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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / La Naturalización de la Masacre: Conflicto Palestino-Israelí (En un viernes de extensiones desérticas) -Por El_Galo

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Agosto de este año: 4000 palestinos, encarcelados en prisiones israelíes, llevan a cabo una extensa huelga de hambre como protesta ante el recrudecimiento de las condiciones de arresto impuestas por el Estado judío. Octubre de 2004: 66 palestinos mueren durante el operativo “Días de Penitencia” lanzado por el ejército de Israel en la Franja de Gaza. Octubre de 2004: 13 empleados de la ONU resultan arrestados por poseer un origen palestino. Período 2000-2004: Más de 2500 palestinos menores de edad (Escolares en un 83 % y necesitados de atención médica en un 7 %) son arrestados en Gaza y Cisjordania por las Fuerzas Armadas sionistas, para luego ser sometidos a penas que oscilan entre los 6 meses de prisión y la cadena perpetua. Desde fines de septiembre de 2000 (mes y año que marcan el inicio de la última Intifada) a esta parte: 4518 muertos, entre ellos 3489 palestinos y 955 israelíes. ¿Cómo actúa gran parte de Occidente ante esta cruenta realidad? Indiferente: consume de modo fragmentado lo que sucede en dicha región del mundo, celebra la distancia, y generalmente contempla con aburrimiento las variables de un conflicto que se ha naturalizado; que ha transformado a la sangre derramada en una bebida gaseosa apta para acompañar a cualquier comida.


El interés por desnudar los procesos es algo que, lamentablemente, ha perdido relevancia dentro de los parámetros críticos de la sociedad actual. Prácticamente todo se ajusta en términos de presente, en un movimiento voraz que opta por descartar el génesis de aquello que hoy nos determina. Así, perdemos profundidad y capacidad de discernimiento ante un bombardeo de significados y significantes que estimulan la fascinación visual pero desactivan a la conciencia. En el caso del conflicto palestino-israelí, el acontecer nos sorprende desde postulados habituales, estructurados desde la óptica del estereotipo, pero nunca comprendidos. Para evitar una caída en la clasificación trivial o el rótulo preestablecido, nada mejor que un trabajo en retroceso para considerar el desarrollo de las distintas variables que nos llevan a este presente.


El estado de Israel fue proclamado el 15 de mayo de 1948, en territorios de una Palestina por entonces sometida a la ocupación británica. La iniciativa respondió a una comunión de intereses que permitieron concretar dos objetivos: primero, cumplir el deseo de aquellos sionistas que, de acuerdo a criterios bíblico-históricos, reclamaban a dichos territorios como pertenecientes al pueblo judío, y pugnaban por forjar un hogar que reuniera a todos los judíos diseminados por el mundo. Segundo, sostener la supremacía inglesa en Oriente, cuidar las inversiones efectuadas por Gran Bretaña en esta región, y mantener el control sobre el Canal de Suez. La protección que Inglaterra implementó para con Israel se mantuvo intacta hasta que la potencia europea perdió su condición de regente del mundo. Tras el inicio de la Guerra Fría, dicho liderazgo fue heredado por los Estados Unidos.


Pero la creación del Estado judío no se produjo sobre un territorio que se hallaba deshabitado. Muy por el contrario, cuando los sionistas comenzaron la colonización de Palestina -antes de la Segunda Guerra Mundial- este espacio se encontraba ocupado por comunidades árabes. Es allí donde los recién llegados optaron por aplicar una política de compra, ocupación o expropiación de territorios como estrategia que permitiese la estabilidad de la flamante nación. Estrategia que, entre otras particularidades, incluyó la anexión de Jerusalén pese a una disposición de la ONU que exigía contemplar a la ciudad como un sitio internacionalizado, y delineado jurídicamente como Corpus Separatum. Sin embargo, los sionistas se ocuparon, sin pudor alguno, de violar ésta y otras medidas de similar relevancia.


Otras disposiciones implementadas por el nuevo Estado fueron la utilización de mano de obra estrictamente judía para cultivar las tierras, la expulsión y el combate a los asalariados árabes, la aplicación del carácter “Propiedad Nacional” a toda tierra enajenada por los sionistas, la implementación de privilegios constitucionales sólo para judíos, o la confiscación de territorios (Como ocurrió en Galilea, en 1976, y que derivó en una huelga que fue reprimida por militares israelíes mediante una matanza generalizada)


Obviamente, para llevar a cabo estas políticas, Israel necesitó, de Occidente, asistencia financiera y militar. De hecho su ejército (tal vez el segundo más moderno del mundo) jamás fue derrotado en combate. Los medios externos con los que Israel ha contado a lo largo de su historia siempre han sido enormes si se toma en cuenta que hablamos de un país que apenas posee recursos minerales, cuenta con sólo un 17 % de tierras aptas para la agricultura, y un sector industrial que apenas produce mercancías con alto valor agregado. Para citar un ejemplo del suculento apoyo recibido por el Estado judío, basta decir que, durante más de 20 años, casi la cuarta parte de toda la ayuda exterior norteamericana tuvo como único destino a Israel.


Con una población estimada en poco más de 6 millones de habitantes (Con un 80,1 % de judíos, y un 14,6 % de musulmanes como grupos mayoritarios) Israel intentó un giro económico, con el fin aumentar su productividad, al concretarse la llegada al poder, en 1979, de la burguesía sionista que compone al Likud. Pero este nuevo plan nunca clausuró la ininterrumpida estrategia de ocupación de tierras. A ello se ha sumado, a través de los años, la expulsión de palestinos de aquellos territorios expropiados, o la persecución y el exterminio de refugiados como método para establecer un Estado judío homogéneo. Fue precisamente en estos campamentos de emigrantes y desplazados que nació la iniciativa de combatir por un Estado palestino independiente.


En un país de apenas 20770 Km cuadrados, la posibilidad de una salida pacífica a lo que hoy sucede en Israel todavía se visualiza como inalcanzable. Prueba de ello ha sido, en estos días, el boicot, perpetrado por 250000 colonos judíos, al Plan de Retirada de la Franja de Gaza dictaminado por la actual dirigencia israelí. Claramente, el conflicto responde a un choque de culturas signadas por un antagonismo de características irreconciliables. La diferencia religiosa, y el peso de los intereses económicos puestos en juego (Vigilancia y posible control de la actividad petrolera de la región, permanencia de tropas estadounidenses en un área clave de la economía mundial) estimulan una confrontación bélica que combina espiritualidad y materialismo en un punto cercano a la aniquilación de razas.


Hasta el momento, los palestinos llevan la peor parte. Discriminados o perseguidos, hundidos en una miseria absoluta, y sometidos a otra modalidad de Terrorismo de Estado, hombres, mujeres y niños perecen a diario en un laberinto de calles polvorientas. Una vez más, la lógica flaquea ante un intento de respuesta que permita dilucidar una salida a esta bárbara realidad.


Pero, por sobre todo esto, preocupa la indiferencia de aquellos que pueblan el resto del mundo. Los brazos cruzados y la ausencia de una cooperación real se exhiben hoy como las características que mejor definen a gran parte de los occidentales. Y en muchos todavía prevalece el imaginario respecto a una contienda que siempre será vista como ajena; que sólo permanece acotada a un rincón del mundo. A ellos, un breve recuerdo: las cenizas y los muertos que dejaron los dos atentados, a objetivos judíos, sufridos por Argentina durante la década del ´90.


Por eso, esta extensa columna no ha sido más que un intento de poner fin al sopor. Por crear un basamento histórico que nos permita indagar más allá de la pantalla del televisor. Ahora, mientras estas líneas concluyen, alguien resulta acribillado y cae muerto en Jerusalén. Justo en este momento. Y la muerte nunca fue poesía; a otra parte con discursos elaborados a base de estómagos satisfechos y electrodomésticos a pagar en cómodas cuotas. Queda en nosotros la posibilidad de comprender los procesos y desterrar la inmediatez que distingue a la mirada cotidiana.


La solución a toda diferencia radica en abandonar la somnolencia. Tener voz no requiere de una economía con superávit y ausencia de deuda externa. He ahí otro mito. Inmiscuirnos en problemáticas urgentes requiere de una comunión valiente que asuma el protagonismo que hoy la escena exige. Y fijar la atención en Oriente, ampliar la discusión respecto a lo que allí sucede, es una responsabilidad que no debe eludirse. Porque Oriente está aquí cerca. Y esto lo afirma alguien que vive en Buenos Aires, al sur del continente americano... a sólo 17 cuadras de aquel sitio donde, en 1994, una bomba transformó en escombros y restos humanos triturados a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina...






Patricio Eleisegui




El_Galo



Texto agregado el 29-10-2004, y leído por 748 visitantes. (22 votos)


Lectores Opinan
01-11-2004 Aunque algunos comentarios dicen que el texto es partidista yo no lo creo, confunden el decir la verdad con justificar los atentados palestinos en Israel,la realidad es una, hay un territorio ocupado con el consentimiento y la ayuda de los estados occidentales y la situación actual es el resultado de esa ocupación. barrasus
01-11-2004 En mi opinión la solución equitativa al conflicto debería tener en cuenta las causas originales y reales del conflicto. La opinión impuesta por medios controlados es que, si bien ninguno de los bandos actúa dentro de la legalidad; los palestinos son considerados como terroristas desatinados sin visión global del problema que merezca la pena tener en cuenta. La realidad es que tienen todos los motivos para sentirse mártires. Desposeidos de sus tierras ancestrales sin su consentimiento, a la fuerza, cuando se creó el interesado “estado” de Israel. Las consiguientes barbaridades, por ambos bandos, son el resultado inevitable de una injusticia inicial y repetida en el tiempo. Sin olvidar que las acciones terroristas fueron iniciadas en un principio por grupos sionistas; los palestinos tardaron bastante más en organizarse. Saludos. Nomecreona
31-10-2004 Tu columna, muy bien estructurada, es una excelente denuncia, además muy bien escrita, valientemente, de cualquier imperio (siempre son económicos, por qué será) que no respetan a los pueblos en su tierra ¡que eso es el colmo de los colmos! Convivir no es dominar, y ahí creo que esta la equivocación en la historia de todos los tiempos. Mi comentario parecerá simplista, pero créeme que ahí radica el conflicto del mundo entero. Besos y ¡adelante! maravillas
31-10-2004 Lei tu columna y, en lo esencial estoy de acuerdo con gran parte de ella, pero no puedo dejar de hacer unas criticas objetivas, que no espresan en ningun momento mis ideas con respecto al problema Palestino-Israelitas. Sin duda hiciste una buena investigacion, sobre cifras y echos, lo unico malo es que investigaste la mitad de la medalla y si deseas ser imparcial deberias reportar tambien las victimas sionistas, por los atentados terroristas(el terrorismo no se justifica por ningun motivo ni causa). Deberias tambien debido investigar el porque de las famosa guerra de los 6 dias y subsiguiente. Otro tema que no abordaste es el porque cada vez que los Israelitas y los Palestinos, deciden sentarse a discutir, los terroristas arabes incrementan la cantidad y la violencia de sus ataques contra israel, para evitar las conversaciones de paz...no voy a enumerar en este comentario todas las lagunas de tu investigacion solo te mostre algunas y creo que lograrias mejor tu objetivo demostrando imparcialidad y escribiendo tambien sobre la otra cara de la moneda. Te recomiendo leer Larry Collings y Dominique La Perrier quienes hacen años escribieron sobre este problema pero analizando cada uno de ellos una de las dos caras.... fredonedi
31-10-2004 Excelente tu contenido, ya no puedo agregar nada a lo que se te ha mencionado, me gusto mucho el comentario informe casi reportaje de ignacia. gatelgto
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