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Inicio / Cuenteros Locales / Fantasmagoria / Proyecto Expansión - Capítulo 2

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Los discursos redundaban en frivolidades. Onanismos de alabanza. Aunque también se referían a los muchos sacrificios, con la promesa de un futuro próximo y liberador.
No se aplicaron remedios moderados. Se dio carácter obligatorio a la implantación del chip. Había que asegurar el cumplimiento del Plan de Conexiones. Tampoco en ese aspecto violatorio otorgaron explicaciones. Eran medidas de urgencia.
Se amparaban en su poder de fuego. Solo en las pantallas amables, de exquisitos modales. Siempre inflamando el fatalismo: Expansión o extinción.

En el piso de La Gorda, al otro lado de la avenida, la oscuridad de la ventana resplandece con el azul intenso de una conexión. El poderoso halo de luz reviste al edificio de un instante acuático. Rivera imagina a La Gorda agitada y sudorosa. Insatisfecha. Ni siquiera desnuda. El batón florido de siempre enrollado en la cintura. Rivera sabe de su cuantiosa pensión. ¡Pudo tener dos hijos! Para ella es un juego de selección.
Más de una vez la esperó detrás de los contenedores. Le salía al cruce con la excusa de que había ido a buscar cigarrillos y las máquinas multicolores estaban atascadas. “¿Vas para allá?” Una pregunta retórica que no terminaba de formular. “Te acompaño unas cuadras”. Y La Gorda enseguida advertía sus intenciones. Pero no decía nada. Hasta la esquina mantenía un silencio cerrado. Luego se largaba a hablar de sus hijos en una perorata interminable. Lloraba diciendo que el mayor estaba por cumplir la edad, y se acabaría su dulce inocencia. Decía: “Se convertirá en uno más. Un lobo sin corazón”.

Y ahora la luz azul forma un amanecer oceánico. Rivera no puede apartar la mirada y permanece subyugado. Seguramente, La Gorda también disfruta esa luminosidad con una sonrisa blanca, recuperando el ritmo de la respiración antes de volver a su soliloquio lamentable. Pero, sobre todo, concluye Rivera, alguien a su lado se maravilla mientras se levanta los pantalones, pensando: Conexión cumplida.

Suele pasarle con frecuencia, ratos en los que permanece en trance, enredado en pensamientos que nunca logra recordar. La respiración, el pulso aletargado.
Una cueva mental de la que sale más tarde sin nociones.
La primera vez ocurrió en una noche caótica, un lustro atrás. Fumaba en la esquina y escuchó gritos e insultos. Se percibía con un cigarrillo entre los dedos, fisgoneando de dónde venía el alboroto. Ninguna imagen de esa quietud se trastocó. Después escuchó respiraciones e insultos. Cuando notó el olor y la tibieza de su propia sangre, formando un charco escarlata, comprendió que lo habían estado golpeando durante una fracción de tiempo que no supo medir y que tampoco recordaba.
La lucecita y su parpadeo urgente se parece a esos golpes. Su daño podría ser mayor. Diferido en caso de incumplimiento. Ha permanecido ingrávido en la noche.
¿Cuánto tiempo?
Ya no puede seguir demorándose. Corre del dormitorio al baño, y del baño al vestidor. Se pone camisa de mangas cortas y pantalón de jean. Siente ganas de tomar una jarra de agua fresca, pero no lo hace.
Por más que lo nieguen, sabe que La Expansión contamina el agua con afrodisíacos.
Se sirve una copa de ajenjo. Siente la necesidad de mirar el rostro calmo de Muchacho. Golpea su dormitorio. Sabe que no corresponde, pero abre la puerta y se asoma con cuidado. El sonido de un mantra llega hasta sus oídos.
- Muchacho - susurra.
Su cama está vacía. Las sábanas estiradas. Luces del color especial. Aroma del sándalo. Y ese extraño mantra sonando en su almohada. En cualquier momento, entrará con una chica dispuesta. Como quien vuelve de comprar un paquete de cigarros.
¡Cuáles son los problemas a su edad!
Se apoya en el marco de la puerta y vuelve a cerrar los ojos. Por un momento, se adormece. Siente el cuerpo pesado. Le gustaría oír la voz de Muchacho. Conversar sobre las posibilidades de cambio, contagiarse de su optimismo.
Escribe un mensaje en la pantalla del comedor:
Muchacho: la lucecita empuja mis pasos. No te preocupes, me las arreglaré. Espero que andes bien.
Rivera.

Texto agregado el 13-01-2021, y leído por 96 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
14-01-2021 Muy bueno. Justine
14-01-2021 leído, saludos! sheisan
13-01-2021 Te sigo con interés. godiva
 
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