La extraña vida de Elizabeth y Patricio.
La boda fue el espectáculo del año en New York donde el lujo y la mejor gastronomía brillaban y encantaban a los invitados.
Era el casamiento de Patricio Heredia con Elizabeth Borbón, dicho así, fuera del círculo familiar no sería más que una boda como tantas, pero la realidad era otra. Patricio o Patrick como solían llamarlo sus amigos era hijo de un gánster reconocido y Elizabeth la cual tenía sangre azul, según muchos, pero que ella decía que debía estar muy aguada porque la sentía y veía roja como cualquiera, era hija de un dudoso comerciante.
Pero la realidad era que los hijos de estas familias no habían heredado nada de sus padres y eran personas decentes que habían estudiado y tenían títulos universitarios, algo bastante difícil en el entorno que crecieron.
Se conocieron cuando los dos cursaban el último año de abogacía, algo que según los padres de Patrick era lo mejor que pudo pasarles.
Los jóvenes de inmediato se enamoraron y luego de un tiempo se casaron y esa es la boda que sus padres esperaban, la que quizá los sacara de más de un apuro.
Elizabeth vestida de blanco con el traje más costoso y elegante daba el sí a Patrick quien no se quedaba atrás en elegancia y refinamiento.
Luego de la ceremonia los novios después de cambiarse de ropa partieron de luna de miel en el barco de Patrick, regalo de sus padres a dar la vuelta al mundo ellos solos, el novio era un experto navegante y lo que llevaban en el barco era suficiente para muchos meses de navegación, cajas y cajas de todo se podía encontrar en dicho barco, cosas que sólo ellos sabían para qué, pero que quizá si tuvieran algún percance los salvaría.
A los pocos días de haber partido, sin rumbo, los radares dejaron de recibir señales del barco y muchos fueron las opiniones entre amigos y familiares, quizá hubieran pasado por el Triángulo de las Bermudas y como tantos barcos y aviones hubieran desaparecido sin dejar rastro, otros pensaban que debido al mal tiempo en algunas zonas, el barco se hubiera hundido y …
Pero lo cierto fue que nadie volvió a saber de ellos ni del barco.
Las familias, luego de unos meses decidieron darlos por muertos y en el mismo lugar donde hacía unos meses festejaban la boda de sus hijos, ahora les daban un entierro ficticio ya que no había cuerpos, pero lo hacían más que por sus cuerpos, por sus almas.
Y así fueron pasando los años, Patricio y Elizabeth poco a poco estaban presentes solo en algunas personas, los demás los habían olvidado como ocurre tantas veces.
Pero, como toda historia que tiene un principio, también tiene un final.
La verdad sobre Patricio y Elizabeth al fin salió a la luz, Julián Heredia Borbón y Carolina Heredia Borbón nos la cuentan en una carta pública al mundo.
Dos ancianos, Julián y Carolina decidieron al fin contar la historia de la familia de la siguiente manera.
Patricio y Elizabeth eran sus padres, jamás tuvieron percance alguno con el barco, pero por decisión propia, quisieron separarse de las familias que tenían, que a pesar de ser ricas, el dinero lo habían conseguido por medio de drogas y chantajes y ellos eran diferentes por lo tanto planearon cada detalle de lo que sería un final y un principio en sus vidas, sin que nadie supiera habían roto todo lo que pudiera servir para ser encontrados y al llegar a una pequeña, pero agradable isla, dejaron el barco y construyeron una choza que al principio era muy precaria con los materiales que disimuladamente llevaban en el barco, de ahí en más comenzaron una vida nueva, con semillas que también habían tenido la precaución de llevar, hicieron un hortaliza con todo lo necesario y hasta un jardín con hermosas flores, todo estaba estudiado y aquello era como estar en el paraíso, allí no había televisores ni celulares ni nada que los contactaran con el pasado que habían dejado.
Con el tiempo nacieron sus hijos a los que quisieron y enseñaron todo lo que ellos sabían y de a poco con gente que de algún modo llegaba a la isla, fueron formando una aldea donde reinaba la paz y la armonía entre sus habitantes.
Por supuesto que jamás supieron nada de sus familiares, pero aquello era lo que siempre habían querido, apartarse de algo que no era lo que ellos eran, al principio fue muy duro de llevar, porque a pesar de todo eran sus familias, pero al formar una propia, todo cambió.
Julián y Carolina, al llegar casi al final de sus vidas, quisieron que el mundo supiera el valor que tuvieron sus padres y que a pesar de que pudieron ser las personas más ricas del mundo, el dinero no les importó y ahora ellos deseaban honrarlos contando su historia mostrando la familia que habían logrado, hijos nietos y biznietos, hijos de sus hijos y de los hijos de aquellos. La aldea se había poblado y al momento mientras se escribía su historia, la vida seguía su curso donde el amor, la inteligencia y la bondad de dos seres aún perduran en ella.
Omenia
21/1/2026
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