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Balances: ¿Qué pueden esconder las entradas dobles en sus pliegues?

Jober Rocha


La Contabilidad, según la definición clásica, consiste en una Ciencia Social cuyo objeto de estudio es el patrimonio de las entidades o empresas, sus fenómenos y variaciones, registrando los hechos y actos de carácter económico-financiero que la afectan y también estudiando sus consecuencias en la dinámica financiera. Esta ciencia comenzó con el matemático Leonardo Fibonacci y luego fue desarrollada y perfeccionada por el monje Luca Pacioli, quien publicó el Método de Doble Entrada para la Contabilidad y elaboración de balances de empresas o entidades, en el siglo XV.
La Contabilidad se implementó oficialmente en Brasil en 1770, con la reglamentación de la profesión contable y, en 1880, con el permiso que requería la contabilidad comercial de Doble Entrada, método que, según el permiso antes mencionado: “...era el más claro, con menos espacio para errores y subterfugios donde se esconderían la malicia y el fraude”.
Más de un siglo después este método sigue siendo el único utilizado por todas las entidades o empresas; sin embargo, como la creatividad humana es inagotable y el fraude contable continuó existiendo y perfeccionándose, surgieron empresas de auditoría dedicadas al análisis de empresas que cotizan en bolsa o constituidas en forma de corporaciones, las cuales debían someterse a auditorías independientes para demostrar la calidad de la gestión y la veracidad de la información publicada en sus declaraciones contables o financieros.
Los fraudes pueden ocurrir en cualquier tipo de entidad o empresa (pública, mixta o privada), de cualquier tamaño (pequeña, mediana o grande), en cualquier sector (comercio, industria o servicios) y, en el caso brasileño, suelen estar enmascarados sobre todo por los efectos inflacionarios, habituales desde hace mucho tiempo. Pueden ser de diferentes modalidades y presentarse cubiertos temporal o permanentemente. También pueden provenir de empleados, de clientes, de proveedores, de prestadores de servicios, de la propia dirección o del propietario de la empresa.
En nuestro país, donde los medios de comunicación informan a diario escándalos de desvío de recursos públicos a través de concurrencias fraudulentas que involucran a políticos, ejecutivos y administradores federales, estatales y municipales, así como a empresarios privados; la rendición de cuentas y balances de las distintas entidades involucradas se conforman constantemente, con el fin de ocultar las malversaciones de recursos ocurridas y que, al ser descubiertas, son llamadas eufemísticamente por los potenciales imputados, simplemente fechorías.
Los controles internos y las auditorías externas independientes funcionan bien cuando se trata de descubrir desviaciones hechas por empleados; sin embargo, cuando se trata de desviaciones promovidas por los directores y por el presidente o dueño de la empresa, la cosa cambia.
En cuanto a los controles internos de las empresas, quienes laboran en ellas son designados y normalmente rinden cuentas ante los consejos de administración, directores o presidentes de empresas y, en este caso, no cuentan con la exención necesaria para la investigación y denuncia, cuando el fraude proviene de aquellos ante quienes son responsables.
En las empresas públicas y estatales brasileñas se sabe que los puestos de liderazgo y dirección suelen estar divididos entre el oficialismo y la base partidaria que lo apoya, de modo que todos los servidores, en estos casos, están en el mismo barco y, así, los posibles desvíos de recursos son camuflados por quienes deben denunciarlos.
En el caso de las auditorías externas independientes, estas, aunque tienen un nombre que proteger, entienden bastante bien el lenguaje del dinero proveniente de quienes les pagan generosamente por los servicios que realizan.
Hace unos años, una gran empresa de auditoría estadounidense cerró sus puertas, tras recibir informes de que estaba involucrada en el encubrimiento de un fraude contable en una gran empresa del sector energético en Estados Unidos. Esta empresa desvió sus pérdidas a otra entidad, presentando así utilidades en sus balances; que fueron auditados por auditoría externa independiente sin ninguna calificación.
En nuestro país, recientemente, una empresa de auditoría externa e independiente, que analizó los estados financieros de una gran empresa nacional, emitió una opinión negativa (cuando no se siente confiable en los controles internos de la empresa contratante), en un informe trimestral de 2014. Esta empresa nacional, sin embargo, tenía sus estados financieros aprobados, hasta el momento, por otras empresas de auditoría externa, a pesar de que uno de sus directores, en una denuncia premiada ante el tribunal, dijo que los fraudes y esquemas de corrupción eran de larga data.
En cuanto a las empresas privadas que prestan servicios (los proveedores de equipos y materiales y aquellas que realizan obras civiles para gobiernos Federal, Estatal y Municipal), argumentan que tienden a sobrevalorar sus precios porque los contratos demoran en pagarse, investigaciones recientes muestran que la verdadera razón no es precisamente ésta; ya que esta sobrefacturación suele ir al bolsillo de las autoridades que intervienen en el proceso de contratación de servicios y liberación de recursos.
Parece, por tanto, que el fraude y la malversación de recursos suelen pasar desapercibidos para las auditorías internas y externas, creadas precisamente para detectar tales eventos. En algunas ocasiones, incluso pensamos que sería necesario contratar a un auditor externo para auditar la opinión del auditor externo previamente contratado. Cuando los intereses alcanzan miles de millones o billones, todo es posible.
Se puede ver, por tanto, que se ha escondido mucha suciedad en los pliegues de las partidas dobles, a la hora de analizar los balances de empresas o entidades. Alguna suciedad pasa desapercibida y, tal vez, nunca será descubierta ni tendrá a los responsables alcanzados por los brazos de la ley y castigados de manera ejemplar. En otros, sus promotores y los beneficiarios podrán garantizar que el delito paga, ya que evitarán cualquier castigo y sus delitos nunca serán descubiertos. Muchos dirán: - “No es culpa del método de doble entrada adoptado en los balances de las empresas; pero, sí, de los seres humanos y sus ambiciones, que no dudan en apoderarse de lo que no les pertenece y tratar de encubrir sus acciones”.
Estoy de acuerdo con quienes piensan así, pero creo que ha llegado el momento de considerar el fraude en los balances de las empresas como un crimen atroz y de castigar estrictamente a todos los que contribuyeron a este fraude; dado que esta acción ha sostenido toda una cadena de mala praxis y desvío de recursos públicos que, al incrementar los costos de bienes y servicios, producen una inflación de precios y costos que perjudica tanto a las poblaciones de nuestras ciudades.

Texto agregado el 09-07-2021, y leído por 90 visitantes. (0 votos)


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