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Por que las malas noticias predominan sobre las buenas?

Jober Rocha

Recientemente tuve la oportunidad de hablar con un amigo que está estudiando un doctorado en Filosofía y que me dijo que aún no sabía qué tema de tesis elegiría para presentar a su director y, finalmente, defenderla ante el tribunal examinador, completar el curso y recibir el tan deseado título de Doctor.
Hice una sugerencia en broma en ese momento: - ¿Por qué no investigar las razones filosóficas y / o científicas por las que, en la vida de alguien, ocurren muchas más malas que buenas noticias? Él, sin darse cuenta de que yo hablaba en serio, se tomó el tema a la ligera. Aunque ya había visto tesis de maestría y doctorado, con títulos extravagantes y pomposos, que discutían temas sin importancia, tanto para la Ciencia como para la Filosofía, este me parecía un tema inusual y con tendencia a no ser tomado en serio por la mayoría de la gente, aunque pertinente y totalmente cierto.
Pasé unos días pensando en esa idea que se me había ocurrido durante la conversación con mi amigo. Sin embargo, estoy convencido de que él no volvió a tocar el tema después de que nos despedimos.
Yo, a mi vez, seguí madurando ese tema por unos días más y, finalmente, decidí escribir el presente texto, en forma de ensayo en el que analizo, sin pretensiones, algunos aspectos del tema que me parecieron bastante curiosos y estimulantes.
El hecho es que, en realidad, las malas noticias ocurren en cantidades mucho mayores que las buenas en la vida de todos, aunque la mayoría de los seres humanos no son conscientes de ello. Los individuos piensan, en un claro error, que las malas noticias y sus consiguientes vicisitudes y desastrosas implicaciones posteriores, solo se les ocurren a ellos y que todas las demás personas son completamente felices durante la mayor parte de sus vidas, olvidando que la mayoría de los seres humanos tienden a ocultar sus tribulaciones diarias con forzadas sonrisas o, simplemente, con silencio.
Este citado tema de malas noticias que traen consigo infelicidad, al estar en mayor número que las buenas noticias en la vida de las personas, que suelen ocultarlas a los demás aparentando ser una falsa felicidad, ya había sido intuido en el pasado por al menos tres poetas ilustres como Raimundo Correia (1859-1911), Fernando Pessoa (1888-1935) y Casemiro de Abreu (1837-1860)
Raimundo Correia, en los dos últimos tercios del poema 'Mal Secreto', dice:

¿Cuántas personas que se ríen, tal vez, con ellas
Guardan un atroz y oculto enemigo
¡Como invisible llaga cancerosa!
Cuanta gente que se ríe, tal vez haya,
Cuyo único objetivo consiste
¡En parecer afortunada a los demás!

Fernando Pessoa, a su vez, en la primera estrofa del poema 'Autopsicografía', dice:

El poeta es un pretendiente al
Fingir tan completamente,
Que incluso finge que es dolor
El dolor que realmente siente.

Casemiro de Abreu, en su poema 'Dores', dice en la primera y última estrofa:

Hay dolores profundos, agonías lentas,
Dramas conmovedores que nadie consuela
¡O incluso sospecha!
Dolores mayores que el dolor de un día,
Que la muerte borracha en una taza caliente
¡De labios de mujer!

¡Oh! Hay dolores tan profundos como el abismo,
Dramas conmovedores que nadie consuela,
¡O incluso sospecha!
Dolores en la sombra, sin caricias de ángel,
Sin voz de amigo, sin palabras dulces
¡Sin besos de mujer!

Luego de esta rápida introducción, por tanto, comenzaré con mis simples argumentos en defensa de la tesis que da título a este texto y que pretendo defender aquí, sin la pretensión de convencer a los lectores y sin el rigor científico de un trabajo académico.
Primero, para aquellos lectores que tienen alguna religión y creen en un Creador, es evidente que todos estamos en este mundo para aprender y evolucionar espiritualmente, como afirman todas las religiones. Una de las formas de aprender, y sin duda la más importante, es a través del sufrimiento, que siempre nos llega a través de malas noticias.
No nacimos para, hipotéticamente, ser felices de por vida estando aún encarnados, una hipótesis que, de ser cierta, nos corrompería en la vida; aunque el deseo de vivir felices hasta el final de nuestros días es el objetivo final de todos los seres humanos.
Si fuéramos felices todos los días del año, tenderíamos a disfrutar plenamente de esta felicidad y nos corrompería su exceso; Afortunadamente, sin embargo, creo que, incluso si realmente existiera esta posibilidad, seríamos felices solo por unos pocos años y no para toda la vida.
Déjame explicarte mejor: la inconstancia, la insaciabilidad, el inconformismo, la volubilidad, la mutabilidad, la rebeldía y la ambición son parte de la naturaleza humana. Así, en poco tiempo, debido a estos factores psicológicos, nos cansaríamos de disfrutar de esa felicidad que, hasta entonces, habíamos disfrutado despreocupadamente y empezaríamos a desear algo diferente para nuestras vidas, en busca de más felicidad o niveles más altos de la misma, si eso fuera posible.
El cristianismo mismo declara, en Génesis, que Dios colocó al hombre en el Huerto del Edén, el paraíso terrenal conocido, diciéndole: "Puedes comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal, no puedes comer. No debes comer, porque el día que de él comas, ciertamente morirás”. Después de que Dios hizo una mujer para el hombre, aún según el Génesis, esta fue tentada por la serpiente, quien le dijo: - “Sabe Dios que el día que comáis del árbol del conocimiento, se abrirán vuestros ojos y vosotros, los humanos, serán como él, conociendo el bien y el mal”. La mujer, llamada Eva, vio en ese momento que sería bueno comer del árbol para adquirir conocimiento. Ella recogió la fruta, la comió y se la dio a su esposo, Adam. Dios, sabiendo lo que había sucedido, los expulsó a ambos del Jardín del Edén; es decir, del paraíso terrenal.
Si bien esto son solo metáforas, alegorías o fábulas escritas por manos humanas, es claro, por tanto, que la insaciabilidad, la inconsistencia, el inconformismo y la ambición humana hicieron que el hombre y la mujer abandonaran el paraíso, el único lugar terrenal donde existía la felicidad plena, como el Antiguo Testamento nos dice.
Nótese que, contrario a lo que Dios había dicho, ni el hombre ni la mujer murieron después de comer del fruto del árbol del conocimiento.
Esto habría sido, por supuesto, una prueba del Creador, para ver si sus criaturas tenían las características psicológicas antes mencionadas, lo que posibilitaría su rebelión en esa situación de conforto y consecuente evolución espiritual, y también un indicio de que fueron capaces de evolucionar espiritualmente, ya que, irrespetando el orden por el contrario, habían comido el fruto del conocimiento, habían sido expulsados del paraíso donde vivían felices y luego habían tenido que luchar por su propia supervivencia?
Dios, después de este episodio, todavía, según el Génesis, habría declarado a la mujer: “Multiplicaré los sufrimientos de tu embarazo. En medio de dolores darás a luz hijos. Tus deseos te arrastrarán hasta tu marido y él te dominará”.
Al hombre le dijo: “Por cuanto escuchaste la voz de tu esposa y comiste del fruto del árbol que te prohibí comer, maldita será la tierra por tu causa. Con sufrimiento le quitarás la comida todos los días de tu vida. Él te producirá espinas y malas hierbas. Comerás de las hierbas del campo. Comerás el pan con el sudor de tu rostro hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste tomado, porque eres polvo y al polvo volverás”.
Se puede ver, por tanto, según el Antiguo Testamento, que Dios mismo sacó al hombre y a la mujer del lugar donde vivirían eternamente felices y los destinó a un futuro de necesidades insatisfechas, sufrimientos y vicisitudes, simplemente porque habían adquirido conocimientos. No creo que un Creador tan poderoso e inagotable fuente de amor, como se menciona en los otros evangelios que componen la Biblia, pueda ser tan vengativo como podría ser una criatura vil, por eso considero el libro sagrado, solo, como una colección de textos de partida de escritores antiguos, que pretendían dejar un legado de enseñanzas a los pueblos bárbaros.
Creo que la lección que se extrae de este supuesto episodio, ciertamente escrito por manos humanas, es que para disfrutar de la felicidad hay un costo, que hay que sufragar. Este costo es sufrimiento, trabajo, dolor.
Por otro lado, si los individuos son plenamente felices, si no tuvieran estas características psicológicas ya mencionadas, no evolucionarían espiritualmente; pues, nuestra vida se resumiría simplemente en gozar de una felicidad eterna, sin haber hecho ningún esfuerzo por obtenerla o merecerla.
Esta felicidad a la que me refiero, para el 99,99% de los seres humanos, se reduciría al disfrute de los placeres mundanos, ya sea en la mesa, la cama, el ocio, el entretenimiento, el consumo, los viajes, los deportes, la socialización, etc. Muy pocas personas, con la excepción de los verdaderos filósofos, verdaderos científicos y genuinos anacoretas, encontrarían la felicidad en el placer de la meditación, el estudio, el aprendizaje, la investigación y el descubrimiento. Se puede ver, por tanto, que la felicidad humana está normalmente ligada a excesos y vicios (glotonería, pereza, lujuria, etc.). Por supuesto, algunas personas pueden ser felices con poco e incluso encontrar la felicidad en la adversidad (como un sacerdote que agradecía al Creador cada vez que recibía una noticia triste, o era víctima de alguna vicisitud o sufrimiento), pero estos ya serán espíritus evolucionados, que no hagan de la búsqueda de la felicidad su objetivo. Ya habrán superado el deseo de su EGOS, en aparente contradicción con lo que la mayoría de los seres humanos imagina.
La mayoría de los seres humanos busca la felicidad, aunque esta va ligada al EGO de cada uno que quiere ser feliz. Los seres evolucionados no buscan la felicidad, pues ya se habrán liberado de los deseos de su EGOS. Buscan solo la verdad, la justicia, la compasión, la sabiduría, la lealtad, la comprensión, la tolerancia, el coraje, pero no la felicidad. Por otro lado, muchas personas se sienten infelices en medio de la abundancia total, mientras que otras son felices en medio de la carencia total, demostrando así que la felicidad es un estado de ánimo en el que prevalecen componentes psicológicos, culturales, religiosos, filosóficos e intelectuales.
Así, en la vida real, los individuos no son felices todos los días del año, sino que simplemente disfrutan de momentos de felicidad a lo largo de su existencia; la felicidad se convierte en una meta perseguida con entusiasmo por todos los seres humanos. Para lograrla es que trabajamos, hacemos planes, nos esforzamos, sacrificamos y sufrimos; en resumen, es a través de estos aspectos de la vida que evolucionamos espiritualmente. Si bien la felicidad es una necesidad del EGO, cuyos deseos debemos tratar de combatir, la forma de alcanzarla es que proporciona la necesaria evolución espiritual.
Si fuéramos felices por naturaleza a lo largo de nuestra existencia, nuestra tendencia sería no hacer nada en búsqueda de la felicidad, que sería algo que consideraríamos natural en nuestras vidas. No haríamos nada para conquistarla, simplemente la disfrutaríamos.
Por el contrario, siendo naturalmente infelices, perseguimos la felicidad con diligencia. Creo que esta es una posible explicación de por qué a menudo recibimos más malas noticias, que nos hacen infelices momentáneamente, que buenas noticias, que nos hacen felices y nos felicitan. Las malas noticias son los obstáculos que nos impone el Creador para que los superemos; así como, a través de ellos, podemos superar nuestras deficiencias y superarnos a nosotros mismos en busca de una mejora espiritual.
Sin embargo, a menudo sucede que una aparente mala noticia se muestra, más adelante, como una buena noticia y viceversa. Imagino que esto puede ser una prueba del Creador para observar el comportamiento de sus criaturas. Contempla si afrontan los obstáculos en su camino con resignación o con rebeldía; si ante un obstáculo avanzan con determinación o se desaniman; si guardan dolor o resentimiento por el hecho dañino ocurrido, o pronto se olvidan de él; si devuelven el mal por mal, o lo devuelven por el bien; si son vengativos del mal y de la injusticia, o si los perdonan fácilmente; etc.
En segundo lugar, para aquellos lectores que no crean en la hipótesis de un Creador, lamento informarles que, debido a la existencia de un fenómeno conocido como Entropía (que consiste en una importante cantidad física utilizada en Mecánica Estadística y Termodinámica, para medir la grado de desorden de un sistema), sus vidas no serán ni más ni menos felices que las de quienes creen en un Creador y las malas noticias que reciban serán siempre en mayor número que las buenas, tal como ocurre en la vida de quienes creen en un Creador,
El concepto de entropía también está relacionado con la noción de aleatoriedad y el número de posibles estados o configuraciones en el Universo. Por tanto, cuanto mayor es la entropía de un sistema, mayor es el número de estados posibles; así como su aleatoriedad o desorden.
Un ejemplo clásico de entropía se puede entender comparando el sol y la luna: el sol contiene mucho más calor y materia y, por lo tanto, un número mucho mayor de estados físicos y químicos que la luna, que es fría y sólida. Por tanto, la entropía del Sol es mucho mayor que la entropía de la Luna, cuyas moléculas están mucho más ordenadas que las que componen el Sol debido a su menor entropía.
Otro ejemplo clásico, según la segunda ley de la termodinámica, es que la entropía total de un sistema siempre tiende a aumentar. Pensando en el Universo como un sistema térmicamente aislado, su entropía es siempre creciente y, por tanto, un día el Universo acabará en su total desorden.
Por eso, considerando la inexistencia de un Creador y asumiendo que el Universo fue algo que surgió del caos, o del nada, de manera espontánea, como imaginan estos lectores, siempre habrá muchas más malas noticias para todos los individuos (debido al desorden natural de la mayoría de los sistemas) que una buena noticia (que es el resultado de sistemas ordenados).
Por lo tanto, en ambas hipótesis (haya o no un Creador), aunque por diferentes motivos, las malas noticias siempre ocurrirán en mayor número que las buenas y la felicidad, por lo tanto, siempre consistirá solo en breves momentos en la vida de las personas, no importa si creen o no en la existencia de un Creador.
Dios evidentemente estableció metas para sus criaturas; pero, sabiamente, antes, fue cuidadoso y sabio en respaldarlas por leyes eternas e inmutables...

Texto agregado el 27-10-2021, y leído por 94 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
28-10-2021 El sufrimiento no siempre enseña. Y también opino que hay más noticias buenas que malas. glori
28-10-2021 Mi idea es que existen buenas noticias en mayor número que malas, sólo que no nos damos cuenta. El simple hecho de tener aire para respirar, agua para beber y comida, tener un techo que nos proteja y una maravillosa Naturaleza brindándonos su belleza, amigos, amantes y posibilidad de danzar, cantar, reír y amar, tal vez no venda tanto como una mala noticia pero es más real!!! MujerDiosa
 
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