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Inicio / Cuenteros Locales / Yvette27 / Da Capo (cuento a cuatro manos

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A Marcelo Arrizabalaga,Byvette27,C carlitoscaerp,D justine


A )Marcelo Arrizabalaga.....
No tener recuerdos es algo que asusta, por eso, al verme sentado frente a aquel hombre, experimenté el mayor temor de mi vida.
Su sonrisa no lograba tranquilizarme, tampoco sus ademanes bondadosos. Había demasiada perfección en ciertos detalles y la luz que lo seguía era bastante teatral. Su traje blanco armonizaba con el ambiente donde los colores pastel y la suave melodía creaban una atmósfera artificial.
Me ofreció un vaso de agua y preguntó cómo me encontraba. No pude articular palabra. Sentía un vacío inexplicable, una inquietud desconocida hasta ese instante.
Finalmente pregunté: __¿Dónde estoy?
__Tranquilo -respondió -estás en casa, todo está bien.

B) Yvette27

Dicho esto se fue, es decir, se esfumó, desapareció de mi campo visual, tal como había llegado. Pero ¿dónde estaba? El miedo que había experimentado anteriormente se convirtió en pánico. Sentí mis manos y piernas húmedas y heladas. El ambiente se impregnó de un extraño olor. Una mujer envuelta en un halo violáceo entró en el cuarto, la música que antes era melódica se convirtió en un obsesivo ritmo de tambores. Yo permanecía sentado frente a la mesa. Ella me mostró un cuadrante en el que zigzagueaba un gráfico azul.
__Hoy hace veinte años terrestres que entraste aquí, allí están en el 2040-dijo y agregó- tu clon salió perfecto.

Si antes estaba aterrado ahora creí que enloquecería. Ella parecía ser una enfermera, solo pude decirle tiritando:“me muero de frío”.
_Ya se te pasará, es normal que un día después del deshielo tengas esa sensación. No puedo perder tiempo, el CONTROL me buscará -su voz se entrecortaba al hablar- yo también fui terrestre, ahora tengo que salir de aquí, algo no funciona en mi sistema y ya se dieron cuenta, tengo recuerdos y emociones, me van a destruir como a ti. Ya no les sirves, obtuvieron lo que querían.
Abrió un ropero y lo que vi me dejó de estuco. Allí dentro había un muñeco idéntico a mí.
_Podremos escapar con la ayuda del clon-dijo ella-él sabe cómo conducir la cabina espacial y obedecerá a tus órdenes,pero cuando lleguemos a tierra tendremos que destruirlo,después te daré una inyección para que recuperes la memoria.
_Dáme enseguida la inyección.
_No es posible, el robot solo puede obedecerte mientras no tengas recuerdos.

C-carlitoscarp
-Explícame por qué tendría que creer tu historia.
-Ahora no puedo hacerlo. Volveré a contactarte, me debo ir. –No bien partió, la música se fue con ella.
Quedé solo en la habitación, más solo que nunca. Un desamparo inconmensurable me poseía. Podía pensar y razonar pero… ¿pensar en qué?, no había dentro de mí ni un solo recuerdo. Desconocía mi nombre, mi pasado, mi edad y mi aspecto, ¡wau! No era poco. Pero… un momento, cuando esa misteriosa enfermera me mostró al ente inanimado, en el habitáculo que tenía frente a mí, supe sin ningún lugar a dudas que aquel era mi rostro y mi cuerpo duplicados. De inmediato me dirigí a él para tratar de abrirlo. No fue poca mi sorpresa al no hallar el modo. No solo no tenía cerrojos, parecía no tener puertas tampoco.
Miré a mi alrededor, nada me despertó curiosidad en aquella habitación. Me acerqué a la puerta y la abrí. El espectáculo alucinó mis ojos y rompió mis escasas estructuras. Un parque interminable, alfombrado de un césped de color azul claro, se extendía ante mí. Caminé tres pasos y me agaché para arrancar algunas hebras, daban el aspecto y la frescura de ser muy reales. Infinidad de árboles, arbustos y enredaderas se esparcían aquí y allá. Toda aquella vegetación estaba repleta de flores que perfumaban la atmósfera. Levanté la vista para observar el cielo, era de color rosa, uniformemente rosa, y resplandecía con su luminosidad. Su diáfana luz encantaba el paisaje. Todo resultaba ajeno a mi comprensión pero se respiraba paz y armonía. Busqué el sol en ese extraño cielo, no lo pude hallar. De repente un insecto cruzó ante mis ojos, una abejita diminuta que seguramente buscaba su flor para libarle el néctar.
Comencé a caminar sin rumbo. Me crucé con varias personas y con sus sonrisas amigables, les devolví la atención a todas ellas. Ningún rostro me resultaba familiar y esa sensación me angustiaba de algún modo. Algo llamó mi atención, había observado muchas abejitas pero ningún pájaro se cruzó a mi paso. Solo un instante después se despejó mi inquietud, una bandada de golondrinas, quizás, atravesó aquel cielo increíble dejando oír sus trinos. Otra rareza que capté también se diluyó de pronto, no había visto árboles frutales hasta entonces pero uno muy frondoso se erguía ante mis ojos repleto de frutos maduros. Me decidí a probar uno, ¿qué podría perder? Me senté reclinado en su tronco y comencé a saborearlo, su gusto era exquisito. Los pensamientos vinieron a buscarme. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Estaría muerto? ¿Por qué no podía recordar que había hecho de bueno para merecer ese sitio paradisíaco? Eso… eso lo ensombrecía todo, esa profunda soledad sin un pasado, me devastaba.
De repente, la enfermera del halo violáceo se presentó ante mí:
-Hoy es el día, en la noche te iré a buscar a tu habitación, le darás vida a tu clon y volveremos a la Tierra. Si sigues mis instrucciones lo lograremos, ya verás.
-¿Por qué tendría que partir?, éste es un lugar maravilloso. ¿Qué puedo encontrar en la Tierra si hace ya veinte años que me fui de allí?
-¿No lo entiendes? Ellos nos roban los genes y la memoria para obtener autómatas con nuestro ADN, luego nos desechan. Esta noche cuando te duermas ya no despertarás. Nos dan este día como gesto de misericordia, así de perversos son.
-¿Quiénes son ellos?
-Son humanos como lo eres tú. Forman dos grupos pero a la hora de las decisiones siempre acuerdan. Unos se autodefinen como Iluminados o Elegidos, pero sus rivales los llaman “Obscenos”. Los otros se proclaman Monjes Negros o Ilustrados pero en sus cargos se designan “Guías”.
-¿Y tú, dulce enfermera, a que bando perteneces?
- Yo soy solo un ser clonado. Fui la enfermera a cargo de mi próximo clon y del tuyo. Tengo una deficiencia genética heredada y oculta. Por ella arrastro los recuerdos de mis antepasados.
-¿De tus antepasados?
-Sí, de mis antepasados, llevo ocho generaciones aquí de continuas clonaciones. Mi reemplazo se engendró con el tuyo. Cuando te dijeron “estás en casa” no te mintieron, tus réplicas estarán aquí por toda la eternidad. Tiene que ser esta noche, no tenemos mañana.
-¿Y dónde está la Tierra? ¿Dónde están los planetas y el sol, no los veo?
-Ahí arriba está la Tierra, todo ese cielo rosa que ves es nuestra Tierra. Las demás cosas que estás viendo, incluida yo, somos hologramas en cuatro dimensiones. Las abejitas que te acompañaron todo el paseo son cámaras de rastreo. Gracias a una de ellas que me detectó llorando adelantaron mi clonación y me asignaron a su cuidado para ponerme a prueba. Por eso estás ante mi holograma, me vigilan todo el tiempo. ¿No te das cuenta que estás viviendo una mentira? Si dejas a tu clon aquí quizás tenga placer y se le conceda alguna ilusión de las que pida, como la de esos pájaros y estos frutos que tú deseaste. Sí, podrá sonreír, pero nunca podrá reír con ganas, ni llorar, ni amar, ni sufrir… ni morir. ¿Prefieres morir o ser chatarra?, tú decides. Es el último deseo que podrás satisfacer acá… y me arrastrarás con él.
-¿Y cómo haremos para escapar?
-Cuando pienses en dormir encontrarás una habitación muy confortable. Entra allí, pero no te duermas, si lo haces nunca despertarás y estaremos perdidos. Yo iré a buscarte, pero no seré el holograma que tienes delante, seré yo por la noche. Luego le daremos vida a tu clon y él nos sacará de aquí, tiene la programación para hacerlo porque está destinado a ese servicio.
-¿Cómo le daremos vida?
-Tú lo harás, con solo tocarlo le transferirás todas tus capacidades. Pero si te devuelvo los recuerdos antes de que lo hagas no te reconocerá, no está capacitado para recibir recuerdos, sufrirá contradicciones y nos matará a los dos.
D justine
Soy un hombre sin nombre y sin recuerdos. Me despedí de mi violácea e inesperada amiga con la suficiente antelación para no inquietarme con su rápida evanescencia. Ella era un holograma, pero no cabía duda de que yo era un cuerpo porque me acababan de descongelar, sentía frío todavía. Según instrucciones, si por la noche quería retornar al planeta Tierra, tendría qué imaginar una puerta que abriera a un dormitorio, tenía el poder de crear materia con mis pensamientos… Las precauciones de que no caiga en el sueño tal y como me indicó la enfermera carecían de lógica, de hecho, estaban sucediendo tantas cosas y tantas otras daban vueltas por mi cabeza que creía improbable que pudiera quedarme dormido ni un solo instante. No sabía quién era ni dónde estaba, a pesar de que, el hombre de la bata blanca y porte erguido le había dicho de forma clara que estaba en casa. La confianza es una emoción humana, pero también lo es su contraria, y el miedo… Y yo sentía las tres. Podría decirse que esta mañana había renacido a una vida que era desconocida para mí, y que también esta noche sería destruido. Reconocí mis rasgos en el clon del cubículo, pero eso no restableció mi memoria, por otra parte fui capaz de experimentar la belleza, así que mis sentidos estaban intactos.
Los ciclos del tiempo no me habían sido mostrados. ¿Cómo reconocer la noche?, ¿cuándo empezaba y cuánto duraría?, ella no me había dado esa información. Era cuestión de empezar averiguarlo. Si iba a morir, igual sería que yo mismo adelantara mi propia muerte. Regresé a la oficina donde todo había comenzado y me dispuse a indagar. Abrí la puerta hacia el exterior, y allí seguían el césped azul y el cielo rosa. Se veían clones, hologramas o personas como si el tiempo no hubiera transcurrido, imposible saberlo. Por mi parte no tenía ni un ápice de sueño. Me quedé solo en la habitación y fui ante el cubículo. Tan pronto como mi pensamiento imaginó el abrir la puerta, mi clon se expuso ante mí. Si lo tocaba le transferiría la vida. Me arriesgaba a que, si la enfermera no estaba y no sabía manejar la situación , me condenara a una muerte anticipada. Volver a la Tierra no me apasionaba, no recordaba nada de ella, pero huir de la destrucción sí que tenía sentido. Tampoco podía ponerme a disposición de la primera persona que me había contado una historia. Así que temblándome las manos y sin más cavilaciones lo toqué.
—Buenas tardes, Comandante —Su voz era fuerte, idéntica a la mía.
—Tú nombre, edad y señas, —Le insté
—Clon 01, Comandante. —Me respondió. Sentí un escalofrío, ciertamente era mi clon y yo debí de ser un astronauta espacial… pensé. La cabeza comenzó a dolerme fuerte. Me aterrorizó pensar que pudiera recobrar la memoria y que, de modo cierto, tal como el holograma de las percusiones disonantes me había advertido, al desconocerme pudiera matarme. Desde luego la primera parte de lo que me había contado estaba sucediendo. Traté de recomponerme y el ruido y el dolor en mi cerebro se acalló.
—Deme la posición y distancia de la tierra, Clon01.
Las coordenadas que me describió deberían ser exactas, él no podía mentirme. Me anunció que la distancia a la Tierra era de cero años luz. Eso indicaba que estábamos en ella y no teníamos que emprender ningún viaje. Comencé a dudar, esto podría tratarse de un laboratorio clandestino del Pentágono o de otras instalaciones militares de otros países. Una pregunta más me inquietó:
—Respóndame clon01. — ¿Hay vida en el planeta?
—Sí, hay vida pero no humana y escasa. El planeta fue devastado por la explosión simultánea de varias bombas de hidrógeno hace 10 años terrestres. —Contestó. De nada servía volver. Quise recapacitar, pero no sabía cómo volver al clon a su anterior existencia inerte. No obstante, me atreví a probar con una orden.
—Gracias Clon 01, vuelve a situación de espera.
—A sus órdenes, comandante. —El clon se fue recluyendo en el cubículo, hasta quedar inmóvil. Entonces yo cerré la puerta con el contacto de mi mano.
Me pareció oír el zumbido de un insecto que sobrevolaba la pieza, así que me dispuse a pensar en mi habitación de descanso. Tan pronto apareció, me tumbé sobre una hamaca de un metal extraño iridiscente, y me quedé quieto. El sonido del insecto desapareció.
Partir o no partir, esa era la cuestión, pero según la enfermera me quedaban horas contadas en esta existencia desconocida. Pensé en ella, pero su holograma no apareció. Estuve cavilando durante lo que me parecieron horas infinitas. A punto estaba de quedarme dormido, cuando una luz reverberante y blanca apareció frente a mí. Todo en ella parecía moverse a una velocidad inquietante, poco a poco, comenzó a perfilarse una figura. Pasados unos minutos más la luz desapareció, y quedó frente a mí una mujer extrañamente hermosa, de unos veinte años terrestres, con un cuerpo grácil y una melena oscura que llegaba hasta su cintura. Sus ojos negros, su boca roja, preciosa. Creí que perdería el habla.
—Buenas noches, veo que me está aguardando, mi nombre se Atenea. Me acerqué a ella y le tomé la mano, su tacto era increíble y mi estómago dio un vuelco. No quise contarle lo que había averiguado, no sabía si ella estaba al tanto de lo que nos esperaba afuera.
Llevaba una pequeña caja en la mano que debía contener la inyección de mis recuerdos. Con un gesto firme se la cogí.
Vamos con mi clon. —Le pedí.
Nos acercamos al cubículo, ella parecía decidida a actuar, pero la frené. Es mi turno, le dije. Abrí la puerta con mi mente y allí seguía afortunadamente mi clon O1. Me acerqué y le toqué el hombro con mi mano. Inmediatamente adquirió su animación de vida.
—Clon01, coge la nave y vamos a la superficie de la Tierra, —Le ordené.
-Síganme. –Nos anunció. Abrió una puerta lateral y salió. Con Atenea nos apresuramos a seguirlo. Delante nuestro una nave de una aleación extraña, coronada por un artilugio que parecía un sacacorchos nos estaba aguardando.
El clon se dirigió hacia ella y la abrió. Se acomodó tranquilo frente al cuadro de mandos, Atenea y yo subimos precipitados y nos sujetamos con cinturones en los asientos de la nave. De pronto un estruendo surgió de la máquina y empezamos a girar de forma vertiginosa. En un tiempo que me pareció un instante la nave se detuvo. Mi Clon descendió primero y puso sus pies sobre el suelo, Atenea y yo seguimos sus pasos. Desde la nave se vislumbraba un extenso páramo, se podía respirar, nada que pareciese vivo se mostró ante nosotros, fuimos avanzando en silencio. En el horizonte parecían verdear unos arbustos y cuando llegamos hasta él escuchamos el murmullo de un arroyo. La mujer lloraba, tendría que explicarle muchas cosas, pensé. Atenea me pidió la cajita que le había arrebatado cuando nos encontramos.
—No quiero mis recuerdos, Atenea, —La vida que quiero es la que tenemos aquí. Tampoco destruiremos al clon, yo me encargaré de él. No vamos a destruir nada más en este planeta, correremos el riesgo. Cogí la jeringuilla y la hice añicos con mi pie.
Por un momento todos nos quedamos callados. Yo creí por un instante contener la conciencia de Dios y todo lo que miraba se convirtió en amor.
El sol, que había brillado hasta ese instante, comenzó a ponerse.
Atenea y yo nos miramos profundamente a los ojos. Hemos venido a crear, ya lo verás. No me gusta tu nombre, tiene vestigios de guerras. A partir de ahora me gustaría que te llames Eva. Entonces, el hombre sin memoria, convertido en un Adán creador le besó la boca y la conoció sobre la Tierra.

Texto agregado el 09-09-2020, y leído por 84 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
11-09-2020 terrible se me fue... Tal vez pueda escapar ya que el clon está hecho con todas sus características... 3)Impresionante descubrimiento lo hizo impresionar al abrir la puerta.Algo totalmente increíble. Eso maravilloso que conoció y que lo hizo desear no salir de ese lugar para él maravilloso. Ya no importaban los recuerdos***** Excelente los tres Tres abrazos Victoria 6236013
11-09-2020 1)No tener recuerdos es no tener vida,ni memoria y verse ante un ser desconocido,nos enfrenta con la nada misma aunque este pretenda tranquilizarnos... 2)Que terrible sensación expresas y que bien lo haces,tanto,que el terror lobteaspasas al lector. No saber nada y enterarse que hay clones Lo peor ed la respuesta a su pregunta. 6236013
 
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