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...Porque es largo, pero tenía ganas de publicarlo y... ¿Quién sabe?

Capítulo I
—Señor Smith, venga inmediatamente a mi oficina.
Walter Smith temblaba quedamente, cada vez que la potente voz de su jefe tronaba en el comunicador. El señor Mijail Gröniac, CEO de GeoTec, sabía ser un tipo muy irascible cuando sus requerimientos no eran cumplimentados como él quería. Era difícil trabajar para él, y mucho más, ser su asistente personal. Sin embargo, la paga era inigualable.
Walter golpeó a la puerta, y tras escuchar la voz de su jefe autorizándolo a entrar, ingresó a la oficina.
El señor Gröniac, se encontraba sentado frente a su escritorio, observando con detenimiento un trozo de queso Gruyère, que sostenía pinchado en un palillo. Era parte de su almuerzo. Un cheff le cocinaba todos los días, y una moza le llevaba la comida a su despacho. De esa manera, no necesitaba salir del edificio para comer. Esto tenía dos principales razones: La primera sin lugar a dudas era la seguridad. En ningún otro lugar podía estar tan custodiado como en el edificio de la compañía. La segunda razón tenía que ver con el tiempo: Cada minuto de la vida del jefe era valioso, y él no deseaba en lo más mínimo desperdiciar el tiempo.
El despacho estaba provisto de todo tipo de adelantos tecnológicos. Disponía de Virtuavisión, el sistema que reemplazó a la televisión 3D, Meganet, la red que evolucionó a partir de Internet y también computadora virtual con inteligencia artificial. Además, tenía todas las comodidades necesarias para poder permanecer en su trabajo durante mucho tiempo si fuera necesario, y de hecho lo hacía. Mijail Gröniac prácticamente vivía dentro de la compañía.
Sin preámbulos, el jefe inquirió:
—Señor Smith, ¿qué es lo que ve aquí? —Dijo, girando el trozo de queso sobre el palillo.
—Un trozo de queso, señor.
—Sí. Para la mayoría de los mortales es sólo queso con agujeros. Para mí es una gran oportunidad. Dígame, ¿cuánto tarda usted en llegar al edificio de la compañía todos los días?
—Treinta y cinco minutos, señor.
—y si usted viviera en China, por ejemplo, ¿Cuánto tardaría?
Walter hizo un rápido cálculo mental y respondió:
—Alrededor de 24 horas, en vuelo comercial.
—Y si yo le diera el medio de hacer el mismo viaje en menos de 40 minutos, ¿qué pensaría?
—Pensaría que Pekín es un bonito lugar para visitar en esta época. —Ese tipo de comentarios ponían de buen humor al jefe, y Walter lo sabía.
—¡Exacto! Incentivaríamos muchísimo el turismo, y eso reportaría una gran ganancia para nuestra empresa, la cual vamos a utilizar para llevar adelante mi proyecto, la idea más colosal de los últimos tiempos.
Y Gröniac siguió hablando como si expusiera frente a un imaginario auditorio:
La distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. ¿Para qué emprender largos viajes alrededor del mundo, cuando podríamos viajar a través de él?
Si la Tierra fuera similar a un queso gruyère, tendríamos la posibilidad de atravesarla por donde más nos convenga, y llegaríamos más rápido a todas partes.
Sólo tenemos que hacer algunas perforaciones, y luego crear el sistema de transporte más rápido y eficiente del mundo, al que he dado en llamar: El “GeoRail”.
Y continuó diciendo:
El mundo ya no es el mismo desde 2120, cuando esa enorme explosión alejó a la Luna de su órbita. Afortunadamente, existía GeoTec, para crear una tecnología capaz de controlar las mareas, y evitar el colapso que este acontecimiento astronómico hubiera significado para el mundo entero. Ahora, también seremos nosotros quienes traeremos una innovación planetaria a los habitantes de la Tierra. El GeoRail, será la solución a todos los problemas de transporte del mundo, permitiendo llegar a los lugares más lejanos del globo muchísimo más rápido. ¿Y sabe lo que eso significa señor Smith?
Gröniac no esperó la Walter y se respondió a sí mismo: “Dinero. Rapidez significa dinero”.
Entonces, de un mordisco acabó con el trozo de queso, y volvió a su tono habitual:
—Señor Smith: Vamos a realizar una perforación a través de la Tierra, comenzando en la fosa de las Marianas, así nos ahorraremos unos 10 kilómetros. Consiga a la mejor compañía del mundo para realizar este trabajo. Realice todos los trámites legales correspondientes. Compre a los abogados o a los gobiernos que haga falta. Comunique a los países cercanos al “túnel” que recibirán un incremento en su tasa de turismo, y que pretendemos cobrar regalías por eso. Consiga los inversores necesarios para comenzar la obra. ¡Adelante! No hay tiempo que perder ¡El tiempo es dinero!
Esa última frase, expresada con gran energía, sacudió todo el despacho. Una solitaria planta, en una maceta junto a la ventana, sacudió imperceptiblemente sus hojas.
En ese mismo instante, aproximadamente a 6000 kilómetros de ahí, pero hacia abajo, una niña gnomo despertó sobresaltada. Sus mayores le habían encomendado el cuidado de esa planta, el mantenimiento de su vitalidad. Si no fuera por la chica de limpieza que la regaba todos los días, se hubiera secado hace mucho.
No obstante, la planta mantenía un contacto que podríamos llamar “telepático”, con esa pequeña gnomo que despertó como si un rayo la hubiera atravesado.
La chiquilla, llamada Breena, salió corriendo en busca de su padre.
—¡Papá! —Dijo señalando hacia arriba, —¡Satanás atacará casa! ¡Dañará a Pachamama! —Desde que era pequeña, ella sólo hablaba utilizando la letra “a”. Esto comenzó a suceder luego de que Breena desapareciera durante un lapso de tres rotaciones del magma. Nunca nadie supo dónde estuvo, ni siquiera ella misma. La encontraron en el océano, sumergida en la fosa del Calamar Alan.
—A ver, mi niña, tranquila. Creo que otra vez estuviste leyendo esas novelas escritas en la superficie. O tal vez has estado soñando… Satanás no existe, aquí, en las entrañas de la Tierra no hay ningún infierno, ¿verdad? Ven aquí, te daré un abrazo.
Breena aceptó el abrazo de su padre, pero sus aterrados ojos indicaban que eso no la tranquilizaba. Ella sabía que la Tierra, y la ciudad subterránea de As-Katiira corrían peligro. ¿Pero cómo haría para que le crean?



Capítulo II

La celda tenía forma de burbuja, y era de un material translúcido, similar al plástico, pero mucho más resistente, que los humanos habían “inventado” a través del refinamiento del petróleo artificial. Se llamaba “Aluminio transparente”.
Para Breena, hubiera sido extremadamente sencillo salir de ahí. No existe cárcel que pueda retener a un gnomo, ya que ellos, como seres espirituales de tierra, pueden atravesar cualquier material como nosotros lo hacemos con el aire.
Sin embargo, la atmósfera negativa que existía fuera de la burbuja le impedía siquiera asomar la nariz. Era como si el exterior fuera infinitamente denso. Como moverse dentro de una lata de pegamento. Por ese motivo, prefirió quedarse en la celda. Además, estaba mejor desde que quitaron el agua. Cuando notaron que ella podía respirar el oxígeno, vaciaron la burbuja de todo rastro de agua, y luego la secaron con una agradable brisa tibia.
Se sentía atrapada. Sin embargo, había sido su culpa por descuidarse:
La jornada en que la planta le notificó mentalmente del peligro inminente para su ciudad, luego de que su padre regresara a su trabajo en la mina, ella se quedó sola en casa. El abrazo la había reconfortado, pero luego, al encontrarse sola, nuevamente los temores asaltaron a su frágil sensibilidad. Sentía mucho miedo por sus semejantes. Ella sabía que una gran calamidad se avecinaba.
Pasaron treinta y cinco rotaciones del magma. Aproximadamente el equivalente a dos meses como lo miden en la superficie. Breena estaba consternada por no poder hacer nada. Los gnomos mayores se encargaban de los grandes problemas de la comunidad, y de las cosas que pasaban con la Naturaleza, así como de la administración del oro y otros metales nobles. Pero ninguno de ellos había querido escucharla. Ella era una niña, y siempre los niños suelen inventar historias. “Está en su naturaleza”, decían los sabios.
Pero Breena no podía quedarse sin hacer nada. Su ímpetu era avasallador, y su mente nunca descansaba.
Pese a las advertencias que había recibido en otras ocasiones, decidió desobedecer a su padre, y utilizar su “habilidad especial”. Ella tenía la capacidad de mutar para convertirse en un elemental de otro origen, si fuera necesario. Y estaba convencida de que en este momento la necesidad de mutar era de una urgencia extrema, la única forma en que podía ayudar a los demás. Así que utilizó su capacidad para crear agallas que le permitieran respirar bajo el agua (ya lo había hecho otras veces, contra la voluntad de su padre), y con sigilo, se dirigió hacia la cima de la ciudad, desde donde se podía emerger hacia el mar, que cubría por completo aquel sector del planeta.
Ella no lo sabía, pero se encontraba exactamente debajo de un sitio llamado “Fosa de las Marianas”, el lugar más profundo de la Tierra.
Al salir, saludó a su amigo, el calamar gigante que custodia la fosa:
—¡Acá Calamar Alan! —dijo, haciéndole señas con los brazos.
—¿Cómo estás Breena? ¿Qué haces por aquí? ¿Otra vez te escapaste?
—Mañana habrá gran alarma, Alan. ¡Satanás arrasará la mar! Brààna(*) trabajará para parar la saña. ¡Haya calma, haya paz!
Buena suerte, Breena. —El calamar, con todo el tiempo del mundo por delante, ni se preocupaba por las pequeñeces que hacían los de la superficie. Él creía estar muy seguro en su fosa.
(*) Breena no es capaz de articular la vocal “e”, así que para decir su propio nombre utiliza la “à”, (con tilde inversa), cuya fonética en algunos idiomas de la superficie (como el italiano por ejemplo), indican una elevación del tono. Es decir, que no suena como una “e”, pero es lo más parecido que ella puede pronunciar.

[…]

—¿Estamos listos? ¿Ya llegaron todas las partes del tubo?
—Sí señor. Cuando usted indique comenzaremos el procedimiento.
Esta conversación tenía lugar a bordo del barco insignia de la pequeña flota que se había concentrado en Honolulu, Hawaii. Varios portaaviones estaban anclados en los alrededores, y cada uno de ellos llevaba sobre cubierta un gigantesco cilindro metálico de varios cientos de metros de diámetro.
Una escuadra de helicópteros de doble hélice sobrevolaba la zona, y cada uno llevaba un guinche preparado para enganchar las partes del “tubo”.
Entonces, Gröniac señaló hacia el frente con un dedo, y dijo: “Adelante”, para que cientos de operarios se pusieran en marcha inmediatamente.
Con gran pericia por parte de los pilotos, tres helicópteros engancharon el tramo de cilindro más cercano, y lo llevaron hacia el centro de la concentración de buques, donde había un claro en el mar.
A una señal de su coordinador, liberaron los tensores de acero, provocando que el cilindro de metal cayera al agua, sumergiéndose inmediatamente.
Metros y metros de cable de acero corrían hacia las profundidades.
En el buque insignia, una supercomputadora coordinaba los motores de los tensores, regulando la velocidad de cada helicóptero según complejos cálculos. De esta forma, controlaban el descenso, y mantenían la pieza en perfecta nivelación.
Cuando llegaron a los 10.971 metros, los tres cables se sacudieron al unísono. Habían hecho contacto con el fondo.
El trabajo consistía en hacer descender los diferentes tramos del túnel hasta el fondo del abismo. Las computadoras calculaban la posición exacta de los helicópteros, y la corregían en caso de ser necesario. Cada parte se ensamblaba automáticamente con la anterior, mediante un ingenioso sistema de enganche tipo “click”, similar al que utilizaban en el siglo XX los juguetes de encastrar ladrillos. El resultado final sería un larguísimo tubo de cientos de metros de diámetro.
[…]
Breena se encontraba junto a su amigo Alan, tratando de explicarle que llamaría a sus amigas, las ninfas y sirenas marinas, para que le ayuden a detener a “Satanás”.
En ese instante, un sacudimiento tremendo azotó el fondo marino. Alan y Breena no entendían lo que acontecía. Mucho polvo se había levantado del fondo. Algo brillante y metálico los rodeaba. Era como si de repente, un muro de varios metros de alto hubiera crecido a su alrededor, creando una muralla enorme.
En cuanto notó el peligro, automáticamente el calamar comenzó a emitir una gran cantidad de tinta. Luego, rápido como un rayo, se abalanzó hacia el extraño intruso que los rodeaba por todas partes.
En cuanto el gigantesco animal asomó medio cuerpo por encima de la metálica frontera, Breena tuvo una de las visiones más terribles y horrorosas de su vida: Así como ese cilindro de metal había aparecido de la nada, otro hizo exactamente lo mismo, pero fue a caer exactamente sobre el anterior, aumentando al doble el alto de las paredes que la rodeaban, y al mismo tiempo, seccionando limpiamente al calamar, cortando su cuerpo en dos mitades.
La niña, completamente asustada, se acurrucó junto a una roca, esperando lo peor. Cada pocos minutos, se escuchaba otro sacudimiento, mientras el cilindro metálico que la rodeaba crecía hacia arriba, más y más.
[…]
—¿Este es el último señor Smith?
—Sí señor. Ya lo están colocando.
Sobre el mar, se podía ver que el último cilindro metálico que los helicópteros habían colocado, había quedado sobresaliendo de la superficie.
Entonces, los operarios acercaron una manguera enorme a la boca del tubo que habían armado.
—Esa fue una idea mía, —alardeó Gröniac— Es una gran aspiradora, que quitará toda el agua del interior del túnel, dejando todo preparado para comenzar a cavar en el fondo de la fosa.
—Fue una idea genial, señor. —Acotó Walter, adulando a su jefe.
[…]
Cuando Breena se encontró cara a cara con la boca de la enorme manguera, pensó que era su fin. Iba a ser finalmente engullida por una serpiente artificial…
El miedo le hizo perder la conciencia, y no supo lo que le pasó. Cuando despertó, ya estaba en la celda transparente, aguardando un desconocido destino.
Una lágrima corrió por su mejilla al recordar a su amigo Alan… Y justo en ese momento lo vio. Frente a ella, la imagen viva de Satán se había hecho corpórea: Mijail Gröniac acababa de ingresar a la sala.



Capítulo III

—Así que… ¿Esta es la famosa “niña del mar”, que apareció en las primeras planas de todos los medios, tras ser milagrosamente encontrada con vida en nuestro sistema de aspiración?
—Sí señor. —Walter, con actitud serena, se preparaba para la tormenta. Sin embargo, esta vez, Gröniac reaccionó muy diferente, asombrando a todo el mundo.
—Bien. ¿Y ya pudieron averiguar qué cosa es? Tiene apariencia humanoide, pero definitivamente no es de nuestra especie.
—La gente del laboratorio está trabajando en eso. Ya le han tomado muestras de ADN. A simple vista, creemos que podría ser alguna especie de las profundidades que había permanecido en la incógnita hasta ahora. Tiene branquias, pero también es capaz de respirar nuestro aire. En principio, podemos decir que es un anfibio.
—¿Se comunica de alguna forma?
—No lo sabemos aún. Ha estado inconsciente hasta hace unos momentos.
Gröniac quedó unos momentos en silencio, al parecer estaba meditando, evaluando la situación.
—Muy bien. Quiero que salgan todos de aquí, excepto usted, señor Smith. Quiero observar a la criatura sin que haya interferencias del personal.
Walter se encargó de dar las órdenes correspondientes, y en pocos segundos la sala de observación quedó vacía. Sólo Gröniac, Smith y Breena se encontraban allí.
Mijail Gröniac entonces dio dos pasos hacia la niña, y acercando su rostro al cristal dijo:
—No me recuerdas, ¿verdad Briina? —Intencionalmente pronunció el nombre de la pequeña en forma equivocada y con mucha estridencia, casi con desprecio.
Breena estaba asustada. Que el mismísimo demonio se le acerque ya era bastante perturbador, pero la “familiaridad” que Gröniac esgrimía era absolutamente aterradora para la niña.
Walter estaba también sorprendido. No esperaba que su jefe reconociera de alguna forma a la criatura.
Siguió Gröniac:
—No. Seguramente no me recuerdas, no tienes idea de quién soy…
Entonces, impostó su voz para que suene mucho más grave, y con expresión adusta, dijo, como si estuviera revelando un gran secreto:
—“Soy tu padre…”
Inmediatamente comenzó a reír a carcajadas:
—¡Ja, ja, ja, ja! ¡Siempre había querido decir eso! “Soy tu padre… Luke”, ¡ja, ja, ja, ja! ¿Qué no viste Star Wars?
Breena estaba tan asustada que la risa de Gröniac la aterraba aún más.
—No. Afortunadamente no soy tu padre. Pero casi podría decir que soy el padre de quien eres, o de aquello en lo que te has convertido.
Y siguió Gröniac:
Hace 14 años, cuando sucedió el incidente en la Luna, esa explosión que la quitó de su órbita y provocó un desbarajuste astronómico, mi corporación se encontraba aún en pañales. Yo me dedicaba a la exploración submarina, y sabía más que nadie en el mundo acerca de las corrientes marinas, y de las mareas. En esa época, tuve una idea genial, que prácticamente salvó al mundo de la hecatombe. Varios conjuntos de electro-geo-imanes, que generaban gravedad artificial, estratégicamente ubicados en diferentes partes del planeta, lograron estabilizar el océano, y convertirme en el hombre más galardonado del mundo.
Y sucedió que mientras instalaba uno de mis dispositivos en una zona subterránea de muy difícil acceso, tuve el tino, o la extraña fortuna de encontrar a un ser diminuto, que en un principio tomé por un animal, pero luego, investigación mediante, descubrí que se trataba de un gnomo, femenino además. ¡Sí! ¡Eras tú!
Entonces hice lo único que un hombre honesto y de buenas intenciones haría: te tomé a mi cuidado y de mis científicos, hasta que pudiera dilucidar de dónde provenías, y lo más importante: ¿Cómo podría yo sacar provecho de ti?
La inspiración me llegó sola, como siempre sucede con los que fuimos elegidos por la providencia: Si eres un gnomo, y los gnomos existen, entonces también debía ser cierta la leyenda acerca de que ellos administran, trabajan y manejan cantidades exorbitantes de… ¡Oro!
Fue una operación complicada, pero finalmente mi grupo de cirujanos logró implantarte el chip que diseñé. Estuvimos probándolo durante semanas para asegurarnos de que no falle llegado el momento. Mi objetivo era recolectar la mayor cantidad posible de información acerca de lo que haces en tu día, y especialmente, a dónde te diriges. Mi idea era conseguir un mapa lo más detallado posible de los sitios donde se encuentran los mayores yacimientos de oro en la Tierra. Luego sólo era cuestión de ejercer la minería a gusto.
Sin embargo algo falló. Por alguna causa desconocida, desapareciste de los detectores de mis computadoras. No había forma de ubicarte. ¡Tanto tiempo y trabajo perdidos!
Pero la fortuna siempre favorece al más preparado y al más inteligente. Concebí la genial idea de crear este GeoRail, persiguiendo una forma rápida y eficaz para buscar el oro que tu pueblo oculta en las profundidades, y al mismo tiempo, sin dudas sería un buen negocio en sí mismo. Pero no contaba con tener la suerte de volver a encontrarte. Ahora todo será mucho más fácil.
Breena no pudo contenerse y estalló:
—¡Canalla! ¡Alacrán! ¡Charlatán! ¡Anda a cavar zanjas a la pampa, chanta!
—Ah sí… casi se me había olvidado. Para reducir el tamaño del chip, tuvimos que utilizar parte de tu corteza cerebral a fines de almacenar datos. Seguramente por eso es que “olvidaste” las otras vocales. Igualmente la “a” te queda simpática. —Gröniac dijo esto último casi con sorna, lo que enfureció aún más a Breena.
—¡Acaba la farsa! ¡Para la matanza! ¡Vas a fracasar!
—Eres tan simpática cuando hablas —rió Gröniac— Pero no puedes negar que la capacidad mutante que te dio el chip te ha sido de utilidad. De hecho, te encontramos en el agua, gracias a las branquias que mutaste en tu organismo.
—¡Para ya! Acabaras a Pachamama… —Clamó Breena con lágrimas en los ojos. Ella sabía que si se perdía el equilibrio que sus pares ejercían al administrar los metales nobles, sucedería un cataclismo que acabaría con la vida en el planeta. Sus padres se lo habían enseñado de pequeña. Era parte de la formación de todo gnomo, aprender sobre sus responsabilidades con la Madre Tierra.
Gröniac hizo caso omiso de los reclamos de Breena, y se dirigió a Walter:
—Señor Smith: Reúna al grupo de trabajo que inicio el proyecto “Bríína”. Consiga todo el equipo necesario para instalar aquí mismo un sistema de conexión neuronal. Hable con los medios, y diga de parte de la corporación GeoTec que nos haremos cargo del cuidado de nuestra “huésped”, hasta que consigamos devolverla, como corresponde, a su hábitat natural. Desmienta los rumores de que es una niña humana. Disponemos de algunos videos de cuando estuvo aquí anteriormente, donde se comporta casi como un animal. Seguramente le serán de mucha utilidad como prueba suficiente.
Además, necesito hablar con el director de nuestro departamento de desarrollo aeroespacial. Dígale que quiero tener preparado el prototipo acerca del cual le hablé hace unos días. Dígale que lo espero lo más rápido posible.
Luego disponga lo necesario para que nuestra amiga se alimente. Lo dejo a cargo de su seguridad e integridad. ¡Esta niña vale millones!
Y esto diciendo, Mijail Gröniac abandonó la sala, dirigiéndose a su despacho.
Walter se encaminaba hacia su propia oficina a cumplir los encargos de su jefe. Sin embargo, por primera vez en su vida estaba sintiendo algo que le causaba cierto escozor. No deseaba obedecer ciegamente como lo había hecho hasta ahora. Esa niña gnomo… Un sentimiento de ternura embargó su alma al pensar en ella. La cuidaría sí, pero no porque valiera millones, sino porque el corazón de Walter Smith, tan endurecido, ciego, frío y exacto como un reloj suizo, estaba siendo invadido por un sentimiento desconocido aún para él y del cual en el pasado se hubiera reído: la compasión.



Capítulo IV

El día en que Walter Smith aceptó trabajar a las órdenes de Mijail Gröniac, para todo tipo de servicio, no imaginaba que alguna vez le tocaría convertirse en la nana de una niña gnomo.
Breena no aceptaba ningún tipo de alimento. Walter temía por su salud, y no tenía forma de saber qué sería lo que comen los gnomos. Así que intentó llevarle todo tipo de cosas. Por prueba y error, esperaba dar con aquello que le proveyera los nutrientes necesarios para sobrevivir.
La niña pasaba largas horas quieta. Se sentaba en posición de loto, y parecía meditar. En ocasiones, Walter la encontraba en ese estado, y le acercaba una bandeja con alimentos con mucho cuidado, tratando de no molestarla.
Supo que ella intentó escapar un par de veces de la celda que Gröniac había diseñado. El jefe tenía muy claro cuáles eran las “capacidades especiales” de los gnomos, ya que los había estudiado en profundidad. No existía elemento sobre la Tierra que pudiera detener a un gnomo. Ellos pueden atravesar la materia de la misma forma en que nosotros surcamos el aire. Por eso es que el jefe de Walter había hecho traer un metal muy raro que había sido hallado en Mercurio, el Iridiranio, que combinado con otro metal de aquí (el aluminio) daba como resultado lo que él mismo dio en llamar “Gröniacdenio”. Esta nueva aleación, tenía propiedades desconocidas hasta el momento para otros metales. En principio, era totalmente translúcido, por lo que popularmente se conoce al Gröniacdenio como “Aluminio transparente”. Además era extremadamente liviano y muy resistente. Una capa de pocos milímetros podía soportar el choque de una locomotora sin deformarse en lo absoluto. No obstante, lo que más le interesaba a Gröniac en este caso, es que al tratarse de un material no perteneciente a este mundo, los gnomos no pueden atravesarlo.
La celda estaba construida en este material, y las paredes de todo el laboratorio estaban enchapadas también.
Por si esto fuera poco, el jefe había hecho instalar doble guardia en torno al laboratorio, y también frente al edificio, además de dos helicópteros que sobrevolaban la zona todo el tiempo, alertas a cualquier señal de alarma. Estos aparatos se turnaban para descender a cargar combustible y renovar pilotos. Definitivamente Gröniac no quería perder a Breena en esta oportunidad.
Desde la última vez que el jefe vio a la niña, las cosas alrededor de ésta habían cambiado enormemente. Se había montado un sistema completo de computación basado en neurotrits, a través del cual se podía “conectar” a las computadoras con cerebros humanos. Gröniac esperaba poder acceder al chip instalado en Breena, para de esa manera extraer la información almacenada allí acerca de las ubicaciones del oro subterráneo.
Los trabajos estaban casi finalizados. Quedaban algunas pruebas por realizar, antes de intentar conectar a la niña con la máquina. Al tratarse de una conexión neuroelectrónica, cualquier falla podía ocasionar la eliminación de los valiosos datos (así como de la memoria o la vida del sujeto), por lo que se debía trabajar con mucho cuidado, y esmerar las precauciones antes de realizar el primer experimento.
Mientras tanto, las excavaciones en Fosa de las Marianas iban en progreso. En un momento de excelsa inspiración, como él solía decir, Gröniac había encontrado la solución a las grandes cantidades de tierra que debían quitar. Si la hubieran apilado, la montaña superaría tres Everest con suma facilidad. Aunque en un principio se le ocurrió que esto último sería algo beneficioso, porque tal vez podría “alquilar” la montaña a escaladores adinerados; encontró una mejor solución: la tierra extraída sería trasladada a la órbita de la Tierra, con la intención de conformar el primer satélite “natural” creado por el hombre. Sólo debía contratar a un gobierno o compañía privada capaz de poner en órbita ese caudal de tierra. Luego ésta se concentraría por sí sola por efecto de las fuerzas gravitatorias.
De esta manera, la ausencia de la primera Luna, sería suplida por un satélite creado por la corporación GeoTec, quienes tendrían todos los derechos sobre él, con todo lo que eso significa en ganancias para la compañía, y poder para su creador. Además, volverían las mareas normales, todo el mundo sería feliz, y se lo deberían a Gröniac, nuevamente.
Esa tarde, Walter había cocinado. Después de casi veinte años, había vuelto a ejecutar la receta de sus archi-famosas “galletitas de Walter” (o “Walter´s cookies”, como las había bautizado en la intimidad de su hogar).
Se sintió profundamente emocionado cuando, estando en la cocina, muchos recuerdos de su pequeña hija volvieron a su mente. Walter había perdido a su familia durante el primer cataclismo post-lunar. Cuando la Luna fue quitada de la órbita por aquella explosión que los gobiernos nunca explicaron, muchas localidades costeras fueron arrasadas al enloquecer las mareas. Una ola de doscientos metros de alto había “limpiado” completamente la costa de Amalfi en Italia, donde su mujer y su hija habían viajado luego de muchos años de ahorrar el dinero, a fines de visitar y conocer a los abuelos maternos de Nina.
A Nina le encantaban las “Walter´s cookies”. Tal vez a Breena le gusten al menos un poco…
La configuración del menú diario de Breena, era siempre la misma: dos cubiertos plásticos, un plato de celofán blando, y una servilleta de papel. Todo dentro de una bandeja de cartón con el logo de la compañía. Walter se sentía estúpido llevando sus galletitas en ese plato, pero era el “protocolo”.
Como siempre, Breena se encontraba en posición de loto. Sus cortas piernas cruzadas, la espalda erguida y la mirada en el infinito. Pareció no percatarse de la presencia de Walter junto a ella. Él dejó la bandeja cerca de sus pies, y salió silenciosamente.
Cuando regresó, algunas horas después, encontró todo exactamente en la misma posición. O casi todo: Faltaba una galletita, algunas migajas de la desaparecida “Walter´s cookie”, todavía se encontraban en la barbilla de la niña, como silenciosa evidencia del “galleti-crimen”.
Una sonrisa imposible de contener y disimular apareció en los labios de Walter, mientras con suavidad retiraba la bandeja. Entonces se dio cuenta de otro detalle, también faltaba uno de los cubiertos: el cuchillo de plástico.
Se detuvo en seco, y miró a la niña. Ella tenía la mirada perdida en un punto indefinido del espacio. Volvió a mirar la bandeja, esperando haberse equivocado, pero no, el cuchillo no estaba ahí.
Cuando volvió su mirada hacia la pequeña, sus profundos y endurecidos ojos grises se encontraron frente a frente con los azul-verdoso de la niña gnomo.
Walter leyó muchas cosas en esa mirada. Había miedo, pero también desesperación y desamparo. Había fuerza, pero también una enorme impotencia.
Su hija Nina también había tenido los ojos azul-verdosos. Por un instante sintió en su corazón algo indescriptible. El mundo pareció desaparecer, y su pequeña estaba riendo con él, disfrutando una tarde de sol.
Una lágrima rodaba tímida por el pómulo derecho de Breena. Ella observaba a Walter con una muda súplica. En lo profundo de sus ojos Walter pudo vislumbrar apenas una porción del enorme temor que ella sentía, y entonces comenzó a sentir una incontenible compasión por aquella pobre chiquilla.
Tratando de mostrar una total indiferencia , ya que las cámaras de seguridad notarían cualquier cambio en su actitud, tomó la bandeja y se retiró silenciosamente como había venido. Afortunadamente él era el encargado de descartar los platos y cubiertos. Nadie notaría la ausencia.


Capítulo V
Xavier Newton era uno de los tipos más estrafalarios, despistados y geniales del mundo. A menudo olvidaba afeitarse, se ponía medias de colores distintos en cada pie, se colocaba el chaleco al revés, o tal vez se lo podía ver caminando por los pasillos llevando una libreta de notas, mientras murmuraba fórmulas ininteligibles para cualquier ser humano “normal”.
Walter lo estimaba mucho. Era lo más parecido a un amigo que había encontrado en la compañía. Era una persona con muy buen humor, y además siempre tenía algo interesante que contar. ¡Por algo era el jefe del departamento de astrofísica de GeoTec!
Gröniac había enviado a Walter a verlo personalmente, para retirar en mano un sobre con el informe sobre un proyecto ultrasecreto que el jefe personalmente le había encargado. Walter estaba intrigado con el contenido, pero era muy discreto. Jamás preguntaría a su amigo nada que pudiera comprometerlo. Además, no hacía falta: Xavier hablaba hasta por los codos cuando se encontraban:
—¡Hola Walter! ¿Qué te trae por acá?
—Vengo a buscar un sobre cerrado para el señor Gröniac. Él no confía en el correo interno de la compañía.
—Ah… sí. Creo que lo dejé por aquí… Déjame buscar.
Xavier estaba revolviendo aún más su desordenado escritorio.
—¡Aquí esta!
—Gracias amigo mío. ¿Cómo estás?
—¡De maravilla! Acabo de resolver un problema increíble, ¡y lo hice en tiempo record! El jefe necesitaba tener un prototipo terminado lo antes posible, ¿y en quién podía confiar para resolver el problema de la propulsión, sino en Xavier Newton?
—¿Un prototipo? —Indagó Walter sutilmente.
—¡Sí! —Los genios locos como Xavier siempre tienen la costumbre de hablar en exceso sobre sus descubrimientos— El jefe necesita una cápsula espacial autónoma, con capacidad para viajar a la órbita de la Tierra y volver, todo en un equipo modular que pueda ser trasladado fácilmente, y que pueda operar una sola persona. ¡Y aquí la tienes!
Xavier quitó un paño que cubría una pequeña cápsula totalmente transparente.
—¿Y cómo lograste algo tan extraordinario?
—Fabriqué la cápsula de aluminio transparente para que sea liviana, y pueda resistir la entrada a la atmósfera, pero lo más importante de todo está aquí —dijo mientras abría una pequeña compuerta a un lado del vehículo— Estos chicos de aquí son el corazón de esta nave.
Xavier señalaba dos pequeños cilindros.
—¿Qué son esos?
—Yo los llamo “Núcleos de plutonio compactado” o NPC. Básicamente son dos pilas de plutonio hipercomprimido, que en ese pequeño espacio de sólo cinco centímetros cada una, pueden almacenar la energía necesaria para mover los motores de la nave. Uno es para despegar, y el otro para frenar la nave durante el aterrizaje. Aún el Gröniacdenio se funde si entra demasiado rápido a la atmósfera. Además, son reemplazables y recargables. Se quitan accionando esta palanca.
—Amigo, eres verdaderamente genial. Te mereces algo mejor que trabajar aquí… —Walter siempre le decía eso.
—¡Ja ja ja! Gracias, pero ya sabes…
“¡Nada mejor que el lugar donde uno es feliz!”
Terminaron la frase al unísono, mientras se despedían con un abrazo.
[…]
Cuando Walter le entregó el sobre a Gröniac, éste lo dejó sobre una mesa, restándole importancia.
—Señor Smith, necesito que me acompañe. Hemos hecho grandes descubrimientos en nuestra excavación. Vamos a visitar a nuestra “huésped”. Creo que lo que descubrimos será de sumo interés para ella.
Ambos se dirigieron hacia el laboratorio, donde los científicos la tarde anterior habían terminado de instalar todos los equipos necesarios. Hoy era el día para comenzar a experimentar sobre la niña gnomo.
Al llegar, a través de los cristales vislumbraron que la habitación estaba a oscuras.
—¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué nadie está vigilando a la criatura?
Uno de los guardias de la puerta respondió temblorosamente:
—Los científicos nos dijeron que teníamos que dejarla dormir señor, para que su mente “se estabilice” o algo así… no entiendo mucho. Así que le apagamos la luz y la dejamos dormir toda la noche.
La patada que Gröniac le pegó a la puerta, fue suficiente para casi sacarla de las bisagras.
Cuando Walter encendió las luces, un panorama dantesco apareció ante sus ojos:
La celda de Breena se encontraba manchada de sangre en muchos sitios. El rojo elemento escurría por las paredes, mientras la niña, sentada en medio observaba a Gröniac fijamente.
—¡Abran la celda!
La cúpula se abrió en dos partes hacia los lados, dejando a la vista que Breena se había automutilado severamente. Walter alcanzó a ver cuando ella escondía el cuchillo de plástico a su espalda, y se preguntó por el suplicio que habría pasado tratando de cortarse con ese elemento, tan “inapropiado” si se quiere.
—¿Qué hiciste Bríína? —exclamó Gröniac, mientras se acercaba a ella totalmente anonadado.
La niña parecía masticar algo. Las heridas en su cabeza eran muy profundas, dejando ver el hueso en varios lugares.
Cuando el jefe se encontraba a sólo dos pasos de ella, repentinamente se puso de pie, y escupió a la cara de Gröniac, manchándola con sangre. Al mismo tiempo, de su boca salió un objeto duro que fue a dar contra el piso.
—Me llamo “Breena”, pedazo de bestia inhumana. ¡Ahí tienes tu chip! ¡Energúmeno sin corazón!
Eso era lo que Breena había estado masticando. Evidentemente ya no volvería a funcionar. Al quitárselo, milagrosamente ella recuperó su lenguaje normal, amén de sobrevivir, que ya era un milagro mayor.
Walter estaba conciente de que Gröniac hacía un enorme esfuerzo por no estallar.
El jefe, tranquilamente, y sin limpiarse la sangre del rostro, se acercó a uno de los monitores, y tocó algunas teclas. Inmediatamente un video apareció.
—Pensaba ahorrarte esto, pero creo que ahora lo mereces… —expresó con malicia en la voz.
En la imagen se podía ver claramente como una máquina perforaba la tierra. De repente, se formó un hueco, y la pared frente a la excavadora se derrumbó, dejando ver un sitio que Breena conocía muy bien. Era la ciudad de As-Katiira, su hogar.
Muchos gnomos que ella conocía aparecieron en imagen, asustados por las luces, y corriendo de un lado a otro, mientras un pelotón de hombres vestidos de negro, disparaba sobre ellos con armas de plasma. Muchos lograron esconderse entre la tierra, pero algunos fueron alcanzados. Entre ellos, alguien que Breena conocía muy bien:
—¡Papá! ¡Nooo!
Gröniac sonreía placenteramente, mientras observaba el terrible dolor que la niña estaba sufriendo. En ese mismo instante, Walter tomó una decisión: Haría todo lo posible por ayudar a Breena y hundir a su jefe. No quería seguir trabajando para una bestia salvaje como Gröniac. No obstante, esperaría la mejor oportunidad. No era conveniente revelarse. Aún.


Capítulo VI
Breena ya no observaba el monitor. Su rostro surcado por inmensas lágrimas era un espectáculo sobrecogedor.
Walter estaba muy conmovido. Sin embargo continuó observando el video tratando de no mostrar el más leve sentimiento frente a su jefe.
Luego de que los hombres de negro dispersaran a los gnomos el camarógrafo apagó el equipo. Cuando la imagen volvió, mostraba a varios mineros trabajando dentro de la ciudad subterránea. Estaban extrayendo el oro. Entonces Gröniac se dirigió a Walter:
—Señor Smith, he dado orden de que todo el oro extraído sea transportado a Luna “G”. (“G” por Gröniac). Así hizo llamar el jefe al satélite artificial creado con la tierra extraída del pozo que excavaron.
Y siguió Gröniac:
—Supervise que esa operación se realice siguiendo mis directivas. Voy a ausentarme por unos días. Necesito que me acompañe a mi despacho para firmar unos papeles.
Walter se preguntaba qué se traía su jefe entre manos, pero sospechaba que no era nada bueno. Lo positivo es que pensaba hacerlo parte, por lo que Walter tendría oportunidad de ayudar a Breena de alguna manera.
Una vez en el despacho, Gröniac dijo:
—Señor Smith, como le dije, debo ausentarme por unos días, pero necesito alguien de confianza para que administre las tareas que se seguirán realizando aquí, hasta que yo regrese. Usted es la persona indicada. Tenga en cuenta que confío plenamente en usted para que mantenga la compañía en pie durante mi ausencia.
—Puede confiar en mí, señor —mintió Walter, tratando de seguirle la corriente y averiguar de qué se trataba el asunto.
—Muy bien, no esperaba menos de su fidelidad. Por favor, firme estos papeles. Se trata de un poder que le otorgo para administrar la compañía temporalmente, ya que tendrá que impartir órdenes de forma que todo se realice como está previsto. En este momento lo estoy convirtiendo en mi vice-presidente.
Así que Walter firmó los documentos, preguntándose qué sucedería a continuación.
El señor Gröniac nunca abandonaba la compañía. Todo lo que necesitaba estaba en el interior del edificio, por eso es que el guardia de seguridad se sorprendió tanto al verlo salir. El nombre del guardia era Phillipe, un inmigrante francés, a quien Walter había ayudado a entrar a la empresa.
Enseguida se comunicó con su amigo:
—¿Walter? Tienes que saber esto, es inaudito. ¡El señor Gröniac acaba de salir!
—Gracias Philipe. Ya lo sabía. No te preocupes.
Era la señal que Walter esperaba para ponerse en marcha. Lo primero que hizo fue buscar en el servidor de la compañía las imágenes que continuaban al video que había visualizado en la celda de Breena.
Lo que vio lo dejó pasmado. Cuando los trabajadores retiraban el oro, decenas de gnomos los perseguían suplicándoles que no lo hagan. Entonces aparecían nuevamente los comandos de negro para dispersarlos a fuerza de fuego. ¿Por qué arriesgaban así su vida?. Sólo había alguien a quien preguntarle.
Cuando Breena lo vió, instintivamente corrió a sus brazos. Ella sentía que Walter era la única persona que podría protegerla.
Una vez que él logró calmarla un poco, le dijo que le ayudaría, y sin perder más tiempo, le hizo la pregunta que urgía:
—Breena,los hombres de Gröniac están extrayendo el oro de tu ciudad. Tus amigos hacen lo imposible por impedirlo. ¿Me puedes decir por qué?
—¡Oh no! ¡No pueden quitarlo! La Tierra está bajo un delicado equilibrio que debe mantenerse. El Oro es el metal noble con más peso en la cadena de elementos puros. Si lo quitan, y no nos permiten administrarlo como es debido, sucederá un terrible desequilibrio que puede provocar catástrofes y cataclismos sin precedentes.
—Están transportando el oro al satélite artificial… —pensó Walter en voz alta. E inmediatamente se dio cuenta de lo que su jefe planeaba.
—¡Claro! —exclamó— Gröniac planea llevar todo el oro al satélite, él permanecerá en órbita en la cápsula creada por Xavier, mientras aquí todo se derrumba. Luego, cuando él regrese, el mundo será un desastre, y él será el hombre más rico y lleno de oro. ¡Planea convertirse en una suerte de emperador mundial!
—Tenemos que detenerlo —clamó Breena.— No podemos permitir que concrete ese plan.
—Y lo haremos. Tengo que hablar con Xavier urgentemente.


Capítulo VII
La nave había despegado sin inconvenientes. Poco a poco se alejaba de la Tierra, en busca de su órbita, donde permanecería estacionada durante tres días. Tiempo más que suficiente para que termine lo que sea que vaya a suceder. Desde allí el jefe sería espectador de primera línea.
Los años que Gröniac pasó estudiando a los gnomos y su trabajo estaban rindiendo frutos. No solamente había obtenido todo el oro subterráneo. Además se había enterado de que los gnomos mantenían un delicado equilibrio en la Naturaleza. Él sabía que al extraer el oro produciría un tremendo desbarajuste, pero había calculado las consecuencias utilizando las supercomputadoras de su empresa. Si bien morirían millones, la mayoría del mundo quedaría en pie. Sin embargo, las pérdidas serían millonarias, y un hombre que pueda manejar semejante cantidad de oro, sería considerablemente poderoso. Su voluntad se convertiría en ley.
La nave se desplazaba silenciosamente sobre el continente asiático. Fue entonces que comenzó. Desde su posición de espectador privilegiado, pudo ver en directo cómo una enorme brecha se abría sobre el océano Pacífico. El agua entraba a raudales en la gigantesca grieta, al tiempo que salía muchísimo vapor de agua. El agua del océano se evaporaba instantáneamente al encontrarse de lleno con el magma.
Al mismo tiempo, una gran ola se estaba formando. La misma atravesó rápidamente todo el océano, para ir a dar contra las costas de América del sur. Gröniac pudo ver completamente pasmado y con un asombro que rayaba los límites de su conciencia, como medio continente se perdía bajo las aguas.
Un “trozo”, por decirlo de alguna forma, del continente Africano, se estaba desplazando hacia el sur, convirtiéndose en una gran isla. Enseguida Gröniac supo que en el futuro querría vivir allí: “Gröniac’s Island”, pensó con una sonrisa en su rostro.
Afortunadamente América del Norte apenas sufrió algunos terremotos, y muy pocos cambios morfológicos. Al llegar la noche sobre esa parte del mundo, pudo apreciar que todo el continente estaba absolutamente a oscuras. El apagón era previsible. Sin embargo, él sabía que el edificio de la compañía no sufriría daños severos. Por un lado, había mandando construir la estructura interna en acero fundido, en un solo bloque. De esta manera, era virtualmente indestructible. Por el otro, los terramotores que incorporó en su base, así como los giróscopos autónomos, mantendrían el edificio en forma horizontal, ante cualquier terremoto o similar. Parecería flotar como un enorme barco. Sería su propia y personal ”Arca de Gröniac”, donde él regresaría como capitán indiscutido. Las usinas propias se encargarían de suministrar la energía necesaria para mantener en funcionamiento todo, incluido el sistema de guía que lo traería de regreso. La nave aterrizaría como una pluma sobre la terraza del edificio. Luego él se pondría al mando de los sobrevivientes de la compañía, y entablaría contacto con los líderes mundiales que hayan quedado con vida, para plantear su “nuevo orden”.
¡Ah! Olvidaba que debía también mandar a asesinar al señor Smith. Sólo él podía haber quitado esa pila de plutonio de la nave. Sin dudas formaría parte de la primera tanda de fusilados por oponerse al nuevo régimen. Afortunadamente Gröniac había previsto esta eventualidad, y llevaba otra pila de repuesto en su bolsillo. ¡Inevitablemente se hubiera calcinado en la atmósfera!
Pocas horas antes…
—Hola, ¿Xavier?, habla Walter.
—¿Qué tal querido amigo?
—Xavier, escucha. Necesito tu ayuda. Dime, ¿Ya entregaste el prototipo a Gröniac?
—Aún no. Pero voy en camino. Estoy en un camión de transporte rumbo al punto de lanzamiento.
—Bien. Necesito que le quites la batería de regreso. Es cuestión de vida o muerte. El jefe se volvió loco. Va a acabar con la vida en la Tierra. Créeme, es cierto.
—De acuerdo. Es algo difícil de asimilar, ¿la vida en la Tierra?. Pero está bien. Confío plenamente en ti.
—Gracias amigo. Luego de que entregues la nave a Gröniac, por favor encuéntrame aquí en el edificio de la compañía. Es el único lugar donde estaremos seguros.
—Está bien. Adiós. —Por primera vez en mucho tiempo, Xavier sonaba preocupado.
Luego de hablar con su amigo, Walter comenzó a ver los informes por virtuavisión acerca de los cataclismos que estaban sucediendo en el mundo. Se dio cuenta de que no tenía mucho tiempo. Corrió a buscar a Breena, quien todavía se encontraba en la habitación de la celda. No había querido salir de ahí.
—¡Vamos Breena! Muy pronto habrá terremotos y no sé qué otras calamidades. Ven conmigo y trataré de salvarnos.
Tomó a la pequeña de la mano, y por un instante tuvo la sensación de que tenía la mano de su propia hija… Pero no tenía tiempo ahora para eso. ¡Había que correr!
En uno de los pasillos se encontró con Xavier, quien lo miraba con cara de desconcierto.
—¿Qué está pasando Walter?
Sin dejar de correr, Walter informó a su amigo:
—Gröniac extrajo todo el oro de la ciudad subterránea de Breena. Esto provocó un desequilibrio, que será catastrófico para el mundo.
—¡Caramba! El suelo está comenzando a temblar. ¿Dónde vamos ahora?
—A la terraza del edificio —señaló Walter— Vamos allí porque será el lugar más estable. ¿Breena? ¿Dónde vas?
La pequeña gnomo se había soltado de su mano y estaba corriendo por uno de los pasillos, pero en otra dirección:
—¡Debo ir por mi planta! ¡Es mi responsabilidad cuidar de ella!
Walter no entendía a qué planta se refería, hasta que la vio salir del despacho de Gröniac con una maceta en la mano. Recordaba haber visto esa planta en una de las ventanas. Se maravilló de que Breena le diera tanta importancia a esa forma de vida, más allá de la propia, y se preguntó por qué no existían más humanos que sigan ese ejemplo.
—Muy bien. ¡Vamos! —Dijo, tomando la mano de Breena y seguido por Xavier.
Corrieron por las escaleras, buscando llegar a la terraza del edificio. En el camino veían como las cosas se caían por efecto del temblor. Walter podía sentir también las vibraciones de los terramotores que nivelaban el edificio constantemente. La sensación era similar a correr sobre un barco de cemento que nadaba en gelatina.
Otras personas salían corriendo hacia la calle. Pero no era lo más acertado. Cientos de grietas aparecían por doquier, y literalmente tragaban a los desprevenidos.
—¡Vaya! —exclamó Xavier en un momento— ¡Eso es una Dionaea Muscipula!
Walter se detuvo un momento, atónito por lo que Xavier había dicho. Al ver la cara de su amigo, Xavier explicó:
—Es el nombre científico de la planta de tu amiga. También se la conoce como “atrapamoscas”. Se trata de una planta carnívora. Este Gröniac sí que tenía estilo. ¡No creo que haya otra planta que vaya mejor con su personalidad!
El sentido del humor de Xavier no se aplacaba ni ante una catástrofe como esa, así como su espíritu científico. Walter agradeció internamente al destino el poder contar con su amigo.
Llegando a la terraza, Walter tuvo que cargar a Breena. La pequeña estaba muy debilitada por las heridas que se había auto-infligido, cuando trataba de quitarse el chip de la cabeza. Ella nunca soltó su planta.
En la terraza se encontraron también con Phillipe.
—¡Amigos! ¡Qué gusto verlos! No creí que alguien más viniera aquí arriba. Es un desastre allá abajo. Todo el mundo trata de salir, pero afuera es peor que adentro.
Entonces Walter explicó la situación a sus amigos:
—Conociendo a Gröniac como lo conozco, él regresará aquí, porque sabe que este edificio es el único seguro. Él lo mandó construir así. Además aquí tiene empleados que seguirán sus órdenes, a pesar del caos que se avecina, porque ellos necesitarán de su guía.
Miró a Xavier y le preguntó: “¿La tienes?”
El muchacho extrajo de su bolsillo una pila de plutonio condensado que había extraído de la nave de Gröniac, y la enseñó con satisfacción.
Siguió Walter:
— Sin esa batería, la nave de Gröniac no podrá frenar en la atmósfera, por lo que veremos algunos fuegos artificiales cuando intente regresar.
Lo que él no sabía, es que el jefe había descubierto el pequeño plan, y tenía su batería de repuesto, como vimos más arriba…


Capítulo VIII
Fueron tres días de miedo y total desolación. El mundo fue transformado severamente. Desde entonces, los planisferios quedaron desactualizados, la geografía sería obsoleta, y los exploradores tendrían mucho trabajo.
Los gnomos que habían sobrevivido al asalto de los hombres de Gröniac, trabajaron sin descanso tratando de equilibrar las cosas para que Madre Tierra se apacigüe. Era difícil, pero hicieron su mejor esfuerzo.
En la terraza de GeoTec, Walter, Xavier, Breena y Phillipe, tenían el extraño privilegio de estar en la cubierta del arca que sobrevivió a la hecatombe. Nada alrededor había quedado en pie.
Al amanecer del tercer día, cuando los temblores cesaron, y se escuchaba el impactante sonido del silencio, se dieron cuenta de que por fin había terminado. El silencio entonces fue roto por los gritos de los sobrevivientes. Algunos aullaban de miedo, otros de felicidad. La calma de la Tierra, el final de su ira, recordó a muchos seres humanos lo pequeños que son en el universo, y cómo sus voces no pueden escucharse cuando la Madre habla. Muchos gritaban sólo para desahogar ese sentimiento.
Walter se tomó unos minutos para bajar al despacho de Gröniac. Desde allí podría intentar comunicar con otros centros de control de la compañía, suponiendo que también hayan sobrevivido y sus edificios estuvieran en pie, y además podría recibir noticias del mundo a través de las cadenas de virtuavisión y meganet.
Los monitores permanecían en blanco. No había noticias de ningún tipo. O todo el mundo había colapsado, o simplemente no disponían de energía eléctrica que les permitiera transmitir nada. Walter deseaba que fuera lo último.
Finalmente regresó a la terraza. Su cara larga fue suficiente para dar noticia a sus compañeros de que los resultados de sus investigaciones habían sido nulos.
Sin embargo, aún quedaba Gröniac… Supuestamente esta sería la fecha de su regreso, pero al haber quitado Xavier la batería de la cápsula, su nave se quemaría en la atmósfera. Como él planeaba regresar directamente al edificio, era muy posible que ellos pudieran ver en el cielo el momento exacto en que ese ser despreciable se asara vivo.
Todos observaban el cielo con expectación. No parecía importarles tanto todo lo demás... Era indignante que Gröniac, el causante de ese tremendo desastre, se hubiera salvado del terror, la angustia y el sufrimiento de los últimos tres días. Era injusto.
Breena estaba cada vez más débil, y a Walter le preocupaba mucho. Además no sabía cómo curarla. Sus heridas eran profundas, y milagrosamente había sobrevivido.
De pronto, vieron una luz blanca y pequeña que se desplazaba en el cielo, y supieron inmediatamente que se trataba de aquello que les quitaría la angustia, y les daría esperanza para poder reconstruir el mundo, luego de que esa luz blanca que representaba al individuo más oscuro del mundo, finalmente se extinga.
La vieron evolucionar a través del cielo, y contuvieron la respiración. En cualquier momento tenían que observar una estela detrás de ella. Sería el momento en que ingrese a la atmósfera, y al no poder frenar, el calor provocado por el rozamiento del aire provocaría la fusión de la misma.
Sin embargo, nada pasaba. La luz blanca seguía desplazándose inmutable. Entonces fue que la radio colgada de la cintura de Phillipe comenzó a hablar:
—¿Sorprendidos, verdad? Malditos traidores. Esperaban que me cocine en mi viaje de vuelta. Señor Smith, no puedo creerlo de usted. Afortunadamente tuve la precaución de tomar una pila de repuesto, sino ustedes se hubieran salido con la suya. Recuérdeme que lo despida, luego de que acabe con usted, por supuesto.
El mundo de Walter, así como el de los demás, se fue al suelo de repente. Ningún cataclismo era peor que lo que acababa de pasar. Gröniac había sobrevivido, y eso significaba tremendas penurias para todo el mundo. Seguramente él lograría su sueño de convertirse en una suerte de emperador. Tenía los contactos necesarios, y contaba con algo invaluable: era el poseedor de una cantidad de oro impresionante, ubicado en una luna que le pertenecía por entero.
Todos se desanimaron luego del mensaje de Gröniac. Phillipe lamentaba no disponer de un arma, ya que su trabajo no la requería, él sólo saludaba a quienes entraban y salían. Su autoridad era simbólica. Sólo era un muñequito más, en la casa de juguetes de GeoTec.
La maceta con la planta, que hasta ese momento Breena no había soltado ni un instante, resbaló de sus manitas y se estrelló en el suelo, partiéndose en varios pedazos. La planta quedó erguida, sobre un montón de tierra que la maceta había contenido.
Entonces, antes de que nadie pudiera reaccionar, Breena tomó uno de los trozos de la maceta de cerámica, y de un solo tajo cortó uno de sus antebrazos. Abundante sangre comenzó a salir por la herida, cayendo sobre la planta.
—¡Breena! ¿Qué estás haciendo?
El grito de Walter llegó demasiado tarde. Ella ya estaba derramando su fluido vital.
Entonces sucedió algo extraordinario.
Las raíces de la planta comenzaron a crecer desmesuradamente. En pocos segundos se convirtieron en gruesos troncos que abrazaban todo el edificio, al tiempo que las ramas y hojas se extendían increíblemente hacia el cielo.
Xavier, sorprendido como los demás alcanzó a articular:
—Entonces era cierto… Dicen que la sangre de gnomo posee propiedades increíbles, como la de revitalizar las plantas. Ellos son seres de Tierra, y como tales, su cuerpo está compuesto de las esencia del planeta. Creí que era una leyenda…
La planta estaba creciendo en forma impresionante, y al llegar aproximadamente a los veinte metros de altura, comenzó a florecer, y a abrir sus hojas al Sol.
En ese instante, la nave de Gröniac estaba pasando sobre el edificio.
La planta, que se movía muy rápidamente, abrió una de sus hojas, y como si se tratara de una mosca más, atrapó la nave al vuelo, cerrando rápidamente la trampa.
—¡Asombroso! —exclamó Xavier. —Me pregunto cuánto tiempo demorarán las enzimas de la planta en digerir la nave junto con su contenido.
Los demás estaban con la boca abierta por lo que había sucedido. Entonces Walter, volviendo en sí, sujeto a Breena, poco antes de que ella cayera al suelo, rendida por la falta de sangre.



Capítulo IX - Epílogo.

La quietud del despacho era un bálsamo para la conciencia.
Sobre el escritorio, un plato conteniendo el almuerzo de hoy, esperaba por el Jefe.
Su impecable traje negro le sentaba a la perfección. Todos los detalles habían sido tenidos en cuenta.
Faltaba poco para la reunión con la Embajadora, y sólo tenía tiempo para almorzar algo en su despacho. De todas formas estaba acostumbrado. Tenía mucho trabajo a diario, y apenas tiempo para salir de la compañía.
Walter Smith, nuevo CEO de GeoTec, tomaría su almuerzo en breves instantes. Aquellos papeles que su antiguo jefe le había hecho firmar, lo habían convertido en el vicepresidente en ejercicio. Al desaparecer Gröniac , la dirección de la empresa pasó automáticamente a sus manos. No obstante, Walter realizó una consulta entre los empleados antes de tomar el mando. Todos lo eligieron por unanimidad para continuar en el puesto.
Mientras almorzaba, encendió la virtuavisión, y se dispuso a tomar conocimiento de las últimas noticias del mundo:
En Sudamérica, los trabajos de recuperación del terreno, luego del más titánico de los esfuerzos por reflotar el continente, estaban por fin progresando. Ya se podían ver los primeros brotes de lo que sería nuevamente el “granero del mundo”.
Nueva Sudáfrica, la isla que el movimiento de tierra había formado, ya estaba recibiendo a sus primeros colonos. Todo debía reconstruirse. Había mucho por hacer allí, y no faltaban manos voluntariosas. Además, miles de personas habían sido contratadas como constructores. En todo el mundo sucedía algo similar.
“La grieta” como se dio en llamar al lugar del océano pacífico donde la Tierra se había abierto, estaba por fin estabilizándose, gracias a los trabajos de GeoTec para restaurar las corrientes marinas y cerrar el escape de magma. Además se realizaban “cultivos” de animales marinos para repoblar el océano. Muchas especies quedaron amenazadas luego de tal catástrofe. Afortunadamente la mayoría pudieron ser salvadas.
Miles de mineros ya trabajaban en “Luna 2” (el nombre pareció más apropiado), para recuperar las toneladas de oro que debían regresar al planeta. Al mismo tiempo, se había establecido una base permanente en el satélite. No sólo para suministrar todo lo que necesitan los trabajadores allá, sino que también se aprovecha la situación en la órbita de la Tierra para efectuar experimentos científicos.
Una comisión de gnomos de As-Katiira supervisaba todas las operaciones. Las relaciones con los gnomos eran frecuentes desde lo de Breena… Walter sentía cómo su corazón se partía en dos al recordar aquellos momentos críticos, cuando ella había sacrificado su sangre para salvarlos a todos.
Sobre una de las ventanas del despacho, una maceta conteniendo una pequeña planta sacudió apenas sus hojas.
Diez días después de que la “atrapamoscas” hubiera capturado a Gröniac y su nave, la planta había abierto sus hojas, dejando caer la cápsula al suelo. En su puerta entreabierta, asomaba un esqueleto. Seguramente había intentado abrir la cápsula una vez que se vio encerrado, y la planta, estrechando aún más su abrazo mortal, terminó por digerir completamente el cuerpo del desgraciado. Sin dudas una muerte lenta y posiblemente muy merecida. Era casi justicia poética el hecho de que quien acabara con la vida del más poderoso tirano, haya sido una simple planta, con la ayuda de la más pequeña de las niñas. La Naturaleza es muy poderosa, aunque su quietud y armonía induzcan a pensar lo contrario.
Pocos días después de soltar la cápsula, la planta comenzó a perder tamaño. Walter creyó que se secaría, pero no. Finalmente volvió a su tamaño habitual, y pudo regresar a una maceta. Jamás olvidaba regarla, porque le recordaba a la querida Breena.
Walter encendió un pequeño equipo de música que poseía bajo su escritorio. Había hecho algunos cambios desde que reemplazó a Gröniac, uno de ellos fue la música. No soportaba trabajar en absoluto silencio. Le parecía tétrico.
Los primeros acordes de “La Petite Fille de la Mer”, de Vangelis invadieron la estancia.
—“La pequeña niña del mar…” —Tradujo en voz alta, recordando que la primera vez que vio a Breena fue justamente en el océano, cuando él mismo la rescató del sistema de aspiración marino.
Suspiró ante estos recuerdos, mientras terminaba su almuerzo. Entonces sacudió un poco las migajas que cayeron sobre sus pantalones. Le daría vergüenza presentarse ante la Embajadora de As-Katiira con restos de almuerzo en su vestimenta.
Unos golpes rápidos y nerviosos sonaron en su puerta, e inmediatamente un tornado pareció arrasarlo todo. Era Xavier, que llegaba tarde a la reunión, y con infinidad de palabras estaba llenando el ambiente mientras atropelladamente lograba sentarse en una de las sillas. Unos segundos después la calma volvió, cuando la secretaria anunció la llegada de la Embajadora.
La puerta se abrió nuevamente, y en el despacho de Walter ingresó la persona que él había estado esperando.
Ella, apenas cruzó la puerta, comenzó a correr, y pocos segundos después ambos se estrechaban en un interminable abrazo.
—¡Breena! ¡Te ves muy distinguida con tu traje de Embajadora!
Ella rió con ganas.
—Tú te ves totalmente… acartonado en ese traje negro. ¡Pareces un pingüino! —Rió.
Cientos de imágenes pasaron rápidamente por la imaginación de Walter. Desde cuando él la tomó en sus brazos, aquel día en la terraza de GeoTec, cuando ella se desmayó luego de derramar su sangre. Luego, cuando en medio de la desesperación por salvarle la vida, y sintiéndose totalmente impotente, aquellos tres gnomos aparecieron de la nada, para tomar el cuerpo de Breena y llevárselo sin más… Recordó cómo movió cielo y tierra, para intentar saber algo de ella, para saber si estaba bien, si habían podido salvarla.
Aprendió aquella vez que lo único que puede darle vida a un gnomo, es la Madre Tierra. Los congéneres de Breena lo sabían, por eso la habían sepultado bajo tierra. Sin embargo, él la había llorado mucho, pensando lo peor.
Sacudió su cabeza, tratando de volver a la realidad, pero no era sencillo. Aquel día, cuando corrían por sus vidas, y él había tomado la mano de Breena, por un instante había sentido que nuevamente tenía a su lado a su hija perdida. Pero en ese momento no tenía tiempo de pensar en ello.
—“Tal vez ahora sí tengo tiempo…” —Pensó Walter, mientras Breena, esgrimiendo la más hermosa de las sonrisas, volvía a acaparar su corazón.

FIN

PD: Después de subirlo, vi que tiene muchos "mente"... BUeno, eso quedará hasta que le haga la corrección pertinente.

Texto agregado el 29-08-2020, y leído por 153 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
17-09-2020 Gröniac, que personaje el jefe meno mal que Walter la va a ayudar tiene buen corazón, te sigo un poco lerda pero segura.***** Abrazo Lagunita
08-09-2020 Sus lágrimas dieron de lleno en Walter y siento la presión (III) , te sigo.****** Abrazo Lagunita
01-09-2020 Hola amigo, te leo y me complace tu cuento lleno de belleza, gnomo la niña sabe todo aquello que sus padres le enseñaron, no se dejara engañar por este busca fortuna, además alguien se compadece de ella, te sigo.***** Abrazo Lagunita
31-08-2020 Este segundo capítulo me lleva por un sendero de emociones, los gnomo son para mi, parte de la literatura grande, te sigo. Abrazo Lagunita
30-08-2020 No te preocupes, ign. Esta vez solo fueron 119 adverbios terminados en "mente", muchos de ellos repetidos. En revisión (digo, si le hicieran una corrección de estilo) le quitarían al menos 118, solo esos. eRRe
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