Hay un instante en la vida en el que uno se cansa de sostener disfraces. No porque pesen demasiado, sino porque ya no encajan con la forma del alma. La hoja de parra —esa pequeña máscara simbólica que todos llevamos— no es más que un intento de protegernos de la mirada ajena, de evitar que el mundo vea lo que realmente somos.
Pero la verdad tiene un pulso propio. Tarde o temprano llama desde dentro, como un animal que quiere salir a respirar. Y cuando por fin nos atrevemos a soltar aquello que nos cubre, descubrimos que la desnudez interior no es una amenaza, sino un acto de libertad.
Ser auténtico no significa exhibirse, sino dejar de esconderse. Es permitir que la luz entre sin filtros, que la voz salga sin miedo, que la vida se exprese sin pedir permiso. La verdad no siempre es cómoda, pero siempre es liberadora. Y quien se atreve a pronunciarla, aunque tiemble, empieza a caminar con un peso menos y un horizonte más amplio.
Soltar la hoja de parra es un gesto íntimo, casi sagrado. Es decir: “Aquí estoy, sin adornos, sin excusas, sin versiones editadas.”
Y en ese gesto, uno se encuentra consigo mismo de una manera que ninguna máscara podría ofrecer.
POEMA:
CUANDO CAE LA HOJA
Cuando cae la hoja de parra,
no queda el miedo,
queda el alma.
Queda el temblor primero
de quien se atreve a mirarse
sin excusas,
sin sombras prestadas,
sin la ropa vieja
de lo que otros esperan.
Y en esa desnudez tan pura,
tan frágil,
tan humana,
la verdad respira.
Respira como un niño
que por fin abre los ojos,
como un río que encuentra
su cauce verdadero,
como un nombre que se pronuncia
sin vergüenza.
Ser uno mismo
es un acto de valentía silenciosa:
no hace ruido,
pero ilumina.
Y quien se atreve a soltar la hoja
descubre que nunca estuvo desnudo,
solo cubierto
de lo que no era suyo.
Autor; nito69
Quien visita a nito69 no se va de vacío.
nito69... José Antonio Pradas Del Rey es del país de España, de la provincia de Barcelona y vive en una ciudad llamada... Badalona.
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