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María Dolores del Rosario se había plantado en un plis plas en los 65 años y , conforme avanzaba el tiempo, disminuían los gastos en ocio ( viajes, comidas, aperitivos...) y aumentaban los de farmacia , ortopedia, fisioterapia y consultas médicas a distintos especialistas.
Media hora antes de desayunar, tomaba un Omeprazol para la acidez, un Eutirox de 100 para el hipotiroidismo y un Adiro 100 para evitar trombos por los problemas de coagulación. Ya en la cocina, se inyectaba Victoza para la Diabetes tipo 2.
Más tarde , con el desayuno, abordaje a la segunda tanda: Diován para la hipertensión, Vokanamet para el azúcar y un complejo vitamínico para la artrosis( las pastillas que tomaba para el dolor tuvo que suspenderlas porque se le habían manifestado numerosos y molestos efectos secundarios)
Tras los puñados de remedios, se encaminaba a la ducha. Se lavaba el pelo con un champú especial , indicado para la psoriasis.
Al acabar , se secaba concienzudamente entre los dedos de los pies dormidos desde hacía dos años por alguna hiper o hipoglucemia. No se sabía a ciencia cierta. En bata , se dirigía al salón donde se daba un masaje de Voltadol forte en el tendón de Aquiles, para aliviar los efectos de una tendinitis cronificada. En los dedos de los pies se aplicaba Hirudoid para aliviar el adormecimiento y facilitar la circulación. Desde la menopausia tenía sequedad en los ojos, que paliaba con unas gotas de Hyabak. Y acababa la rutina con una crema ( Clotrimazol) para evitar las frecuentes infecciones de vías urinarias.
Hacía luego ciertas labores domésticas antes de salir a dar la caminata diaria.
Al acabar, ya en el baño, tras aplicarse chorros alternos de agua fría y caliente para activar circulación de los pies, se deleitaba con la crema corporal hidratante , la antiarrugas de la cara y el rociado abundante de colonia, operaciones estas que la reconciliaban con la maltrecha corporeidad. Se vestía luego con esmero, fiel a su natural coquetería , y salía a dar su diario paseo , amante de la naturaleza y de la fotografía como era. Los paseos eran , sin duda, la tarea más terapéutica de la jornada, amén de proporcionarle aportes de vitamina D solar , junto con la pastilla mensual de Hidroferol.
Ya por las tardes no salía , salvo que tuviera que ir al fisio para tratar la sacroileitis, al psicólogo o a consulta de alguno de los múltiples especialistas que la tenían en nómina: dentista, oculista, endocrino, reumatólogo, vascular, neurólogo, internista, dermatólogo...¡ Ah , y al otorrino que la había operado de pólipos en las cuerdas y le trataba las frecuentes afonías y el vértigo vestibular!
Menos mal que alguna cosilla, como la condropatía rotuliana y la alergia habían mejorado milagrosamente.
Aún no se había atrevido a estrenar las plantillas que le habían hecho en la ortopedia por indicación del traumatólogo para pie varo.
A veces recordaba entre risas las palabras de la abuela cuando se resistía a ponerse los audífonos para combatir la sordera:
" ¡ Qué cansino! Que si la dentadura postiza. Las gafas. Los audífonos. La peluca. Y toda la noche en pulguera de la cama al baño a orinar por los efectos de la pastilla diurética. ¡ Esto de hacerse viejos...!- se lamentaba con humor.
María Dolores del Rosario empleaba el día en cuidarse , en lucha por restaurar la dañada salud siguiendo las indicaciones de los sabios galenos. Y por si las moscas, habida cuenta del poder de la hagioterapia , se encomendaba por las noches a todo el altar de Santos que tenía al lado de la cabecera de la cama, en la mesilla de noche:
San Acacio (dolores de cabeza), santa Bárbara (contra la fiebre y la muerte súbita), san Blas (protector de la garganta y contra enfermedades respiratorias), Santa Catalina (muerte súbita), san Cristóbal Mártir (peste bubónica), San Ciriaco (contra la epilepsia y las tentaciones a la hora de la muerte), San Denís (dolores de cabeza y epilepsia), san Erasmo (enfermedades intestinales), san Eustaquio (situaciones difíciles y disputas familiares), san Jorge (enfermedades de animales domésticos)...y así hasta los 14 con fama de sanadores.

Y a sabiendas de que el alcohol conserva regaba las comidas con una generosa copa de Ribera del Duero, pues sabidos son los beneficios del vino, fundamental ingrediente del bálsamo de Fierabrás, ese remedio quijotesco que todo lo cura.
Eso sí, rezaba un Padrenuestro a todo el santoral para que no le dañara el hígado , uno de los escasos órganos que aún resistía los embates del tiempo.
Y tras todo el ritual, llegaba agotada a la noche. Tomaba una pastilla para el colesterol y una tila para los nervios ( para evitar el Tranquimacín) y dormía como un bebé. Como si no hubiese un mañana...
¿ Mañana? Se acordó de que al día siguiente se vacunaba del Covid con Moderna. Tal vez la vacuna le devolviera algo de la juventud- se dijo y , con esa esperanza, se durmió, previa invocación a San Antonio para que le saliera novio pues aún estaba , pese a los achaques , de buen ver( eso le decían). De logrársele un maromo, se rebautizaría como Lola o Charo , pues qué duda cabe que su nombre la predisponía al mal- musitó entre risas, pues no había perdido pizca de humor. Sabidos son los beneficios de la risoterapia. Ja, ja.
Así que su filosofía de vida se resumía en " A vivir que son dos días" y uno se le va a una en cuidarse para el medio día que le queda.





Texto agregado el 23-02-2021, y leído por 62 visitantes. (17 votos)


Lectores Opinan
23-02-2021 Con cuánto humor María Dolores se abre paso entre las vicisitudes de su existencia. Vivir es todo un desafío y lo es más si la salud no es nuestra fiel compañera. Un abrazo y gracias por tu optimismo! Sheisan
23-02-2021 Con ese nombre ya estaba predestinada la pobre pero lo importante son sus ganas de vivir. Me divirtió mucho tu texto. Abrazo. MCavalieri
23-02-2021 A María Rosario de Dolores sólo le está faltando unos buenos masajes con José María del Socorro Perpetuo, para por lo menos sentirse como cuando se plantó en los 65. Un abrazo, ya vacunado con la primera dosis de Sinovac vicenterreramarquez
23-02-2021 Hay muchas verdades en tu texto...juventud, divino tesoro. quien pudiera tener la experiencia de los 50 a los 20 años, jajaja. Gracias. gsap
 
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