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Inicio / Cuenteros Locales / ome / La cena en el Sena.

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A sus veinte años, Benjamin debido a la muerte de una tía abuela que residía allí viajó a París en lugar de sus padres al entierro.
Benjamín estaba muy entusiasmado con el viaje que a pesar de ser un tanto agotador por sus trece horas de viaje en avión y como no conocía a nadie de su familia francesa, luego del funeral y de saludar a todos se fue a su hotel.
Descansó toda esa noche pero como sus padres le dieron dinero suficiente para que pudiera pasar una semana conociendo esa hermosa ciudad, al día siguiente muy temprano, bajó a desayunar y se dedicó a pasear.
Su primer lugar fue Les Champs Elysee donde recorrió toda aquella hermosa avenida mirando las principales tiendas y negocios de las mejores marcas del mundo admirándose con todo y sobre todo con sus precios, imposibles para su bolsillo.
Al llegar al Arco del Triunfo algo llamó su atención, una joven estaba pintando un cuadro, era una hermosa joven de cabellos negros como el azabache y corto como se usaba en aquella época que contrastaban con el verde de sus bellos ojos. Por supuesto que también miró el cuadro, la joven pintaba con mucha destreza el mismo Arco del Triunfo pero con algo que Benjamin calificó de personalidad aún sin conocerla.
El joven se acercó y la muchacha al ver que era extranjero al oírle hablar, comenzó a conversar animadamente con él, preguntándole de dónde era y todo lo que se acostumbra preguntar a un extranjero joven y guapo como lo era él. Al poco rato parecían grandes amigos, cuando la chica terminó su trabajo levantó sus útiles y le dijo que como vivía cerca, era verano y no tenía clases, iría caminando hasta su casa. Benjamín se ofreció a acompañarla y allí aunque parezca mentira nació algo tan maravilloso que ni el tiempo pudo apagar.
Benjamín al descender de una familia francesa, sabía el idioma aunque no lo hablaba perfectamente podía hacerse entender a veces usando el idioma inglés que Mariné conocía muy bien.
Al medio día almorzaron juntos, en realidad una pizzas en una pequeña pizzería de aspecto agradable como hay tantas en esa ciudad.
Luego ella le propuso, al saber que era su primera visita, recorrer los lugares a los que cada turista desea ir y fue así que subieron hasta la cima del monstruo de hierro que estaba lleno de gente, la Tourre Eiffel Para Benjamin aquello era como tocar el cielo, desde allí podía ver toda la ciudad y su famoso río.
Mariné le contó que jamás imaginó salir a pasear con alguien a quién no había visto nunca pero con él fue distinto, se complementaban, los dos querían ser pintores aunque los padres del muchacho no se lo permitían y tuvo que entrar a la facultad de ingeniería, por lo menos podría dibujar puentes y diciendo esto los dos comenzaron a reír alegremente como lo que eran, jóvenes alegres.
La tarde se fue más pronto de lo que imaginaron y Benjamín acompañó a Mariné hasta su casa prometiéndole ir a buscarla al día siguiente, tenía mucho por conocer y sólo le quedaban pocos días.
Otro día de caminata y hasta de viajar en bici-taxi, algo que en Uruguay no hay pero en París era común y agradable de viajar. No es necesario narrar todos los lugares que conoció Benjamín guiado por aquella hermosa muchacha pero como todo llega a su fin, el último día llegó, Mariné había dejado lo más lindo para el final, un paseo por las orillas del río Sena.
No es fácil describir algo tan hermoso, el río en verano, su gente y sus paisajes, era la belleza misma.
A la noche que llegó más pronto de lo deseado, Benjamin l dijo que le tenía una sorpresa, había comprado dos boletos para una cena en el barco que por una hora recorría el río, Mariné no lo podía creer, nunca había subido a ese barco.
La joven pareja subió y el mozo, un muchachito más o menos de la edad de ellos los acomodó en una mesa adornada con pétalos de rosa, dos copas, vino diciéndoles que pronto les traería la cena en cuanto el barco zarpara.
La noche era maravillosa y las luces encendidas de la hermosa torre, los llenó de alegría pero también de nostalgia, los dos sabían que quizá nunca se volverían a ver.
Ella le contó que estaba estudiando y que cuando fuera mayor y supiera pintar le agradaría tener una galería de arte, sus padres se lo habían dicho y la ayudarían al ver lo excelente pintora que era.
El por su parte le contó que le gustaba muchísimo pintar pero que sus padres no podrían costearle dos carreras y lo primordial era verlo recibido de ingeniero.
Esa fue la noche más maravillosa de sus vidas, era perfecta aunque sabían que al otro día todo volvería a ser como antes, la disfrutaron.
Al bajar del barco, el mozo se les acercó a preguntarles si les había agradado la cena y el paseo por el río a lo que los dos al unísono le respondieron que iban a recordar esa noche por el resto de sus vidas y diciendo esto saludaron al joven mozo el que les dijo lo siguiente…
------Espero volver a verlos!!!
Benjamín tomó de la mano a Mariné y pasearon como dos enamorados bajo la hermosa luna de París, se besaron y se prometieron volver a verse, porque cupido había hecho de las suyas y era muy difícil rechazarlo.
Al día siguiente Mariné pasó a buscar a Benjamin al hotel y lo acompañó al aeropuerto.
Desde la ventanilla del avión el muchacho veía lágrimas en el rostro de la chica y a su vez ella las veía en el de él.
Y así volvió Benjamín a Montevideo, en aquella época aún no estaban los celulares como ahora por lo tanto sólo se podían comunicar por teléfono y eso era más complicado por los horarios diferentes por lo tanto, luego de un tiempo optaron por escribirse y unos meses después la vida siguió su curso, cada uno, sin olvidarse del otro tuvo que seguir con su vida de estudio y trabajo.
Benjamin se recibió luego de algunos años pero sus padres ya no estaban y tuvo que mudarse, lejos donde conoció a una mujer e hicieron planes de casarse a pesar de estar aún enamorado de Mariné, el tiempo y la distancia los había alejado.
Luego de un tiempo ese noviazgo no prosperó y volvió a quedar solo.
Trató de comunicarse con Mariné pero ella tampoco vivía con sus padres y lo más sensato era que se olvidara de ella.
Mariné por su parte llegó a ser una de las pintoras más famosas y pudo cumplir su sueño de tener una galería propia, ella tampoco se había olvidado de aquel muchacho uruguayo con el que había vivido días inolvidables.
Al fin cuando ya había pasado más de treinta años, cierto día Benjamin pensó que era hora de tomar unas vacaciones en el lugar más hermoso que haya conocido y sin pensarlo dos veces buscó un vuelo a París.
Al llegar al hotel pensó que no estaba cansado y que iría a recorrer los lugares que tanto añoraba.
Sin darse cuenta sus pasos lo llevaron hasta el río Sena, todo estaba cambiado, aunque no dejaba de pensar que era hermoso.
Caminó y caminó, buscó la pizzería donde aquel día almorzara con Mariné y la nostalgia no le permitía seguir, la veía en cada muchachita que pasaba aunque tenía muy presente que treinta años cambia a las personas, él la imagina igual, con su melena corta y negra y aquellos ojos esmeralda que lo miraban como lo habían hecho cuando partió.
Sus pasos lo llevaron al caer la noche, hasta un barco que estaba por zarpar pero que aún no estaba completo y tendrían que esperar, Benjamín preguntó si estaba a tiempo de comprar un pasaje a lo que le contestaron que sí, que a último momento una pareja tuvo que cancelar y que aún quedaba una mesa vacía.
Benjamín subió al barco donde un mozo se acercó como aquella noche treinta años atrás a preguntarle si podía traerle la cena a lo que Benjamín le contestó que quería cena para dos personas y dos copas de vino.
El mozo lo miró y tuvo un sobresalto, Benjamín lo notó y el hombre le dijo…
----Espero que sepa disculparme señor es que creí reconocer a una persona la cual atendí en esta misma mesa hace muchos años.
Benjamín volvió a mirar a mozo, un hombre de su edad muy bien conservado y también él lo recordó.
Era el mismo mozo de aquella vez, no había duda…
----Usted estaba con una joven muy bonita ¿verdad? Dijo el mozo a lo que Benjamín contestó que no lo podía creer, el también lo había reconocido.
El mozo le dijo que había trabajado toda su vida en el mismo barco pero que luego de unos años pudo comprarlo y como lo único que sabía hacer bien era atender al público, eso fue lo que hizo, era el propietario y seguía siendo el mismo muchacho de siempre, atento y trabajador.
El hombre se sentó con el permiso de Benjamín y le dijo que pronto le serviría la cena aunque no sabía para quién era el otro plato ni la otra copa lo único que le dijo fue que esperaba que disfrutara de su cena la cual muy pronto le sería servida.
Benjamín casi no podía creer lo que estaba viviendo, aquello no parecía real.
Mientras esperaba que le sirvieran, notó a una mujer de cabello corto y negro que le hizo recordar a Mariné pero se dijo que los años también habían pasado para ella y que…
---Señor, me he tomado el trabajo de traerle a una persona que quizá conozca…
Una mujer mayor pero muy bonita y elegante estaba parada junto a Benjamín, una mujer que tenía el mismo cabello solo que ahora lo adornaban unos mechones blancos y lo miraban con aquellos ojos verdes como el río…
No es fácil contar lo que pasó después, se miraron y él le tomó las manos ayudándola a sentarse frente a él.
Las palabras sobraban, sólo Mariné pudo decir muy bajo… ¿Por qué tardaste tanto?
El destino los había alejado pero la vida pudo más y los unió.
Omenia 30/5/2021




Texto agregado el 01-06-2021, y leído por 39 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
01-06-2021 —En estos tiempos aciagos e inciertos hace muy bien para el espíritu leer un cuento como este que nos retrotrae a los tiempos románticos de nuestra juventud. —Un abrazo par ti Ome, y gracias por este hermoso paseo parisino. vicenterreramarquez
01-06-2021 Puros suspiros me sacaste con tu historia cautivante!!! MujerDiosa
 
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