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La oscuridad cae esta noche lento sobre la ciudad, pintando poco a poco una nueva realidad. En las calles los faroles tratan de alumbrar las lúgubres avenidas donde la gente teme transitar. Mientras los minutos pasan sin ser advertidos; en una solitaria esquina tambaleándose se encuentra un viejo, acomodando unos periódicos con noticias que ya nadie quiere leer, aferrándose a su elixir de vida, al veneno que lo llevo a este punto fatal, al demonio que entre alucinaciones lo viene a inquietar. Con una gran barba blanca enredada y teñida por la suciedad, un traje gris que tiempo atrás usara un diputado para robar y que el viejo recogiera del basurero junto con un par de zapatos con que un niño solía jugar fútbol.

La temperatura empieza a bajar y bajar en las ya frías calles donde este cuento busca un final, aunque la gente en sus casas casi ni cuenta se da, el viejo siente que el corazón se le va a congelar y bebe un poco de su amado alcohol, mientras se arropa entre sus prensas en busca de calor; pero luego de un tiempo siente que algo no esta bien que la oscuridad crece dentro de el, siente como la vida se le va y voltea a pedirle explicación a la luna que en tantas noches de soledad lo arrullo, pero esta noche pareciera que lo abandono. Será que anda de paseo con el sol o talvez de visita con la osa mayor; quizás simplemente se esconde de aquel amigo del cual conoce su destino. Al no encontrar consuelo en el cielo el viejo recure de nuevo a su etílico amigo, pero no hay mucho que beber mas que un ultimo sorbo que no alcanza para calentar el cuerpo que se congela y aunque lo intenta con toda su voluntad no encuentra las fuerzas para ir en busca de mas. Es ahí donde comprende que este es el final, mientras mira venir aquel misterioso ser sin rostro, de ropas obscuras y largas que con un solo toque de su hoz entre delirios le hace recordar días pasados. Como cuando de pequeño jugaba en la casa de la esquina con Luis, Jorge y Lucia. En aquel entonces eran conocidos por toda la colonia, también recordó cómo llegaban con don cheyo el de la tienda de la cuadra con 5 o 10 cts. Que se habían ganado después de arduas jornadas pintando aceras o cortando el pasto del jardín, y con eso compraban prácticamente lo que querían o lo que necesitaban para ir a acampar, recordó como en los últimos días de campo Luis llevo algo mas que los acostumbrados refrigerios, era algo de lo que habían oído hablar, una bebida sensacional que desata el espíritu y te hace volar, y aunque era apenas media botella para los cuatro amigos, les fue suficiente para descubrir una nueva realidad especialmente para Lucia y el que aunque solo tenían 15 y 16 fue ahí donde acabo su niñez y descubrieron que sus cuerpos eran capaces de dar y recibir, dolor que sabe a placer, placer que sabe a dolor, pasión que dice ser amor.

Entre sus recuerdos vio cuando descubrieron el precio de su pasión, también cuando sostuvo por primera vez al hijo que Lucia le dio, especialmente como celebro aunque no estaba seguro, el cree que la parando fue de una semana que en ese tiempo fue un record del cual se sintió muy orgulloso, recordó su primer trabajo que consiguió y como lo echaron por faltar quince días seguidos después de su cumpleaños.

Especialmente recordó aquella tarde que llego a casa sin estar bien seguro de cómo llego hasta ahí o de cuanto tiempo estuvo fuera, y luego de una siesta descubrió que la casa estaba vacía y en el piso una nota con puño y letra de Lucia explicándole porque lo había abandonado, se recordó y maldijo su reacción. De ahí en adelante todos los recuerdos parecían una pesadilla, como cuando vendió la casa para poder seguir la fiesta y como poco a poco fue llegando a su situación actual, en ese momento una voz lo hizo regresar y aquel misterioso ser le tendió la mano y poco a poco se desvanecen de esta realidad.
Al llegar la mañana la gente inunda las calles para ir a trabajar, pero nadie se percata del cuerpo inerte que se encuentra en la esquina de una transitada avenida, una señora pasa a la par comentando - esta gente no solo alcohólica sino también huevona. ¡Trabaje! -

Hasta que ya entrada la mañana viene un niño zigzagueando con una bolsa de papel en la mano y marcas blancas en la cara que entre su despreocupación tropieza con el cadáver de la esquina, cayéndole encima y percatándose de lo ocurrido. Aprovecha la situación, antes que cualquiera se percatara despoja al cuerpo de zapatos, saco y especialmente lo de la limosnas del día anterior. Mientras que por dentro trata en vano hacer las cuentas de cuanto pegamento le darían por toda esa plata que le quito al viejo.

Luego de asegurarse que el viejo no tuviera algo más de valor encima sin mas premura grita.- ¡Esta muerto! ¡Esta muerto! ¡Esta muerto! conmocionando a toda la gente de los comercios cercanos, que inmediatamente dieron aviso a las autoridades y sin pensarlo se juntaron en la esquina alrededor del cuerpo, donde se podían escuchar comentarios como: Pero si ayer todavía le di un peso por cuidarme mi carro. O también del otro lado de la multitud decían: pobrecito, tan honrado que era. Y así por el estilo transcurrió el resto de la mañana hasta que llegaron a levantar el cuerpo y toda la gente regreso a lo suyo como si que nada hubiera pasado, con una normalidad como cuando se muere un zancudo y todo el mundo continuo indiferente, menos aquel niño que sintió que este era el mejor día de su vida, ya que hoy por primera vez tenia su propia esquina y ya no le tendría que rendir cuentas a Juan y entre alegres pensamientos y alucinaciones miraba como se iba el carro que llevaba al pobre viejo aquel, sin detenerse a pensar que ese seria su propio final.

Texto agregado el 18-10-2004, y leído por 105 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
18-10-2004 Un cuento conmovedor. Me recordó un vagabundo viejo que dormia a la vuelta de mi casa. Me daba pena verlo en las mañanas de invierno. De pronto, nunca más estuvo allí. El frio se lo llevó, es lo más seguro. Estrellitas y saludos. anitalu
 
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