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La cacería había comenzado hacía mucho tiempo. La bestia, herida y destilando odio, arremetía contra todo y contra todos. Aterrorizaba a quienes tenían la mala suerte de dibujarse en la retina de sus ojillos salvajes, destrozaba cuando se cruzaba en su camino, ensuciaba lo límpido y de sus fauces abiertas goteaba un líquido viscoso que era a la vez el veneno que le permitía vivir.

El cazador, con el arma preparada, desenmarañaba ocultos escondrijos, abría caminos en la espesura y en la aridez, propiciaba encuentros, urdía planes y estrategias, olía el viento para percibir la cercanía del ente, estaba a pocos pasos y luego la pista se diluía para sumergir al cazador en pozos de profunda incertidumbre.

Hasta que una noche aciaga ocurrió el encuentro. La bestia, sin atisbo de discernimiento, embebido su cerebro por la cruda savia de desatino, se aprestaba a destrozar a la víctima propiciatoria. El cazador abrió sus alforjas y extrajo de ellas su arma más letal, aquella ante la cual la bestia no tenía ninguna posibilidad de seguir sobreviviendo. No era una refulgente cruz, tampoco era una poderosa estaca para clavarse en ese pecho impío. No era tampoco una frase ante la cual se desencantase algún entuerto ni un talismán que hiciera añicos a ese ser repulsivo, destinado al averno. En las manos del cazador y asomándose a sus ojos la inconfundible llamita de la victoria, aferró al despiadado monstruo de uno de sus mugrientos bazos y le dijo:

-Víctor Alcides, ya es hora que siente usted cabeza. Hace ya varios meses que no comparece al colegio y me parece que es tiempo de terminar con las tropelías y darle camino ancho a la madurez. Le conmino a que prosiga de inmediato con su rutina de estudios. Por lo tanto, tenga usted.
Y el arma terrorífica, el cuadriculado cuaderno de matemáticas, fue depositada en las manos trémulas de ese mocoso rebelde que hubiese hecho cualquier cosa con tal de no encontrarse con su profesor...

Texto agregado el 07-10-2004, y leído por 191 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
08-10-2004 ¡Qué belleza! una sucesión de sobresaltos hasta el final... admiro tu fácil manejo de la pluma, amigo. Un abrazo y tus estrellas. neusdejuan
07-10-2004 ¡Ahhh! Que bueno...de verdad pensaba que era un jabalí y un cazador, estupendas las descripciones...y el final de lujo..jjajaj...muy bueno yoria
 
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