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Ese es Iván, alto, de buena facha, siempre de terno y con su pelo y barba canosa muy bien recortados. En la oficina lo apodaban el Sean Connery.
Cada vez que en las conversaciones grupales se comentaba sobre lo buena moza de alguna de las niñas de la oficina él se excusaba de dar su opinión porque “era de una sola línea”. Lo mismo cuando se opinaba sobre una actriz, al resaltar su belleza, “no, no, no. Yo no opino, soy de una sola línea”. Y completaba su acto retirándose serio.
Al principio la mayoría de las compañeras de oficina ese gesto lo celebraban, consideraban que era una postura fiel para su esposa. Cuando llamaba, que a propósito utilizaba el teléfono fijo, la secretaria o quien respondiera, se deshacían en frases como estas: “No se preocupe, se desocupará, Iván siempre tiene tiempo para Ud.” “El saldrá de la reunión para atenderla”. La gente de la oficina suspendía sus tareas y sin disimulo escuchaban cómo se desarrollaba la conversación.
Pero al paso del tiempo, ellas y ellos, empezaron a sospechar que detrás de esa posición había gato encerrado.
Si salían en grupo a almorzar y de vuelta se desviaban para un helado o “vitrinear”, él no, con el argumento “soy de una sola línea” se separaba y raudo caminaba a la oficina.
Comenzaron a relucir muchas conjeturas, cada uno tenía una opinión distinta. Por mucho tiempo fue un verdadero misterio.
Una de las secretarias del departamento de administración pronto contraería nupcias. La invitación en una primera instancia fue al grupo. ”Están todos invitados a la iglesia y después a un coctel bailable en tal lugar”. Durante los días siguientes no se habló de otra cosa e Iván se mostró entusiasmado.
Pero todo cambió cuando llegaron las invitaciones formales. La tarjeta de invitación decía invito a Ud. y Señora. O la inversa. Iván se restó del entusiasmo.
En la fiesta se formó un grupo con la gente de la oficina. Iván un poco apartado porque además de su esposa, sorprendiendo al resto, asistió también su hija mayor de diecinueve años.
Los novios de acercaron al grupo acompañados del fotógrafo y la novia comenzó a saludar muy emocionada uno por uno con la ronda de presentaciones correspondiente. “Mi señora, mi pareja, mi esposo”. Y así.
Cuando llegó al grupito de Iván la novia lo abrazó fuertemente, lo besó en cada mejilla, algo que no hizo con el resto, y les dio a entender a su señora e hija que ambos eran muy amigos.
Después que los novios caminaron hacia otro grupo, la hija de Iván le dijo a su mamá, mirando con desafío a su papá y sin ningún disimulo hacia el resto de sus compañeros

- Mamá, no quiero ver más a esa mujer cerca de mi papá.
- Si, hija, estoy de acuerdo. ¿Escuchaste Iván? En la casa vamos a hablar.

Texto agregado el 15-04-2021, y leído por 106 visitantes. (1 voto)


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