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Cuento


Desde el balcón, manzanas y strudel




A mí me gustan las manzanas de cualquier color, verdes y rojas
Claro que en estos tiempos de carencias y cuarentenas, entre pintona y madura, aunque pierda y muchos no me crean, prefiero las maduras.

Hace unos días tomando el sol en el balcón de mi departamento del segundo piso me puse a conversar con Alberto, el vecino del primero, que estaba en su jardín observando el manzano en fruto, yo también detuve mi vista en el árbol que tanto a él como mi nos regalaba sombra veraniega. Era el mes de marzo y el árbol orgulloso mostraba sus frutos maduros y tentadores.

No pude resistir y estiré mi brazo izquierdo, que es el que mejor domino y sin dificultad logre acariciar una manzana roja bien grande, madura y… y en ese momento apareció ella, la mujer del vecino, y se unió a la conversación acotando que había que cosechar las frutas y hacer mermelada para el invierno, además hacer unos ricos strudel…

Yo volví a estirar ahora mi brazo derecho y mirándola a ella acaricié otra manzana que se notaba más madura, en el punto preciso para transformarla en mermelada, ella devolvió mi mirada y haciéndome un guiño… desapareció tras la persiana de la ventana.

Seguí conversando con Alberto y mirando las manzanas le dije: mire vecino con qué facilidad alcanzo las manzanas, estoy tentado de robarle esta que se ve sabrosa… el vecino risueño me miro diciendo: vecino el árbol es mío pero la fruta que esté al alcance de su mano tómela y degústela como si fuera suya y así lo hice, la manzana estaba sabrosa…

Al día siguiente como a las tres de la tarde, día caluroso, salí al balcón para disfrutar la sombra del manzano y por qué no también degustar otra manzana que estuviera al alcance de mi mano. Cuando extendía mi brazo apareció la vecina también con idea de capear el calor interior del departamento vestida con una bata muy liviana que cubría su cuerpo hasta la mitad de sus piernas, al verla rápidamente recogí el brazo y la manzana cayó al suelo, con la mano extendida simulé espantar una mosca. Me miro sonriendo y dijo: no se arrepienta recuerde lo que ayer le dijo Alberto, si está al alcance de su mano…
—¿Mucho calor? —pregunté.
—¡Sí, mucho! Ya no lo soportaba dentro, por eso aprovechando que Alberto salió y no vuelve hasta tarde quise disfrutar un rato la sombra oyendo música antes de ir a preparar un strudel.

Desde el tiempo que somos vecino en el mismo edificio ella nunca había sido objeto de mis miradas impertinentes, por alguna razón hoy la observé con detenimiento: edad indefinida que yo definiría como la mejor, morena de tez y pelo castaño, aun así resaltaban en ella unos hermosos e inmensos ojazos celestes que denotaban ancestros teutones allegados a esta tierra de frutales pródigos en ricos frutos… un par de ojos sumamente cautivadores…

Miré las manzanas, la miré a ella, encontré su mirada clavada en la mía y en sus labios una mueca similar a la que me hacía la manzana, estaba todo tan cerca que también a ella la imaginé al alcance de mi mano….
Muy patente y claro en mis oídos resonaron las palabras del vecino el día anterior: No lo piense mucho vecino el árbol es mío, pero la fruta que esté al alcance de su mano tómela y degústela como si fuera suya.
Ella, allí en su jardín lejos de cualquier intención mía de alcanzarla ni siquiera soñando, se tumbó en una reposera y colocándose unos llamativos audífonos se puso a oír música. Mientras yo hacía lo mismo en mi balcón con música suave y pensamientos que me llevaron a los brazos de… Morfeo.

Al cabo de poco más de una hora el timbre de mi puerta me sacó de mi ensueño y mis pensamientos, acudí a abrir y sorpresa mayúscula, era la vecina…
—Hola vecino, como Alberto no está y va a llegar tarde me tomé la libertad de traerle estas manzanas que usted quiso tomar y se cayeron, además también le preparé un strudel con una receta que es legado de mi muy querida bisabuela alemana.
—Muchas gracia vecina, quiero probarlo inmediatamente, por favor pase y me acompaña con un cerveza Budweiser bien helada.
Con mucho gusto respondió ella y cuando le ofrecí la cerveza la tomo con su mano derecha y mirándome fijamente tuteándome me dijo:
—Acuérdate de lo que ayer dijo Alberto relativo a lo que puedes alcanzar con tu mano, y al tomar el vaso por largos segundos sentí el roce de su piel en mi piel.

Bueno lo que siguió es de imaginar, estaba muy, pero muy rico el strudel, entre los dos lo degustamos, estaba tan bueno que nos repetimos tres veces. Yo quise una cuarta, pero ella me dijo que dejemos algo para mañana ya que Alberto tiene que ir a vacunarse con la segunda dosis y va a demorar como cuatro horas en volver.

Texto agregado el 18-07-2021, y leído por 255 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
27-08-2021 jajajaja,también me has sorprendido.... Muy buen texto con un final abierto a la imaginación***** Beso Vic 6236013
07-08-2021 Un cuento con un final esperado, pero que actúa como aliciente para continuar leyendo. En estas letras se palpa el entendimiento de nuestra naturaleza. Leí tus hormigas. Al parecer caminamos por los mismos senderos amigo. Nazareo_Mellado
28-07-2021 Me sorprendiste, querido Vicente, jajaja. Gracias. Hago mías las palabras de doña Yvette. gsap
21-07-2021 Disculpe Vicente amigo fue un error, usted le hiso caso. Abrazo Lagunita
21-07-2021 La buena suerte nunca se desprecia, jajaja, muy bueno el vecino y usted le izo caso a sus dicho, genial amigo Vicente.***** Abrazo Lagunita
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