Los recuerdos
se han acostumbrado a vivir sin luz
desde que andan como barcos
a la deriva en mi sangre.
Huelen a playa que algún día
estuvo cerca de los sueños.
Inmortalizados navegan
con cada latido
como si hubiera un puerto
donde amarrarse eternamente
a aquel verano.
Son fantasmas dolorosos
intrusos que no aceptan el destierro
habitan el tiempo
aunque no creen en el milagro
que existe en su paso.
No hay letargo
ni manantiales de espuma
ni flores para deshojar.
Atraviesan piel y huesos
para ver el sol
y luego regresan
con fiel desesperación
a hundirse en mis venas.
Texto agregado el 12-03-2026, y leído por 14
visitantes. (1 voto)
Lectores Opinan
13-03-2026
Excelente poema.
Dónde los recuerdos siempre están y nunca se irán
Saludos
Victoria 6236013
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