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Lucy era la contadora y jefa administrativa de la empresa que usaba mis sistemas por allá por la década de los noventa. Toda información pasaba por sus manos. Era el brazo derecho del dueño.

Lucy cada cierto tiempo me llamaba por teléfono para que la ayude con algún problema en sus computadores y me entretenía con largas conversaciones de su trabajo y situaciones de su vida diaria. Era una mujer tierna, menudita, que siempre vestía oscuro y más delgada se veía. Recientemente había cruzado la curva de los treinta años.

Por compromiso con la empresa al menos una vez al mes la visitaba para mantener los sistemas que ella misma administraba. Tenía su carácter, le costaba decidirse a servirme café. Se sentía presionada porque yo llegaba con varios sobres comprados en el negocio de la esquina. Pero mi mirada fija a sus ojos, sin rogarle ni suplicando, sino que negociando con la mirada, porque mal que mal le estaba solucionando problemas que de no ser por mi asistencia a ella le tomaría sus buenas horas resolverlo. Era astuta y tenía que negociar. Eran largos segundos de forcejeo mental, Largos segundos sin decirnos nada.

- 0 me sirves café o
- ¿O qué?, dígame, pues, ¿O qué?

Finalmente aparecía con dos tazones de café.

Durante cinco años jugamos a lo mismo. A veces solo le mostraba los sobres de café y sin decirnos nada permanecíamos mirándonos esos largos minutos, llamado forcejeo mental.

Esta vez habían pasado tres meses que no visitaba la empresa. Llegué mientras ella almorzaba en el casino así que discutí algunos temas con el dueño, planificando actividades para el año que siempre parte cuando termina marzo, después de las vacaciones.

- Lucy se nos casa. - Me dijo, como si él también lo sintiera. - Está de novia.

Apenas terminó la reunión partí a su oficina. Ahí estaba de pie buscando algo en la repisa, dando la espalda a la puerta.

- Así que te casas, Lucy dije mientras avanzaba hacia ella.

Ella giró asustada y sin que reaccionara la tomé de la cintura rodeándola fuerte, la levanté y giré con ella abrazada a mi cuello mientras sentía su risa en mi oído.

Sí, estoy feliz

La dejé suavemente en el suelo y sin soltarla ella me mostró su mano con el anillo de compromiso. Sentía su cintura frágil.

- Esta vez no te voy a pedir que me sirvas café, sino que voy a ofrecerte un regalo.

Ella se puso seria, algo presentía, más aun si todavía la tenía abrazada de la cintura pegada a mí.

Voy a regalarte una cena de despedida de soltera, solo tú y yo.

Su respuesta vino de la misma forma que cuando le pedía café: Estuvimos largos segundos mirándonos fijamente a los ojos ejerciendo el mismo forcejeo mental.

Texto agregado el 11-04-2021, y leído por 47 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
12-04-2021 Ahahaha!!,que buena narración y que despliegue de imagenes,me encanta eso de leer y ver y mas si dejas la escena abierta.Felicitaciones!. plumi
11-04-2021 Ohhh!!!! Me encantó tu texto,en verdad me gustaba esa relación donde existía un compromiso,según mi forma de pensar.Algo tácito y valioso. Nunca imaginé ese final. Desconcertante;pero que le da magia a tue bellas letras... ***** Un abrazo Victoria 6236013
 
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