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No le gustaba los productos chinos ni los cuentos; prefería todo lo que se hacía y escribía en Colombia. Decía que los chinos eran muy cochinos. A simple vista uno concluía que no tenía olfato pues la pestilencia que emana de la corrupción en Colombia mata a cualquiera, menos al presidente y los congresistas. También uno puede suponer que se contagió de Covid 19. Ese Covid ya no parecía diecinueve sino treinta, pues con el pasar del tiempo aparecía una nueva cepa más resistente a todo tratamiento. Conoció por casualidad a una china, al principio todo iba bien. Ella hablaba el español a la perfección. Esa circunstancia simplificó las cosas, se imaginan lo difícil que hubiera sido entenderse. El amor tocó a las puertas de sus corazones y se hicieron novios al poco tiempo. El Era un mulato musculoso y ella una chinita menudita de ojos rasgados. Al comienzo todo fue color de rosa. Con el paso del tiempo todo se tornó gris. Peleaban a diario, se insultaban en español y a veces ella lo insultaba en mandarín y lo dejaba lleno de dudas. No era para menos, qué diablos le diría y él sin saber ese idioma. La calma volvió de nuevo a los enamorados, todo funcionaba a la perfección, al punto que ella le pidió un hijo.
El lo pensó dos veces y terminó aceptando la propuesta. Después de intentarlo muchas veces ella quedó embarazada. El embarazo fue normal. Llegó la hora de dar a luz y ella parió gemelos. Los dos estaban felices, no solo como padres sino también como trabajadores de CHIN CHON CHAN. Eran excelentes vendedores y la empresa los había premiado en el último año por las ventas que habían realizado.
Un día sin más ni más ella le dijo:
-Quiero regresar a la China con mis chinitos
El se quedó de una sola pieza, pues jamás le pasó por la cabeza la idea de irse a vivir con ella a la China. Después de recuperar la calma, le respondió:
-Mi amor, recuerda que yo no sé hablar en mandarín.
Ella lo miró de arriba abajo y luego le respondió:
-Mi amor, no te preocupes, mi boca hablará por los dos.
A los tres meses se fueron a la China con sus chinitos. Allá la situación se puso muy complicada, no solo por el idioma, sino también por el trabajo. A el nadie lo empleaba por ser colombiano; es que los colombianos tienen una reputación terrible, pues su economía gira con base en la cocaína y la marihuana, así que desde el punto de vista laboral todo estaba perdido. Un día, pensamientos maquiavélicos fluyeron por su mente. Estaba dispuesto a realizar aquello que estaba prohibido en el país asiático.
Contactó sus amigos en Colombia y les pidió el favor de enviarle la mejor pasta. Prometió pagarles bien y si no podía pagarles, a cambió les daría su casa y su mujer para que hicieran lo que quisieran. A los dos meses llegó la mercancía, cuando fue por ella lo atraparon pues el perro de la policía China olfateo la marihuana y la cocaína de alta pureza. Lo esposaron y lo condujeron a la comisaría de policía. Como no sabía hablar mandarín y no había traductor, llamaron a su esposa y ella contestó todas las preguntas. Cuando el comisario le preguntó sobre el origen de la droga, dijo lo siguiente:
-Esa mercancía es de mi esposo, yo no tengo nada que ver con eso, me avergüenza tener un esposo como este. Pido todo el rigor de la justicia para este delincuente.
La justicia China lo condenó a pena de muerte. Tan pronto lo ejecutaron viajó a Colombia, ahora vive feliz con quien hizo el envío de la mercancía, en casa del ejecutado.

Texto agregado el 31-01-2021, y leído por 44 visitantes. (2 votos)


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