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Aquello de la estafa piramidal vino por un mero hecho casual. Y era que el Tomás se quedó sin monetario pues sus padres habían hecho caso omiso a las remesas mensuales que mandaban a la Caja Postal, donde nuestro compañero tenía cuenta. El caso es que contribuimos el resto del piso a sufragar gastos. Luego, religiosamente nos lo reembolsaría. Hay que ver el lenguaje bancario cómo anda preñado de eufemismos. El caso es que pusimos todos un poco. Y ahí surgió la idea.
Consistía en convencer a gente para hacer un ingreso al último de una lista y colocar el nombre; y así sucesivamente. De tal manera que uno hacía un ingreso y recibía cinco. Cuando se acabase la población mundial, los últimos se quedarían sin cobrar. Pero, hasta entonces- decía Tomás, que era el promotor- se podía uno sacar para unos cubatillas. Y lo cierto es que llegaron algunos ingresos, pero los cubatillas fueron más bien cervezas sueltas y poco más.
El invento se basaba en la capacidad de fabulación de los que iban quedando sin cobrar, para convencer a los nuevos primos de que aquello era real. Algunos picaban, pero ya digo, no demasiados.
Y entre ello y las visitas al edificio de la merced- no sé si ponerlo así- iba pasando el tiempo. De vez en cuando llegaba un periodo en blanco- que llamaban vacaciones- en los que dejábamos de acudir a “La merced”- sede de la Universidad. Viajábamos entonces a nuestra casa en una especie de éxodo intelectual, trasladando el nuestro particular a los cuarteles vacacionales. Un día, nuestro compañero Tomás- que era de gatillo fácil para estas cosas- tuvo otra idea. Como paso previo a aquel éxodo intelectual había que hacer una reunión general, a cuyo fin cada cual tenía que convencer a alguna compañera de clase de la conveniencia de no perdérsela. Era como lo de la estafa piramidal, pero con el objetivo de, en lugar de allegar capitales, hacerlo con chicas. No era elemento insignificante para ello nuestro músico. Y así fue cómo, con la excusa de la música, las vacaciones y la cena- prorrateada, como hubiera dicho nuestro amigo Rebolledo, a partes iguales- el periodo vacacional se convirtió en pórtico de la diversión, para beneficio nuestro y perjuicio de la vecindad. Cuya gestión no fue fácil, como se contará. Pues hubo que convencer a la junta de vecinos con carácter previo, y más si se tenía en cuenta que nuestro amigo Rebolledo ya no estaba allí para podernos auxiliar.

Texto agregado el 09-02-2021, y leído por 57 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
09-02-2021 Me siguen gustando mucho las aventuras de estos estudiantes y sí, se lo extraña a Rebolledo. Abrazo. MCavalieri
 
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