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Todos estaban seguros que cuando llegara el día señalado terminaría el sufrimiento en la faz de la tierra; nadie explotara a ningún ser humano pues el dinero se habrá devaluado tanto que nadie tendrá más de lo suficiente para atender sus necesidades básicas. El amor y la hermandad, antes en peligro de extinción, volverán a ser importantes en la vida y en la tierra.
Antes que el día señalado llegara, todos deberían deshacerse de sus bienes, venderlos cuanto antes y el dinero de la venta consignarlo en una cuenta que solo manejará el elegido por Dios; esos dineros servirán para calmar el hambre de los más necesitados y para comprar medicamentos para los enfermos. Rubiel era el maestro espiritual de esa congregación; todos creían a ojos cerrados en el poder que le había dado nuestro señor. Nadie ponía en duda sus poderes pues había sanado a muchos enfermos y puesto andar a un invalido. Todos vieron como ese hombre que no caminaba desde hacia tres años, se levantó de la silla de ruedas tan pronto Rubiel tocara su cabeza y le hablara al oído. Desde ese día el templo fue insuficiente para albergar a tanta gente, pues el milagro fue de boca en boca que todos querían que el enviado de Dios les curara los males del cuerpo y los del alma. Rubiel, ante aquella circunstancia mandó a ampliar el templo que de por si en ese momento ya era grande. Los fieles metían billetes por la ranura de una urna sellada.
Los fieles estaban cada día más felices con los sermones de Rubiel, al punto que muchos iban por la mañana y por la noche pues apenas escuchaban al pastor quedaban como en éxtasis, en comunión intima con el ser supremo. Faltaban solo cinco días para el día señalado. La mayoría de creyentes ya habían vendido todas sus propiedades, habían dejado solo lo necesario para comer, beber y vestir. Tenían aseguradas sus necesidades más radicales, lo demás no importaba porque ver a Dios en persona era un privilegio que nadie debía perderse. El mundo estaba tan caótico que la venida del señor era inminente, pues solo él podía salvarnos de ese cataclismo que se sentía ya en el ambiente.
De todos los creyentes, había una pareja que se había convertido en la mano derecha del pastor, pues le ayudaban hasta en la imposición de manos. Él les había enseñado y como buenos discípulos aprendieron rápido. El día señalado llegó y todos los creyentes fueron a una zona desértica de la Guajira, Colombia. El ser supremo debía llegar a las tres de la tarde, una hora en la que hace un calor de los mil demonios, pero eso no importaba, en la vida hay una sola oportunidad de ver a Dios en persona, eso les decía siempre Rubiel y los fieles le creían a ciegas. Ese día el tiempo pasó más rápido de lo que suele pasar; se hicieron las tres, las cuatro, las cinco, las seis, las siete y nada. Los fieles estaban desesperados, pero al rato se calmaron porque unas luces multicolores se encendieron en el cielo. Muchos se arrepintieron de haber dudado de la venida del señor. La pareja que ayudaba al pastor estaban también entre la multitud de fieles. Ella les dijo que el pastor venía en camino, que no demoraba y había mandado un mensaje por whatsapp, ordenando que todos cerrarán los ojos y que solo deberían abrirlos cuando Dios ya esté presente. Todos los fieles cerraron los ojos, mientras tanto ellos se fueron rápido antes que los abrieran. El pastor los estaba esperando en una camioneta lujosa muy cerca de ahí. Ellos no tardaron en llegar, pues se iban a repartir el dinero en partes iguales. Rubiel llevó tres maletas repletas de billetes, solo billetes de cien mil pesos, no había ni un solo billete de cincuenta. Rubiel les dijo que dos cajas eran para él y la otra para los dos. Él no estuvo de acuerdo, sin mediar palabra sacó una pistola y mató al pastor. Ella mientras su esposo le quitaba una cadena de oro a su ex-jefe, le disparó sin compasión. Enseguida salió huyendo a toda velocidad en la camioneta, pero se estrelló y quedó vuelta mierda, de ahí no se levantó jamás. Los fieles siguen esperando a Dios con los ojos cerrados.

AUTOR: PEDRO MORENO MORA
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Texto agregado el 09-02-2021, y leído por 35 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
09-02-2021 La Fe, a veces enceguece. Abunayelma
09-02-2021 Qué tristeza cuando se cree en estos sinverguenzas. Lamentable. MujerDiosa
 
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