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La casa del Viejo queda en las afueras del pueblo. Mi madre siempre dice que esa casa es el único lugar donde se puede dormir de verdad: el Viejo mantiene las ánimas a raya. Ella y el Viejo nunca se llevaron bien, pero se querían, por eso mi madre decidió mudarse a la ciudad: verse una vez cada tanto evitaba las peleas. Cuando el Viejo murió mi madre volvió a la que era su casa porque estaba harta de que las ánimas no la dejaran dormir. Yo no soporto el campo, por eso ahora la veo poco aunque hablamos seguido. Hace rato que no venís, me dijo esta mañana, tenés que sorprenderme un día. Mi madre es de esa gente que adora las sorpresas, le encanta que le pasen cosas inesperadas. Menos cuando duerme. Ánimas les dice a los que se le aparecen en los sueños, gente que conoció y está muerta. Vienen a traerle mensajes para los familiares. Una mañana con mi madre acá era: anoche no dormí nada, vino el tío Emilio y me dio un mensaje para mi prima Sandra y también la vecina del segundo, ¿te acordás?, que le diga al marido que no deje los calzoncillos sucios. Desde que está en la casa ya no sueña, ni con el Viejo sueña, me dice que los debe tener a todos cortitos del otro lado. Que el amor es eso. Y también esto de salir de improviso para visitarla. Pensaba llegar antes del atardecer, pero el camino a la casa se hace más largo de lo que esperaba. Yo al Viejo lo vi dos o tres veces, de chico por ahí más, pero no lo recuerdo. A la tardecita se paraba en la vereda circundante y hacía cruces en el aire, después tiraba sal en las puertas y ventanas. Algunas veces también rodeaba el patio con hierro y alambre. Siempre las mismas ceremonias. Unos tres kilómetros atrás pasé el puente de madera así que ya debo de estar por llegar. A veces se me escapaba la risa con las pavadas que hacía y entonces me miraba fijo, con los ojos apareciendo entre las cejas largas: de las cosas que no entendemos no hay que burlarse, aunque ignorantes hay en todos lados. Sus palabras me querían menos que sus silencios. Cuando abro la tranquera ya es casi de noche, espero que mi madre no se asuste. En la última visita el Viejo me dijo que no hacía falta que siguiera viniendo, que guardara las obligaciones para otra cosa. Cada vez que mi madre habla de él sonríe, me dice que no era fácil de entender, que también me quería. Yo no la contradigo porque ya no importa: al Viejo lo encontraron muerto sentado en la esquina norte de la casa con un paquete de sal en las manos. La única luz que hay prendida es la de la puerta principal, mi madre ya debe de estar dormida. Mientras me acerco veo que ha puesto un alambrado altísimo, debe ser por las alimañas, en una de las llamadas me contó que las comadrejas habían matado a las gallinas. Busco la puerta, pero no la encuentro así que no me queda otra que gritar. Espero que este tipo de sorpresas también le guste. Aumento el volumen de mi llamado a medida que corre la noche y no veo movimiento. La preocupación me aprieta el cuerpo, entonces junto fuerzas para lanzar un grito que resuena en todo el campo. Recién ahí veo que alguien viene desde el lado norte: a paso lento el Viejo se acerca con una bolsa de sal.

Texto agregado el 28-10-2023, y leído por 323 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
12-11-2023 Que bien lo describes todo.Al viejo,los pedidos de tu madre. El final deja sorprendida,el viejo sigue con su bolsa de sal tal como murió con ella. Se ve que en esa casa seguirá el viejo manteniendo a las ánimas tranquilas***** Un fuerte abrazo Victoria 6236013
31-10-2023 Tus cuentos fascinan porque tienen esos recovecos en los que uno se interna a sabiendas que está en un parque de diversiones en que cualquier cosa ocurrirá. Y ese viejo resucitado o muerto viviente, pone los pelos de punta, aunque quizás la respuesta sea otra. Un gran abrazo, amiga. guidos
30-10-2023 Estupendo el relato, la vueltita de tuerca del final tiene su encanto. Es como cuando pensamos que el muerto es el otro, viste. La frase que señala MujerDiosa también me impresionó, es una línea que tiene una ferocidad descriptiva que ninguna enumeración podría cubrir mejor. Dhingy
29-10-2023 Una prosa coloquial, propia para el mes de Noviembre. Abrazo Meli. sendero
29-10-2023 ¡¡Qué bárbaro!! Me encanta como pavimentas el camino para que el lector se deslice por tus letras —ya que aún en la sencillez de las palabras que usaste en el texto— nos atrapas, nos enredas y deleitas en un intrincado laberinto de misterio. Todo un arte el tuyo. Un abrazo sheisan
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