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Cuando mire por la ventana me di cuenta que recién todo había pasado, que tu no estabas por fin sentí el vacío llagar mi piel, el ruido de la calle me tranquiliza y la llave mal cerrada de la cocina me enerva... no sé hace cuanto tiempo te fuiste solo se que ya no estas, y que por fin no volverás, estoy segura que fue esta vez mi extraño comportamiento infantil lo que te obligo, a tu mente enferma dejar todo, tomar las maletas y limpiar los cajones apolillados, mi pelo había crecido de estar sobre los hombros pasaba de las caderas, seduciendo al viento, era invierno y ahora un nuevo sol se pega en la ventana, las micros pasaban bajo mis pies, y la rabia baila en el espejo roto...

Y todo nacía de nuevo, las flores se cambiaban los aromas y se prestaban los colores, algunas rosas se vestían de tulipanes y otros claveles de pensamiento y los árboles se llenaban de enredaderas de colores...

Y yo miraba aun por el ventanal, no recordaba, no quería hacerlo, pero lo intentaba, traerlo de nuevo al presente mágico ese en que viví la tormentosa despedida, me voy muy atrás, al principio, tu eras un fantasma y yo un cumulo de huesos quebrados y olvidados en un viejo cementerio y de ahí me rescataste para hacerme entrar en obscuro panteón lleno de velas ensangrentadas, y así vivir la locura, desnuda frente a nadie, y llena de vergüenza frente a los espejos de bronce... y plata, tus manos grandes sobre mi cabeza sujetándola a ella para que no se escape otra vez de mi cuerpo, y luego el infierno se anido en nuestros pechos, y el miedo inundo los olores del espacio y aquí fui tranquila y tormentosamente infeliz. Despacio tus dientes carcomían mis labios y tu cuerpo de muerto se enredaba entre mis piernas y sentía el placer del dolor seduciendo a mis ojos llenos de agua y sal, y un día te fuiste pero yo deseaba tenerte amarrado a la cama y no volvías, los días y las lunas pasaron... y de nuevo entraste en mis costillas nadie abrió la puerta encadenada pero ahí estabas en mi cama y yo lo odiaba pero a la vez lo deseaba y te ibas una y otra vez el tiempo pasaba y nosotros no nos dábamos cuenta... te escapabas y volvías a entrar en mi mente encarcelando sutilmente a mis pensamientos, no me di cuenta cuando fue el día que no te vi más no se cuando fue la noche que me di cuenta que era libre, sin grilletes en las manos y sin grilletes en los tobillos, no me di cuenta cual fue la noche primera en que tu me faltaste... solo sé, que me quede mirando mi libertad tomarse mi vino... quemar mis libros... llevarse mi juventud y sí, el tiempo, paso en un segundo. Cayeron los años y mi piel se volvió añeja... cuan uva se vuelve pasa, me transforme en un higo seco... y mi pelo se volvió invierno... y mis huesos eran casi como de cristal... sentada en la mecedora... no me movía... cada cierto tiempo una paloma se posaba en la ventana, con mis manos temblorosas la tomaba en mis manos, me acercaba a seducir su cuello y bebía su sangre y yo de nuevo sentía mi corazón latir... como cuando el reloj marca las doce en esa vieja catedral... en la que un día me vi entrar sujeta de tu brazo completamente de blanco.

Texto agregado el 03-11-2004, y leído por 142 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
12-11-2004 tus poemas son joyas. no se explicar los movimientos que producen en mi alma. me gustan mucho. buhonero
11-11-2004 Me encanto sobre todo la segunda parte... muy buena metáfora de la vejez. Saludos **** mosco
04-11-2004 Interesante forma literaria en la que se mezclan cuento y poesia sin lastimarse la una a la otra. cuenterman
03-11-2004 posees un don genial, una prosa excelente! placebo
 
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