El dragón y la princesa
Hubo una vez una hermosa princesa que se animó a hacer ella misma su propio castillo mágico, pues no estaba conforme con los castillos que tenía; estos la llenaban de malestar y sentía que ninguno de ellos le podría dar el cobijo que necesitaba su corazón y su alma.
Ella era emprendedora y hábil, le preguntó al mago del reino cómo podría hacerlo.
—¿Mago, cómo puedo construir un castillo mágico donde no llegue la guerra ni la tristeza, donde yo pueda descansar y sonreír sin preocuparme?
—Hermosa princesa, para eso ha de necesitar un dragón, y este debe construirle su castillo, pues esos seres son mágicos.
—¿Dónde puedo encontrar un dragón?
—Ya no hay muchos. Hay uno que está en el norte, pero es cuestión de suerte, estimada princesa, porque esos seres son esquivos para quien no lo siente en su corazón, pero conociéndola a usted creo que le llamará su atención.
La bella princesa se dispuso a buscar a tal dragón.
La princesa buscó a ese dragón por todos lados, pero no lo encontraba. Cansada de su búsqueda, se puso a descansar al costado de un calmado lago; se miró en el espejo de las aguas y vio su hermoso parecer, y se dijo:
—Qué contradicción: mi belleza debería estar acompañada de amor y felicidad.
Y lamentó el tener que seguir habitando los mismos castillos lujosos pero fríos, donde no hay amor sino guerra. Realmente ella no merecía eso.
Fue entonces que el dragón apareció, pues es sensible al sufrimiento del corazón.
—¿Es usted la princesa del reino? Qué agradable es conocerla. Que no se aflija su corazón, dígame si yo puedo ayudarla.
—¿Es usted un dragón?
—Pues claro, todos piensan que los dragones son enormes y fieros.
—Pues usted parece más una iguana grande y simpática, jajaja.
Entonces se dibujaron sonrisas en sus rostros, y la princesa le contó que necesitaba construir un castillo mágico que esté a la altura de su corazón y su alma.
El dragón meditó y le respondió:
—Princesa, le diré que los castillos siempre son fríos y atraen la guerra. Le podría construir un palacio, mi princesa, pero dudo que usted necesite realmente eso.
La princesa se desilusionó:
—Qué lamentable noticia, me dijeron que los dragones eran mágicos y que podrían construir un castillo mágico.
—No es así, princesa. Le propongo descansar este fin de semana en mi morada.
La princesa, queriendo atrasar su regreso, aceptó.
Esos días el dragón cuidó con mucha delicadeza a la princesa,cantaron y bailaron, hecharon fuego por las noches con unos tragos que el dragón le invitó,
le contó historias de cómo lo quisieron cazar, de cómo vivía en soledad pero tranquilo, de sus sueños de dragón y de lo feliz que era al tenerla como invitada.
La princesa, en ese tiempo, sintió su corazón desenredarse y su alma tomar brillo, y pensó:
—Realmente este dragón es mágico, mi corazón y mi alma están tranquilos y siento que el dragón me quiere de forma buena.
Terminada su estadía, la princesa le propuso al dragón acompañarla y este aceptó.
Y fue así que ya no necesitó un castillo mágico; lo que ella necesitaba era un dragón.
Estimada princesa, tu corazón y tu alma se merecen un buen dragón. |