TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / Chiro / Las vías del tren

[C:624801]

Ese día lo vi tan mal a Esteban, tan triste, que quise sacarlo del bar para llevármelo a casa, donde por lo menos no íbamos a obligarlo a escuchar esa música tan deprimente que le recordaba irremediablemente a Romina. Además, en mi casa podía charlar con Carola y divertirse con las travesuras de Solange. Eso sería suficiente para rescatarlo del pozo en el que aparentemente estaba cayendo, al menos durante un par de horas.

Mientras yo conducía en dirección a casa, me di cuenta de que Esteban miraba las vías del tren que corrían paralelas a la calle. Me pregunté si ese gesto significaba que estaba recordando a Romina, quien lo había abandonado hacía tan solo un mes.

Qué increíble. Siempre me imaginé que Esteban y Romina iban a durar unos cuántos años juntos. Carola les tenían cariño, por eso los había elegido como padrinos de Solange. Ahora Esteban se había quedado solo, porque Romina se había marchado tan lejos, al menos eso decía la carta que Esteban encontró sobre la mesa, aquella mañana en que despertó y descubrió que Romina se había ido de la casa.

La herida era demasiado reciente, estaba demasiado abierta. Incluso yo, con la confianza que le tenía, a veces me quedaba sin palabras frente a Esteban, quien solía quedarse mirando la nada repentinamente, como ido. Pero Solange lo quería demasiado, porque era su padrino y también porque Esteban siempre le traía regalos. Además, la ayudaba con los deberes del colegio, después de lo cual se quedaban juntos mirando televisión.

Esa tarde cuando llegamos a casa, encontramos a Carola ayudando a Solange a inflar globos que le habían dado en el colegio. Apenas lo vio entrar por la puerta, Solange corrió a abrazar a Esteban, a quien se le dibujó instantáneamente una sonrisa en los labios. Se llevaban muy bien entre ellos. Yo enseguida me di cuenta de que había hecho bien en traerlo a Esteban para que nos visitara aunque sea un par de horas. Y no me extrañó que lo primero que hiciera después de saludar a Carola, fuera ponerse a inflar globos junto a Solange.

Yo ignoraba que Solange estuviera inflando globos para el colegio, aunque enseguida me dijo que "sí, papá, es para la suelta de globos de mañana, para que cada uno escriba en su globo el deseo que más quiera". No sé por qué, pero al instante lo miré a Esteban para ver qué cara ponía con respecto a eso de los deseos. Él también me miró, pero de inmediato percibí que no sabía qué hacer con su mirada.

Los globos eran de todos los colores. Se suponía que los asistentes a la suelta de globos escribirían en ellos sus deseos sobre la paz mundial, sobre los niños más pobres del mundo, etc... Solange dijo que su deseo era que los niños no sufrieron más. La verdad que el colegio había tenido una buena idea al organizar una suelta de globos el sábado por la tarde en la plaza del barrio. Carola le dijo a Esteban que sería bueno que pudiera acompañarnos, sobre todo sería bueno para Solange, quien aprendería que los grandes se preocupaban por los graves problemas que aquejaban al mundo. Esteban dijo que sí, aunque yo lo conocía tan bien a Esteban que deduje que aceptaba la invitación solamente por compromiso.

Después de eso, Esteban siguió ayudando a Solange a llenar los globos con el inflador de helio. En poco tiempo inflaron alrededor de veinte. Yo quise escribir con un fibrón mis deseos que pretendía soltar al aire, pero Solange me aclaró que eso había que hacerlo mañana por la tarde, en la plaza del barrio.

Cuando empezó a caer la noche, le dije a Esteban que lo acercaría hasta su casa. Él se despidió de Carola y de Solange y se subió al auto, y mientras yo conducía, lo miraba un poco de reojo a Esteban, a quien otra vez descubrí observando las vías del tren que corrían paralelas a la calle. No le dije nada, sin embargo adiviné lo que Esteban estaba pensando. Entonces me preguntó si no sería mucha molestia que lo dejara en el bar donde pretendía beberse un par de copas. Me dijo que las necesitaba. Solamente dos, añadió. Pegué el volantazo y lo dejé en la puerta del bar para que se bebiera sus dos copas, con la promesa de que después se iría temprano a casa, porque al día siguiente tenía que acompañar a Solange a la suelta de globos. Por supuesto, dijo Esteban, y me guiñó un ojo.

Al día siguiente, Solange estaba muy emocionada. Ya a las tres de la tarde tenía todo preparado, los globos inflados y su fibrón listo para escribir los deseos que todos soltaríamos al aire.

Pero Esteban todavía no había aparecido y Solange estaba un poco decepcionada por eso. Cuando llegamos a la plaza, Carola le acariciaba el pelo a Solange y le dijo que mientras Esteban tardaba en llegar, ella fuera escribiendo sus deseos en los globos. Solange estuvo de acuerdo pero primero miró alrededor, la plaza estaba llena de gente que hacía lo mismo que nosotros, escribir sus deseos sobre los globos que pronto soltaríamos al aire. Toda la gente sonreía. Solange me preguntó si Esteban llegaría a tiempo para soltar los globos. Yo le dije que no podía decírselo, porque Esteban estaba atravesando por un mal momento, y ella lo sabía. Entonces Solange se dio la vuelta para que yo no viera lo que estaba por escribir en su globo. Pero yo era más alto que ella y por eso alcancé a leer "deseo que esté aquí ".

Cuando se aproximaba el momento de soltar los globos, Solange agarró el suyo. Y a la cuenta de tres, todo el mundo soltó los globos. Solange se quedó mirando hacia arriba, hacia su globo que era de color rojo, el cual ya se perdía entre tantos otros que ascendían a lo alto, tan alto, que al principio Solange no vio a Esteban que llegaba tambaleándose, tratando de agarrarse de cualquier cosa para no caerse, y con la nariz tan roja que hasta a él le daba vergüenza.

Pero Solange prefería mirar los globos.

Texto agregado el 02-03-2026, y leído por 9 visitantes. (0 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]