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De acuerdo con los consejos de sus profesores, al principio de su carrera Andrea trabajó para una agencia del gobierno, donde enseguida encabezó una investigación sobre el comportamiento de las moléculas y su respectiva entropía. Cuando me enteré de eso, pensé que Andrea había cometido una grave equivocación, porque una agencia del gobierno tenía métodos de trabajo e intereses muy diferentes a los de, por ejemplo, un instituto independiente. Después de un tiempo, con un café de por medio, Andrea me dijo que por esa razón (una razón de ética) había abandonado la agencia del gobierno para ponerse a investigar por su cuenta. En un primer momento, ese cambio le produjo muchos dolores de cabeza, porque fue como empezar desde cero, ya que la agencia se había quedado con todos sus años de investigación, es decir con absolutamente todos sus archivos de computadora que contenían los estudios de las moléculas, asunto que apasionaba a Andrea.

Andrea admitió que lo más difícil había sido la soledad de su trabajo, el cual llevaba adelante con instrumental muchas veces alquilado. En ese entonces su gran apoyo había sido su novio Anibal, a quien había conocido en la agencia del gobierno. Andrea reconoció que sin él, nada hubiera sido posible, a pesar de que Anibal le había insistido para que continuara su carrera en la agencia. Pero Andrea ya había tomado una decisión y Anibal supo respetarla aunque él siguiera trabajando para el gobierno.

Igual que cualquier científico precavido, también Andrea era reticente de mostrar sus descubrimientos a cualquiera. Por eso me pareció tan extraño que después de cierto tiempo, me citara en su casa para hablarme sobre todo eso. El único que conocía los progresos que Andrea había dado en su investigación era Anibal, quien esa tarde estaba ahí, sentado al lado de Andrea. Las cosas que Andrea me contó hubieran merecido ser publicadas en las más prestigiosas revistas de ciencia. Cuando mencionó la "teoría de cuerdas", no pude evitar abrir grandes los ojos, porque de inmediato supe que estaba frente a algo verdaderamente significativo.

Yo llevaba una vida tranquila dando clases en una universidad privada, por eso se me encendieron todas las alarmas cuando Andrea se refirió a la "teoría de cuerdas", una teoría que estaba en boca de todos, ya que sus posibilidades eran infinitas y el simple hecho de que alguien pudiera dominarla, abriría el camino a un sin fin de otros descubrimientos. Cualquier científico hubiera estado feliz de profundizar más en dicha teoría, sin embargo Andrea no estaba visiblemente contenta. Con la tácita aprobación de Anibal, me dijo que las grandes potencias tecnológicas del mundo no iban a tolerar que en un humilde laboratorio del tercer mundo se progresara tanto en materia de ciencia.

Andrea me dijo que quería dejar a mi cuidado todos sus descubrimientos, para que de esa manera estuvieran a salvo en el caso de que a ella y a Anibal les ocurriera algo. Mi trabajo consistiría únicamente en eso, en guardar bajo siete llaves una copia de todos sus archivos de computadora, los cuales Andrea iría almacenando progresivamente en un pendrive. De ahora en adelante, me dijo, cada adelanto significativo en la investigación se almacenaría en dicho dispositivo, para que toda la información quedara guardada en un solo lugar. Yo entendí inmediatamente todas las implicancias de aceptar la propuesta de Andrea, aún así estuve de acuerdo en ayudarla.

Después de esa charla, Andrea me entregó el pendrive. Yo me lo guardé en el bolsillo, pero antes de salir a la calle, Andrea me dio un fuerte abrazo y me dijo muchas gracias. Mientras conducía hacia mi casa, a cada instante miraba por el espejo retrovisor. Cuando me sorprendía a mí mismo haciendo eso, me sentía un poco ridículo, como si fuera el protagonista de una anodina película de suspenso, en la cual la mafia me perseguía para quitarme eso tan valioso que guardaba en el bolsillo. Eso me causó un poco de gracia porque al mirar el espejo no descubrí a ningún automóvil típicamente negro y de vidrios polarizados, persiguiéndome por las calles de la ciudad. Como era de suponer, llegué a mi casa sano y salvo.

A pesar de que tenía muchos trabajos pendientes para la universidad, esa noche encendí la computadora y conecté el pendrive que me había dado Andrea. Aunque yo no entendía demasiado sobre la teoría de cuerdas, me ganó la curiosidad. Para mi sorpresa, el pendrive tenía clave de seguridad, pero yo también tenía mis trucos para desbloquearla. Después de un par de minutos, ya estaba navegando por toda la información que Andrea había recopilado prolijamente, la cual incluía mucho texto y muchos gráficos, pero también algunos videos. La información estaba meticulosamente dividida en carpetas, entre las cuales había una que me llamó poderosamente la atención, "vibración de las cuerdas".

Nada era fácil con Andrea, porque en esa carpeta había cientos de subcarpetas, en las cuales había respectivamente otras tantas subcarpetas. Hasta que encontré una con el nombre de "pruebas de laboratorio", donde además de texto, cuadros sinópticos e infografías, había también un video de cinco minutos de duración. Cuando presioné play, en primer plano apareció una rata de laboratorio encerrada en una caja de cristal, a la cual Andrea había conectado unos cuántos cables de colores. Después de un par de minutos, donde no ocurrió aparentemente nada, se escuchó la voz de Andrea pronunciando una cuenta regresiva que comenzó con el número diez. Cuando Andrea llegó al cero, pude escuchar un profundo y prolongado suspiro, como si algo muy importante estuviera por suceder, algo en lo que Andrea hubiera puesto toda su inteligencia y cientos de horas de trabajo.

Después de un breve silencio, vi como la caja de cristal comenzó a vibrar a una frecuencia cada vez más alta, hasta dar la sensación de que incluso el aire y la rata que estaban en su interior también vibraban. De pronto la caja de cristal se llenó de luz, la cual duró apenas unos segundos. Pero antes de que se apagara por completo, el cuerpo de la rata se llenó de más y más iridiscencias. Cuando la luz finalmente se apagó, la rata sencillamente desapareció. Eso, desapareció. Yo me quedé profundamente conmocionado mirando la pantalla, sin poder creer lo que mis ojos acababan de presenciar. Me tapé la boca, pensando en que Andrea lo había logrado.

Por resultados de laboratorio mucho menos importantes, otros científicos habían muerto o desaparecido. Con razón Andrea tenía miedo. Si sus hallazgos llegaban a los oídos equivocados entonces todos estaríamos en peligro. A pesar de todo lo que eso implicaba, mi curiosidad como investigador hizo que me preguntara qué le había sucedido a la rata de laboratorio. Quizás se hubiera desintegrando en la caja de cristal o quizás... Conociéndola a Andrea, el asunto seguramente tenía una vuelta más de tuerca. Sobre todo teniendo en cuenta que Andrea había mencionado la teoría de cuerdas.

De pronto me di cuenta de que tenía en mis manos información demasiado importante. Me imaginé a miembros de la mafia o a agentes del gobierno planeando entrar en mi casa por asalto, para apoderarse de la información que Andrea me había confiado. Por eso escondí el pendrive en un lugar seguro, donde nadie podría encontrarlo. Después intenté seguir con mi vida de siempre, preparando las clases que dictaba en la universidad y corrigiendo los parciales de decenas de alumnos, sin embargo no podía dejar de pensar en Andrea y en su extraordinario experimento.

Así transcurrió una semana sin que tuviera noticias de Andrea, hasta que me llegó un mensaje suyo donde me citaba el próximo sábado en su casa, y donde también me pedía que le llevara el pendrive, porque tenía más información para agregar en él. Cuando ese sábado toqué el timbre en la casa de Andrea, ella abrió rápidamente la puerta y se apresuró a abrazarme, entre sollozos me dijo que la investigación había dado saltos importantes aunque eso ya no tenía tanta importancia, ya que su novio no daba señales de vida desde hacía tres días. Andrea incluso me contó que había interrumpido su trabajo en el laboratorio para ir a la casa de Anibal, pero no lo había encontrado ahí, y tampoco le respondía los mensajes. Yo le entregué el pendrive, imaginándome que el asunto se había puesto feo y peligroso.

Rápidamente me pidió que la acompañara al laboratorio, donde Andrea se sentó frente a su computadora, enchufó el pendrive y comenzó a transferir a toda velocidad la nueva información que yo tendría que llevarme a mi casa. Mientras Andrea llevaba a cabo esta tarea, yo me sentía muy nervioso. Ahí a la vista estaba la caja de cristal, pero ya no permanecía vacía, porque la rata de laboratorio estaba en su interior. Me hubiera gustado que Andrea me contara todo con lujo de detalles, sobre todo lo que le había sucedido a la rata, aunque la respuesta seguramente estaba en la información que Andrea introducía a toda velocidad en el pendrive. También me di cuenta de que en el centro del laboratorio había otra caja de cristal pero del tamaño de un ser humano. Eso me llamó poderosamente la atención. Andrea quitó el pendrive de la computadora, después agarró una cafetera y sirvió dos tazas. Entonces nos sentamos, y ella me dijo que ya casi no podía concentrarse en su trabajo porque estaba muy preocupada por Anibal, aunque confesó que él era un hombre muy astuto y valiente, que sabía cuidarse solo.

Ni bien llegué a mi casa, me olvidé de que Anibal había desaparecido. Lo único que yo quería era enterarme de los adelantos en la investigación de Andrea. Algunas gotas de sudor me corrían por la frente cuando enchufé el pendrive en mi computadora. Después de introducir la clave de seguridad, busqué la misma carpeta de la vez anterior, donde Andrea había agregado un nuevo video. En este caso no era la rata de laboratorio la que aparecía en primer plano, sino la mismísima Andrea, quien se había metido en la caja de cristal que yo había visto de pié en medio del laboratorio. Mi ojo de investigador me dijo que el procedimiento iba a ser el mismo. Y así fue. La caja de cristal comenzó a vibrar cada vez más y a colmarse de luz, hasta que increíblemente el cuerpo de Andrea se llenó de iridiscencias, tal cual le había sucedido a la rata de laboratorio. Al final del procedimiento, Andrea desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

Sí, desapareció. Fue increíble, absolutamente increíble. De inmediato me pregunté a dónde se había ido Andrea después de dejar vacía la caja de cristal. Era obvio que había logrado lo que ningún otro científico, es decir dominar a la perfección la teoría de cuerdas. Andrea pasaría a la inmortalidad por eso.

Yo no me había dado cuenta, pero ya era de noche cuando terminé de ver el video. Empecé a cerrar todas las ventanas de mi casa y mientras lo hacía, miraba hacia afuera, pero en la calle no había movimiento. Entonces me sentí un poco a salvo, aunque después recordé que Anibal seguía sin aparecer y fui a esconder el pendrive ahí donde nadie lo podría encontrar.

Un par de días después, Andrea me escribió de nuevo, pero esta vez para decirme que los víveres se le estaban terminando y que, sin embargo, Anibal seguía sin aparecer. Entonces le respondí que se quedara tranquila, porque esa misma noche le iba a llevar algunos paquetes de fideos, arroz, aceite, café y demás cosas para que pudiera subsistir en la ausencia de Anibal. Cuando esa noche fui a su casa, encontré que Andrea estaba visiblemente pálida y más delgada. Aún así, me ayudó a bajar los paquetes del auto y a almacenarlos en la despensa. Enseguida la vi prepararse una taza de café con tostadas, hasta que su piel retomó su color habitual.

Cuando Andrea recuperó un poco de fuerzas, yo utilicé palabras directas para preguntarle en qué líos se había metido y qué clase de investigación estaba llevando adelante. Le dije que yo tenía el derecho de saberlo porque al guardar el pendrive en mi casa, me estaba jugando el pellejo por ella. Andrea meditó un instante y después me dijo que yo tenía razón. Entonces me pidió que la acompañara al laboratorio. Cuando franqueamos la puerta, me sorprendí al descubrir que adentro había una mujer. Lo primero que me llamó la atención fue su estado como de alerta, como si temiera algún peligro inminente. La mujer era alta, de pómulos prominentes y de piel curtida por el sol. Andrea me dijo que su nombre era Chaska y que venía de una tierra muy lejana. Pero yo seguía sin entender nada. Andrea pareció darse cuenta de mi confusión, entonces añadió que Chaska había tenido una vida muy difícil en su tierra, y que por eso había sentido pena por ella y había decidido ayudarla. Pero aún así yo seguía sin encontrar la relación que esa mujer tenía con sus descubrimientos, a lo que Andrea me advirtió que si las autoridades se enteraban de que Chaska permanecía en su laboratorio, entonces todos correríamos un peligro mucho más grande.

No le pedí más explicaciones a Andrea, porque literalmente no entendía el rompecabezas que me estaba contando. Además Chaska me miraba con desconfianza. Me volví a mi casa sin comprender el asunto en el cual Andrea estaba metida. Me tiré en mi cama y me puse a reflexionar en las cosas que Andrea había conseguido en su laboratorio. Cosas increíbles. Me imaginé que ganaría el premio Nobel si presentaba sus estudios frente a toda la comunidad científica. También pensé en las grandes potencias del mundo, las cuales pretenderían tener esa misma tecnología, y gratis si fuera posible. Entonces me fui quedando dormido, a pesar de que el pendrive estaba escondido en mi casa.

Al día siguiente, mientras me preparaba el almuerzo, recibí otro mensaje de Andrea, donde me informaba que Anibal por fin había aparecido. Además, Andrea me pedía que le llevara el pendrive, porque tenía más información confidencial para guardar en él. Rápidamente me subí al auto con el pendrive en el bolsillo y conduje hasta la casa de Andrea. Cuando llegué, ella me abrió la puerta y vi que adentro estaban Chaska y Anibal. De inmediato le di el pendrive a Andrea. Detrás de ella, Chaska y Anibal observaban con atención cada uno de mis movimientos. Lo saludé a Anibal y le dije que me alegraba de encontrarlo sano y salvo. Después de eso, fuimos todos al laboratorio, donde Andrea se sentó frente a su computadora, enchufó el pendrive y comenzó a transferir los datos.

Pero cuando Andrea estaba por devolverme el pendrive, Anibal se interpuso en su camino y se lo arrebató de las manos. Todos nos quedamos mirándolo, pero Anibal había sacado un revólver, con el cual nos amenazó a todos. Nos ordenó que diéramos un paso atrás e, irónicamente, le pidió disculpas a Andrea, asegurándole que no tenía nada personal contra ella, ya que él solamente cumplía órdenes. Andrea estaba otra vez muy pálida, y creo que yo también. Pero a diferencia de nosotros, Chaska seguía como en estado de alerta, estudiando la situación, como esperando un mínimo descuido de parte de Anibal. Cuando creyó que había llegado su oportunidad, Chaska sacó con destreza y velocidad un pequeño cuchillo que escondía en su cintura, al mismo tiempo que saltaba como un felino sobre Anibal, sin darle tiempo a nada. Con Andrea escuchamos los gritos desgarradores de Anibal.

Cuando Chaska se incorporó, estaba visiblemente agitada y su cuchillo manchado con sangre. Se quedó mirando el cuerpo de Anibal tirado en el suelo y entonces, en un idioma que no comprendí, le habló a Andrea, señalándole también la caja de cristal que estaba de pié en medio del laboratorio. Andrea asintió y, después de abrazarse con Chaska, le hizo señas para que ingresara en la caja. Entonces Andrea fue a su computadora, donde introdujo algunos datos. Instantes después, la caja de cristal comenzó a vibrar cada vez más con Chaska en su interior. Yo retrocedí hasta donde estaba Andrea, mientras la caja de cristal se llenaba de luz y el cuerpo de Chaska de iridiscencias. Antes de que la mujer desapareciera, se empezaron a oír golpes en la puerta. Andrea me dijo que ya era el segundo hombre que Chaska mataba aquí y allá. Entonces miré la pantalla de la computadora donde Andrea había escrito una fecha, y sin salir de mi asombro leí "destino, noviembre de 1890".

Texto agregado el 28-11-2025, y leído por 36 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
28-11-2025 4. La historia fluye natural, extraña y emocionante al mismo tiempo. Hay cariño por la ciencia, pero también un profundo respeto por el lado emocional de la experiencia. Por eso, al final me quedo con la sensación sabrosa de haber leído algo que mezcla lo cotidiano con lo cósmico, lo personal con lo imposible. Realmente es una historia que me sorprendió y me dejó queriendo saber más. kone
28-11-2025 3. Los personajes se sienten cercanos. Cada uno carga con algo que no termina de aclararse, como si también fueran parte del misterio que envuelve la trama. Sus reacciones frente a lo imposible no solo sostienen la tensión, sino que dan humanidad al caos. Y eso hace que uno siga pensando en ellos mucho después. kone
28-11-2025 2. Me recuerdan a los relatos de Bradbury y Asimov, donde lo humano siempre está por encima de lo científico. Tu estilo logra ese mismo equilibrio: lo extraordinario ocurre, pero lo que realmente engancha es cómo lo vive el personaje. Y por momentos incluso tiene ese toque inquietante, que me remite a “La Mosca”, donde lo imposible se vuelve cercano y perturba pero sin necesidad de mostrar monstruos. kone
28-11-2025 1. Tu historia es un gran thriller científico de los buenos, de los que te atrapan sin necesidad de abrumarte con tecnicismos. Me encanta cómo usas la teoría de cuerdas no como una clase de física, sino como un hilo narrativo que sostiene la intriga y le da un brillo misterioso a la historia. Se nota que la ciencia está ahí para sumar emoción, no para complicar, y eso lo vuelve mucho más disfrutable. kone
 
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