carmen, la maestra, proclamó que eso era una tonta historia y que solo fomentaba la discriminación, así que convenció a todas las mujeres para que subieran con ella y dieran fin a tal leyenda. Desde ese momento pasarían cosas muy extrañas.

A la mañana siguiente, las aves de Josefina no podían cantar, el bosque no hacía ruido, el herrero trabajaba sin producir sonidos, las campanas de la iglesia se movían sin sonar, tampoco hubo sermón alguno, otros gritaban en silencio, lo sonoro había desaparecido, parecía como si a los sonidos y a las palabras se las hubiera llevado el viento.

El tren viajaba a toda velocidad y al pasar por El Encanto, perdió sus numerosos ruidos. Los pasajeros sintieron por un corto tiempo, como si estuvieran en una película muda.

En algunos hogares se comunicaban con señas, en otros, sólo con la mirada, porque el que calla otorga; algunos sólo sonreían, porque no hay cosa que no se pueda decir con una sonrisa. Algunos sufrieron en silencio; los novios reprimieron sus pasiones, los habladores callaron obligados. Para otros el silencio trajo la soledad, para otros el recuerdo y para otros la calma. Los libros se leían más; el arte de la escritura resurgió, por que los aldeanos escribían sus pensamientos, ya que lo importante no es lo que se dice sino lo que se piensa.

Durante tres días el silencio profundo, reinó en “El Encanto”. El silencio fue más allá, donde las palabras se quedaron limitadas, y donde los cantos no alcanzaron a expresar lo inefable.

Texto agregado el 18-06-2020, y leído por 39 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
19-06-2020 Muy insólito lo ocurrido en ese específico pueblo durante aquellos silenciosos tres días...quedo con la incógnita que pasó después....???? Abunayelma
19-06-2020 Sabiduría antigua derrama tu texto que es casi una leyenda con moraleja. Bien escrito, bien pensadp. Aplausos Ninive
19-06-2020 Sabiduría antigua derrama tu texto que es casi una leyenda con moraleja. Bien escrito, bien pensadp. Aplausos Ninive
19-06-2020 Muy buen escrito y me encantó el resumen final. Lo importante está más allá de las palabras. Saludos, sheisan
19-06-2020 Es una descripción alucinante y subrealista. Un camino a la fantasía. +5 Nazareo_Mellado
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