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El Karma y el Principio de Causa y Efecto de Hermes Trimegistus

Jober Rocha



Hermes Trimegistus (su existencia, de la que no se sabe con certeza, se calcula entre el 1500 a.C. y el 2500 a.C.), pensador y legislador que vivió en la región de Nimus y autor de la Tabla Esmeralda, observando ya el descontento de la gente de su época. , trató de revelar siete principios que describirían cómo funcionarían las cosas en este Universo imperfecto.
Sus principios se pueden encontrar en un documento llamado Caibalion, publicado en 1908. En el presente texto discutiremos el Principio de Causa y Efecto que, entre otras cosas, daría lugar al llamado Karma mencionado por varias religiones orientales, como como el budismo, el hinduismo y por el espiritismo.
El Principio de Causa y Efecto de Trimegistus dice: Axioma, "Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa, hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley".
Para que todos mis estimados lectores me puedan entender de manera inteligible e idéntica, inicialmente definiré los significados de las principales palabras que se utilizarán en este texto.
Como puede verse en Wikipedia, la biblioteca WEB, el término Mito consiste en una narrativa simbólica e imagetica (Imagetica consiste en estructuras abstractas y genéricas que surgen de la dinámica de la imagen y son caracterizadas por la observación humana); es decir, el mito no es una realidad independiente, sino que evoluciona con las condiciones históricas y étnicas relacionadas con una determinada cultura, que busca explicar y demostrar, a través de la acción y forma de ser de los personajes, el origen de las cosas. Por tanto, sería correcto decir que el mito depende del tiempo y del espacio para existir y ser entendido.
La metafísica, a su vez, consiste en una disciplina de la Filosofía y trata los problemas centrales de la filosofía teórica y constituye un intento de describir los fundamentos, condiciones, leyes, la estructura básica, las causas o principios (así como el significado y propósito) de la realidad en su conjunto o de los seres en general.
La metafísica se diferencia, por tanto, de las ciencias privadas por el objeto que le concierne, es decir, por estar en su totalidad y, además, porque es una investigación a priori.
La Metafísica trata algunos problemas importantes, entre los que destacan la Necesidad y la Contingencia. Algo necesario es lo que es verdad por necesidad. Algo contingente es lo que se puede catalogar como verdadero o no, según contingencias o casualidad.
Karma, en cambio, es una palabra presente en diversas culturas y religiones, como el Budismo, el Hinduismo y el Espiritismo, que expresa un concepto metafísico. Para establecer un paralelo con la ciencia, el karma sería como la famosa ley física de acción y reacción. Trasladar esto al campo espiritual, significa que todas las actitudes de un individuo generarían consecuencias, en esta o en otras vidas futuras.
La llamada Ley del Karma, también conocida como justicia celestial, funcionaría para que todo el bien o todo el mal que hayamos hecho en una de nuestras vidas nos traiga consecuencias, buenas o malas, en el futuro, ya sea en esto o en las próximas vidas que necesariamente tendríamos.
El karma, al estar situado dentro del campo de estudio de la metafísica, está sujeto, por tanto, a aspectos de necesidad y contingencia; además de que no es, según la definición de mito antes mencionada, 'una realidad independiente, sino algo que evoluciona con las condiciones históricas y étnicas relacionadas con una cultura determinada, que busca explicar y demostrar, a través de la acción y el modo de ser de los personajes, el origen de las cosas”.
La existencia del karma, a pesar de que una gran parte de la población mundial cree en él, aún no ha sido demostrada; por eso consiste, hasta entonces, sólo en una especulación propagada por algunas religiones.

Sin embargo, inicialmente analizaré el fenómeno del karma, considerado por mí como un mito metafísico, desde el aspecto de su necesidad.
Es evidente que cada acción física que emprendamos conllevará una o más consecuencias físicas, según el Principio de Causa y Efecto de Trimegistus. También puede tener una o más consecuencias espirituales, por supuesto, siempre que el espíritu exista realmente. Si el espíritu existe, sería necesario que se reencarnara, al menos una vez más, para que los efectos del karma, que pudieran existir, estuvieran presentes.
Ningún ser humano vivo, sin embargo, posee al nacer y mientras dure su existencia conocimiento consciente o recuerdos de una vida anterior (a menos que sea sometido al proceso de regresión hipnótica, cuya regresión, aunque normalmente realizada por profesionales en el campo de la psicología y el hipnotismo, no ofrece evidencia concreta de que sea un verdadero fenómeno metafísico y no solo una creación mental del paciente, cuando lo sugiere la mente del hipnotizador).
Suponiendo, por tanto, la necesidad del karma, podemos cuestionar la razón de su total ignorancia por parte del espíritu cuando se encarnó. ¿Qué he hecho que sea tan bueno o tan malo, en una existencia pasada, que en esta vida actual tengo la desgracia de tener que pagar a través de sufrimientos y vicisitudes, o la felicidad de recibir a través del placer, del deleite y del goce, sin ningún conocimiento previo de lo que hice en otra vida, para merecer uno u otro?
Las leyes y los marcos legales que se ocupan de los delitos y castigos en nuestro planeta establecen que todos aquellos que cometen delitos y tienen que pagar por ellos sepan de qué delitos están siendo acusados y condenados. Es este conocimiento previo de los motivos de la sanción lo que permite que el imputado sancionado se arrepienta y no vuelva a cometer el mismo delito.
Por tanto, si el karma fuera necesario, ciertamente, para que se tratara de algo constructivo y perteneciente a una supuesta justicia divina, sería necesario que el ser humano conociera, de forma anticipada y consciente, las razones de las vicisitudes o bendiciones por las que necesariamente tendría que pasar en la existencia actual. Sin embargo, esto no ocurre. De ahí la afirmación de que ese ser humano que hoy sufre enfermedades físicas y mentales, necesidades y privaciones de todo tipo, problemas familiares y emocionales, adicciones, etc., o que, por otro lado, hoy es rico, feliz y poderoso, debe su sufrimiento o su felicidad a algo que logró en otra vida, no tiene apoyo, en mi opinión, en la hipótesis de la necesidad.
Analizando la idea de karma desde el aspecto de contingencia, podemos observar que es, por supuesto, un mecanismo auxiliar y sustento de las leyes y del aparato legal e institucional coercitivo, vigente en todos los países del planeta, de la misma manera que también actúan las ideas del pecado, del cielo y del infierno, en el sentido de mantener al ser humano, siempre, bajo el control de las autoridades y temerosos de lo que eventualmente le pueda pasar a sus espíritus, luego de cruzar la línea que separa los territorios de la vida y de la muerte.
Como vimos antes, no todo lo contingente es verdad; pero, como su nombre lo indica, se encuentra con las contingencias del tiempo y el espacio. Esta concepción, por tanto, ha sido útil hasta nuestros días, en la medida en que responde a necesidades religiosas y políticas, dictadas por la coacción pacífica o por la servidumbre consentida de los individuos.
Si el espíritu no existe, por otro lado, no tendría sentido hablar de karma; pues las acciones físicas de los seres humanos solo tendrían consecuencias físicas, similares a las que ocurren cuando los cascos de los caballos pisotean las flores y plantas de los prados o cuando la manada de leones hambrientos busca antílopes y cebras para alimentarse en las llanuras africanas.
Otra hipótesis, que propongo aquí, sin embargo, como punto de partida para una posible nueva discusión sobre el tema, es que la Teoría de la Selección Natural propuesta por Darwin para la evolución de las especies en un universo material dimensional, también podría estar vigente con relación a los espíritus en un universo etéreo multidimensional o en un multiverso.
La única garantía que tenemos en este momento (y que tanto la Ciencia como la Filosofía garantizan) es que la materia, en sus divisiones más pequeñas como la de los átomos y sus subdivisiones, es eterna y siempre ha existido. En cuanto al espíritu, las hipótesis planteadas sobre su existencia y eternidad han sido objeto de Filosofía y Religión; pero nunca han sido probados o admitidos por la Ciencia. Los espíritus, si existieran, podrían, por tanto, en teoría, no ser eternos como la materia, contrariamente a lo que las religiones siempre han postulado; porque estas se ven a sí mismas como intermediarias de las relaciones eternas entre el Creador y las almas de las criaturas, mientras que las instituciones humanas son vistas por ellos como seculares.
Así, la hipótesis de la selección natural entre espíritus (si es que realmente existen), selección que ahora imagino solo para provocar discusión, podría ocurrir, como creo, debido a la necesidad de supervivencia y adaptación de estos espíritus al ambiente etéreo y multidimensional donde ellos viven. A través de él serían los espíritus más adaptados a los que persistirían en el ambiente etéreo o en la dimensión espiritual en la que normalmente habitarían. Los espíritus con características más adecuadas para existir en un determinado entorno tendrían, por tanto, más probabilidades de sobrevivir en ese entorno y de multiplicarse (¿quién sabe si los espíritus no podrían, como espíritus, multiplicarse?).
Aquellos espíritus menos adaptados al ambiente etéreo reencarnarían y, de no alcanzar, a través de la encarnación, las características evolutivas requeridas, podrían ser eliminados (quién sabe si esto no sería parte de un mecanismo similar al que está vigente para cuerpos físicos?). Les recuerdo a todos los lectores tres de las siete leyes de Hermes Trismegistus, contenidas en Caibalion, publicado en 1908:

1. El todo es mente, el universo es mental.
2. Lo que está arriba es como lo que está abajo; y lo de abajo es como lo de arriba.
3. Todo es doble; todo tiene polos; todo tiene su contrario; lo igual y lo desigual son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grados; los extremos se encuentran; todas las verdades son medias verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.

Si el todo es mente y el universo es mental, pueden coexistir infinitas realidades entre todas las formas de vida, materiales y espirituales, que puedan existir. Si lo que está arriba es como lo que está abajo, entonces no hay razón para suponer que las leyes que gobiernan la vida material sean diferentes de las que gobiernan la vida espiritual. Si todas las verdades son verdades a medias y si las paradojas pueden reconciliarse, cuerpo y espíritu, vida y muerte, pasado y futuro sólo pueden ser caras diferentes de una misma moneda cuyo valor y creador desconocemos.
Verán, mis queridos lectores, que las ideas dominantes actuales sobre la existencia de los espíritus y su inmortalidad son todas meras consideraciones filosóficas y religiosas, pero no científicas. Así, las características virtuosas y ventajosas de ciertos espíritus, en una población espiritual, podrían teóricamente pasar a la siguiente generación, a través de cambios evolutivos, en un mecanismo similar al descubierto por el distinguido investigador y naturalista Charles Darwin.
Los espíritus menos adaptados a la vida etérea podrían ser aquellos que necesitarían reencarnarse en el universo material para evolucionar y, eventualmente, sin alcanzar su objetivo, podrían ser eliminados, haciendo que una característica espiritual desventajosa se vuelva cada vez más rara. ¿Quién podría decir con seguridad, sin lidiar con meras especulaciones, cómo resultarían las cosas en el plano espiritual?
Tenga en cuenta, querido lector, que en términos de ideas, todo es posible. Esta posibilidad es tan plausible como cualquier otra, siempre que todas estén en el ámbito de las ideas y cuando la verdad nos sea totalmente desconocida.
Ocurre que, desde la más remota antigüedad, la Filosofía y la Religión, que tienen la Ideología como fundamento, albergan las hipótesis que más les benefician. Por eso, en el Occidente y Oriente capitalistas de hoy, para una gran parte de las poblaciones, el espíritu existe, es inmortal, encarna una o sucesivas épocas y busca siempre la superación, que dependerá de sus virtudes y del buen carácter desarrollado en esos seres humanos en el que los espíritus vinieron a morar y se transformar en almas. Las almas de los individuos que no se ajustan a las leyes y buenas costumbres, es decir, que no evolucionan espiritualmente, se desencarnarían para luego regresar en otras vidas con el fin de buscar nuevamente cumplir, o al menos intentar nuevamente, estas misiones no cumplidas.

Evidentemente para el Creador que todo puede, la necesidad que cualquier espíritu, creado por Él, tendría que reencarnarse en un cuerpo material para intentar evolucionar espiritualmente (objetivo que el espíritu no habría podido alcanzar en encarnaciones anteriores) sería totalmente prescindible. Formular esta hipótesis, por tanto, a mi modesta manera de verla, sería incluso subestimar la capacidad creativa de un Ser que todo lo puede. Como dice la primera ley de Caibalion, el universo es mental; por tanto, la llamada evolución espiritual, si realmente fuera algo necesario, prescindiría de la obligación de encarnar el espíritu en algún universo material.
Por su vez, en países, tanto occidentales como orientales, dominados por la ideología marxista (donde las religiones son consideradas el opio del pueblo y por lo tanto sus actividades están restringidas), que viven en regímenes comunistas ateos, las poblaciones, creo, no tienen estas preocupaciones de orden metafísica. En estos países, los individuos respetan las leyes, costumbres e instituciones, simplemente por sus propias convicciones o porque temen las acciones eficientes, violentas e implacables de la policía política y de los organismos de seguridad del Estado, aplicados a los refractarios.
Resumiendo todo lo dicho, creo que la Metafísica, hoy en día, está plagada de mitos que alimentan las Religiones e, incluso, la Filosofía a la que pertenece. También creo que para las criaturas finitas, mortales y limitadas como los seres humanos (que habitan en un pequeño planeta de un pequeño sistema solar, en un universo infinito, inconmensurable y eterno, que es parte de un conjunto infinito de universos infinitos), la probabilidad de que alguno día lleguemos a comprender la Metafísica de la existencia de la vida, como nos gustaría, se reduce a cero.
Como Voltaire dijo en su obra El Filósofo ignorante: - Mi detengo cuando mi antorcha carece de luz!




Texto agregado el 31-12-2021, y leído por 273 visitantes. (0 votos)


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