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Por más de diez años hice la ruta entre Sinking Spring y Fredericksburg en el estado de Pennsylvania; saliendo en la prima noche y regresando por la mañanita. Y el trayecto costaba conducir unos cuarenta y cinco minutos, al través de una campiña que desnudaba su historia: los nombres bíblicos de sus parajes, la evidente e íntima relación de las gentes con la tierra y la confianza, fundada en la honradez mútua.

Y durante todo el verano podíamos ver la exposición de productos agrícolas al borde del camino, estando los dueños a una distancia enorme del puesto de venta. Y tódo concebido dentro de un concepto, que hacía automático el proceso. Pórque estaba cimentado sobre años de una conducta sin 'los baches' que nosotros(los extrangeros), no podíamos entender ni admitir.

Y la mañana de un sábado que regresábamos, cobrados y alborotados, decidimos entrar por un portón, al frente del cuál había dibujada una gallina sobre un nidal de huevos. Y al cruzarlo, se iluminó de súbito el patio, mostrándonos una puerta de entrada al interior de la casa. Entonces, por ser el único del grupo que podía leer inglés, les traduje el aviso encontrado.

"Entre y véndase a sí mismo". Y, sorprendidos e incrédulos, ya en el interior de la vivienda, hallamos dos neveras repletas de cartones de huevos 'crióllos' y sobre una mesa contígüa, una pequeña calculadora, una nota con los precios, una caja abierta para dejar el dinero, un cubito con cambio(monedas y billetes de un dólar) y un rollo de 'shopping bags'(fundas).

Luego, de vuelta al trabajo, comentamos con los demás, lo vivido dos días antes. Y los también incrédulos inmigrantes, difundieron la especie. Acción que en pocos días hizo, que los 'invisibles dueños del gallinero', modificaran lo que por décadas era su conducta habitual: primero, ya no había calculadora, luego, tampoco había cubo con cambio, después, sólo había una caja cerrada con una ranura infinítamente pequeña y una cámara sobre élla.

Finálmente, una mañana entramos por el portón y no encontramos ní huevos, ní gallinas ponedoras.

Texto agregado el 02-08-2020, y leído por 47 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
30-08-2020 Es muy divertido dentro de la triste realidad que planteás. Muy entretenido. Abrazo. MCavalieri
20-08-2020 jjjjjjjj, no sabes cuanto me he reído con tu relato, se me salieron las lagrimas, pues solo te digo: tu historia le da toda la razón al presidente de USA, MUY bueno tu relato, FELICIDADES jornuco
10-08-2020 Era tan lindo antes! Las personas dejaban sus puertas abiertas de noche y se conocían todos. MujerDiosa
04-08-2020 Me pareció increíble que existiera tanta confianza y honradez,lo encontré maravilloso. El final me hizo cambiar de opinión y solo pensar que nada puede durar. Lamentable***** Un abrazo Victoria 6236013
 
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