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Cuando el brotecito asomó en aquello que era un frondoso jardín en donde reinaban los rosales, los retamos, los claveles y un hibisco fantoche engalanado con enormes flores, parecidas a enseñas irradiando un tono violeta que hería los sentidos, el brotecito nada expresó, debatiéndose en medio de tanto esplendor, observándolo todo en medio de una admiración basal, carente todavía del verbo que caracolea entre el follaje para noticiarse de cuitas que sólo interesan a ese mundo, es decir, el agua que arrecia bañando las ligustrinas, las aves que se arremolinan sobre el nogal, el césped, alfombra erótica picoteada por los gorriones. El noticiario es propagado por la brisa tímida de agosto y es la maleza la que presta malsana atención para luego desvirtuar las nuevas y trocarlas con su voz socarrona. Son los fake news que llegan a oídos de las sensibles azucenas a las que el temor las desdibuja y ya parecen novias mustias aguardando al macho que se arrepintió. Por supuesto que la triunfal aparición del brotecito fue también voceada por las gargantas espurias de la greñuda maleza y, claro, a ese inocente recién nacido tras su épica gestación, se le atribuyeron poderes malignos. No puedo imaginar a todo un jardín espantado, pero entiendo que las flores del hibisco palidecieron y del violeta furioso viraron a un blanco amarillento color espanto.
Lo cierto es que el brotecito, pleno de orfandad y aún ajeno al lenguaje de cimbra articulado por los misteriosos y subterráneos elementos de la tierra, sólo contemplaba a aquellos que parecían gigantes arrogantes.
A espaldas del recién nacido, que a todo esto, comenzaba a espigarse, el aterrado hibisco, en contubernio con el rosal y con la temerosa abstención del retamo, convinieron en aliarse con el pájaro Emilio, gorrioncillo rebelde que solía picotearle las flores colorinches del vestido de doña Juana.
Este pájaro de cuentas, frunció su entrecejo cuando escuchó la propuesta. Siendo un renegado, de lo cual se envanecía, jamás atentaría contra un recién nacido. Le ofrecieron todos los vestidos de doña Juana, los que serían escamoteados por la rata Conseja. Como el pájaro Emilio tenía una enorme predilección por esas telas pintarrajeadas, aceptó el trato y todos se alborotaron ante una intempestiva ráfaga de viento.
El brotecito ahora se mecía por la suave brisa y había aprendido unos cuantos vocablos, escamoteados a las chinitas que merodeaban cerca. Un suave estremecimiento le indicó que nada bueno se avecinaba. Sin embargo, muy poco podía hacer, salvo tratar de desentrañar el lenguaje enrevesado de la maleza que se mecía maliciosa.
Y cuando apareció el pájaro Emilio, el brotecito, que ya lucía faldones verdes que le brindaban un toque de gran elegancia, susurró como sólo un brotecito puede hacerlo:
-Los dioses han decidido por fin.
Y el pájaro contempló al brote con ojo suspicaz.
-¿Dioses? ¿Qué es eso?
-Los que deciden tu destino. Y hoy deciden que saborearas mi tierna investidura de cicuta.
No es que los pájaros sean letrados – mucho menos el bribón de Emilio- pero bien intuía que esa combinación de sonidos nada bueno auguraba.
-¿Cicuta, dijiste?
-Ci cu ta. Eso soy.
Ignoraba el pájaro que varios siglos antes, un filósofo había preferido empinarse un vaso de esa mortal hierba antes que renunciar a sus convicciones.
Y él, plumoso fanfarrón, ajeno a las naturales convicciones que le dan luz y heroicidad a los grandes representantes de la especie humana, sólo contempló temeroso a ese espigado matijo que ya daba paso a una gallarda planta y sin más, preparó las flechas de su vuelo y luego fue un punto en el cielo ribeteado de nubes algodonosas.
La desbocada maleza, tan similar a un pasquín amarilloso, le encomendó al viento que voceara por doquier que un peligro desenfrenado amenazaba a toda la población vegetal.
Eso permitió que lo que había sido un minúsculo brotecito creciera a sus anchas, garboso y extemporáneo en medio de ese jardín rencoroso y que por los milagros vivos de la madre tierra devino en una majestuosa orquídea que logró mitigar los fulgores carnavalescos de las flores del hibisco, apagó los tonos elegantes de las rosas y al final, ese jardín se multiplicó armonioso y pleno de respeto entre todas las especies habidas y por haber.













Texto agregado el 25-04-2021, y leído por 71 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
27-04-2021 Moraleja: Si quieres sobrevivir, y luego sobresalir mostrando al mundo tus cualidades, ahuyenta a tus enemigos pagándoles con la misma moneda que pretenden utilizar. Hermoso cuento y muy original tu vocabulario planteril. Clorinda
25-04-2021 —Posiblemente yo diría esa frase tan recurrida en trabajos de escritura: "Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia" y nada más que eso, o también que puede ser fruto de la amplia y documentada imaginación del autor que sabe dibujar, pintar y escribir fantasías. Claro que también depende del brote, si es de una especie que alimenta, enseña, adorna y/o entretiene, dejemos que crezca. —Saludos y un abrazo. vicenterreramarquez
 
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