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[...] y de repente, mientras atravesaban el río, el escorpión picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras ambos se ahogaban, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión:

«¡Lo sabía!. Pero... ¿Por qué lo has hecho?»

El escorpión respondió: «No puedo evitarlo. Es mi naturaleza»

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Esopo. "Fabula del Escorpión y la Rana"



La tranquilidad que reinaba en el cuarto, contrastaba con la violenta tormenta que se abatía sobre el tejado.

La ventana dejaba escurrir las gotas, y ese era el único sonido (además del viento), que se podía escuchar en ese apacible y solitario lugar.

Dice una leyenda perdida, que en aquellos sitios donde los seres humanos no están presentes, las plantas y los objetos cobran animación. Como si se tratara de espías de incógnito, permanecen rígidos ante la presencia de la especie dominante; pero la realidad es muy distinta al encontrarse solos.

—Mira —Estaba diciendo una de las rosas a otra de sus compañeras— ¿Tú crees que sienta vergüenza?

—No lo creo —sentenció la otra— no me cabe duda de que no siente absolutamente nada.

Ambas flores habían orientado sus tallos hacia una mesa, sobra la cual descansaba una pistola Bersa, calibre 9mm.

La pistola, haciendo caso omiso de las habladurías de las flores, estaba completamente absorta en las gotas que se deslizaban por la ventana. ¡Eran tan hermosas! Cada una, como si se tratara de algún tipo de organismo unicelular, vivía su existencia durante los pocos segundos que tardaba en atravesar el cristal. Luego moría y se unía a una entidad mucho mayor: el charco.

Entretanto, las flores continuaban cuchicheando:

—Tan rígida ella. Estoy segura de que no tiene ni por asomo algo parecido a un corazón. Jamás podrá apreciar la belleza como nosotras.

—Sí. Además es... metálica. Es fría por naturaleza. Y de tersura... ¡ni hablar!

La pistola, aunque escuchaba la conversación, continuaba sumergida en sus pensamientos:

«—Si ellas supieran...» —Pensaba— «A menudo siento que me hubiera gustado ser una flor. ¡Ellas tienen una existencia tan diferente! Simplemente se dejan admirar y permiten saborear su aroma. Todo el mundo las quiere, en cambio a mí... Prefieren tenerme lejos. ¿Por qué no pueden entender que bajo este manto metálico puede haber un ser que siente y sufre? ¿Es tan difícil pensar que puedo tener un alma como todos los demás?»

Apesadumbrada, la pistola continuaba viendo caer las gotas. Tal vez le hubiera gustado una existencia tan efímera como esa. Disfrutar del descenso a través del cristal, aprender a valorar la vida, que es tan corta, y tan intensa...

Pero debía aceptar la realidad. Se trataba de su naturaleza. Ella estaba hecha para eso. No tenía por qué sentir vergüenza...

El hombre había llegado esa tarde de lluvia, empapado, pero feliz porque traía un ramo de rosas para la chica. Grande fue su sorpresa al encontrarla con otro... Sin poder resistir la indignación, disparó contra ellos repetidas veces, y luego se fue, dejando la pistola sobre la mesa, y las flores al pie de la cama.

Algunas gotas del rojo elemento estaban comenzando a caer sobre las flores.

La pistola sonrió por lo bajo, viendo como las rosas se debatían por evitar el fluido carmesí.

«—¡Qué pena!» —pensó la pistola, mirando distraída hacia la chica—. «Sus hermosos ojos color de agua, rígidamente abiertos, y apagados por siempre, ya no podrán apreciar la belleza de la lluvia.»

Texto agregado el 24-08-2020, y leído por 68 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
24-08-2020 Este texto es de lo mejor que leí hasta ahora en este sitio. Me encanta cuando se le da protagonismo a los objetos y la naturaleza, haciéndolos hablar. Además dejas un profundo mensaje a los lectores. ¡No se puede pedir más! ¡Es realmente excelso!. Saludos cordiales. Mnemosine
24-08-2020 Es un relato increíble, jugaste con las apariencias, con esa cosa fácil que tenemos de juzgar lo que no entendemos o envidiamos. Las flores impolutas tienen un final aleccionador si sabemos mirarlo. Y el final de la historia es tremendo. Abrazo! MCavalieri
24-08-2020 Quien diría que un paisaje tan romántico acabaría de ese modo. En todo caso, pistola, disfruta la vista. Es posible que seas requisada y guardada en una caja como evidencia por un largo tiempo. Un abrazo Ignus, felicitaciones por tu cuento. sheisan
 
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