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Inicio / Cuenteros Locales / la_columna / Ceremonias (de mi columna de los lunes, días difíciles si los hay) Por MCavalieri.

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Hay en la naturaleza humana, o en la mía al menos, la práctica de ciertos ritos inconscientes, o no, pero en todo caso tan cotidianos que suelen pasar inadvertidos como si fueran una prolongación sin sentido, pero palpable, de nuestra habitual manera de ser. Llámeselos cábalas, pequeñas manías habituales que ocurren y que no dejan de tener por eso un poco de magia, rara vez notada como tal.
En mi caso, tengo varias actitudes que pueden servir de ejemplo como la costumbre de no pisar las uniones de las baldosas, adherida al miedo infantil, reconocido pero no por eso menos real, de que alguna catástrofe inoportuna ocurra si no cumplo con la pauta establecida desde hace años. Pero no lo hago de forma pensante, simplemente he adosado tanto a mí esa rutina que voy por las veredas esquivando uniones y mala suerte sin siquiera notarlo.
Algunas veces me doy cuenta y sonrío; casi una treintena, descreída de dioses, sigo por la vida evitando intersecciones mientras palpita la certeza absurda de la tragedia. En esas ocasiones prosigo el juego en un homenaje manso a la niña que fui, cuando todavía pensaba que los hilos del mundo funcionaban según ese patrón, y en ese corto plazo siento de nuevo que alejo tristezas futuras.

Mi hija de cuatro años suele tener sus ritos: por la mañana nos separamos siempre en el mismo lugar, yo continúo hacia mi trabajo y ella, colgada de la mano de su niñera, toma el camino del jardín de infantes. No hay día en que Arabela no camine con la carita vuelta hacia atrás, mirándome, hasta que desaparezco al doblar una esquina. Y tiene la mirada de mi niña tal misterio que, en ciertas oportunidades, dudo de que sea la misma personita la que me ve, como si conociera demasiado bien la existencia para ese mundo de pocos años que domina.
Qué cruzará la mente de Arabela, qué “calamidad” desarmará con el hechizo de observarme sin interrupción, pienso.
No sé, pero lo cumple a diario, quizás sabiendo cosas que ignoro, o que he olvidado por ese afán que tiene el tiempo de transcurrir sin pausa.

Texto agregado el 01-11-2004, y leído por 167 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
10-11-2004 Algo hay de misterioso en todas las miradas, aun en las propias escrutando desde el espejo. Mirar a Arabela también es tu rito, es mirarte a ratos y contener el instante, dejándolo como puntos suspensivos, como estelas o burbujas... venicio
05-11-2004 Arabela, hermoso nombre... duende mágico de tu vida... prolongación de esa niña que todavía se asoma por tus ojos... Interesante columna, me descubro a mí misma con resabios de esa niñez, esas ceremonias, que por alguna causa permanecen... Gracias por esto. Un abrazo. neusdejuan
04-11-2004 Estoy segura que en los ojos de Arabela no se refleja ninguna calamidad. Solo te está diciendo con la mirada, te quiero mami sonríeme. NINIVE
02-11-2004 Quizá en esa mirada exista un puente por el que fluye hacia sus ojitos esa bondad que admira y que le hace de norte. Leí una vez en una página azul " ... como si un poco de su dádiva pasara a mí por algún punto de unión invisible, esquivando espacios hasta tocarme, mostrándome un universo casi perfecto..." Quizá en esa esquina, para Arabela, (lindo nombre), se desate el conjuro. No, no espanta calamidades Melina, simplemente admira entregada a quien le regala el universo cada mañana, día a día, como a nosotros con tus letras. Beso, Jose. mac
02-11-2004 Curiosa pregunta has dejado en el aire. Pero sólo si conservamos la capacidad de ser niños podríamos darnos a la búsqueda de una respuesta. A ver quién toma el reto... Saludos y te dejo mis estrellas. Borarje
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