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Agosto
Me recosté en el auto, tenía ganas de encenderme un cigarrillo, pero no tenía nada a la mano para hacerlo, hasta que Rami notando mi ansiedad se hizo a mi lado y me ofreció su mechero.
- Fer se ve feliz, dijo.
No se, si lo afirmó o lo preguntó, yo sólo pude quedarme con la mirada al frente viendo como el hombre que más he amado en mi vida, hablaba con otras personas, sonreía y se veía como dijo Rami, feliz.
Mis dedos cogían ese olor dulzón propio del tabaco, tomé otro sorbo de mi trago y le di la espalda a la multitud que estaba en el bar, necesitaba respirar, necesitaba concentrarme, necesitaba dejar de pensar que lo había perdido, necesitaba salir de ahí, necesitaba con urgencia a esa Luisa que es una maldita perra, frívola y egoísta, esa Luisa ferozmente fuerte, esa Luisa de antes.
El problema es que esa Luisa ya no existe, yo ya no tengo 20 y los años no pasan en vano, la vejez es finalmente es el tomar conciencia de todas las cosas que has hecho, tanto buenas como malas, y en este caso específico de la historia son las malas.
- ¿Te arrepientes? Preguntó Rami, mientras le daba una pitada al cigarro
- De la decisión no, de la forma en que la ejecuté me arrepiento todos los días
- ¿Crees que habríamos sido felices Rami?
- No lo sé, lo que si se es que en el tiempo que estuvieron juntos fueron infinitamente felices.
Las palabras de Rami se sintieron como hierro caliente atravesando el pecho, fuimos tan felices como él lo decía, o esto es simplemente el velo de la nostalgia que entra en acción cuando vemos de frente ese gran amor de juventud, después de todo si éramos tan felices ¿por qué el amor se arruinó, por qué yo nos arruiné?
Tenía la cabeza embotada no se si por el licor o por el cigarro que acababa de fumar, Rami entró al bar cantando una canción que solíamos gritar en la juventud y le dio un beso en la frente a Fer mientras este coreaba la melodía y reía a carcajadas.
Fer no había cambiado mucho, en realidad ninguno lo había hecho, si, estábamos un poco más viejos, con algunas canas, con algo más de peso y por supuesto menos intrépidos. Estoy segura que la cantidad de licor de esta noche la sentiríamos por los próximos tres días, ya estábamos en la edad de la mesura y hace rato habíamos cambiado el desenfreno por las calmadas charlas de vino y tapas. Sin embargo, aun nos quedaban fuerzas para el ditirambo, solo necesitábamos un buen motivo y ese era la visita de Fer.
- ¿Estás bien? Preguntó Fer mientras me miraba sonriendo, no me percaté del momento en el que se había parado de su mesa para venir hasta aquí.
Recostado en ese auto con el parque de fondo, ligeramente alcoholizado, se veía igual a la noche en que lo conocí.
- Si, algo embotada, le respondí
- Me alegra mucho que vinieras, no pensé que lo harías, me dijo mientras me abrazaba y yo me deshacía en lágrimas

Texto agregado el 23-01-2023, y leído por 54 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
25-01-2023 Bien logrado el relato y el sentimiento. jdp
24-01-2023 Todas las despedidas son tristes, pero a uno le duele más que el otro. Abrazo, es un buen tema, hay que seguirlo y seguirlo trabajando. Abrazo. sendero
23-01-2023 Es un sentimiento que pintas con estilo. Te felicito. peco
 
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