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Inicio / Cuenteros Locales / MCavalieri / La persistencia de tu memoria.

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Para Sheisan en su cumpleaños.



Cuando teníamos siete años armaste una mochila y te despediste de nosotros porque había muchas preguntas que el mundo debía contestar, eso dijiste. Nos besaste los dedos pegoteados de caramelo antes de irte mientras Damián te pedía que volvieras pronto. Al principio te buscábamos por la casa a pesar de que mamá decía que sí te habías ido: estábamos convencidos de que era uno de esos juegos tuyos que solías inventar para seguir viviendo. Te buscábamos dentro del ropero, entre las pelusas que se escondían debajo de las camas, detrás de todas las puertas y más tarde extendimos la zona hasta el patio, entre los arbustos, con una lupa Damián peinaba el césped de verano mientras decía que la textura le recordaba a tu maravillosa trenza rubia. En la copa de la morera que se poblaba de gorriones también te buscamos, más que nada en los nidos y en las hojas que nos llenaban la ropa y la cara de raspaduras. A los diez años empezamos a creer que de verdad te habías ido pero mamá no se animó a decirnos se los dije. Ya dejamos de buscarte por la casa: empezamos a mirar por las ventanas para ver si volvías, si el mundo ya te había dado todas las respuestas o si por ahí en una de esas te habías cansado de caminar. A los doce años Damián decidió olvidarte, se había cansado de gastarse las miradas a través de los vidrios en vez de ocuparlas en dibujos animados e historietas pero yo lo convencí de que esperáramos hasta los quince, que si no volvías para entonces íbamos a salir a encontrarte. De todos modos, a los catorce empezamos a sospechar que te había pasado algo: no creímos que el mundo tuviera tanta información para brindar. Cuando cumplimos quince le avisamos a mamá que saldríamos a buscarte y ella nos preparó una torta de limón, tu favorita, y nos dijo que nos abrigáramos mucho, que había algunos lugares donde hacía demasiado frío. Empezamos a preguntar por ahí si te habían visto, les preguntamos a los quiosqueros, a los diarieros, a las violeteras, a los lustradores de zapatos, a los buzones rojos como gritos, a las vaquitas de San Antonio, a los juegos de ajedrez, a las sendas peatonales. A los semáforos en verde también les preguntamos, a los barriletes, a las calesitas con los caballos quietos y despintados aunque ninguno te ubicaba, recorrimos calles y calles pero fue de gusto hasta que a Damián se le ocurrió que capaz habíamos estado preguntando mal, que el recuerdo tuyo que teníamos podría no ser el verdadero, que por ahí habías cambiado con los años. Entonces tratamos de imaginarte más que recordarte y a todo el que cruzamos le consultábamos por esa imagen que suponíamos tuya. Se nos complicó al principio. Hasta que pudimos armarte por completo no acertábamos a describir el peinado, el largo de tu pelo, el color de tu ropa, no nos poníamos de acuerdo con tu risa: Damián decía que sería una carcajada suave porque la había soñado así pero para mí tendrías más una sonrisa porque si no la habríamos escuchado en alguna parte. Después de mucho preguntar sin tener resultados empecé a preocuparme por el estado de la torta pero Damián aseguró que mientras no abriéramos el recipiente no iba a haber ningún peligro porque mamá lo había cerrado al vacío. Así seguimos de vereda en vereda, de camino en camino hasta que tuvimos tu retrato completo y una señora nos dijo que le pareció ver a alguien con ojos de agua dirigirse hacia el sur. A partir de ahí fue fácil seguirte la pista pero teníamos el inconveniente de que llegábamos a los sitios en los que habías estado dos o tres años tarde y empecé a tener miedo de que Damián se cansara y decidiera olvidarte para siempre o que ambos te olvidáramos sin poder evitarlo. Entonces Damián insistió en tomar los caminos más largos porque en los cortos había mucha gente que nos distraía con frecuencia y así pudimos empezar a achicar las distancias. Cuando estábamos a seis meses de encontrarte me torcí un tobillo y nos retrasamos un poco, Damián tuvo que cargarme a caballito para que no te nos alejaras demasiado. Anduvimos tanto mundo, tanto tiempo, que muchas veces dudamos de si íbamos a llegar a encontrarte, una vez estuvimos a punto de viajar al lado oscuro de la luna pero un señor en bicicleta nos dijo que te había visto regresar ni bien cruzaste la atmósfera así que seguimos por acá. Hicimos bien: hoy por fin te encontramos. Dimos vuelta en una última esquina y ahí estabas, frente a la cordillera, de espaldas a nosotros, entretenida con la nieve que caía sobre las agujas de los pinos.
Te estamos mirando ahora pero vos todavía no nos viste. Yo quiero correr a abrazarte pero Damián dice que no tuvimos en cuenta el impacto que te puede causar vernos así de sorpresa o a nosotros hablarte. Que por ahí con nuestra ansiedad hacemos algún desorden en el tiempo y cambiamos las cosas. Además no estamos seguros de si nos reconocerás o si ya nos habrás olvidado después de tanto camino, aunque nos gustaría saber si de todas las preguntas te habrán respondido aunque sea la mitad. Ya dejó de nevar pero Damián duda de si fue buena idea venir a buscarte, me dice bajito que por ahí mejor esperamos a que regreses, me pregunta también si no habremos forzado las cosas al venir pero yo le agarro la mano bien fuerte y empiezo a abrir el recipiente de la torta. Todavía duda un poco mientras le planta una vela en medio y busca un encendedor en el bolsillo.

Texto agregado el 26-08-2020, y leído por 227 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
30-09-2020 Muy buen relato, escrito con singular calidez y buen gusto. walker
28-08-2020 ¡Una preciosura tu relato! Desborda calidez por todos sus poros. Te felicito. Un beso, Carlos. carlitoscap
26-08-2020 Es un texto bellísimo, lleno de calidez. Un abrazo. Mnemosine
26-08-2020 ¡Qué belleza! Volvemos a los tiempos aquellos en los que se hacían estos homenajes tan bellos en el día del cumple. eRRe
26-08-2020 Me llegan tus letras, me remece el relato -tanto en forma como en fondo- pues lo has escrito con ese estilo único del que has sido dotada. Gracias, muchas gracias por tu amistad y afecto Melina querida y por este regalo precioso que me conmueve porque hoy sé de ti y tú sabes de mí. Un abrazo grande sheisan
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