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Algo inusual (Reto de la imagen)


-Ven, acompáñame, verás algo inusual -dijo Raúl.
-No me gustan las sorpresas -dije, pero lo seguí hasta la orilla del lago.

El anciano pescaba en su extraño bote. Parecía abstraído en aquella tarea.

-Aquí no hay peces -se burló Raúl.
-Debiste decírselo -mencioné molesta al ver que se reía del anciano.
-Es que no tuve valor. No lo quise desilusionar. Se lo ve tan entusiasmado.

El viejo y su habilidad para manipular cañas y señuelos reclamaron mi atención. Por un momento olvidé a Raúl. Pero cuando quiso abrazarme me alejé de él.

-Es una característica muy tuya esa de ocultar la verdad -le reproché.
-Ana, no debes mezclar las cosas. ¿Otra vez vamos a discutir por lo mismo de siempre?
-Me ocultaste que salías con otra mujer -dije elevando la voz.
-Alto, no sigas -gritó Raúl con enfado.
-Pe...pero -dije acobardada.
-Aquello ya pasó, es hora de dejarlo atrás, Ana.
-No sé.
-Dime algo hermoso, lo necesito -pidió él.
No pude decir nada. En realidad no me sentía capaz de perdonarlo.

El hombre seguía pescando sin inmutarse por los gritos. Era un testigo mudo que no comprendía qué estaba pasando allí.

-Ana, lo nuestro no puede seguir así. Tenemos que terminar ¿entiendes?
-Es triste, ya no confío en nada ni nadie.
-Bueno, entonces me marcho ahora mismo.
-Lo vas a lamentar -dije con lágrimas en los ojos.
Raúl no volvió la vista atrás. La tarde se disponía a irse detrás de él. Yo no sabía adonde ir.

Recordé el día de nuestra boda:
-Ana ¿aceptas como legítimo esposo a...?
-Ehh...-sentí que me desmayaba y tardé unos segundos en decir que sí.
Ahora en aquel bosque todo parecía una pesadilla. Las sombras, mis pensamientos, la arboleda y sus ramas amenazantes.

El anciano me miró con pena. Había notado que estaba llorando. Me saludó con la mano y vio a los cuidadores del parque que se acercaban con los demás.
Enseguida me atraparon y me llevaron con ellos. Se culpaban unos a otros, no querían que escapara otra vez.

-Entre, pasar la noche aquí la hará reflexionar un poco -dijo alguien cuando llegamos.
-Les repito, esto es un error -dije asustada.

Nadie quiso escucharme; me dejaron en una sala aislada del resto de los enfermos.
Lloré hasta que la medicación hizo su efecto.

Soñé con el anciano. Había pescado un hermoso pez. Pero se veía triste; recordaba a una mujer que hablaba sola en el bosque.
Entonces le quitó el anzuelo al pez y lo devolvió al agua.

Texto agregado el 01-12-2020, y leído por 34 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
03-12-2020 Muy bueno. Marcelo_Arrizabalaga
01-12-2020 ¡¡EXCELENTE!! Me dejar atrapar por tu maestra pluma, al igual que el pescado del relato. Abrazotes amigaza Abunayelma
 
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