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No me mira, yo tampoco pero siento algo, casi como con la maestra de tercero que no la puedo ver por televisión porque me da vergüenza encima mis hermanos me cargan a cada rato. No sé el nombre ahora me siento igual .Con Vilma pasa otra cosa, siento mucha vergüenza con solo verla. Ya tengo todo arreglado para cuando ella quiera, porque solo puedo esperar que ella quiera. ¿Que quiera? me gusta jugar a la pelota en la cancha de la compañía o remontar barriletes. Hago la estrella. Ese olor a lluvia en la casa de Enrique no es el típico, huele a muerto y nos reímos, encima la madre nos hace poner los patines para pasar por el living, el fondo es lindo pero ordenado para que no se ensucie nada, prefiero en mi casa jugar a los basureros con la montaña de piedras del fondo. Me quiere hacer decir cosas en el escenario y me da miedo, de esos que solo te hace todo lo tonto que poder hacer. Marta Siraco tiene la culpa me empuja para que diga algo y no me sale nada. La abuela me entiende y cuando le digo que me duele la cabeza, no me manda a la escuela y si es el acto mejor. Omar, Omar, Omar y del pasillo viene Omar, nos reímos porque lo decimos como los tres chiflados. La galletitas Manón, no las Terrabussi, no sé porque pero se supone que son más sanas. Llegar media hora temprano y espero que suene la campana que suena y Vilma que me miré. La portera Leonor le cantamos siempre cuando cantamos el himno a Sarmiento, Gloria y Leonor, con Gloria no la saludamos, es mala. Me pica la espalda, los cuarenta mil, Si todo sale como espero me voy a preparar un mate. Hay algunos bizcochitos de grasas, no me gusta con termo porque se lava aunque en realidad siempre los lavo. Ahora me pica el brazo derecho. Voy al mar y la busco a Vilma. Está y esta vez me mira y se ríe, a mi me sigue dando vergüenza. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer porque sé que a la larga o a la corta voy a hacer eso. Ahora me pica el hombro, me rasco la cabeza y otra vez los cuarenta mil. La voy a invitar con un mate con bizcochitos, será esta tarde, para la merienda. Como crecimos se supone que nos tenemos que poner serios aunque prefiero que se ría y que yo me ponga colorado. No la conozco demasiado o nada. El mate es con azúcar, no tan caliente. La abuela los hacía así y me gustaban. Creo que me quiso llamar para terminar un trabajo, me genera una incomodidad, sé que me importa, pero tengo que cumplir con la consigna. Lo hago por otros y de alguna forma también quiero tomar mate con Vilma para que se ponga contenta y que llueva y truene para sentir el olor a muerto con Enrique. Me pica la espalda y me rasco la cabeza, cuarenta mil. Se abre la puerta y detrás de esa sonrisa aparece, me rasco la cabeza y me pasa lo del acto de la escuela, no me sale nada. Abuela me duele la cabeza. Es tarde pongo la pava a calentar y le alcanzo los bizcochitos de grasa. Me mira y por la primera vez la puedo mirar, con mucha vergüenza pero logro mirarla. Creo que me estoy riendo y ella se dio cuenta y ahora se ruboriza. Mañana temprano lo llamo para que se tranquilice.

Texto agregado el 19-09-2021, y leído por 64 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
20-09-2021 Está buena la idea de hacerlo así. Sólo que lo arreglaría un poco más. Un abrazo. MujerDiosa
20-09-2021 Me gusta la narración algo confusa, entremezclada con Vilma, el mate de la abuela y la cotidianidad de la narración. Saludos, Alberto. maparo55
20-09-2021 Hay algunas faltas de ortografía que confunden la lectura, valdría la pena corregirlas porque es un buen cuento. Saludos. JerryMendez
 
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