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“Ya, vamos a Victoria” Desde la puerta del dormitorio intentó despertar a su hijo. Era sin duda un notable cambio de actitud después que la madre y los parientes cercanos le sugirieron que debía dedicar algo de tiempo a su hijo de ya siete años.

“Ojalá no me sea una molestia o pérdida de tiempo” musitaba mientras apenas movía el hombro de Tomás. Tenía la esperanza que el niño no despertase, pero no resultó, bastó solo una vez. No tenía pensado suplicar. El niño se incorporó, se vistió de inmediato y quedó listo para partir. El Padre tomó las 2 grandes maletas, los bolsos, y en taxi se dirigieron a la estación de trenes.

El tren pasó a las nueve en punto. Tomás se sentó en la ventanilla y cada cierto tramo les mostraba una vaca o una caserío rodeado de sauces, lugares típicos de la zona; su padre sin responder a veces dormitaba y otras hojeaba el periódico.

A las once de la mañana ya estaban en la estación de Victoria.

Bajaron los bultos dejándolos en el andén arrinconados junto a un banco donde ambos se sentaron. “Aquí esperaremos a que nos vengan a buscar”. Primeras palabras que intercambiaron. Al poco rato se acercó un adulto preguntando al padre por su nombre; éste se incorporó mientras se aprontaba a tomar los bultos pero no fue necesario. El extraño le comunicaba que el negocio fue postergado. Después de un breve intercambio de palabras terminaron riéndose y para pasar el mal rato, el anfitrión, a modo de compensación, lo invitó a su campo. Sin dudarlo caminaron hacia el carruaje, al final del andén. El niño se bajó del banco con la idea de seguirlos pero su padre miró hacia atrás y gesticulando con las manos le indicó que se quedase ahí, “ojo con los bultos”.


A media tarde no pudo más con los pasteles que su madre les puso en su bolso. Pensó en dejarle uno a su padre, pero igual se lo comió, supuso que éste almorzaría en algún lugar. Se entretuvo saltando las baldosas sin pisar las junturas, primero con un pie luego con el otro. Corría junto a los trenes mientras estos llegaban. Después corría cuando se alejaban.

A las siete de la tarde llegó su padre, justo a la hora del tren de regreso.

Ya en la casa, su madre lo recibió abrazándolo, mientras preguntaba “¿cómo les fue?” El padre contaba que el negoció fue postergado, agregando finalmente, “pero igual lo pasamos bien ¿cierto Hijo?”

Segunda vez que con su padre intercambiaban palabras.

Texto agregado el 28-03-2021, y leído por 52 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
31-03-2021 Si, "el padre del año". Me recuerda a ciertas personas. Buen relato. Sencillo, según se mire. Felicitaciones. ggg
 
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