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Formación

La aventura me atrajo casi desde que tengo uso de razón, la tengo metida en mis cromosomas como una herencia familiar, desde muy niño soñaba con ser como Sandokan “Il Tigre della Malasia” --- libro de aventuras escrito por Emilio Salgari --- y tener mi propio barco velero, para ir por los Mares del Sur castigando malvados, enderezando entuertos y ayudando a doncellas... para que dejaran de serlo.

Hasta los ocho años fui un niño como todos... como todos los niños predestinados a vivir intensamente, tuve la suerte de venir al mundo en un hogar eminentemente gitano, donde la aventura se llevaba en la sangre y las pertenencias físicas no significaban nada, mi padre corría grandes riesgos en los negocios y normalmente ganaba, mi madre experimentaba con cuanta corriente esotérica se podía seguir en el Perú de los años cuarenta, crecí entre Huacos Indígenas, Fardos Funerarios, Huacas misteriosas, calaveras con pelo, una mesa --- sin clavos --- de tres patas, la amiga que era médium y la que era espiritista, la que hablaba con los muertos y la sordo-muda que escribía con la letra del difunto.

Me cure de espanto con los cuentos de terror con que terminaban las tertulias... de aparecidos y de encontrados, del Carretón de la Muerte, de los Curas Jesuitas y de la Santa Inquisición, de los fuegos fatuos y de la Novia Errante, casi nada me fue prohibido, dormía tarde y asistía a las interminables sesiones de Rocambor de sobremesa y las conversaciones de adultos donde se hablaba de todo y sin tapujos, hubo una que se grabo imborrablemente en mi memoria; tal vez porque fue una de las pocas veces que mis padres terminaron discutiendo.

Se trataba del origen de las familias, mi padre jugo una broma de mal gusto sobre los Anzaldo de Génova y mi madre respondió a gritos con lo que le habían contado allá en la lejana Padova... según decía.


Cuando Giacomo Girolamo Casanova en 1738 estuvo estudiando con Il dottore Gozzi en Padova, tuvo un tórrido romance con su hermana Bettina Gozzi, de las pasiones carnales a las que Giacomo era tan aficionado nació un varoncito, que por la negativa de Casanova a darle su nombre, fue bautizado Fausto Gazzo para no manchar el buen nombre de il dottore y esto dio origen a la familia.

Este cuento de calleja me parecía verídico y justifico por los siguientes cincuenta años mi profunda afición por el sexo opuesto y la practica del sublime ejercicio mas viejo del mundo, culpando a las cromosomas de Giacomo por todos mis desvanes y amoríos, cuando en Agosto del 1999 visitamos Padova con Laly buscamos y encontramos nuestras raíces, dentro de ellas referencias escritas de la familia Gazzo que provenían del Siglo VI que fue cuando se construyo la Villa Gazzo, ahora convertida en Hotel... lo que mato esta loca, pero conveniente historia familiar.

Dos años de muy buenos negocios en la serranía del Perú, habían permitido a mi padre incursionar en la agricultura, compro o alquilo --- no estoy seguro --- una hacienda en el valle de Chincha, llamada Hijahalla, que según la creencia popular, quería decir hija encuentra o lo que es lo mismo hija busca y mi madre se lanzo a buscar, con ayuda de un historiador famoso cuyo nombre me guardo en el tintero, se encontró huacos --- cerámica prehispánica --- tejidos de algodón silvestre en estado de descomposición --- generalmente como parte de fardos funerarios --- cualquier cantidad de huesos humanos, calaveras, fémures y costillas, mientras mi madre y en algunos casos mi padre y mis hermanos, miraban a los peones cavar en busca de los tesoros Paracas --- una cultura anterior a los Incas --- yo me paseaba en un caballo de poca alzada que mi padre me había regalado por mi séptimo cumpleaños, viví las mas hermosas aventuras ecuestres que te puedas imaginar, subiendo cerros y huacas.


Como el oro de los Incas no aparecía, se encargo a los Estados Unidos un detector de metales, el armatoste fue desembarcado en el puerto de Cerro Azul y traído en camión hasta la hacienda; a partir de ese día todo se hacia científicamente, se dividió el plano de la huaca en veinticuatro fragmentos semicirculares, que se inspeccionaban con el detector uno o dos por día minuciosamente, pero nada de encontrar oro o ninguna otra clase de tesoro, como al décimo día, la cosa esa se volvió loca, hacia ruidos indescriptibles, los diales movían sus manecillas para arriba y para abajo, un revuelo de la gran flauta, se empezó a cavar con ímpetu, como a dos metros de profundidad, las lampas tropezaron con algo metálico, se redoblaron los esfuerzos para no dañar la reliquia arqueológica por descubrirse, a las finales se empezó a excavar con las manos, para ser mas gentiles con el descubrimiento... reflejos dorados iluminaron ese atardecer ante el regocijo de la concurrencia y finalmente la paila de cobre de hacer chicharrones --- escrupulosamente pulida --- perdida hacia quince días, volvió a ver la luz del sol, mientras mi padre se destornillaba de la risa... creo que mis padres realmente se amaban porque no hubo divorcio.

Texto agregado el 03-10-2004, y leído por 285 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
22-08-2005 En realidad tuviste una infancia muy diferentea la mia, donde nada se hablaba estando yo presente, y donde jamàs alguièn se sacaba la ropa en mi presencia.Ami aùn me dan mucho miedo todo lo que tenga que ver con brujerìas, y jamàs me verìa la suerte, porque esas cosas me dan terror,tù por el contrario, a pesar de eso, no soy ninguna pacata, ni me admiro, ni juzgo a nadie, por el contrario.Bueno tu relato es excelente, me gusta lo que escribes.***** Victoria 6236013
14-10-2004 Un casanova que encontró la olla de chicharrones... jeje... sólo en Perú pasan esas cosas Arturo! BZS KaReLI
08-10-2004 Así que creías que eras descendiente de Casanova! Ja Ja Ja Fresia
 
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